La novela gráfica ha evolucionado hasta convertirse en una forma de arte reconocida, capaz de abordar temáticas complejas y ofrecer profundas reflexiones. Este medio, donde imágenes y palabras se entrelazan, ha encontrado en el conflicto de Oriente Medio un terreno fértil para la exploración narrativa.
El presente trabajo se centra en cómo el tema del conflicto de Oriente Medio se articula dentro de la dimensión literaria de la novela gráfica española contemporánea. Para ello, se ha abordado el argumento desde un enfoque internacional, presentando autores y obras que han marcado el camino en el desarrollo del género del "cómic-denuncia". Posteriormente, se ha prestado atención a las principales estrategias narrativas empleadas por autores de tres obras españolas: Casa Bábili, Café Budapest y El coche de Intisar. Estas obras han logrado narrar con éxito reconocido la complejidad del escenario bélico en los diferentes contextos de Oriente Medio.
La novela gráfica se define como una obra narrativa de ficción o no-ficción, desarrollada en viñetas que forman una unidad narrativa completa. Adopta el formato de libro y, por tratar temáticas serias, se enfoca en un público adulto. Representa una propuesta de narración visual con una labor literaria madura, tanto en lenguaje como en contenido.
La consolidación de la novela gráfica como género se percibe a partir de la publicación de Contrato con Dios de Will Eisner en 1978. Eisner alejó el cómic de los superhéroes y las ciudades fantásticas, centrándose en la vida de inmigrantes en entornos marginales. Sin embargo, fue Maus de Art Spiegelman, galardonada con el premio Pulitzer en 1992, la obra que selló definitivamente la evolución de la historieta al relatar la tragedia de la Shoah de forma novedosa. A partir de Maus, el nuevo modelo de obra gráfica se aleja de las perspectivas comerciales juveniles para explorar discursos narrativos inéditos que buscan hablar del mundo real y sus problemas, invitando a la reflexión.
En el panorama contemporáneo, aunque existen excelentes novelas gráficas de ficción, los géneros privilegiados por los autores del "cómic adulto" son, sobre todo, (auto)biografías, reportajes, crónicas y discursos-testimonio. Estas modalidades narrativas, al tener una conexión estrecha con la realidad, permiten proporcionar datos verídicos sobre los hechos relatados. Las obras que abordan el tema de Oriente Medio se han beneficiado principalmente de los géneros de no-ficción, ofreciendo una dimensión narrativa a medio camino entre la crónica histórica y la memoria, o entre la crónica periodística y la autobiografía. Este género híbrido, que podríamos definir de "denuncia", busca censurar el complejo contexto sociopolítico de Oriente Medio a través de la historia personal o familiar de un personaje.
El Tema de Oriente Medio en la Novela Gráfica Internacional
La gestión del argumento de Oriente Medio en la novela gráfica contemporánea ha seguido dos caminos principales, manifestándose de formas diversas según la procedencia geográfica y cultural de los autores. Si bien no se pretende un análisis exhaustivo, se señalarán obras artísticas que han sido cruciales en la evolución del género por su originalidad, personalidad y fuerza expresiva.
En la producción occidental, Joe Sacco, periodista y diseñador estadounidense, fue uno de los primeros en abordar el tema de Oriente Medio con su serie Palestina (1993-1995). Sacco fusionó el cómic y el periodismo, creando una nueva forma de divulgar noticias al narrar su experiencia como reportero en Gaza e Israel durante la primera Intifada. Su obra se convirtió en un instrumento potente para documentar eventos bélicos, lo que le valió el American Book Award en 1996. Otros autores occidentales han continuado explorando el conflicto palestino-israelí, influenciados por la técnica de Sacco:
- El canadiense Guy Delisle con Crónicas de Jerusalén (2011).
- El francés Maximilien Le Roy con Saltar el muro (2011).
- André Juillard y Yann con Mezek (2012), ambientada en la primera guerra árabe-israelí.
- Sara Glidden con Una judía americana perdida en Israel (2010).
- Boaz Yakin y Nick Bertozzi con Jerusalén. Un retrato de familia (2013).

