Inocencia Perdida: El Precio de Crecer Demasiado Rápido en los Cómics

La inocencia de un niño debería ser sagrada, un bien que proteger. Por ello, no es de extrañar que algunas obras reflejen una crudeza especial cuando los niños que aparecen en ellas la pierden. Son varias las causas por las cuales esa inocencia es robada, pero a grandes rasgos, se trata de una situación adversa para el niño o la niña que se prolonga durante un tiempo indeterminado pero más o menos largo en la historia.

En las obras que presentan estos casos, el chico atraviesa una serie de enfermedades psiquiátricas en algunos momentos de su vida. Se pueden citar el sadismo, la regresión, la tendencia a autolesionarse, tendencias suicidas o el complejo de mártir. Con independencia del trasfondo de la obra, la situación se torna especialmente cruenta cuando, al final, se asume como terriblemente real y se resume en "un niño o una niña que, para sobrevivir en un mundo que parece que solo quiere hacerle daño, pierde casi cualquier rastro de comportamiento infantil". A pesar de todo, un niño quiere seguir siendo un niño, y se ven situaciones donde el personaje intenta serlo.

Ejemplos de Inocencia Perdida en la Ficción

Varios personajes de cómics y anime ilustran esta pérdida de la infancia:

  • Eli de The Last of Us: Tras pasarme el juego, este personaje me dio la idea para este artículo. En este caso, esa pérdida de infancia se debe a dos factores. El más obvio es el de una situación postapocalíptica.
  • X-23 de Marvel Cómics: Este personaje está muy relacionado con los héroes de Marvel X-Men. Aunque su comportamiento podría parecer el de una antiheroína, lo cierto es que en más de una ocasión ha necesitado ser rescatada. No por ser una "damisela en apuros", sino porque su pasado fue "ser entrenada como máquina de matar desde que era pequeña". ¿Creéis que la situación no es realista? Bueno, en occidente no, pero en muchos países de África, en guerras civiles y conflictos armados, eran muy usados los tristemente célebres niños soldados.
  • Los gemelos vampiro de Black Lagoon: Este par de hermanos perdieron su infancia a manos de degenerados de la peor calaña. El pasado de estos es explicado y, por suerte, no detallado... demasiado en la serie Black Lagoon, con lo que explicaron y alguna escena, a mí personalmente me dio una arcada.
  • Kaede de Elfen Lied: En el caso de este personaje, fue el acoso escolar lo que la forzó a crecer demasiado rápido.
  • Nobume de Akame ga Kill!: Recientemente en el anime, se ha mostrado la historia de esta mujer. Una de las asesinas más despiadadas del anime. Esta niña fue entrenada desde muy pequeña para matar. No obstante, según parece, ella puede tener la capacidad de redimirse. Su mirada vacía aún de adulta muestra que la redención de esta mujer aún está lejos. No obstante, el que aún tenga la capacidad de derramar lágrimas y que en sus comentarios se muestre más la capacidad de Nobume de no ser la asesina despiadada a la cual enseñaron a ser... A mi parecer, el primer paso para recuperar la humanidad de Nobume fue cuando cambió su antiguo nombre de Mokuro por su actual nombre.
Ilustración de X-23 con sus garras

X-23: El Origen de un Arma Humana

Para aquellos que siguen habitualmente las historias del Universo Marvel, el nombre de Laura Kinney no resultará en absoluto desconocido. En la última década la hemos podido ver, con apariciones más o menos esporádicas, en colecciones como Los Nuevos Mutantes, X-Force y, finalmente, como la nueva Lobezna tras los eventos que sucedieron tras la muerte de Logan, contando con su propia cabecera tras la re-configuración de las últimas “Secret Wars”. Sin embargo, será gracias al reciente estreno de la película “Logan” cuando el personaje acapare la atención del público general.

No deja de resultar apropiado que sea una película la que ponga a X-23 en el punto de mira, ya que, al igual que ocurrió con Harley Quinn, Laura Kinney no tiene su origen en las páginas de un cómic sino en una serie de TV. “Inocencia perdida”, la historia que recoge este tomo, es la primera de las dos mini-series que narraban las aventuras en solitario de Laura, marcándola como un personaje a tener en cuenta en el devenir de la historia reciente de la Casa de las Ideas. Esta serie, limitada a seis números, nos cuenta el origen de X-23.

