El cielo estaba cubierto por nubes densas y opacas, y el viento frío de la mañana cortaba entre los árboles como cuchillas. A pesar de ello, Hinata apenas lo notaba. Su chakra fluía con precisión en la planta de sus pies mientras se impulsaba ágilmente de rama en rama, el Byakugan activado, alerta a cada variación en el entorno. Sus pupilas pálidas brillaban con determinación. A su lado, su equipo avanzaba en silencio, con la misma intensidad. Kiba Inuzuka y Shino Aburame mantenían sus sentidos al límite. Por detrás, el nuevo Equipo 7 se aproximaba velozmente sin perder el paso: Naruto, tan impaciente como siempre; Sakura, firme y enfocada; Sai, silencioso y atento; y Yamato, quién dirigía dicha operación de forma alerta.
Habían seguido una traza tenue, casi imperceptible en la red de chakra: una guarida abandonada de Orochimaru... una de tantas. Pero esta vez, algo era diferente. Hinata lo había sentido. Lo había visto. Sasuke estaba allí. El mismo chakra que había reconocido años atrás. El mismo que su corazón no había olvidado.

Cuando finalmente descendieron entre los árboles, llegaron a una entrada semicubierta por piedras derrumbadas y maleza seca. Los cuerpos se desplazaban con sincronía, entrenados. Naruto no dudó ni un segundo y corrió hacia la abertura junto a Yamato, pero fue Hinata quien tomó la delantera, empujada por algo más que una misión. Una explosión suave de chakra la lanzó hacia adelante, cruzando el umbral como una sombra entre ruinas.
Avanzaron entre corredores polvorientos, restos de sellos rotos y rastros de combate. Los latidos de su pecho se aceleraban. Cada paso la acercaba más. Cada segundo traía consigo el peso de los años que habían pasado. Y entonces lo vio. De pie, entre columnas quebradas, con la espalda erguida y la mirada fría, estaba Sasuke Uchiha. Más alto, más oscuro, más lejano. Pero inconfundible.
El corazón de Hinata pareció detenerse por un instante. Él giró ligeramente la cabeza, y sus ojos ─esos ojos que una vez miraron los suyos con la calidez de un invierno compartido─ ahora estaban marcados por el peso de la soledad y la sed de venganza. El blanco y el negro se volvían a encontrar. Hinata tragó saliva. No podía hablar. No todavía. Pero en su interior, sabía que ese momento era el que había esperado desde aquel día... el día en que la primavera nunca llegó.
El Regreso de Sasuke y el Invierno de Hinata
Luego de aquella tarde en el lago, Hinata no volvió a saber nada de los Uchiha. Ni de Itachi, con aquella serenidad que lo caracterizaba, ni de Shisui, siempre sonriente, ni siquiera de Sasuke... su amigo. El silencio cayó de golpe sobre su mundo, como una nevada inesperada, sepultando todo lo que había florecido durante ese breve invierno. Los días pasaron con una lentitud dolorosa, con una quietud que se sentía como un castigo. Era como si el invierno se hubiera quedado estancado dentro de su hogar, entre los largos corredores del complejo Hyūga, donde cada paso resonaba con una frialdad ceremonial. La nieve seguía cayendo por las ventanas altas, pero ya no era un espectáculo inocente ni motivo de emoción. El aire era más frío, más denso, más severo... aquello le recordaba a la mirada de su padre. Hiashi Hyūga ya no era simplemente estricto. Se había transformado en una presencia rígida e inamovible, con órdenes cada vez más exigentes y rígidas. Cada vez que Hinata se acercaba con una pregunta, con un tímido “Otō-sama...”, solo recibía silencio y luego una mirada de advertencia. No más entrenamientos fuera del complejo. No más contacto con otros clanes.

Un Nuevo Comienzo en la Nieve
Cuando Sasuke entreabrió los ojos la mañana siguiente, notó que Hinata estaba hundida en su pecho y aun así estaba temblando. Retiró con cuidado su brazo de encima de ella y sin levantarse por completo se asomó a la ventana en forma triangular que se encontraba por sobre la cabecera de la cama. El brillo se filtró de prisa imposibilitándole ver con claridad pero, sin necesidad de tocar el vidrio pudo percibir que estaba frío. Entonces la imagen se hizo nítida. La mañana estaba cubierta de nieve.
