El Arte de Comer: Un Viaje Culinario con Gaara

La tranquilidad era la palabra exacta para describir a la perfección el estado en el que se encontraba la casa del ser más importante de la aldea de la Arena. Era un día inusual en el hogar del Kazekage. En todo el trascurso del día de Domingo, libre para los empleados, gobernante incluido, en todo ese tiempo no había ocurrido exactamente nada. No se escuchaban los gritos de las aprovechadas, como llamaban los hermanos de la arena a las chicas "enamoradas" de Gaara que no querían otra cosa que no fuera el poder que este tenía y su dinero, o en vez de ser las fans del pelirrojo lo eran de Temari. Definitivamente, esa paz debían disfrutarla lo máximo que pudieran hasta que esta se evaporara y comenzara de nuevo la tortura para sus dolores de cabeza.

La Limpieza de Verano y un Descubrimiento Inesperado

Temari decidió hacer limpieza de verano, con ayuda de sus hermanos. A Kankuro lo mandó a hacer las compras de alimento para ese mes. Era el más fornido de los tres y podría con mucho peso, tendrán comida en abundancia. Lo malo es que tardaría un par de horas el tener todo lo que ella le pidió en una lista. Después de ver al castaño salir por la puerta, la rubia se dirigió al salón, donde en ese momento Gaara estaba sentado en un sillón individual leyendo un libro. Temari se asomó por la puerta y rio divertida al verlo tan relajado, sabía que a él más que a nadie, el acoso de esas chicas era al que más afectaba y verlo así de tranquilo y apacible le puso por alguna extraña razón de muy buen humor.

-Perdona que te moleste Gaara… -No la estaba mirando, seguía enfrascado en el libro, pero sabía que la estaba escuchando y esperaba en silencio a que terminara de hablar. - Como hace tan buen día hoy y no están tus constantes acosadoras, había pensado en hacer limpieza de verano y que tal vez tú…

El pelirrojo cerró el libro tras ocultar sus claros ojos bajo sus ennegrecidos párpados, se levantó del sillón y colocó el libro en la enorme estantería que estaba a su espalda. Vio a su hermana a la cara y se acercó con lentitud a ella, que le miraba extrañada.

-¿Qué quieres que haga?
-¿De verdad quieres limpiar? -Le asintió con su típica expresión serena. - ¡Gracias! No sabes lo mucho que me eres de ayuda, me gustaría hacer la colada y quisiera que me trajeras la ropa sucia de nuestras habitaciones.

No le devolvió la palabra, simplemente comenzó a subir las escaleras hasta el piso superior. Entró en su habitación primero, del cuarto de baño vació el cesto de la ropa sucia. La dejó en el pasillo. Fue ahora a la habitación de Temari, al abrir la puerta quedó un poco pillado, gracias a Naruto y sus extrañas explicaciones, estaba más familiarizado con temas del corazón pero cuando le dijo que su hermana sentía un poco de cariño por Shikamaru, no se imaginaba que estuviera obsesionada con él. La habitación, a parte de estar forrada con papel de estampados de nubes, el hobby del vago Ninja de la Hoja, estaba repleta de fotografías de ellos dos juntos. Ignorando lo visto, hizo lo mismo con la ropa de su hermana, la dejó junto a la suya en mitad del pasillo.

Habitación de Temari decorada con fotos de Shikamaru

La última habitación que quedaba era la de su hermano Kankuro, que estaba aún de compras. Cuando entreabrió la puerta, notó enseguida un fuerte olor a barniz, al ingresar dentro lo encontró todo en penumbras. Un morado oscuro era el color del cuarto, que al estar con las ventanas cerradas y sin apenas luz, parecía negro. De las paredes colgaban varias marionetas vestidas con harapos hechos jirones y sobre la mesa las herramientas para arreglarlas. Una imagen digna de una película de terror. Gaara molesto, no por lo tétrico de la decoración, sino del olor, mezcla de barniz, calcetines sucios y algo que no lograba comprender, recordó lo que una vez escuchó de su hermana.

-Si alguna vez notáis en alguna habitación un olor que no os guste y os sea muy desagradable, no tenéis más que abrir la ventana, se aireará todo y se disipará el hedor.

