Tebeos de Capa y Espada: Un Viaje por la Aventura y el Honor

Los héroes de los tebeos han ocupado horas y horas de nuestra niñez y juventud, tengamos ahora la edad que tengamos. En muchas ocasiones eran lo que nos gustaría ser en la vida real, porque vivían todas aquellas aventuras con las que sueña un niño o niña. Peligros, acción y una dosis de fantasía e imaginación para echar a volar mentalmente. En esta ocasión nos centramos en héroes sin superpoderes.

Las novelas de capa y espada añoran el tiempo del honor y de los duelos con espada y parten del ideal romántico según el cual un hombre armado sólo con una espada puede enfrentarse a los males que hacen padecer el mundo: la tiranía, el egoísmo y la envidia. Es sin duda uno de los géneros de novela de aventuras por excelencia.

Héroes Emblemáticos de la Literatura de Capa y Espada

A continuación hablaremos de los principales héroes de las novelas de capa y espada.

D'Artagnan

El famoso mosquetero, debe su fama principalmente a la novela de Alejandro Dumas padre, Los tres mosqueteros, aunque fue un personaje real que tuvo su importancia en la corte de Luis XIV donde fue capitán de la guardia de los mosqueteros del rey. D´Artagnan hizo su aparición en la literatura en una memorias apócrifas escritas por George B. Courtliz. 1700 Memorias de D´Artagnan Capitán de los Mosqueteros del Rey, George B.

Los Tres Mosqueteros, de Alejandro Dumas, es considerada por muchos la mejor novela de capa y espada de todos los tiempos. A pesar de la calidad de El Conde de Montecristo, ésta es la digna merecedora del primer puesto. No vamos a entrar en la trama, que es archiconocida. Pero si alguno de vosotros, ¡oh pecadores!, aun no ha leído las andanzas de D’Artagnan, Athos, Porthos y Aramís… Ya estáis tardando.

La segunda y tercera parte de la trilogía de los Mosqueteros de Dumas son Veinte años después y El Vizconde de Braguelonne. En Veinte años después, Dumas nos relata las andanzas del cuarteto de Mosqueteros pasados veinte años de la primera novela, con un D’Artagnan maduro, oficial de los Mosqueteros, y un trío de calaveras pseudo retirado de la vida de acción. En El Vizconde de Braguelonne, nos situamos diez años después de la anterior novela, es decir, treinta tras el primer encuentro de los mosqueteros. En esta novela tenemos muchas tramas, que se entremezclarán hasta irse uniendo en una sola.

Scaramouche

Abogado, actor, diputado del tercer estado en los Estados Generales y, sobre todo, alumno aventajado de esgrima. Es la historia de André-Louis Moreau, que denunciará públicamente el asesinato de un amigo, y siendo desoído por la justicia, ignorado por la gente, y perseguido por el asesino de su amigo, decide enrolarse en un circo ambulante, donde aprenderá el oficio y acabará siendo el gran Scaramouche.

La Pimpinela Escarlata

Sir Percy Blakeney es un aristócrata inglés, elegante y amanerado, de costumbres refinadas y aparentemente hedonista, pero esta es sólo la máscara que encubre a la Pimpinela Escarlata, un héroe que se enfrenta en plena etapa del terror contra los más fanáticos de los jacobinos para rescatar a aristócratas franceses de ser ejecutados en la guillotina. Sin embargo, lleva una doble vida como La Pimpinela Escarlata, hábil espadachín y vengador justiciero.

El Zorro

Don Diego de la Vega, alias el Zorro. Que marca a sus enemigos con un par de toques de espada, dejando una «Z» como señal de identidad en sus rostros. El protagonista es el hijo de un terrateniente californiano, que combatirá a las tropas invasoras bajo la máscara negra y la capa embozada, a punta de espada. Don César de Echagüe, hijo de un rico se dedica a hacer justicia en su California natal contra los tiranos, con un disfraz mexicano.

