El Auge de las Revistas de Cómics en los Años 50: Una Década de Transformación

Las revistas de historietas o revistas de cómic siempre han sido un producto editorial rompedor, un medio en el que se han formado y han crecido los talentos más importantes del dibujo y la narración en tiras, entre otros productos.

Gracias a la intuición de editores de vanguardia y hábiles dibujantes de historietas, desde la década de 1950 han cobrado vida diversas revistas publicadas en todo el mundo, de periodicidad mensual o trimestral. Con estas también surgieron nuevas formas estéticas y culturales, estilos y géneros.

No obstante, el fenómeno ha ido desapareciendo ya desde principios de los años 2000, quedando poquísimas propuestas editoriales nuevas o supervivientes de otros tiempos.

Pioneros y Nuevos Horizontes en la Década de 1950

La década de 1950 fue un período crucial para la consolidación de la industria del tebeo, aunque la censura franquista y los preceptivos permisos dificultaban la difusión de títulos que aspiraban a una aparición periódica.

La creación en 1951 del Ministerio de Información y Turismo contribuyó al desbloqueo de la situación. Las publicaciones infantiles pasaron a depender de la nueva Dirección General de Prensa, que concedía autorizaciones por cabecera y no por ejemplar. A partir de ese momento, publicaciones como Pulgarcito y sus compañeras de quiosco ya no tenían que presentarse con denominaciones específicas, sino que se limitaban a numerar cada entrega y a adaptar sus apariciones a ciclos mensuales, quincenales y, con el tiempo, mayoritariamente semanales.

Sin embargo, el control ideológico no desapareció. En enero de 1952 se constituyó la Junta Asesora de Prensa Infantil, integrada por representantes de diversas organizaciones, que dictó normas prohibiendo contenidos considerados perjudiciales para los niños, como cuentos de crímenes, suicidios, descripciones que despertaran curiosidad malsana sobre la generación, historietas que ridiculizaran la vida familiar o desprestigiaran la autoridad, y todo aquello que atentara contra los principios del Movimiento Nacional.

A pesar de estas restricciones, el carácter lúdico de los tebeos y la escasa trascendencia cultural que se les otorgaba a menudo permitían una evaluación superficial. Los escenarios de hambre, explotación y miseria que conformaban su trasfondo argumental a veces se contemplaban como mero recurso humorístico, sin intencionalidad política. La amoralidad de muchos protagonistas, como Doña Urraca, una personaje que disfrutaba con la muerte y odiaba a sus congéneres, o el éxito de Carpanta, basado en la frustración, reflejaban una sociedad en dificultades.

En el ámbito institucional, la revista Clarín prolongó su existencia hasta 1959. En 1957, el Frente de Juventudes lanzó Balalín, una publicación digna pero de corta duración. Trampolín, editada por Acción Católica, cerró en 1954, y otras apuestas eclesiásticas como Tin-Tan, Valentín o Molinete tuvieron una difusión limitada y una vida corta.

TBO, Jaimito y Pulgarcito confirmaron su éxito y se convirtieron en cabeceras emblemáticas. Bruguera, con El DDT contra las penas, Tío Vivo y Can-Can, buscó conquistar públicos más adultos, subtitulando El DDT como "semanario cómico para grandullones" o "revista para mayores o para jóvenes de 15 a 117 años". Su enfoque se centró en las relaciones hombre-mujer, con la representación de féminas "estupendas" y hombres exageradamente excitados.

Otras editoriales también apostaron por el humor. La editorial Marco lanzó La risa en 1952. Hispano Americana presentó Pocholo en 1951. La editorial Símbolo lanzó Chicolino en 1952, Ferma publicó Sandalio en 1953, Manraf sacó Farolito en 1954, y la agencia Histograf propuso Pequeñeces en 1953.

En el género de animales, la editorial Marco publicó Hipo, Monito y Fifí en 1953. Clíper relanzó Yumbo. El éxito zoomorfo más destacable fue Pumby, editada por Valenciana desde 1955.

La historieta de aventuras también se reforzó. A pesar de los intentos de la editorial Futuro con El aventurero (1953), el cuadernillo seriado se consolidó como principal soporte. Publicaciones como Aventuras del FBI (1951), El Cachorro (1951), Pantera Negra (1955), Mendoza Colt (1955), Apache (1958) y Bengala (1958) destacaron. Diego Valor, surgido en la radio en 1953, alcanzó gran difusión como cuadernillo editado por Cid a partir de 1954.

Portada de El Capitán Trueno

El Fenómeno de El Capitán Trueno y Mortadelo y Filemón

Los dos éxitos más importantes del tebeo español surgieron en esta década, ambos publicados por Bruguera y sentando las bases de su prosperidad editorial. El Capitán Trueno, de Víctor Mora y Ambrós, y Mortadelo y Filemón, de Ibáñez, representaron una renovación de sus respectivos géneros.

