Fanfic Yaoi: La Compleja Relación Alfa-Alfa

En el universo del fanfic yaoi, las dinámicas de poder y las relaciones entre personajes a menudo exploran territorios inusuales y emocionantes. Un ejemplo fascinante de esto es el concepto de una relación "alfaxalfa", donde ambos protagonistas pertenecen a la casta alfa, desafiando las convenciones tradicionales del omegaverse. Esta configuración introduce una capa adicional de complejidad, tensión y pasión, ya que la naturaleza competitiva y posesiva de los alfas se entrelaza con el deseo y la conexión emocional.

La dinámica alfaxalfa, como se presenta en algunas historias, implica que las posiciones en la intimidad pueden ser intercambiables. Esto significa que la tradicional jerarquía de alfa dominante y omega sumiso se ve alterada, permitiendo una exploración más equitativa y a veces conflictiva de la sexualidad y el poder dentro de la pareja.

En el corazón de estas narrativas, los personajes a menudo luchan con su propia naturaleza. Un alfa puede cuestionarse por qué busca intimidad más allá de lo considerado "lógico" o "natural" para su casta. Se considera a sí mismo racional, alguien que no debería dejarse llevar por sus instintos más bajos. Tal vez por eso odia su etapa de celo, porque es justo en esos días que pierde el control sobre sus pensamientos, y el deseo de tener sexo y preñar a algún omega que le atraiga le invade casi por completo. Sin embargo, se encuentra en esos momentos teniendo sexo en un día cualquiera, sin estar en celo, con su asistente, quien no es un omega sino otro alfa de alto nivel, igual que él.

Dos hombres alfas discutiendo apasionadamente

La pregunta que surge es: ¿Cómo ha permitido que esto suceda? Él es un alfa. Lo lógico sería que buscase un compañero omega o hasta una mujer beta que pudiera brindarle descendencia. Pero en vez de eso, se encuentra enredándose en las sábanas, abriéndose de piernas a un alfa. Un maldito alfa que lo está llenando de semen como si él fuera un muy necesitado omega.

El placer que el sexo les brinda puede ser maravilloso, y el alfa interno puede estar deseoso por más. Quiere que su compañero continúe, que tengan más rondas de sexo, que mezclen sus aromas, que sigan marcándose con dientes y uñas. Quiere seguir teniendo sexo con su compañero toda la maldita noche. Sin embargo, es en momentos como estos que se odia su naturaleza alfa, pues esta casta es muy libidinosa. Si algún aroma les atrae, de inmediato quieren averiguar por el dueño de esa fragancia. A él le ha pasado muchas veces de manera instintiva cuando le distrae el aroma de algún omega, pero de inmediato trata de tomar el control sobre su alfa interno para alejarse del omega que le había atraído. No desea comportarse como la mayoría de los alfas; él es una persona, no un animal en celo. Por eso internamente se felicita del autocontrol que posee.

La voz preocupada de su compañero, quien le pregunta si le ha lastimado, puede sacarle de sus recuerdos. El protagonista no puede evitar cerrar los ojos cuando siente la mano de su asistente acariciar su mejilla con una ternura que lo desarma por completo. Su compañero es un alfa cariñoso y bastante protector. Son más razones para quererlo a su lado. "Estoy bien, solo me siento cansado", susurra mientras vuelve a abrir sus ojos para ver directamente las pupilas de su kohai (término japonés para alguien más joven o de menor rango). El compañero solo le sonríe mientras se acomoda a su lado para descansar unas cuantas horas, pues seguramente va a querer otra ronda de sexo apenas recupere energía, algo que interiormente también desea.

Algo normal en su relación sin nombre, una que comenzó de una forma poco convencional. Pues al ser ambos alfas, trataban de tener el control y la sumisión del otro. Los alfas siempre buscan, instintivamente, ser el jefe del grupo, ser dueños de todo. Sin embargo, lo que sea que tienen está funcionando. Llevan cinco años juntos, son amigos, pero tienen sexo cada vez que tienen ganas de hacerlo. El ser alfas provoca que pensamientos lujuriosos los ataquen cada cierto tiempo, algo bastante normal en alfas jóvenes y sanos.