Años después de que Logan escapara del programa Arma X, la organización criminal HIDRA sigue intentando reproducir los resultados del proyecto a partir de una muestra de ADN que lograron conservar del mutante de las garras de adamántium. Tras 22 intentos frustrados de clonación, la doctora Sarah Kinney encuentra una solución; para que el clon sea viable debe ser femenino. La doctora se verá obligada a ofrecer su propio vientre como medio de gestación, creando unos fuertes lazos afectivos con X-23 que se oponen a los crueles métodos de condicionamiento utilizados por HIDRA para hacer de la niña la asesina perfecta.

A pesar de que, en principio, la nueva mutante muestra unas habilidades extraordinarias y la frialdad emocional adecuada para servir al propósito para el que fue creada, enseguida saldrán a la luz los conflictos internos de la consciencia de la pequeña. En esta saga los autores desarrollan una suerte de homenaje a “Arma X”, la mítica historia creada en los 80’s por Barry Windson-Smith, donde veíamos como Lobezno conseguía el adamántium que recubre su esqueleto. Aquí, a parte de comenzar el relato donde lo dejó Windson-Smith, se nos muestran gran cantidad de guiños y paralelismos que conectan la historia de Laura Kinney con la del mutante canadiense. Al igual que en la obra original, los conflictos morales y el retrato psicológico de los personajes son los aspectos que cobran el mayor protagonismo de la narración.

Póster de la película

Con puntuales momentos de acción, en los que Kyle y Yost nos muestran con brío y agilidad las fantásticas habilidades de X-23 para el asesinato, serán las escenas más reposadas, donde exploran la personalidad de la joven y de aquellos que la rodean, los momentos más interesantes y emocionantes del relato. El dibujo corre a cargo de Billy Tan, quien logra un resultado notable. Con un estilo sencillo y limpio, el artista despliega un recital de secuencias repletas de detallismo en las que plasma a la perfección las emociones de cada personaje. Destacan por su crudeza esas viñetas centradas en los primeros planos de rostros desencajados por la furia o el terror y que acompañan a la perfección la pretensión de los guionistas en explorar el lado más íntimo de los protagonistas de la trama. Las escenas de acción se resuelven con gran dinamismo y virulencia, logrando una narración ágil y divertida que harán que disfrutemos plenamente de la lectura de estos primeros pasos homicidas de X-23.

El Proyecto Arma X la creó para que fuera la máquina de matar definitiva. Provista de un factor curativo acelerado y afiladas garras, X-23 es la mayor asesina que haya conocido el mundo. Su mente ha sido moldeada para matar en respuesta a una sencilla orden. Representa un extraordinario éxito para los científicos de Arma X... pero su genética oculta un oscuro secreto. En las hebras de su ADN, se esconde un vínculo con Lobezno. ¿Será suficiente para que llegue a volverse contra sus amos?

Nacida en una teleserie animada, transformada luego en personaje de cómic y ahora adaptada al cine como la gran sorpresa de Logan, la película que cierra el ciclo de filmes protagonizados por Lobezno, X-23 es una de las más sugestivas creaciones mutantes del siglo XXI. En este volumen se narra el origen y toda la verdad sobre la niña con garras de adamántium, a través de una desgarradora y violenta saga que han escrito Craig Kyle y Christopher Yost, creadores de X-23 y sus mayores impulsores dentro del Universo Marvel, con espectacular dibujo de Billy Tan.

Hace mucho tiempo el Proyecto Arma X creó el asesino más infalible. Este era Lobezno, a quien secuestraron y tras varias pruebas forraron de adamantium, un metal virtualmente indestructible, sus huesos y controlaron hasta cierto punto. Un día, Logan escapó y dejó un reguero de cadáveres tras salir de aquellas instalaciones. Pero el Arma X no cerró del todo, pues el proyecto se rescató tiempo después. Tras varios intentos de clonación, consiguieron con X-23 su máquina de matar perfecta.

Los creadores del personaje en la magnífica X-Men: Evolution, Craig Kyle y Chris Yost, trajeron de la serie de animación a su personaje fetiche: X-23. Realmente esta clon femenina de Logan ya había sido presentada en Marvel Comics en NYX y más tarde en Uncanny X-Men 450 y 451, pero fue en X-23: Inocencia perdida donde se contó su escabroso pasado. Los paralelismos con Lobezno: Arma X son innegables, pero esta historia toma otros derroteros. Más concretamente, el que tuvieran un arma humana a la altura de Logan pero criada en este ámbito desde cero.