El Capitán Trueno se distinguía de otros héroes por renunciar a sus derechos de primogenitura para hacer justicia y impartir libertad, a diferencia de El Guerrero del Antifaz, obsesionado con recuperar su título. Mientras el origen del Guerrero se vinculaba al linaje y el honor familiar, el de Trueno implicaba la renuncia al privilegio y la entrega al oprimido. La gestualidad de Trueno, que sufría, se compadecía y reía, lo convertía en una figura afable con la que el lector podía identificarse, en contraste con el héroe lejano y modélico.

Mortadelo y Filemón supusieron un cambio en las referencias humorísticas. A diferencia de otros personajes de Bruguera, no se basaban en un modelo social, sino ficcional. Inicialmente detectives al estilo de Sherlock Holmes y Watson, luego agentes secretos al estilo de James Bond, sus peripecias disparatadas y la mutación permanente de Mortadelo sustituyeron las miserias de la realidad por un humor basado en la intriga y la parodia.

Viñeta de Mortadelo y Filemón

Nuevas Estéticas y Géneros en el Cómics Internacional

La década de 1950 también fue testigo de la aparición de revistas influyentes a nivel internacional, que marcaron nuevas tendencias estéticas y narrativas.

Fruto del ingenio de Harvey Kurtzman, el primer número de MAD salió en agosto de 1952 gracias a la editorial EC Comics, en formato de libro de cómics. Sus icónicas portadas reflejaban en tono de parodia personajes del mundo de la política, de la cultura popular o del espectáculo. MAD se caracterizó por su humor demencial, pero también por incluir historias de género más sofisticado, dando lugar a talentos como Robert Crumb y Art Spiegelman.

Portada de la revista MAD

En 1959, salió el primer número de Pilote, una revista francesa semanal que sirvió de debut para importantes autores del cómic francés, como René Goscinny, creador de Asterix y Lucky Luke. Pilote publicó a numerosos autores que se convertirían en referentes internacionales, como Charlier, Giraud, Druillet, Tardi y Bilal.

Pilote en español Cómics XXI

La revista TBO (nº 307, 1957) es un ejemplo de la publicación infantil de la época.

Ejemplar de la revista infantil TBO

En Italia, en 1965, Giovanni Gandini lanzó Linus, una revista que publicaría a autores como Charles M. Schulz, Al Capp, Elzie Crisler Segar, Herriman y Chester Gould. Guido Crepax, con su personaje Valentina, fue el único autor italiano publicado en los primeros años. Linus se consolidó como una revista de cómic de autor, especialmente bajo la dirección de Oreste del Buono, quien impulsó el suplemento Alterlinus, publicando a Moebius, Pazienza y otros.

El cómic de terror también tuvo su espacio, con colecciones como la Biblioteca de cómics de terror de los años 50, que recopilaba historietas de antes de la llegada de la censura del Comics Code Authority. Estas colecciones, como "Mummies", ofrecían aventuras escalofriantes de dibujantes como Bob Powell y Don Perlin, extraídas de revistas como Forbidden Worlds y Chamber of Chills.

El Cómic Español en los Años 50: Diversificación y Éxitos

La Editorial Valenciana implantó el cuaderno de aventuras con series como Roberto Alcázar y Pedrín (1940) y El Guerrero del Antifaz (1944). Enrique Pertegás destacó con Silac, el Hombre-León (1945).

En 1947, nuevas revistas de Bruguera, como Pulgarcito y El Campeón, incluyeron series de aventuras como El Inspector Dan de la Patrulla Volante. El Cachorro (1951) de Iranzo, Aventuras del F.B.I. (1951) de Luis Bermejo, Diego Valor (1954) de Jarber/Buylla/Bayo, Red Dixon (1954) de Joaquim Berenguer Artes/Martínez Osete, Mendoza Colt (1955) de González Casquel/Martín Salvador y, sobre todo, El Capitán Trueno (1956) de Mora/Ambrós, que vendió hasta 350.000 tebeos semanales, marcaron la década.

Otros títulos destacados de la década incluyen El capitán Pantera (1954) de Carrillo, El mundo futuro (1955) de Boixcar, o Hazañas de la juventud audaz (1959) de Matías Alonso.

El tebeo sentimental también evolucionó. Revistas como Mariló, Lupita y Florita se mantuvieron, mientras Chicas (1950) sustituía a Mis chicas. Bruguera lanzó Sissi en 1958. El formato apaisado se convirtió en el principal para colecciones como Lirio de Maga (1956), Graciela de Toray (1956), Maripositas de Rollán (1958), Rosas blancas de Toray (1958), Claro de luna de Íbero Mundial, Serenata y Gwendalina de Toray, y Tu romance de Ferma (1959).

Las nuevas colecciones ofrecían una ambientación contemporánea y conflictos más cercanos, con protagonistas femeninas realistas. Sin embargo, los argumentos seguían obedeciendo a valores tradicionales, con la mujer supeditada al matrimonio y la familia.

La década de 1950 fue, sin duda, una edad de oro para las revistas de cómics, sentando las bases para la evolución del noveno arte y dejando un legado imborrable en la cultura popular.

Portada de El Guerrero del Antifaz

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