Puedes Llorar Todo lo Que Quieras: Un Viaje Emocional a Través de la Crianza

La crianza es un camino lleno de emociones intensas y, a veces, abrumadoras. En ocasiones, los padres se encuentran ante situaciones que desencadenan una "violencia interna" hacia sus hijos, un reflejo de emociones bloqueadas que necesitan ser liberadas. Este proceso, aunque doloroso, puede ser una oportunidad para el crecimiento personal y una conexión más profunda con uno mismo y con los hijos.

Cuando una madre llega a este punto de manifestación de violencia interna hacia los niños, hacia su entorno, entonces se rompe y llora. Llora mucho, y finalmente siente el dolor, la soledad, el miedo, el desborde emocional. Siente como si una válvula se abriera y descomprimiera su ser, y automáticamente se disuelven, poco a poco, las emociones.

Es como si en cada lágrima, en cada llanto saliera de su cuerpo el enfado, el mal humor, la irritabilidad. Después se siente tan culpable por lo ocurrido. A veces intenta justificarse, a veces se sumerge en la culpa de ser mala persona, pide disculpas, se enfada con esta parte de sí misma, y empieza a elucubrar estrategias para que no vuelva a ocurrir: cuidarse más, compartir la crianza más con Jordi, hacer más planes para no quedarse en casa tanto, etc.

Se entiende que el cuerpo y la mente han “aprendido” este mecanismo para descargar emociones bloqueadas en el interior que los hijos, que son muy generosos, saben detonar a la perfección. Inconscientemente, se crean estos escenarios para conectar con estas emociones escondidas y así no se conviertan en enfermedades más adelante. Pero se siente claramente que esta no es la manera, no se quiere que los hijos aprendan esta manera de sacar su rabia, su ira, su tristeza, en definitiva su dolor interno para transformarlo en luz. Se seguirá caminando, pero ahora se parará un ratito, y se dejará llorar y patalear.

Bebé llorando en brazos de su madre

El viaje de la vida comienza con una experiencia completamente nueva, un mundo desconocido y lleno de sensaciones. El recién nacido se encuentra en un estado de vulnerabilidad y dependencia total, pero también de asombro ante el mundo que lo rodea.

“Hola mamá. Ya estoy aquí. No sabía que estaba dentro de ti. Dentro de ti todo era tranquilo y perfecto para mi. El clima era inmejorable, la temperatura y el porcentaje de humedad siempre estaban a mi gusto. No tenía sobresaltos ni cambios bruscos de luz o de postura. La luz me hacía daño en los ojitos y el aire es frío y seco, demasiado frío y seco para mi pielecita acostumbrada a la humedad después de llevar 9 meses metida en una bañera de agua calentita….”

Menos mal que enseguida la madre lo ha tapado, lo ha puesto sobre ella, le ha dado su calor y ha vuelto a escuchar su corazón. Pensaba que lo había perdido para siempre.

“No sé qué es lo que me ocurre en la tripa. Es algo raro. Cuando estaba dentro no me pasaba. Mi estómago siempre estaba satisfecho, pero ahora me molesta. Se mueve y se siente vacío. Creo que lo podremos arreglar, aunque igual nos cuesta un poco encontrar la solución. Tu eres nueva en esto. Yo soy nuevo en todo, así que ten paciencia conmigo. Puede que no sepa qué hacer. Pero vamos a hacer un trato. Si me encuentro mal, voy a llorar, ¿vale? Será nuestra señal secreta. No te asustes ni te preocupes, y sobre todo no te enfades. No lo voy a hacer para darte la tabarra ni para hacerte sentir mal. Cuando me escuches llorar tómame en brazos y luego ya veremos qué hacemos.”

Padres sosteniendo a su recién nacido

El encuentro con el padre también es un momento crucial. A pesar de la sorpresa inicial por el flash, la ilusión y la entrega del padre son palpables. Sentir sus brazos, su calor, y ver la felicidad en su rostro es reconfortante para el bebé.

“Ya he conocido a papá. Ha sido el que me ha sacado la foto con flash. Casi me deja ciego, pero le he visto ilusionado y entregado. Y me ha gustado cuando me ha tomado en sus brazos. Tiene pelitos por todos lados. En los brazos, en las manos y en la cara también. Me gusta más estar contigo, pero he visto de reojo tu cara de felicidad cuando papá me sostenía y he sentido que era bueno para mi que él también me tuviera en sus brazos. Confiaré en ti.”

La adaptación a la vida fuera del útero requiere paciencia y comprensión por parte de los padres. El bebé, al ser nuevo en todo, necesita que sus cuidadores sean pacientes y estén dispuestos a probar diferentes enfoques para satisfacer sus necesidades.

“Os he visto sostenerme con vuestras manos, moveros de un sitio a otro haciendo equilibrios sobre vuestras piernas, y hacer unos sonidos graciosos con la boca y me he dado cuenta de que no se hacer ninguna de esas cosas. Es normal, soy nuevo en todo esto. Sé hacer tan pocas cosas que tampoco espero que vosotros sepáis hacer todo bien conmigo. Creo que vosotros también vais a necesitar tener mucha paciencia conmigo. No sé lo que quiero o ni lo que necesito ni se explicarme para contároslo. Así que sed pacientes y probad lo que se os ocurra. Sed pacientes conmigo porque no se portarme bien. No sé qué tengo que hacer en cada situación. Tampoco se portarme mal.”

Infografía: Etapas del desarrollo del bebé

A medida que el bebé crece, desarrollará nuevas habilidades como hablar, coger objetos con las manos y caminar. Sin embargo, es fundamental recordar los primeros momentos de su vida, la vulnerabilidad y la necesidad de amor y paciencia.

“Llegará el día en el que sepa hablar, coger cosas con las manos y caminar, pero para entonces ya me habré olvidado de este momento. El día en que os conocí. Y no os podré contar todo esto que estoy sintiendo hoy… Pero, por favor, no os olvidéis vosotros del día de hoy y recordad que empiezo de cero. Que necesito todo vuestro amor y que me enseñéis con mucha paciencia.”

El llanto del bebé es su forma de comunicarse, de expresar necesidades o simplemente de liberar estrés y cansancio. Confiar en los padres, aunque en ese momento no entienda sus decisiones, es fundamental para su desarrollo emocional.

“Si lloro, querrá decir simplemente que tengo que descargar un poquito de estrés, de cansancio o que necesito que me echéis una mano con algo. No quiero decir que siempre me tengáis que dar todo lo que pida; confío en vosotros y, aunque en ese momento no os entienda o me enfade, sé que lo que decidáis será lo mejor para mi. Ah, y una cosa más! Gracias por darme el mayor regalo… la vida.”

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La crianza es un acto de amor incondicional, un compromiso constante de aprender y crecer junto a los hijos. Aceptar las emociones, tanto las propias como las de los hijos, y abordarlas con paciencia y comprensión es la clave para construir una relación sólida y saludable.

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