Rosine, en su forma preferida, era un ser "élfico" de color azul verdoso, con una altura similar a la que tenía cuando era humana. Poseía ojos de insecto, dos antenas y alas que crecían desde los lados de su cabeza, permitiéndole un vuelo rápido. En su forma verdadera, se asemejaba a una polilla gigante con numerosas patas, alas muy grandes y una cola que emanaba una luz fluorescente. Encima de su cabeza tenía un largo apéndice que estiraba para usarlo como un látigo o una lanza.
Durante su tiempo como humana, Rosine era aventurera y de ademanes considerados poco femeninos, pasando el tiempo explorando el bosque y divirtiéndose atrapando animales pequeños. Cuando en su niñez narraba la historia de Pikaf a Jill, esta creía que sonreía en un esfuerzo por mostrarse contenta. Ya como apóstol, Jill apuntó a que Rosine realizaba sus incursiones movida por sus vivencias en el pueblo, rodeada de violencia física y mental.
Rosine fue una niña que vivía en un pueblo. Su mejor amiga era otra niña llamada Jill, algo menor que ella. Ambas jugaban con los objetos que Rosine coleccionaba, estando entre ellos un Beherit. Debido a que su madre había sido violada al no haber podido ponerse a salvo durante una guerra, Rosine creció siendo maltratada por su padre (que también maltrataba a su madre) al creer que no era hija suya. Ante este desolador panorama, Rosine huyó hacia el Valle de la Niebla en busca de los elfos que supuestamente vivían allí.
Su motivación para ser una elfa era la leyenda de un niño llamado Pikaf que se escapó de su pueblo porque parecía un elfo y no conocía a sus verdaderos padres, dejándole a Jill todas sus pertenencias excepto el Beherit, el cual se llevó consigo. Ya en el valle, la alegría de la niña se convirtió en desánimo: en realidad, no creía en los elfos. Sus padres la encontraron días después. Su padre, enfadado por dejarle en ridículo en el pueblo y perder días de cosecha por buscarla, la golpeó hasta hacerla sangrar, preguntándole si lo hacía al saber que no eran familia. Su madre también recibió golpes al intentar ayudarla. Rosine sentía que tal actuación era imperdonable en el Valle de la Niebla, y deseó que ambos se fueran llegando la sangre hasta el Beherit que había llevado consigo.
Posteriormente, Rosine comenzó a crear pseudoapóstoles con niños y adultos. Como apóstol, Rosine partió al Eclipse.

En su forma de apóstol definitiva, Rosine alcanzaba velocidades supersónicas en vuelo, lo que mejoraba enormemente su capacidad de matar y la mantenía fuera del alcance de Guts, aunque su precisión se resentía. Poseía una probóscide, parecida a la de una polilla, que le permitía ensartar, cortar y eviscerar.
Cuando Rickert se dirigía a un lago cercano para llenar un cubo con agua para los miembros de la Banda del Halcón heridos, atisbó lo que creía ser un hada. Cuando corrió hacia el campamento, descubrió que el Conde y varios de los pseudoapóstoles de Rosine habían matado a los heridos. En ese momento, apareció el Caballero de la Calavera, quien les instó a retirarse y apresurarse a llegar al lugar del Eclipse.
Dos años después, Guts llegó al pueblo del que ella provino, y se enfrentó a un grupo de sus pseudoapóstoles. Rosine volvió a donde vivía y envenenó a Guts, intentando matar a Puck cuando este se dio cuenta de la verdadera naturaleza de los "elfos". Este ataque fue detenido por cómo Jill la llamó por su nombre, viendo que la "reina elfa" era su amiga Rosine.
A la mañana siguiente, Rosine se llevó a Jill volando, sintiéndose tentada por su idea de "transformarla en elfo" para que pudieran vivir juntas para siempre. Cuando se asustó ante la violencia de los otros "elfos" que vivían allí, Rosine intentó tranquilizarla explicando sus razonamientos y empezó a tejer un capullo a su alrededor ante las quejas de Puck. Fue entonces cuando se dio cuenta de que Guts estaba allí, usando fuego para quemar sus capullos. Esto hizo que Rosine se enzarzara en una pelea con Guts, ahora tomando su forma de apóstol, pese a las múltiples heridas que había sufrido. Cuando Guts iba a matarla, Jill, que se había liberado, se interpuso entre ambos.