El Zorro dejando su marca

Cyrano de Bergerac

A pesar de la creencia popular, Cyrano de Bergerac es un personaje real. Escritor para más señas, que vivió en el siglo XVII en Francia. El drama en verso de Edmond Rostand, si bien es una obra de teatro, en muchas ocasiones se ha publicado dándole forma de novela, en esta obra del romanticismo tardío e inspirada en un personaje real, Cyrano, el protagonista representa mejor que nadie el idealismo y el pesimismo del espíritu romántico. Cyrano de Bergerac es un soldado poeta, aguerrido, valiente, pendenciero, y enamorado hasta la médula de su amada Roxana. Roxana sin embargo está enamorada de otro soldado, un tal Cristian, Guapo, apuesto, pero un pavisoso de aquí te esperas. Cyrano y Cristian, acordarán enamorar a Roxana «a medias», con la presencia del galán, y los escritos del poeta.

El Capitán Alatriste

Viejo soldado de los Tercios de Flandes creado por la pluma de Arturo Pérez-Reverte, es casi el antihéroe, un hombre en el ocaso de su vida que lucha por ideales de los que ya está desengañado, un don Quijote curado de su locura y que no obstante continúa enfrentándose a los molinos de viento, convertidos en la corrupción del poder que estuvo presente en los gobiernos de los últimos Austrias. El primer libro de la saga «Las aventuras del capitán Alatriste», de Pérez-Reverte, un soldado veterano de los tercios de Flandes curtido en mil batallas que se alquila como espadachín a sueldo por las callejas del Madrid del siglo XVII. En uno de los encargos tendrá que emboscar a un par de tipos y darles muerte con el acero. No le hace demasiada gracia, pero el dinero es el dinero.

Capitán Alatriste en Madrid

Prisionero de Zenda y El Príncipe y el Mendigo

El prisionero de Zenda: Es el rey Rudolf de Ruritania, pero el espadachín que le tiene que rescatar de la prisión de Senda donde le ha recluido su hermanastro y devolverle al trono es Rudolf Rassendyll, que tiene gran parecido con el rey y tiene que hacerse pasar por él para que sus enemigos no se hagan con el trono. Hendon: Espadachín que aparece en la novela El príncipe y el mendigo de Mark Twain, para ayudar al príncipe convertido en mendigo. Mark Twain nos cuenta la historia de dos jóvenes de familias distintas y criados en dos ambientes diferentes, que se parecen como dos gotas de agua, y que cambiarán los roles queriendo probar cada uno la vida del otro. Desde luego, este rocambolesco argumento dará lugar a enredos, confusiones y complicaciones varias. El problema es que uno de los dos es un pobre mendigo, y el otro el príncipe heredero de Inglaterra. El rey morirá al poco tiempo de producirse el cambalache, y los jóvenes tendrán múltiples problemas para volver a intercambiarse antes de que coronen rey a quien no deben.

Henri de Lagardère

Hábil espadachín y hábil con el disfraz las novelas de este héroe de capa y espada creado por Paul Féval padre se encuentra recogida en una obra que recibe el título de su identidad secreta, el Jorobado. Paul Féval hijo a principios del siglo XX continuará sus aventuras.

Los Tebeos de Capa y Espada en España

El lector español viene con un acervo cultural al respecto forjado por montones de cómics de “capa y espada” que nos retrotraen a aquellas películas medievales protagonizadas por Errol Flynn, así como al género ya mencionado de duelos y luchas a espada. En plena efervescencia de este género, podemos comenzar a localizar algún ejemplo muy puntual, como puede ser “Purk, el hombre de piedra”, creado por los hermanos Gago en 1950 y ambientado en una prehistoria mítica en la que el hombre convive con animales enormes y gigantes. Purk es el jefe tribal de los Cataks, rivales de la tribu Urulu.