Al dibujo encontramos a Billy Tan, el cual es bastante más que efectivo. Su fino trazo cobra verdadera importancia cuantas más escenas de acción aborda. Aunque suele flojear algo en algunos personajes. Pues más allá de Laura Kinney, todos parecen ser clones en cuanto a caras refiere. Paradójico teniendo en cuenta que este es un título en el que se aborda la clonación. En definitiva, X-23: Inocencia perdida narra el oscuro y crudo origen de Laura, un personaje actualmente importante en Marvel, de manera amena y haciendo eco a aquel mítico cómic de Lobezno. Lo bueno es que se desmarca lo suficiente para que sea una historia distinta, como también lo es el personaje.

En los primeros años de la explosión del Universo Marvel fueron habituales las duplicidades de personajes. Las heroínas como Spider-woman, Ms. Marvel o Hulka nacieron de la costilla de sus homólogos masculinos. Era una manera de proteger la marca de la editorial de posibles piratas y seguir expandiendo la continuidad de sus cabeceras. Esta situación se ha repetido a lo largo de las décadas en la Casa de las Ideas como recurso rápido y fácil para la creación de personajes. Si intentamos hacer el proceso a la inversa veremos que los personajes masculinos clonados a partir de un gen femenino brillan por su ausencia. No es una característica exclusiva de Marvel Comics, ni tampoco de las publicaciones superheroicas, aunque en ellas se haya mantenido más vigente.

Esta última vive hoy uno de los momentos más dulces de su corta carrera. Lo hace debido a su nueva serie en la que ha asumido con garantías la identidad de Lobezna. Pero también gracias a su reciente salto a la gran pantalla para ser interpretada por la joven actriz Dafne Keen en la crepuscular Logan. La película dirigida por James Mangold nos ha presentado a la versión más fiera y entrañable de X-23. El personaje vuelve así al medio audiovisual que la engendró hace catorce años. Fue la pareja de guionistas formada por Craig Kyle y Christopher Yost la que en 2003 nos la presentó por sorpresa en la serie animada X-Men: Evolution. Hoy Laura se ha hecho mayor, se ha convertido en una joven de carne y hueso.

El origen de esta antiheroína en X-Men: Evolution era la enésima intención de Hydra por replicar el proyecto Arma X. El resultado fue una copia genética femenina de Lobezno con unos poderes casi idénticos a los suyos y un instinto asesino a su misma altura. Pero a diferencia de su progenitor, X-23 había sido entrenada para matar desde su nacimiento. Había sido aislada del mundo y de cualquier trato mínimamente humano. No se le había dado la oportunidad de ser una persona, estaba fabricada para ser una sola cosa: un arma letal y peligrosa. Era la mejor en lo que hacía, aunque nunca tuvo la oportunidad de no serlo.

En 2004 Joe Quesada y Joshua Middleton introducen a X-23 en los cómics con la miniserie NYX. Esta era una historia con un punto sórdido en la que sus protagonistas pasan de la esperanza a la desesperación en décimas de viñeta. El reencuentro con Lobezno se produciría ese mismo año en las páginas de Uncanny X-Men. Luego, las posteriores apariciones de X-23 consiguieron captar el interés de los aficionados demostrando que el personaje podía ser algo más que una simple «duplicidad«. Era pues tiempo de contar su historia personal. Esto lo harían en 2005 sus creadores en la presente miniserie X-23: Inocencia Perdida, enclavada en el sello Marvel Next para jóvenes y futuras promesas.

Es a lo largo de sus seis entregas de Inocencia Perdida que conocemos los orígenes de este personaje; reinterpretados y actualizados respecto a lo que habíamos visto en X-Men: Evolution. Luego llegaría el tiempo de los New X-Men y X-Force, su paso por la Academia Vengadores y los sucesos de Vengadores Arena. En este tiempo, Craig Kyle ha visto a X-23 como la versión de «Pinocho para Marvel Comics». En su descripción del personaje la define como «una espada samurái que intenta convertirse en una chica real».