Puck se muestra ante la moribunda apóstol, haciéndole saber que hubo elfos viviendo en el Valle de la Niebla en un pasado. Fue entonces cuando llegaron los habitantes del pueblo del cual habían sido robados los niños, junto con los Caballeros de la Santa Cadena de Hierro y el padre de Jill, que hirió a Guts con una flecha. Cuando la situación se calmó, Rosine sucumbió a sus heridas. Delirando por la situación, intentó tomar vuelo para regresar a su casa, pero cayó y murió.
Transformaba a los niños que capturaba en pseudoapóstoles semejantes a avispas creando a su alrededor capullos pegajosos en el Valle de la Niebla. Transformaba a niños en pseudoapóstoles sin importar que murieran en el juego de la guerra al considerar que "siempre se sumarían nuevos compañeros" que lo hicieran sin tapujos. Por otro lado, parecía realmente preocuparse por Jill y amarla como amiga, aunque mostrando un lado posesivo.
Los APÓSTOLES Más PODEROSOS de BERSERK ⚡🔥
En su forma verdadera, Rosine se asemejaba a una polilla gigante con numerosas patas, alas muy grandes y una cola que emanaba una luz fluorescente. Encima de su cabeza tenía un largo apéndice que estiraba para usarlo como un látigo o una lanza.
Diminutos y alados, a simple vista parecían elfos reales, pero tenían ojos negros, tres ocelos y antenas de insecto. A su vez poseían collares peludos y un abdomen de avispa en sus lumbares. Podían volar al igual que los elfos reales. Desde hacía algunos años, se dedicaron a atacar a los pueblos de la zona cercana al Valle de la Niebla, yendo a sus campos y silos y devorando sus cosechas y ganado. También devoraban personas y se llevaban a los niños. Los testigos aseguraban que tenían que ser los "elfos del Valle de la Niebla".
Una noche, un grupo de bandidos irrumpe en el Valle de la Niebla, topándose con estas criaturas. Al día siguiente, cuando Guts llega al pueblo de Jill, unos pueblerinos intentan lincharlo al verlo con Puck. Justo al día siguiente los elfos atacan ese mismo pueblo. Aunque Jill comentaba que presuntamente se trataban de elfos, Puck cuestiona el que sea así dado a sus comportamientos nocivos, ajenos a los de elfos reales. Durante su asalto al pueblo de Jill, enjambres de elfos devoran un perro y todo el ganado de un establo. También un enjambre irrumpe en la casa de los Hanson, sobreviviendo únicamente su hijo Thomas, quien es perseguido por los elfos. Mientras este huía, se topa con Guts, quien mata a varios de ellos con su Matadragones. Luego, varios elfos persiguen a Guts -que usaba a Thomas de cebo- hasta el establo que atacaron. Allí, expresando aburrimiento, desatan su mal y se lanzan contra Guts, pero terminan quemados vivos al ser incendiado el establo. Después, otra horda se aparece ante Guts junto a su "reina" Rosine. Al percibir sus intenciones y estudiar sus movimientos, Puck observa que eran en realidad niños humanos. Los elfos frenan su ataque cuando Rosine reconoce a Jill y evita su duelo con Guts. Un día después, los elfos reciben a Rosine y dan la bienvenida a Jill con flores.

Al activar su Beherit, Rosine ofreció a sus padres como sacrificio, activando su transformación y convirtiéndose en un apóstol. Guts la encontró en el Valle de la Niebla, donde ella intentó convencer a Jill de unirse a su "familia" de elfos. Sin embargo, la grotesca realidad de los pseudoapóstoles y su comportamiento sádico horrorizó a Jill, quien finalmente accedió a la transformación para escapar del miedo y el hambre. Guts intervino, interrumpiendo el proceso y desatando la furia de Rosine, quien liberó su forma demoníaca.
En su forma de apóstol, Rosine se enfrentó a Guts en una feroz batalla. A pesar de las heridas, luchó con desesperación, pero Guts logró liberarse y herirla gravemente. Jill, aterrada, intentó interponerse, pero Rosine fue finalmente derrotada por Guts. En sus últimos momentos, Rosine recordó su pasado y la activación de su Beherit, admitiendo que los elfos nunca existieron.

La historia de Rosine es una trágica exploración de cómo el trauma y el abuso pueden llevar a la transformación en monstruo, incluso cuando el instinto de amar y proteger aún persiste.