Tendríamos que avanzar hasta 1958 para encontrarnos con algo más normativo al respecto: “Sigur, el vikingo”, obra de José Ortiz con guión de Mariano Hispano para la editorial Toray. Y ya que hablamos de la “barbarización” de los héroes españoles de fantasía heroica, en 1960 aparece la primera historieta de un bárbaro totalmente español, obra de uno de los mejores dibujantes patrios de ese género: Jaime Brocal Remohí. Con guiones de Hispano y Sesén, y auspiciado por la misma Toray, aparece “Katán", que llegó a publicarse en el mercado inglés.“Katán" es una serie que aún bebe mucho de los registros de Manuel Gago, y su trama os resultará, dado este hecho, muy familiar: las aventuras de Katán, el Hijo del Fuego, personaje de origen desconocido y larga cabellera, son compartidas por sus compañeros Odilón y Betún, además de la hermosa Aringa. Odilón es el compañero fortachón, con un parecido extraordinario con el galo Obélix, compartiendo su pasión por manjares como jabalíes, y Aringa es una bella joven rubia, princesa de los Norvingios, cuyo ayuda de cámara es Betún, un joven africano.

A medida que los cómics de “Conan” iban ganando popularidad, en España comenzaron a crearse nuevos héroes de espada y brujería que, si bien no podían negar la permeabilidad con respecto al modelo empleado por el bárbaro creado por Robert E. Howard, tendían a reflejar una visión más apocalíptica y pegada a tierra del modelo de ficción. El caso más representativo al respecto son los personajes de Víctor de la Fuente, que tienden a luchar contra peligros y sistemas opresores con el noble objetivo de restaurar la paz y la libertad.

El más conocido por todos, y que da nombre a los premios que -hasta 2015- se dieron en el Salón Internacional del Cómic del Principado de Asturias, es “Haxtur”, creado en 1971 para la revista Trinca. Haxtur es un guerrillero de estilo centroamericano que es transportado a un mundo fantástico en el que, convertido en una suerte de bárbaro desubicado, lucha por el deseo de libertad de los hombres en un entorno entre fantástico y onírico. Pero no fue su única aportación al género: en 1972, también para Trinca, crea a “Mathai Dor”, que también fue publicado en Boomerang.

En 1971 entra en liza otro de los grandes dibujantes de la fantasía heroica española: Esteban Maroto. Ese mismo año aparece su primera incursión al respecto: “Wolff”, una especie de bárbaro al más puro estilo de Conan pasado por un filtro de imagen onírico teñido de un cierto erotismo. Durante ese mismo año creó un personaje que lograría cambiar su carrera para siempre: “Manly el guerrero”, que se publicaba en el diario Pueblo, y que entró dentro del catálogo de la Warren bajo otro nombre, que fue el que al final se impuso: "Dax, el guerrero”. Dax es un guerrero maldito condenado a vagar por un mundo hostil que, a su manera, pretendía reflejar el ambiente opresivo de la Guerra Fría. Este personaje fue el que impulsó a Marvel a reclutarlo para las revistas asociadas a Conan. Pero el paso a Marvel no supuso el final de Maroto como dibujante de “bárbaros hispánicos”.

Seguimos con nuestro repaso, y nos encontramos con un clásico del cómic español que también hizo su incursión con el género de fantasía heroica: Jordi Bernet, el conocido autor de “Torpedo”. Con guión de su tío, Miguel Cussó, dibujó en 1973 para el mercado alemán (y recuperado para el español por Toutain, y posteriormente publicado por Planeta) las aventuras de “Andrax”. Siguiendo el modelo de Haxtur, Andrax es un atleta de nuestro tiempo que se ve transportado a un futuro fantástico asimilable al mundo de Conan.