En este sentido, el homenaje de Inocencia Perdida al clásico de Barry Windsor-Smith Arma X resultaba tan inevitable que sus autores ni se molestaron en disimularlo. Si nunca nos hemos acercado a esta historia de Laura lo primero que llamará nuestra atención es su apartado gráfico. En él se evidencian los últimos coletazos de esa bestia herida que fue la década de los noventa. Es Billy Tan el responsable de un dibujo deudor de la época, con su predisposición a la falta de perspectiva, la anatomía de fantasía y las rayas como elemento de caracterización. No por casualidad los primeros trabajos de este artista de origen malayo fueron a finales de los noventa en cabeceras como Codename: Stryke Force, Tales of the Witchblade o 21, en la que colaboró con Marc Silvestri. En su trabajo con X-23 tenemos unos primeros pasos que funcionan en los planos cortos pese a sus carencias y excesos. El entintado y color, responsabilidad de Jon Sibal y Brian Haberlin respectivamente, favorecen además un resultado plano y acomodado. Pese a todo, el dibujo cumple su función, aunque principalmente porque el argumento de Craig Kyle sabe jugar sus bazas y hacernos olvidar esta cuestión.

Entrando a analizar la historia, es remarcable cómo la atención del relato elude centrarse en X-23. El guion la trata de la misma manera que los científicos de su historia: como un objeto. La historia se plantea en términos éticos y el género de sus protagonistas es un elemento vinculante que sirve para remarcar algunos aspectos de la historia. Las aptitudes machistas reflejadas en algunos personajes principales son una constante en la trama. Esto nos proporciona un interesante retrato sobre los roles sociales a nivel institucional y laboral que hoy en día mucha gente ya no asume y acepta con tanta facilidad. Este contexto determina el destino de Laura y también el de su madre de alquiler. Lo hace de forma muy directa, aunque deja algunos matices en el tintero que podrían haber dado mayor relieve a las relaciones materno y paternofiliales esbozadas en el relato. El abuso infantil, los malos tratos y la ausencia de una figura paterna configuran la personalidad y el ecosistema de los personajes.

El guion intenta un juego de paralelismos, afortunado en algunos casos, demasiado apegado a clichés en otros. Todo supeditado a una historia movida por la venganza, la ambición y el sacrificio. Los personajes establecen relaciones tóxicas y autodestructivas que parten de sus diferentes maneras de ejercer la violencia. El principal agente que espolea esta situación es también el gran ausente del relato: Lobezno. La vida de X-23 y la de los secundarios invitados a la función están hiladas a las garras de adamantium del mutante canadiense como si se tratase de una auténtica tragedia griega.

En términos generales, Inocencia Perdida cumple la función para la que fue concebida. Esta no es otra que acabar de integrar a X-23 en el Universo Marvel rellenando un hueco tan importante de su historia como es su propio origen. La evolución del personaje desde este punto ha sido meteórica, aunque no carente de coherencia y lógica. Nosotros podemos concluir que, pese a su condición de «personaje réplica», las características propias de X-23 le han permitido ganarse su espacio y sus galones. Por lo tanto, pese la previsible deriva de esta historia y un dibujo que en el mejor de los casos podemos calificar de mal menor, Inocencia Perdida es un cómic clave para los seguidores de Laura Kinney.

La miniserie de Craig Kyle y Christopher Yost que narra el origen de X-23 adolece de ser un simple peaje para introducir al personaje en el Universo Marvel. La historia es completamente deudora de Barry Windsor-Smith y su Arma X, y eso la hace muy previsible. No obstante, Inocencia Perdida resulta interesante en el paralelismo y en la manera de acercarse a sus personajes, incluso pese a sus evidentes carencias y excesos.

X-23 / Inocencia Perdida

A mi parecer, el primer paso para recuperar la humanidad de Nobume fue cuando cambió su antiguo nombre de Mokuro por su actual nombre. Algo que me gusta especialmente en este tipo de historias es la puerta que abren: la posible redención de dichos personajes. Es en todas las historias un camino duro y difícil. A veces, los personajes que perdieron su infancia nunca podrán llevar una vida que se pueda considerar normal; una vida en la cual pequeñas cosas como el poder mostrar emociones distintas a las que las circunstancias o monstruos sarnosos intentaron erradicar porque les parecían inconvenientes (alegría, tristeza, arrepentimiento,...).

Infografía comparando X-23 y Lobezno

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