Uno de los compañeros puede no tener problema en admitir y decir en voz alta que quiere tener una noche intensa con su sempai (término japonés para alguien mayor o de mayor rango), pero para el otro es difícil aceptar sus propios deseos. Muchas veces ha tratado de poner distancia con su kohai después de que tuvieron su primer encuentro íntimo, el cual consideró un error y que no debía repetirse. Pero no contaba con que su alfa interior se opondría. Y es que desde que experimentó ser "anudado" (un término del omegaverse que se refiere a la hinchazón del pene del alfa durante el orgasmo, que ayuda a la concepción) por su kohai, su cuerpo se lo recuerda cada vez que sus hormonas se alteran. Esto ocurre mayormente cuando se enoja con su compañero, ya que ambos son alfas y, por ende, un sentimiento de rivalidad lo ataca cada cierto tiempo, pero también un enfermizo deseo de aparearse con él. Por eso, un día terminó por estamparlo en su cama y penetrarlo con fuerza. A la mayoría de los alfas les gusta el sexo duro, y tal parece que él no es la excepción. Disfrutó el ver el rostro lleno de placer de su kohai, cómo se aferraba a las sábanas mientras cerraba con fuerza los ojos, los cuales soltaban pequeñas lágrimas, jadeando, gimiendo, gritando por más.

El estar en celo le había dado valor para hacer suyo a su asistente muchas veces. El poder someterlo y anudarlo a su antojo. La expresión llena de placer de su kohai fue algo que disfrutó mucho y que quiso volver a ver, tenía que repetirlo. "No me molesta abrir mis piernas para ti, puedes tomarme cuando quieras", recordó las palabras de su kohai cuando comenzaron a tener sexo seguido. Había esperado asustarlo cuando le dijo que no dejaría que fuera el activo en la intimidad, pero grande fue su sorpresa al saber que su compañero no tenía problemas con ser el pasivo.

"Sempai, fuiste algo rudo conmigo en nuestra segunda vez, me llenaste con tu semen muchas veces, te gusta verme vulnerable, ¿verdad?"

Al final, su kohai fue quien terminó teniendo el control en la intimidad. Era obvio para él que su compañero disfrutaba más siendo el activo en la relación sin nombre que tenían. Su asistente le hizo experimentar un montón de sensaciones. Nunca imaginó que tener sexo con un alfa, dentro y fuera del celo, iba a ser tan adictivo. El aroma que desprendía siempre lo seducía, ese aroma cálido que le mostraba cuando estaban solo conversando, aquel aroma que se transformaba en seducción cuando se llenaba de lujuria, ese que le imposibilitaba negarse a los avances de su asistente, que lo hipnotizaba y que le permitía entrar en su interior. No había ningún solo rincón de su cuerpo que su kohai no conociera; le había hecho completamente suyo.

Inconscientemente, sonrió. No podía imaginarse una vida sin su kohai. Ese tonto le hacía sentir raro, pero no le molestaba, ya no. El pasar tanto tiempo juntos como amigos y compartiendo el celo de cada uno hizo que se acostumbrara a su presencia. "Te amo, sempai". "Idiota". Ambos se durmieron con una sonrisa en sus labios sin saber que pronto algo cambiaría su mundo.

Una pareja de alfas abrazándose tiernamente

En la facultad de ciencias agrícolas, los estudiantes que caminaban por los pasillos no dejaban de mirar de manera preocupada la puerta en donde se encontraba el laboratorio número dos. ¿La razón? Se escuchaban discutir a dos alfas. Los estudiantes reconocieron la casta por el aroma denso y pesado; la mayoría de las veces, las peleas entre alfas terminaban con uno de los involucrados en el hospital.

"¡Sempai, estás exagerando!"

"¡Será mejor que te calles sino quieres que te golpee!"

"¡Sabes bien que eso no pasará!"

"¡¿Qué dijiste?!"

Como otras veces, dos jóvenes alfas no paraban de discutir, dar sus opiniones y volver a discutir nuevamente, esta vez respecto a un tema que los estaba atormentando últimamente. Uno de ellos estaba con el ceño fruncido mientras miraba a su terco sempai seguir con sus experimentos, quien había dado por terminada la discusión a pesar de no estar de acuerdo con sus términos.