También en 1973 debemos comentar la obra creada por Vicente Alcázar quien, además de dibujar para Marvel a Conan y Kull (y muchas más colaboraciones, puesto que fue recomendado y reclutado por el mismísimo Neal Adams), comenzó con otras obras suyas, comenzando con “Schreck” (que nada tiene que ver con el ogro verde). Y es en esta década en la que se produce la efervescencia de Jaime Brocal Remohí, ya mencionado. En 1971, para la revista Trinca crea un personaje dentro de lo que podríamos llamar Viking Fantasy llamado “Kronan”. Un émulo de Conan que buscaba justicia en un entorno muy ambientado en la mitología nórdica con la ayuda de la exuberante Thruda, la Valkiria. Para el mercado francés creó a “Arcano”, publicado en la revista Pilote en 1974 y, aquí, en las páginas de Blue Jeans y Boomerang. Y el éxito logrado por Arcano llevó a Dargaud a encargarle otra serie temática en 1976 que, bajo el título de “Taar el rebelde”, fue recuperada por Planeta para su publicación en España.

Portadas de tebeos de fantasía heroica española

En 1978 nos encontramos a un archiconocido dibujante que, con guión de Carlos Saiz Cidoncha, incursiona también en la fantasía heroica: Alfonso Azpiri. De la cooperación de estos dos surgió “Zephyd”, que se serializó en CIMOC. Zephyd es un guerrero que choca culturalmente cuando topa con la civilización, cuyo ambiente opresivo, intolerante y violento es el motivo contra el que el protagonista lucha con una cierta visión ecologista. Y vamos a cerrar esta década de los 70 del siglo pasado mencionando una obra creada en 1978 por Badía Romero: “Axa”, publicada en el diario The Sun y en la revista Creepy. Aquí la rescató Toutain.

La década de los 80 del siglo pasado supuso la consolidación en el mercado de la mayor parte de los autores mencionados, pero también de la aparición de nuevas e interesantes propuestas. Vamos a comenzar con la nueva propuesta que, en 1980, creó Víctor de la Fuente para la revista 1984: “Haggarth”. La calidad de este trabajo hizo que se llegase a publicar en los Estados Unidos a través de la edición local de la revista Eerie. No podemos dejarnos fuera a otro bárbaro español que se trajo aquí tardíamente en color a través de Creepy, que es una revisión muy mejorada de “Sigur, el vikingo” (1956), y que es un trabajo de manifiesta calidad: “The Viking Prince”. José Ortiz creó esta serie en 1980 para la revista The Rook, otro de los conocidos productos de Warren Publishing. Al igual que Kronan, se trata de una nueva muestra de Viking Fantasy.

Tampoco podemos dejar fuera al magistral Vicente Segrelles que, en 1981, se incorporó a las páginas de CIMOC con su distintivo estilo presentando las aventuras de un mercenario que recorría su mundo a lomos de un dragón. En 1982 se incorporaron a este género Antonio Segura y Luis Bermejo con “Los 8 anillos de Elibarin”, una aventura publicada por A.G. ¡Y casi se me olvida el retorno de Jordi Bernet con guión de Antonio Segura! En 1982 publicaron “Sarvan”, una guerrera perteneciente a una tribu nómada que se dedica al pastoreo. Un día su clan avista con estupor una batalla aérea, lo que ellos toman por una lucha entre dioses; de una de las naves cae una cápsula y Sarvan, con intención de conseguir un trofeo, se acerca hasta ella. Lo que encuentra allí es a un humano vestido con un traje espacial. En un primer momento lo ataca, pero luego, al ver su rostro bajo la escafandra, decide abandonar a su tribu y quedarse junto al hombre venido de las estrellas.

No podemos negar tampoco la existencia de ciertos elementos de triste calidad, como es el caso de la serie que aquí conocemos de mano de Bruguera como “Manos, guerrero indómito”, y que Antonio Correa creó para el mercado alemán en 1984 con el nombre de “Wulkan”. Una obra muy floja en la que el autor copiaba sin pudor alguno viñetas de John Byrne, John Buscema, Víctor de la Fuente y otros. Y llegamos al final de esta década gloriosa para el género mencionando a otro ilustre veterano: Esteban Maroto con su obra “Amethyst”, que creó en 1987 para DC.

