Mariano José de Larra: Crítica al Teatro Español en "Yo quiero ser cómico"

Mariano José de Larra, una figura cumbre del periodismo y la literatura española del siglo XIX, no solo se destacó por sus agudos artículos de costumbres, sino también por su profunda crítica al teatro de su época. En su relato "Yo quiero ser cómico", publicado en la Revista Española el 1 de marzo de 1833 bajo el seudónimo de Fígaro, Larra expone, a través de un diálogo ficticio, las deficiencias y la falta de profesionalidad que, a su juicio, aquejaban a muchos actores y al propio teatro español.

El texto nos habla de un joven que se presenta en casa de un periodista de nombre Fígaro pidiendole que le recomiende para ser actor al Ayuntamiento. El aspirante a cómico cree que para ser actor lo único importante es la interpretación y la actuación, y que ni siquiera hace falta la memorización, ya que para eso está el apuntador. Larra quiere reflejar aquí una crítica al teatro español de su época, mostrando su deseo de modificar y renovar el teatro existente. El autor rompe con sus artículos costumbristas habituales para presentar una pieza más crítica y dramática.

Joven aspirante a actor pidiendo consejo a un periodista

Para saber si el joven podía dedicarse al teatro y ser un buen cómico, Fígaro le hace una serie de preguntas sobre gramática, latín, poetas clásicos, historia, etc. Sin embargo, el joven le dice que desconoce todos esos temas, pero que tiene múltiples conocimientos sobre teatro e interpretación. Larra critica en estos párrafos la vagancia de los cómicos y su falta de cultura y de modales. El periodista, irónicamente, responde "¡Bien! ¡Eso es muy bueno!", ante la confesión del aspirante de no saber latín, ya que esto rompería la supuesta regla de los cómicos de ser incultos.

Larra, a través de este diálogo, evidencia la superficialidad de quienes aspiraban a dedicarse a la escena sin la debida formación. "¿Y cómo presentará usted un carácter histórico?", pregunta Fígaro. El joven responde: "Mire usted; el papel lo dirá, y luego, como el muerto no se ha de tomar el trabajo de resucitar sólo para desmentirle a uno...". Esta respuesta subraya la dependencia del actor del texto y del apuntador, en lugar de una comprensión profunda del personaje y la obra.

El artículo "Yo quiero ser cómico" es un reflejo de la visión de Larra sobre los requisitos mínimos que deberían poseer los cómicos. El autor deja en evidencia a todos los actores mediocres que no habían estudiado ni se habían preparado adecuadamente, pero que aun así querían probar fortuna en el teatro. Larra critica la falta de profesionalidad artística, la vagancia y la escasa cultura de muchos actores de su tiempo.

Larra debe sus más bellos laureles a la sátira, pero muy lejos estuvo de emplearla cuando de examinar alguna obra literaria se trataba. Véanse, si no, sus célebres críticas del drama Los amantes de Teruel, y se verá que en él, tan aficionado a lucir aquellas dotes satíricas que el cielo le hizo poseedor, dejaba la burla a la puerta cuando se trataba de penetrar en santuario de la crítica literaria. En efecto, las críticas teatrales de Larra variaban la tónica de sus artículos, pues las usaba de modo didáctico. Por lo general, las reseñas tenían una estructura muy definida, con un análisis del texto teatral, de la representación y la recepción por parte del público, ente que considera importantísimo para la práctica teatral.

"No basta que haya teatro; no basta que haya poetas; no basta que haya actores; ninguna de estas tres cosas puede existir sin la cooperación de las otras y difícilmente puede existir la reunión de las tres sin otra cuarta más importante: es preciso que haya público". Larra enfatiza la importancia del público, y no solo su presencia, sino que este sea ilustrado. Es obvio que sin público no hay teatro, pero la idea va más allá, puesto que sin espectadores críticos y bien educados no puede haber teatro de calidad.

Esquema de los elementos necesarios para el teatro: poeta, actor, público

En su artículo "¿Qué es el público y dónde se encuentra?", Larra hace un estudio de campo para analizar la audiencia a la que va a escribir -pionero en estudios de mercado también- y su comportamiento, pero sobre todo va a comprobar si el público es tan respetable como siempre se ha dicho. El resultado es el retrato de una masa ocupada en aparentar y, en lo que respecta al teatro, que se comporta como quien trata de teorizar sobre lo que no entiende. Larra critica la falta de criterio y la contradicción del público, que aplaude una obra con furor por un lado y la silba despiadadamente por otro, basándose en opiniones superficiales.

Queda claro entonces que al espectador teatral se le debe exigir una base, pero también tiene que poner de su parte el elenco de actores: igual que un público mediocre puede resultar pernicioso para el hecho teatral, sin actores bien formados las representaciones perderán mucho. Aunque esto es algo fundamental, la crítica al trabajo de los actores no sentó bien a muchos, especialmente a quienes veían comentarios tan negativos a sus interpretaciones. Aun así, eso no impidió que Fígaro escribiese un artículo donde, para describir las cualidades y la formación que debían poseer los cómicos, deja en evidencia a todos los actores mediocres que no habían dado un palo al agua en su vida y querían probar fortuna en el teatro.

El joven aspirante, en su diálogo con Fígaro, muestra una concepción errónea del oficio: "Todo lo hace el apunte, y...". Larra, a través de Fígaro, le reprocha esta actitud, indicando que la falta de estudio y preparación conduce a la mediocridad. "¡Vaya si haré! Se morirá el público de risa, y se hundirá la casa a aplausos", exclama el joven, confiado en su supuesta gracia natural, sin comprender la profundidad del arte dramático.

La obra, titulada "Yo quiero ser cómico", es un diálogo ficticio -o no- en el que un joven aspirante a actor acude a Larra para que este le recomiende. Larra empieza a examinar los requisitos de este aspirante a actor, preguntando por las cualidades mínimas que deberían tener los cómicos. El diálogo concluye con Fígaro reconociendo la aptitud del joven, pero de una manera irónica y crítica: "¡Venga usted acá, mancebo generoso -exclamé todo alborozado-; venga usted acá, flor y nata de la andante comiquería: usted ha nacido en este siglo de hierro de nuestra gloria dramática para renovar aquel siglo de oro, en que sólo comían los hombres bellotas y pacían a su libertad por los bosques, sin la distinción del tuyo y del mío!".

Desgraciadamente, han pasado más de un siglo desde que Larra escribió este artículo. Muy a pesar nuestro, si miramos a nuestro alrededor, aún nos preguntamos por qué muchos de los actores de nuestro país que están en activo no se aplican un poco el cuento e intentan reproducir estos ocho puntos que cita Larra para la formación de un actor.

Comparativa de actores del siglo XIX y actores actuales

Larra, hombre de talento y con una pluma afilada, empleaba la ironía y la crítica no para ridiculizar, sino para corregir comportamientos. En "Yo quiero ser cómico", su objetivo es señalar la necesidad de una formación rigurosa y un profundo conocimiento para aquellos que aspiran a dedicarse al teatro, contribuyendo así a la renovación y mejora del panorama escénico español de su tiempo.

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