Buscó por las cuatro paredes la dichosa ventana, la halló escondida entre unas marionetas. Tras correr las cortinas, abrió las ventanas y la luz por un momento lo cegó. Cuando se dio media vuelta, la habitación seguía siniestra, pero ya no daba la impresión de estar rodeado de muñecos que en cualquier momento parecería que irían a por ti cuando menos lo esperaras. El baño, por lo menos, era normal, excepto por el lavabo lleno de pintura morada que solía utilizar habitualmente.

Marionetas de Kankuro en una habitación oscura

Salió del baño con una montaña enorme de ropa, por la que apenas podía ver por donde pisaba, uno de sus gorros cayó y no pudo cogerlo, podría haber usado su arena, pero le parecía un desperdicio gastar chakra para eso. Cuando dejó el montón sobre los demás, volvió a la habitación de su hermano a por la prenda que se le había caído, la cual estaba bajo la cama. Se agachó para cogerla, pero cuando se disponía a erguirse de nuevo, algo llamó su atención y, como entre sus hermanos era conocido por ser imperturbable y por su curiosidad, levantó un poco el colchón por el que asomaban unos papeles. Los tomó y resultaron ser revistas de dudoso contenido.

El Descubrimiento de las Revistas y la Lección Inesperada

Con revistas en mano, volvió a su habitación para dejarlas sobre su escritorio, salió de su cuarto cerrando la puerta tras de sí. Agarró el gigantesco montón de ropa y se lo llevó hacia abajo. Tuvo la suerte de que esta vez no se le cayó ninguna prenda. En el piso de abajo, le dejó a su hermana la ropa en otro cesto. Fue a buscarla para seguir ayudándola con la limpieza. Encontró a Temari abrillantando el suelo como una posesa.

-Temari, ya te dejé la ropa en el cesto. ¿Qué más necesitas?
-Pues si me fregaras los suelos de arriba y quitaras un poco de polvo, me ahorrarías unas cuantas horas de trabajo.

Volvió a la habitación de la ropa sucia, de un mueble de metal sacó un delantal y un pañuelo. Se puso el delantal, anudándolo en su espalda, el pañuelo en la cabeza, para evitar que el polvo le cayera en el pelo, y por último, unos guantes de látex, todo en color blanco. Creando un gran contraste con su ropa de andar por casa negra. Se detuvo de nuevo en el salón para llevarse el cubo y la fregona.

-¡¿Gaara?! -Se viró para mirar a su hermana, la cual tenía una expresión de sorpresa en la cara. - Que guapo te ves.

No le dijo nada, no sabía qué decir. Escuchó un "Click" y al volver a dirigir su mirada a su hermana, vio que tenía una cámara de fotos en sus manos.

-¿Qué haces Temari?
-Te saco una foto.
-Eso ya lo sé, ¿por qué?
-No todos los días puedo verte vestido como amo de casa. -Le dedicó una sonrisa tierna. - Además, como te he dicho antes, te queda muy bien, merece ser inmortalizado el momento. ¿No crees?

Ignoró olímpicamente a su hermana y subió las escaleras. El polvo tenía una constitución parecida a la arena, y Gaara, para terminar antes, la controló reuniendo todo el polvo a sus pies, lo recogió con el recogedor y lo tiró al cubo de la basura. Ya solo le quedaba fregar y dar brillo al suelo. Cuando terminó, internamente reconoció que no era tan fácil como aparentaban las tareas del hogar. Al mirar el reloj del mueble decorativo, vio que había tardado entre todo, una hora y poco más. Con cubo en mano, bajó otra vez las escaleras, las cuales había perdido ya la cuenta de cuánto las había bajado y subido en toda la mañana.

Gaara vestido de amo de casa limpiando

Se quitó los trapos que llevaba puestos para limpiar y salió al patio. La rubia de cuatro coletas estaba tendiendo la ropa. Lo bueno de ser el Kazekage es que podías pagar de sobra una casa con patio, lo malo es que cada dos por tres la ropa interior, mayoritariamente la de Gaara, desaparecía. ¿Culpables? Sus obsesas y acosadoras admiradoras, o los salidos admiradores de su hermana. Aunque con las nuevas medidas de seguridad que habían optado por poner, hacía más de tres meses que su ropa no desaparecía. Tras terminar de tender la ropa, Temari se fue a la cocina para preparar el almuerzo, no sin antes haberle dado las gracias a su hermano por la ayuda y prometerle prepararle para cenar gizzard.