La Historia del Cómic: Desde sus Orígenes hasta los Superhéroes

Sin embargo, no puede negarse que los años 90 fueron un periodo de franca decadencia para la fantasía heroica española en el cómic. Y que merece un análisis aparte para analizar el devenir del género desde los años 90 hasta la actualidad.

Superhéroes Ibéricos: Una Historia Alternativa

La historia del tebeo español no es la que les han venido contando durante años… Para muestra el botón que viene hoy al Desván: una galería de superhéroes, esas criaturas improbables y pelín prepotentes que todo el mundo toma por norteamericanas. Antes de saberse tal y lucir el reglamentario pijama multicolor, el superhombre ibérico anidó en los predios elegantes y desquiciados del folletín. Vistió bata blanca y frecuentó probetas ejerciendo de científico de imposibles inventos que le situaron muy por encima del común de los mortales. Y fue bárbaro ceñudo de músculo y espada, gustando ya como sus descendientes de solventar sus fantásticos conflictos a palo limpio. Antes de conseguirlo, encarnó en tebeos, en novelas y filmes olvidados. Rescatar su peripecia fue el propósito de un libro, Superhombres Ibéricos (Edicions de Ponent, 2014), camino fecundo y alegre, como queriendo desmentir tan a menudo la miseria de su circunstancia real. Y gozar, gozar hozando en el pasado, degustando frutos recónditos, exóticos y, sin embargo, familiares. Voluntariosos, imperfectos, dignos de amor y sorna, superhombres ibéricos como nosotros mismos.

Pioneros del Superhombre Español

Mack-Wan el Invencible fue, casi con seguridad, el primer superhombre español. Lo publicó Marco, el empresario de las más modestas ediciones de tebeo y literatura popular, un señor de Cataluña que había comenzado como mozo de almacén de la casa Vecchi, aprendiendo así desde la base el negocio, su carácter y su cicatería.

Hay superhombres con estilo que abominan el igualitario pijama de colorines y optan por uniformes más acordes con su categoría social. No se dejen engañar por un ojo perezoso y fíjense en las maravillas de esta portada: Titán no es un vulgar caballero de armadura, sino un robot gigante que funciona mediante magia; residente en una jungla de folletín poblada por encapuchados, es entregado a un niño de lo más formal en forma de miniatura dentro de una retorta de cristal, de la que saldrá hecho un coloso para impartir su particular justicia. Las enloquecidas peripecias de Titán inauguraron la Serie Fantástica de Aventuras y Viajes publicada por editorial Bruguera en 1945.

No encontrarán ustedes, por más que se esfuercen, superhéroe tan educado como “S”. Este superhombre de capa y chistera fue concebido en 1947 por el guionista Canellas Casals, viejo conocido de esta página, escritor de folletines como El último vampiro o Un viaje al planeta Marte. Serra Massana ilustra sin estridencias, Canellas cuenta prodigios que ya en los cuarenta suenan antañones. Apareció “S” en su propia revista, editada por Ediciones TBO, un bastión contra el lenguaje apresurado y funcional que caracteriza al resto de tebeos españoles. Un superhéroe olvidado, digno sin embargo de eterno recuerdo, testimonio de modos elegantes y pausados hoy desgraciada y definitivamente caducos.

Águila Negra fue una serie concebida y editada en plena posguerra, en 1948, procedente de los talleres gráficos de editorial Bruguera y con un tema y una imagen que rebosan modernidad por los cuatro costados. Miguel Ripoll Guadayol, uno de los más olvidados genios de nuestra historieta, fue su creador gráfico. Firmaba Ripoll G.; dueño de trazo sintético e inquieto, su obra se dispersa en publicaciones como Florita, la revista de las niñas y jovencitas, o El Coyote, también semanario editado por Germán Plaza donde tuvo que vérselas con otro superhombre de andar por casa, Kay y el Lagarto Humano.