En el ámbito de las novelas gráficas occidentales, otros escenarios orientales también han sido representados. Un ejemplo destacado es El fotógrafo (2003-2006) de Emanuel Guibert, Didier Lefèvre y Fréderic Lemercier, que narra la experiencia de un fotoreportero en Afganistán. La obra francesa combina diseño, fotografía y texto para contar la historia. Nicolas Wild, con Kaboul disco (2007-2008) y Así calló Zaratustra (2013), explora Afganistán y el mundo iraní respectivamente. Milan Hulsing adapta la novela Ciudad de barro (2011) del escritor egipcio Mohamed el Bisatie, retratando la corrupción en regímenes autoritarios. David Beauchard y Jean Pierre Filiu, con Los mejores enemigos (2012), analizan la conflictiva relación entre Estados Unidos y Oriente Medio.
En Italia, Zerocalcare narra su experiencia como reportero en la ciudad sitiada de Kobane en Kobane calling (2015).
En resumen, la producción occidental que aborda Oriente Medio se caracteriza por una modalidad expresiva a medio camino entre el reportaje y la autobiografía, con una marcada influencia de Joe Sacco. Destaca también el interés por el conflicto palestino-israelí, posiblemente debido a las implicaciones políticas de los países de origen de los autores.
La Perspectiva de Oriente Medio en la Novela Gráfica
Por otro lado, la narrativa gráfica producida por autores de Oriente Medio que abordan sus países de origen ha tenido un impacto significativo en el género. La obra que marcó profundamente la historia de la novela gráfica en Oriente, alcanzando gran reconocimiento internacional, es Persépolis de Marjane Satrapi (2000-2003). Dibujada en blanco y negro, con un estilo simple y directo, Persépolis narra la experiencia personal y familiar de Satrapi, ofreciendo un retrato de la historia reciente de Irán, especialmente durante la revolución islámica. La autora utiliza su vivencia subjetiva para denunciar la intolerancia y la represión del integrismo en su país. La novela, traducida a varios idiomas, fue adaptada a una película de animación en 2007.

Tras el éxito de Persépolis, el "relato de denuncia" capturó el interés de autores orientales. El modo narrativo de Satrapi inspiró a muchas otras autoras. Zeina Abirached y Lamia Ziadé, libanesas afincadas en París, evocan la guerra civil libanesa en El juego de las golondrinas (2009) y Bye Bye Babylon (2011) respectivamente, utilizando la memoria al servicio del dibujo y la palabra para criticar el conflicto. Lena Merhej, en Yogurt con mermelada (2007), narra la experiencia de su madre alemana en el Líbano. La novela gráfica Vals con Bashir (2009), adaptación de la película de Ari Folman, aborda el trauma de la guerra de Líbano de 1982. Parsua Bashi, en Nylon Road (2009), reconstruye su biografía en el complejo entorno de la revolución iraní.
Descifrando la narrativa gráfica: un análisis de la elección autoral en PERSÉPOLIS de Marjane Sat...
En el ámbito de la literatura clásica adaptada a novela gráfica, Almuzara recupera el texto de Vicente Blasco Ibáñez sobre su viaje a Oriente en 1907. En "Camino de Oriente", el autor describe su periplo desde Vichy hasta Constantinopla, ofreciendo una vívida imagen de la Europa de principios de siglo y sumergiéndose en el universo oriental.
José Carlos Llop, considerado "el Modiano español", explora el amor y el deseo en su obra. Tras la muerte de su madre, el protagonista de una de sus novelas revisa su vida a través de cartas familiares, descubriendo cómo las relaciones amorosas moldearon su existencia y la de sus padres. La novela Oriente es una reflexión sobre el amor como máscara del deseo y la pasión.
La novela de Agatha Christie, Asesinato en el Orient Express, ha sido adaptada a novela gráfica por Esther Gili. La historia se desarrolla en un tren detenido por la nieve en la antigua Yugoslavia, donde el detective Hércules Poirot investiga el asesinato de Samuel E. Ratchett.