Sonrió al volver su vista sobre la peliazul, se veía tan vulnerable y bella que pensó que sería un crimen despertarla ahora. Se levantó pausadamente de la cama y sacó de un armario una manta más con la cual arropó a la dama. Se vistió sin prisa y bajó las escaleras. Encendió el fuego de la chimenea para calentar el ambiente y fue a la cocina para calentar la tetera y preparar el desayuno.
El olor a pan tostado hizo que Hinata se despertara hambrienta. Ni siquiera miró por la ventana, sólo se vistió y bajó las escaleras acomodándose un poco el cabello con los dedos. "Buenos días", dijo cuando entró a la cocina y vio a Sasuke espaldas preparando los huevos fritos. "Buenos días", respondió él sin voltearse. La Hyuga se recostó en el marco de la puerta y lo miró con ternura como agradeciéndole el hecho de querer compartir sus días con ella. "¿Tienes hambre?". "Sí". "Entonces siéntate, debemos desayunar bien si vamos a entrenar", manifestó él sirviéndole dos huevos fritos, pan tostado, una porción de arroz, sopa de miso y por su puesto el té. "¡Vaya se ve delicioso!", exclamó sorprendida por la cantidad de comida y lo apetecible que se veía.
Sasuke se sentó y comenzaron a desayunar. "¿Miraste por la ventana cuando te despertaste?", le preguntó mientras antes de darle la primer mordida a su pan. "No, solo me vestí y bajé", respondió ella y luego con curiosidad indagó, "¿por qué lo preguntas?". "Porque anoche nevó. Todo está blanco afuera". "Ahora entiendo porque cuando me desperté tenía una manta más sobre mí", comentó provocando que el Uchiha desviara la mirada por el sonrojo que había invadido sus mejillas. La ojiperla sonrió y tomó la taza de té entre sus manos. "Parece ser que el invierno llegó temprano este año". "Eso es una ventaja para nosotros, entrenaremos en el mismo clima en el que te enfrentarás a tu padre", acotó el Uchiha acabando con su desayuno y notando que Hinata también había terminado de comer.

La peliazul se levantó de la mesa y comenzó a recoger los trastes para proceder a lavar los mismos. "Pelearé con él en dos semanas". "¿Crees que es poco tiempo?", cuestionó el Uchiha mientras ella se encargaba de los elementos sucios. "No, si lo aprovechamos bien será suficiente", calculó ella recordando las habilidades de su padre. "De todas maneras estaré mirando el enfrentamiento", anunció él provocando que ella cierre el grifo y se voltee a verlo. "Prométeme que no intervendrás", solicitó ella mirándolo fijamente. "Pero ¿y si estás en problemas?", inquirió el preocupado. "Sasuke, por favor, proméelo", exigió ella y entonces él lo entendió. Esto era algo que la ojiperla debía hacer sola sin importar el resultado. "De acuerdo", accedió, "no intervendré pero te entrenaré duramente". "Gracias", dijo ella sonriéndole. "¿Vamos a entrenar?". Sasuke asintió con la cabeza y ambos salieron afuera para comenzar con el intensivo entrenamiento.
Reflexiones y Promesas en la Nieve
El día se pasó rápido, el entrenamiento fue extenuante. Sasuke ya había tomado una ducha y ahora Hinata hacía lo mismo. La serenidad de la noche era inmensa y el Uchiha estaba ahora sentado afuera mirando el cielo pensativamente. "Cada vez que levanto la mirada al cielo aquí, está lleno de estrellas", dijo él al sentir su presencia. "Yo creo que son como gente brillando eternamente anhelando sueños diferentes", respondió ella sentándose a su lado en ese pequeño hall de madera que la cabaña poseía. "Yo quise destacar y brillar con una mayor intensidad", confesó él admirando la inmensidad. "Lo lograste, pero aun no te has percatado de ello, sólo debes cerrar los ojos y creer en aquella estrella fugaz", exclamó ella a lo que él sonrió.