Don Rafael González, el Hombre para Todo de Bruguera, el guionista sombrío y tenebroso que crease los horrores del Inspector Dan, ideó este proyecto. Con un aire netamente pulp en el que resuenan los ecos de La Sombra, Los Vampiros del Aire y otros clásicos, venía al mundo en 1950 El Misterioso X, de la mano de Manuel Gago, para combatir en la moderna urbe a toda clase de villanos disfrazados, robots asesinos, sectas orientales, sabios tronados y demás amenazas folletinescas.

López Hipkiss imaginó para su colección pulp ‘El Encapuchado’ un universo cerrado, poblado por superhombres y sobre todo superheroínas, en un tiempo tan antipático para todo ello como 1948, a contrapelo, como digo, de todas las rancias normas sociales del momento. Este huraño y malencarado Hombre de las Nieves, a quien agradezco que cubra púdicamente sus vergüenzas con moderno calzoncillo, fue avistado en el Himalaya en 1958 por Átomo Kid, el héroe científico de la era atómica cuyas peripecias documentase para ediciones Toray el dibujante Braulio Rodríguez, “Bayo”.

Este Superhombre nació en 1957 en Barcelona y fue muy popular hasta su desaparición un par de años más tarde. El guionista Joan Llarch y el dibujante Juan Giralt Banús fueron los padres del Superhombre, hijo espurio de Supermán y El Capitán Marvel.

Aborrecido por los puretas, que desconocen su prolífica obra, denostado por los que sólo ven en él al mediocre continuador de El Capitán Trueno, Juan Martínez Osete es un currante del tebeo. Se despachó él solito unos cuantos miles de páginas distribuidas en casi treinta colecciones de aventuras. Y demostró con creces la sinceridad de su estilo, ingenuo y entregado a la causa del género. Hagan boca hoy con este superhéroe, Rock-Robot, con nombre de grupo de tecno pop de los ochenta, insólito en el panorama español.

Nada mejor para recuperar el optimismo que encomendarse al amparo del que fuese el más grande de cuantos super cuadrúpedos ibéricos en España han sido: Super Pumby. Un poco de zumo de naranja como elixir mágico que le otorga sus poderes, un petardo por emblema, una capa como la de Supermán y hala, a derrotar a pedrada y puñetazo a cuanto monstruo se ponga por delante. La encarnación superheroica de Pumby, creada por José Sanchis en 1961, nace de la fascinación que Supermán ejercía sobre el dibujante. Tras publicarlo previamente en El Desván del Abuelito, lo edito ahora en este nuevo desván de la revista Cualia.

Otras Aventuras Literarias

Ivanhoe, junto con El Pirata y Rob Roy las tres piezas claves de la obra de Walter Scott. Dudé al principio si incluirla o no en la lista, puesto que no sé si considerarla una novela de capa y espada. La novela nos cuenta la historia de amor imposible de Wilfredo de Ivanhoe con lady Rowena, envuelta en los problemas políticos de la época. Gran rivalidad entre sajones y normandos, pugnas políticas entre el rey Ricardo Corazón de León y su hermano Juan sin Tierra, justas, lances a caballo y golpes de mandoble a raudales.

Empezamos ya con las palabras mayores. En dura competencia con la siguiente obra, el Conte de Montecristo es uno de los grandes. No de la literatura de capa y espada, sino de la literatura en general. Es la historia de una venganza. Edmundo Dantès, acusado en falso por los que él creía sus amigos, da con sus huesos en la cárcel del Castillo de If, en una isla remota, donde es confinado a pudrirse hasta la muerte. Tras varios años de desesperación, encontrará a otro preso, el abate Faria, con el que comenzará a tener largas charlas.

Ilustración de El Conde de Montecristo

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