El Dilema del Conocimiento y la Curiosidad Despertada

Solo en su habitación, tomó las revistas del escritorio y se sentó en una mesita de té en el suelo, sobre un mullido cojín. Leyó los títulos uno a uno. "Mega pechos", "50 Top girl" y "Paradise naked". Echó una ojeada al primero y lo único que sacó en claro por las imágenes impresas que veía, es que estaba referido al pecho femenino. La segunda revista hablaba sobre qué chica tenía más atributos que otra y las comparaban entre sí de manera degradante. La última revista, por la que el título llamó más su atención y decidió dejarla para el final, era la que tocaba. Las primeras hojas eran publicidad sobre ejercicios para obtener músculos y aparatos de gimnasia. Las cuatro o cinco páginas que seguían a continuación eran sobre chicas en ropa de baño o interiores. Y el resto parecían en blanco. Giró la revista y las páginas que parecían no estar impresas, resultaron ser fotos plegables. Al alzar la dichosa revista, el póster se desenrolló apareciendo la imagen de una mujer totalmente desnuda, completamente abierta de piernas.

Revistas de contenido para adultos

Gaara entrecerró los ojos.

-¿Por qué tendrá Kankuro imágenes de mujeres desnudas que no conoce de nada bajo la cama? No le encuentro sentido…

La siguiente imagen era otra mujer, de pelo castaño, que estaba en la misma situación que la anterior con la diferencia de que se estaba metiendo los dedos en su intimidad. Aun con los ojos entrecerrados, ahora tenía el ceño fruncido. Siguió viendo la no santa revista por largo rato, intentando buscarle la lógica al porqué su hermano tenía eso y para qué.

Tocaron a la puerta de su cuarto, como siempre contestó un escueto.

-Entra.

Su hermana asomó la cabeza.

-La comida estará lista en una hora, si quieres puedes… ¡¿Gaara que demonios haces viendo esas guarradas?! -Se acercó velozmente a él arrebatándole las revistas de sus manos.

Este no se inmutó, ni por el grito, ni su actitud defensiva, estaba sentado estoico como si nada hubiera pasado. Con el grito de Temari, Kankuro, que hace poco acababa de llegar del mercado, subió a la habitación de su hermano.

-¿A qué viene tanto griterío?
-¡¿Qué ha que viene tanto grito?! ¡Pues muy sencillo, he pillado a Gaara viendo revistas guarras!
-¿En serio? -Soltó una carcajada. - ¡Vaya Gaara, ya eres todo un hombretón!
-¡Kankuro, deja de animarle! ¡Gaara, esto es una cochinada! ¿Cómo se te ocurre tener semejantes revistas? Yo te creía más serio y educado…
-No son mías, son de Kankuro. -Comentó de repente interrumpiendo a su hermana. El castaño palideció al percibir la penetrante mirada de Temari. - Las tenía debajo del colchón.
-¡¿Cómo se te ocurre tener estas asquerosidades en casa?! ¡Por tu culpa Gaara se puede volver un degenerado!
-Yo no tengo la culpa de que entres en mi cuarto y me registres.
-Yo no te registro, entré a por la ropa sucia porque estaba ayudando a Temari y las revistas estaban casi fuera, cualquiera las habría visto. -La tranquilidad con la que hablaba era incomprensible en ese instante.

De un momento a otro, los dos hermanos mayores empezaron una acalorada discusión, cada vez alzando más la voz, mientras el pelirrojo los ignoraba y seguía ojeando las revistas. Como pasaba el tiempo y no se callaban y él no encontraba aún la respuesta a por qué un hombre quería tener esas cosas, página tras página. Decidió saciar su curiosidad.

-¿Por qué Kankuro tiene estas revistas? No le veo razón aparente.

Sus hermanos cesaron enseguida de discutir para mirarlo anonadados. ¿Gaara no sabía para qué eran?

-¿No sabes por qué? -Preguntó el castaño.
-Si lo supiera no os lo preguntaría. -La seriedad de la respuesta intimidaba.
-Gaara… ¿Padre nunca te dio la charla? -Preguntó Temari.
-Lo único que me hablaba padre era sobre mandarme misiones, nada más.
-¿Entonces no sabes que es el sexo?.. ¡Auch! Temari no me pegues… -Se quejó Kankuro.
-Pues tú no le preguntes esas cosas.
-¿Sexo? He oído la palabra, pero no sé lo que es.

