En la intimidad de una habitación de hotel, lejos de las miradas del santuario, Aries y Virgo, quienes habían mantenido su relación en secreto, se encuentran finalmente a solas. Tras una misión exitosa en tierras ajenas, el cansancio físico se mezcla con la tensión acumulada de sus sentimientos ocultos.
Al entrar en la habitación, la sorpresa inicial de compartir una sola cama se disipa ante la necesidad de descanso. Sin embargo, para uno de ellos, la noche apenas comienza. Una vez que la puerta se cierra con llave, la discreción de la soledad da paso a la manifestación de afecto.

Virgo, con una intensidad que sorprende a Aries, lo abraza por detrás, rodeándolo con sus brazos por la cintura. "Creí que te perdería", susurra al oído de Aries, sellando su huida. El pelilila, aunque sonrojado por la cercanía, no puede evitar sonreír ante la caricia, entrelazando sus manos con las del Hindú.
El rubio, sin esperar más, comienza a besar el cuello de Mu, dejando marcas de pasión que deberán ser ocultadas al día siguiente. A pesar de las súplicas de Aries por un momento de calma, Virgo insiste en su deseo, buscando la respuesta en los labios de su amado.
El beso se vuelve desesperado, una exploración profunda que sumerge a Mu en un placer que lo hace rendirse. La fuerza del deseo de Virgo es innegable, y Mu se deja guiar, notando una intensidad inusual en su pareja, una que no le desagrada en absoluto.

"Vamos a la cama", lo guía Virgo, y Aries, con las mejillas sonrojadas y el cuerpo tembloroso, se deja caer sobre el colchón. La mirada de Virgo se clava en él, y la anticipación llena el aire.
Las prendas de Virgo son despojadas, revelando su miembro erecto. Con nerviosismo, Mu acerca su boca al pene duro de su amante, un gesto tierno y a la vez audaz. La boca del pelilila envuelve la longitud del miembro, explorando con suavidad, la saliva actuando como lubricante natural.
Virgo, embriagado por el placer, empuja la cabeza de Mu, buscando una conexión más profunda. Las manos del rubio sujetan firmemente la cabeza de Aries, guiándolo en el ritmo y la intensidad de las caricias. Las lágrimas escapan de los ojos de Mu, no de dolor, sino de la abrumadora sensación de placer.
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Al separarse, el semen escurre por las comisuras de los labios de Mu, quien ha tragado todo, logrando finalmente su cometido. "Por qué eres capaz de lucir así de hermoso?", pregunta Virgo, deseando aún más a su amado pelilila.
Virgo tumba a Aries en la cama, admirando su cuerpo, marcado por los chupetones que él mismo ha dejado. Lamé sus pezones con fuerza, provocando gemidos que excitan aún más al rubio. La pierna de Mu es levantada, preparando el terreno para lo que vendrá.
Dos dedos invaden a Mu, provocando un arqueo de espalda y gemidos ahogados. Virgo disfruta del placer que le proporciona a su querido Aries, y con un movimiento firme, introduce su miembro en el Lemuriano. La estrechez de su pareja, a pesar de las veces que lo han hecho, sigue siendo un deleite para Virgo.
La estocada es profunda, haciendo temblar a Mu, quien cree que será partido en dos. "Mu... Me gustas mucho...", sonríe Virgo como un depredador ante su presa indefensa, moviéndose rápidamente en su interior. El calor de sus cuerpos se intensifica, mezclándose con los sonidos obscenos de su pasión.
La pierna flexionada de Mu proporciona un apoyo crucial, y Virgo continúa con sus embestidas, escuchando los gemidos que intensifican cada movimiento. El clímax llega para Aries, manchando sus abdomen con su propio semen.
Cansado pero satisfecho, Aries se recupera del esfuerzo. Virgo, con una sonrisa pervertida y picara, revela una faceta oculta del hombre cercano a Dios, una que solo muestra con su amado Aries. Tras unas últimas embestidas, Virgo alcanza el orgasmo en el interior de Mu, ahogando un fuerte gemido en un jadeo.
Con cuidado, Virgo sale de Mu, bajando su pierna y dándole besos suaves como caricias. "Mu... ¿Qué te pareció?". Aries, aún agitado, pregunta de dónde ha sacado esas ideas, a lo que Virgo responde con una sonrisa misteriosa.
Recostado a su lado, Virgo abraza a Mu, cubriéndolo del frío con su cuerpo. Fascinado por la dulzura en la mirada de Aries, le da un beso en los labios. "Mejor duerme Mu... Mañana regresaremos al santuario", dice con delicadeza, acariciando su cabello y espalda.
"Te amo Shaka", responde Mu, acurrucándose en su pecho y abrazándolo para descansar. La noche, que comenzó con la discreción de un secreto, termina en la entrega total de dos almas unidas por el amor y la pasión.