"Desde que nos encontramos aquel día las cosas son diferentes para mí", le confesó él, mirando esos ojos que, de ninguna manera, tenían menos brillo que la luna. "Hablar contigo y desahogarme de la manera que lo hago hace que vea la vida de otra manera". "Con mayor tranquilidad, hace que me enfoque en resolver los problemas en lugar de dejar que me aquejen e intimiden". "¿Será que todo ha terminado? ¿Todo el dolor y la angustia se han esfumado? Quizás no somos más que un pobres y débiles soñadores". "No pienso que seamos así, aun recuerdo aquel día cuando miro al cielo. Esa estrella me concedió el deseo que le pedí, se llevó el dolor al traerte a mi lado".
Sasuke sonrió levemente y la tomó entre sus brazos, el poder percibir el aroma de su cabello lo relajaba. Hinata sentía la calidez y velocidad del corazón del Uchiha latiendo desenfrenadamente contra su espalda. "Al ver la nieve siempre recuerdo la leyenda que me contó mi madre", señaló Sasuke posando su vista en el paisaje. "¿Leyenda?". "Sí, la leyenda de la flor de hielo", detalló Sasuke. "¿La has escuchado?". "No, cuéntamela". "Cuenta el triste destino de una pareja de enamorados cuyos caminos se ven completamente separados por los acontecimientos que les rodean. El guerrero logra regresar después de treinta largos años a su pueblo natal, para dirigirse a un cristalino lago donde, hace los mismos treinta años atrás, le prometió a Kaya, su enamorada, que volvería a buscarla. Ella le había prometido que le esperaría años o siglos, pacientemente todo el tiempo que fuera necesario", relataba pausadamente el shinobi. "Sin embargo, hay un sentimiento extraño que le obliga estremecerse de repente al aproximarse a este lugar sagrado y maldito al mismo tiempo. Al llegar se encuentra con su adorada y querida Kaya, tan bella y joven como hace treinta años.

No supo cuándo ni cómo, pero las lágrimas se encontraban brotando sin cesar de sus ojos. "Hinata...", susurró para sí mismo con voz quebrantable. Dobló el papel que yacía en sus manos, y con sumo cuidado lo colocó dentro de aquel sobre que hace un momento había encontrado. Lo guardó adentro de su mochila y una vez hecho esto, se puso esta última sobre su espalda. Con ayuda de sus manos se limpió el rastro de gotas que aún quedaban sobre su rostro, se puso de pie y emprendió su caminata hacia donde se encontraba el resto de su equipo de misión. Debía darse prisa, se había retrasado y no quería tener problemas con Shikamaru o el resto. Comenzó a acelerar el paso, brincando de rama en rama sobre los árboles, cuidando de no resbalar y caerse, puesto que era la época en la que nevaba y estos eran cubiertos por la blanca y fría nieve que caía del cielo. Mirando a su alrededor, buscaba algún río de agua dulce con el cual satisfacer la sed de sus compañeros. "Hinata-kun", y la imagen de aquella ojiperla comenzó a azotar su mente. "Porque te amo". Debía hacer algo, ¡lo que sea!, definitivamente no dejaría las cosas así simplemente, no la dejaría ir, no ahora que había descubierto sus verdaderos sentimientos, no ahora que por fin lo había comprendido, no ahora que... Se detuvo en seco, sintió que el aire le faltaba, se llevó una mano a la altura de su pecho, una punzada fue lo que sintió, una punzada que nunca antes había sentido ¿por qué se sentía así? La respuesta era muy obvia, había encontrado el río, y junto con este, había encontrado lo que no quería ver, lo que él mismo sin darse cuenta había provocado.