El alfa peliazul se estaba hartando. "No seas tan terco, ¿por cuánto tiempo piensas ocultar lo que tenemos?", usó un tono un poco más suave de voz, no quería enfadar más a su sempai, internamente pedía tener más paciencia con él. "Sabes muy bien que lo que hacemos es mal visto, estás loco si crees que se los diré a mi familia."

"Entonces, ¿piensas seguirme ocultando? ¿Te avergüenzas de mí?", no era una pregunta, sino una afirmación, algo que descolocó al alfa de cabellos largos. "¡Claro que no! No es eso, es solo que… yo…."

"¡Olvídalo!", no lo dejó terminar, estaba cansado de escuchar siempre las mismas excusas. "Ya lo hablaremos más tarde, en estos momentos terminemos con el proyecto pendiente", sentenció mirándole con cierto reproche y algo de decepción.

"¿Morinaga?", esa actitud preocupó al sempai, pero trató de no demostrarlo.

Últimamente, la tensión era más palpable entre los dos, una de clara incomodidad debido a que uno de los dos quería tener algo más serio, todo debido a un simple comentario de un alfa que deseaba que el mayor de sus hijos formara pronto una familia. El kohai se regañaba mentalmente por su actitud con su sempai; él no había querido sonar tan cortante, pero las discusiones de las últimas semanas lo estaban abrumando. Nunca imaginó que la última reunión que hubo con la familia Tatsumi le causaría tanta amargura.

El solo recordar cómo el padre de su sempai decía que soñaba que el mayor de sus hijos formara su propia familia y brindara a la manada muchos cachorros le entristecía. Al ser ambos alfas machos, la posibilidad de tener cachorros propios es prácticamente nula. Le dolía, y más aún que Souichi todavía no pareciera ser consciente de todo lo que habían compartido por cinco años. Ya no quería ser solo visto como el amigo y asistente de su sempai.

Por otro lado, Souichi se estaba desesperando por las inquietudes de su kohai. El que las discusiones fueran más seguidas le fastidiaba; no quería hablar de nada que tuviera que involucrar la palabra "descendencia". Solo quería estar cómodo con sus experimentos y con la compañía amorosa de Morinaga, solo eso; no tenía cabeza para nada más. No se daba cuenta de que el solo ignorar el problema le ocasionaría más molestias.

Los días fueron pasando y el ambiente que los rodeaba estaba lleno de amargura. ¿La razón? El padre de Souichi había pensado que era buena idea presentarle una linda omega a su huraño hijo. Esto causó malestar en el alfa de cabellos largos e incomodidad en Morinaga; este sentía que estaba llegando al límite de su paciencia.

Celos, eso era lo que había sentido Morinaga cuando conoció a la linda omega de clase uno que no dejaba de tratar de llamar la atención de su sempai. Y es que, ¿cómo podía competir con una omega? Los de esa casta eran lindos por naturaleza y podían ofrecerle los cachorros que tanto parecía exigir el padre de Souichi.

"¿Te sientes solo, Morinaga-san?", preguntó una chica alfa que no dejaba de observar el rostro serio del alfa de cabellos azules. "Porque si deseas, puedo ofrecerte compañía", habló seductoramente mientras se sentaba al lado del macho alfa. Ambos jóvenes se encontraban en la cafetería en esos momentos.

"No, gracias", respondió de mala gana, reprendiéndose después por su actitud cortante con la mujer alfa; ella no tenía la culpa de su estado de ánimo. Pero eso no pareció molestar a la mujer, más bien hizo todo lo contrario, le atrajo aún más.

No era extraño ver últimamente a una mujer alfa tratar de seducir a un varón de su misma casta. Y es que para las féminas alfas les parecía más excitante revolcarse con un alfa que con un omega o beta por el solo hecho de que un macho alfa les daba más pelea en la cama; no se comparaban con los débiles betas o los sumisos omegas, querían más desafíos. La chica alfa estaba interesada en Morinaga; apenas lo vio, quiso someterlo y hacerlo suyo. Le parecía un hombre apuesto, con un aroma suave, pero no débil, uno que le daba la impresión de que en la intimidad era todo un animal en la cama. Ella quería ver eso.