Sus hermanos tuvieron a la vez un mal presentimiento, no por nada le llamaban a su hermano pequeño curioso y temían que para su mala suerte, su curiosidad saliera a flote. Tendrían un gran problema. Tensos miraron al pelirrojo que parecía estar meditando algo importante con los ojos cerrados y los brazos cruzados. Conforme los segundos pasaban y observaban a su hermano pensar, el tiempo se les hacía eterno y el aire pesado. Abrió de pronto sus aguamarinas ojos, teniendo en la mirada una gran determinación, las nucas de sus hermanos se perlaron en sudor junto a sus frentes. Estaban rezando con todas sus fuerzas para que esa mirada no fuera lo que ellos creían, sería como una bomba de relojería si fuera realidad.

-¿Qué es el sexo?

Al final, sus súplicas no fueron escuchadas y Gaara preguntó la bomba. Ahora el dilema era, decírselo a Gaara o no. Temari y Kankuro se fueron a cuchichear en una esquina, mientras eran observados con serenidad por el joven Kazekage.

-No podemos decirle eso, aún es un niño.
-¿Niño? Temari, Gaara ha cumplido diecisiete este año, de niño ya tiene poco, además ya tiene bastante edad como para no saber qué es el sexo.
-Pues explícaselo.
-¡¿Qué?! Explícaselo tú, a mí no me metas en esto.
-Esto es una conversación de hombre a hombre, yo no pinto nada ahí.
-Lo que hay que explicarle, también os concierne a las mujeres, y quién mejor que tú.
-Eres un aprovechado.

El estoico pelirrojo dio por terminada la conversación de los dos.

Naruto: a NARUTO le GUSTABA SASUKE ¡Y TENGO PRUEBAS! (Especial San Valentín 2020)

Kankuro empujó a Temari, la cual tropezó con sus pies y cayó sentada frente a Gaara, que la miraba imperturbable con un pequeño deje de ansiedad. La rubia tragó saliva fuertemente, llamando por lo bajo traidor al marionetista al verlo salir disparado de la habitación y dejándola sola. Pensó lo que iba a decirle, pues no era algo que quisiera explicarle dos veces. Respiró hondo para infundirse valor y soltarlo todo de golpe.

-Gaara, el sexo es… -Miró los ojos de su hermano, los cuales desprendían un brillo semejante a los de un niño pequeño cuando les vas a contar un secreto. Y como por arte de magia, el valor que tenía acumulado se evaporó. - No puedo hacerlo, simplemente no puedo…

Pero recordó una cosa muy importante en ese momento.

-"Gracias Temari-san… me has salvado la vida y me has ayudado a entrenar, te debo un favor, cuando necesites ayuda cuenta conmigo, te lo debo."

Saltó de golpe poniéndose en pie, una luz de esperanza crecía en ella.

-Ten paciencia Gaara, dentro de unos días, podrás solucionar tus dudas y saciar tu curiosidad.

No entendía a qué venía eso, pero si como decía su hermana, en unos días lo sabría todo, esperaría pacientemente el tiempo que hiciera falta. Con un asentimiento de cabeza, se dio por terminada la conversación. Temari salió apresurada del cuarto de su hermano con las revistas bajo el brazo, pues las pensaba esconder, para tomar de su habitación papel y tinta.

Temari saliendo apresuradamente con las revistas

En el sal… ¿Un deseo? Meditó por unos segundos. ¿Qué más podía pedir? Personalmente, sentía que lo tenía todo. En un mundo conflictivo, podían ahora vivir con paz. Tenía a su familia y amigos cerca. Aunque sabía que eso no sería posible, y que un simple deseo no erradicaría el mal del mundo. No era un ingenuo. ― Gaara, no lo pienses tanto, mira, la vela ya está por la mitad ―emitió indignada Temari al ver que tardaba―. Seguro estás pensando por la paz entre naciones o algo similar. ― No, está bien, no me molesta ―emitió el pelirrojo, mientras alzaba al pequeño en sus brazos, para luego entregárselo a su hermana―. ― Hum ¿verdad que sí? Solo come y duerme, eso le está ayudando mucho ―emitió con alegría la rubia, agarrándolo en sus brazos, para luego apoyarlo contra su pecho―. ― Lo sé, pero eso no evita que me preocupe...

tags: #fanfic #gaara #comer