"Mis sentimientos no te alcanzarán Y tú ni siquiera te das cuenta de ellos" ... "Para ti Las cosas importantes son todas iguales Así que yo soy así de importante para ti". Recordó lo que hace un momento había leído, él mismo se encargó de alejarla de él, su corazón ya no le pertenecía, su corazón ya no era de él. Su amor, su cariño, su calidez, todo ello ya no era de él, tal vez nunca lo fue, sea como sea, todo ello le pertenecía ahora a alguien más ¿quién lo diría? quién diría que aquellos cálidos sentimientos fuesen destinados nada más y nada menos que a Sasuke Uchiha...

La nieve caía en silencio sobre Konoha, cubriendo tejados, árboles y senderos con un manto blanco y suave. El aire era frío, seco, y cada exhalación se convertía en una pequeña nube que flotaba por segundos antes de disiparse. A pesar del clima, los niños salían a jugar, los comerciantes limpiaban el frente de sus tiendas, y los shinobi patrullaban con sus capas de invierno. Aquella mañana, el distrito Uchiha se vestía de blanco, pero su sello distintivo, como siempre, destacaba en los muros y prendas del clan portador del sharingan. Sasuke caminaba junto a su querido hermano Itachi, envuelto en una gruesa bufanda negra con el símbolo de su clan bordado en rojo y blanco. Su gorro gris, ladeado sobre el cabello azabache, apenas dejaba ver sus ojos negros. Caminaba con paso firme, aunque su expresión mostraba una mezcla de emoción y nerviosismo que trataba de disimular con el ceño fruncido pese a su sonrojo. A su lado, Itachi lucía la serenidad de siempre. Su cabello estaba recogido con cuidado, y llevaba también una capa de invierno adaptada a su rango ANBU. Aquel día, sin embargo, no tenía misiones. Lo había apartado todo para dedicar el día a su hermano y a la pequeña Hyūga.
"No te pongas tan tenso, Sasuke", comentó una tercera voz, cargada de humor. Shisui Uchiha caminaba unos pasos por delante, con una sonrisa relajada y las manos en los bolsillos de su abrigo. Llevaba un gorro azul oscuro y una bufanda con los colores del clan, aunque la suya lucía más desordenada. Giró el rostro con picardía, guiñándole un ojo al más joven de los tres. "¿Así que vas a ver a tu novia hoy?". "¡No es mi novia!", protestó Sasuke, frunciendo el ceño mientras su cara se teñía de rojo. Itachi reprimió una sonrisa. Shisui solo rió, encantado con la reacción. "Tranquilo, primo. Yo también tuve una 'no novia' a tu edad", agregó divertido. Sasuke murmuró algo que ninguno entendió del todo, apretando el paso. Itachi lo siguió con tranquilidad, y Shisui aceleró con pereza. En poco tiempo, el trío dejó atrás el distrito Uchiha y tomó el sendero hacia el barrio Hyūga, cuyas puertas de madera oscura estaban flanqueadas por altos centinelas atentos.
Allí, esperándolos al otro lado del portón, Hinata estaba de pie junto a su escolta, Kō. Su pequeño cuerpo estaba cubierto por un abrigo blanco con bordes lilas, una bufanda color lavanda con el emblema del clan Hyūga bordado con elegancia, y un gorro con pompones del mismo tono. Sostenía las manitas entrelazadas al frente, pero al verlos llegar, una sonrisa tímida asomó a su rostro. Sasuke la miró en silencio, y luego desvió la vista con torpeza, como si no supiera cómo saludarla. "Hinata-sama", se despidió Kō, inclinando levemente la cabeza. "Que disfrutes del paseo". Hinata asintió, lanzando una última mirada a su escolta antes de girar hacia los tres Uchiha. "B-Buenos días...". "Buenos días, Hinata", respondió Itachi con amabilidad. "Así que tú eres la famosa Hinata Hyūga. Me alegra por fin conocerte", dijo con suavidad. "Había escuchado muchas cosas sobre ti... pero debo decir que te ves aún más linda en persona". Hinata se quedó paralizada por un segundo. Abrió los ojos sorprendida y el rubor subió rápidamente a sus mejillas, como si el frío no fuera suficiente para teñírselas de rosa. Apretó su bufanda con ambas manos y bajó un poco la mirada, murmurando apenas un: "G-Gracias...".

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