"¿En serio? Yo puedo ayudarte", cada vez ella se acercaba al rostro para sentir el aliento del alfa mientras una mano comenzaba a acariciar uno de los brazos de este. "Soy buena en eso."

Morinaga frunció el ceño ante ese comentario, parecía haberse dado cuenta de las intenciones de la chica, no solo por la forma como era observado sino también porque comenzó a percibir las feromonas que ella emanaba. Esa mujer estaba excitada; algo le decía que estaba a pocos días de entrar en celo. Eso le incomodó; él no estaba para nada interesado en ella. Si bien estaba enojado con su sempai, eso no significaba que le iba a ser infiel. Justo cuando iba a dejarle en claro que no quería nada con ella, alguien se le adelantó.

"¡Morinaga!"

Ambos alfas voltearon para ver al causante de aquel grito que parecía tener también un gruñido. Apenas lo vieron, no pudieron evitar tragar saliva debido al aura oscura que emanaba Souichi, como clara señal de que se encontraba realmente furioso.

"Tatsumi-san, yo….", trató de hablar la mujer alfa, pero un gruñido por parte de Souichi la calló de inmediato. "Es hora de irnos, tenemos mucho trabajo que hacer", habló Tatsumi, ignorando a la chica alfa; no quería verla. "Rápido, no hay tiempo que perder." Sin previo aviso, tomó a Morinaga de su camisa y lo arrastró al laboratorio; no soportaba estar más tiempo cerca de esa mujer, además, que la alfa estuviera coqueteando con su kohai le daban ganas de correrla a patadas del lugar.

Morinaga se dejó arrastrar por Souichi; se dio cuenta de que no era bueno por el momento desafiarlo, aunque interiormente no pudo evitar reír, se había dado cuenta de los celos de su sempai.

Ambos alfas se fueron de la cafetería dejando sola a la mujer; ella no era tonta, se había dado cuenta del porqué de la actitud gruñona de Tatsumi hacia su persona. "Está celoso, quién lo diría", susurró.

Para ella no fue difícil entender que había algo entre Tatsumi y Morinaga; no solo con ver los celos del alfa de cabellos largos, sino que también por el aroma que había captado en Morinaga. Este poseía pequeñas muestras del aroma del otro alfa en su cuerpo; lo logró percibir, un aroma que significaba que se habían acostado esos dos. Un aroma algo débil, pero que su olfato de alfa reconoció de inmediato. Ella solo soltó un resoplido al darse cuenta de que Morinaga ya estaba saliendo con alguien; la mujer alfa perdió el interés de inmediato, no volvería a seducir a Morinaga mientras este tuviera dueño.

Mapa conceptual de las castas del omegaverse (Alfa, Beta, Omega)

Mientras tanto, en el laboratorio, dos alfas comenzaron a besarse. Tatsumi había aprovechado para estampar a su kohai en una pared para besarlo; quería deshacerse de cualquier aroma que no fuera el suyo. Quería que Morinaga oliera a él.

"Sempai…."

En el mundo de las relaciones alfaxalfa, la intensidad es una constante. El deseo de poseer y ser poseído, la competencia inherente a su casta y la profunda conexión emocional crean una mezcla explosiva que mantiene a los personajes y a los lectores al borde de sus asientos. La lucha interna entre la razón y el instinto, la aceptación de la propia naturaleza y la complejidad de una relación no convencional son temas recurrentes que enriquecen estas historias.

Ilustración de un alfa con aura oscura y posesiva

La obra explora la idea de que el amor puede florecer en los lugares más inesperados, incluso entre dos alfas que, por naturaleza, podrían ser rivales. La intimidad compartida, las discusiones apasionadas y la eventual aceptación de sus sentimientos mutuos demuestran que las conexiones más fuertes a menudo provienen de la superación de obstáculos y la comprensión profunda del otro. La dinámica alfaxalfa ofrece una perspectiva única sobre el amor, el deseo y la dinámica de poder dentro del universo del fanfic yaoi.

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