El cimmerio, creado por Robert E. Howard en 1932, es hoy, casi cien años después de su creación un innegable icono de la literaria occidental, pero a su vez, también es un reconocible icono en el mundo del cómic.
Quizás su gran número de publicaciones en cómic se deba a que los superhéroes nacen de la literatura Pulp y a que Conan es a su vez, icono Pulp pero también un superhéroe a su terrenal manera, o al momento en el que sus cómics llegaron, de plena explosión del noveno arte en Estados Unidos, con una Marvel Comics que ya llevaba unos cuantos años de popular andadura.
En el mundo del cómic USA Conan ha conocido, si contamos la actual, cuatro etapas distintas. La primera de esas etapas USA antes mencionadas, que abarca desde 1970 al año 2002, en los que Marvel Comics tenía el derecho de explotar la licencia de Conan en cómic. Y es precisamente de esta última y reciente etapa de la que venimos a hablar en esta reseña.
El Legado de Roy Thomas y John Buscema
El regreso de Roy Thomas y John Buscema a las crónicas nemedias (versión viñeta) se concretó durante la última década del siglo pasado en una serie de colaboraciones en las que guionista y dibujante siguieron consagrados como uno de los equipos supremos de las aventuras del cimmerio.
Thomas estaba recién entrado en su madurez y recién retornado a Marvel, pero el gran John afrontaba ya la última etapa de una carrera brillante. Aún tendría ocasión de maravillar a propios y extraños con algunas de sus obras más personales, pero con estas premisas sobre el tapete, no resulta extraño que él y su guionista de cabecera afrontaran la última historia del célebre personaje creado por Robert E.
Los dos primeros conforman uno de los equipos definitivos en la casa de las ideas. Ya fuera en la serie del bárbaro o en la de los Vengadores, don Roy y el gran John hicieron historia, brillando especialmente el primero a la hora de adaptar a la viñeta las aventuras de las creaciones de R. E. Howard y siendo el segundo uno de los mejores ilustradores que haya visto la industria.
Durante un cuarto de siglo las historias de bárbaros supusieron un valor seguro, de modo y manera que no es extraño que durante ese período vieran la luz unas cuantas novelas gráficas en las que Conan era el protagonista.
La novena entrega de la serie de novelas gráficas dedicadas a Conan de Cimmeria presentó otra histórica típica y tópica de las que el bárbaro creado por Robert E. Howard solía protagonizar día sí, día también. En esta ocasión, la plantilla utilizada presentaba los siguientes elementos: Conan está dedicado a los vicios terrenos; Conan se topa con noble ambicioso; Conan es obligado a participar en una expedición de saqueo contra su voluntad; Conan visita restos de imperio antaño poderoso y hoy olvidado; Conan encuentra bicho; Conan mata bicho. Conan cabalga en compañía de dama rescatada de turno.
La novela gráfica se presenta como una fiel adaptación del relato original, con todo lo que ello supone. Las historias de Howard eran material de novela de a duro, lo cual implica que no vamos a encontrar literatura de alto nivel, tramas especialmente elaboradas o elementos que no estén al servicio del protagonista indiscutible. A cambio tenemos un personaje carismático (que ha logrado auparse a la posición de arquetipo de un género del entretenimiento como es el de bárbaros) y unos relatos entretenidos en los que el héroe -a veces un poco antihéroe- triunfa contra viento, marea, espada y brujería.
Como él, es inevitable que la afición evoque un periplo parecido, en el que un joven cimmerio acabará tropezándose con uno de sus grandes amores, la señora de la Costa Negra.
La visita a librerías de segunda mano trae de vez en cuando la agradable sorpresa de encontrar ediciones que, en su momento, por cuestiones económicas o de interés, no fueron adquiridas. En mi caso, tal día como ayer (por «lunes de la semana pasada») me encontré “juroneando” en un establecimiento de esas características buscando libros de texto y el dueño, perro viejo en lo suyo, me indicó que entre las novedades que le habían entrado la semana anterior se encontraba una buena remesa de tebeos de Conan el coleccionista de sellos. En un primer momento servidor había pasado un poco del producto, en parte porque mi interés por Conan era bastante puntual y en parte por el precio. Las novelas gráficas son muy bonitas pero la relación cantidad / precio (parámetro esencial en los años mozos) no solía ser muy adecuada.
El primer detalle que se resulta obligado mencionar de este cómic es que reúne a tres de las creaciones de Robert E. Howard: por supuesto, Conan de Cimmeria es el que pone el nombre en la portada, pero su condición de protagonista no es absoluta; está en compañía de Sonja la Roja (la guerrera que el escritor estadounidense creara como enemiga de los otomanos de Solimán el Magnífico y que Thomas llevaría a la era no soñada) y de Kull de Valusia, el antecesor -literal y figurado- de Conan.
No era la primera vez que este trío de hábiles espadachines se encontraba en las viñetas marvelianas. Durante la larga y memorable saga de Conan y Bêlit, las argucias del socorrido brujo de turno llevaban a estos y a la guerrera hyrkania al pasado remoto donde el antiguo esclavo atlante sienta sus posaderas en el trono de topacio.
Los eventos paralelismos entre Conan y Kull quedaron más patentes cuando Thomas y Buscema satisficieron los anhelos de la parroquia aficionada a las crónicas nemedias e hicieron que ambos intercambiaran unos cuantos mojicones.
Después de todo, el cimmerio había sido parido a partir de un relato protagonizado por el valusio que el editor de turno había rechazado.
En esta ocasión, don Roy, cronista oficial de las aventuras y tribulaciones tebeísticas de los personajes howardianos relata una secuela de dos aventuras narradas durante los primeros años de la serie Conan el Bárbaro.
El Rotath cuya resurrección da título a la novela gráfica era un mago lemuriano al que Conan y su amigo Juma se enfrentaron en el trigésimo séptimo número de la colección regular del cimmerio. Los magistrales dibujos de Neal Adams contaron una historia de camaradería, rescate de dama noble y bicho siniestro desmandado en el que el mentado hechicero -caracterizado por tener organismo áureo- mordía el polvo (como no podía ser de otra manera).
Derrotado en el pasado remoto por Kull, Rotath ansiaba -como tampoco podía ser de otra forma- venganza contra quienes le habían vencido.
Como es uso y costumbre, Conan acaba metiéndose en el jaleo casi por casualidad y reencontrándose con su vieja conocida Sonja de parecida manera.
Un misterioso brujo picto -pueblo que vivió tanto la época de esplendor de Valusia como los tiempos hyborios- sería el catalizador para que el moreno y la pelirroja devolvieran la visita a Kull, dándose un paseíto por Valusia.
El resultado final fue una historia de espada y brujería con mucho de lo primero y no menos de lo segundo, de esas que entretienen a la parroquia, sirven de presentación a los legos y aburren a los hastiados.
El equipo creativo de la novela en cuestión está compuesto por un puñado de nombres ilustres del cómic estadounidense en general y de los tebeos de bárbaros en particular. Para empezar, tenemos al guion a don Roy Thomas, que en estos pagos no necesita presentación; para continuar tenemos los lápices de Michael Docherty -que desplegó su talento en unas cuantas aventuras hyborias- y las tintas de Alfredo Alcalá -otro distinguido representante de la tribu filipina que embellecería y engrandecería la franquicia tebeística conaniana-. Completa la alineación el competente colorista Tom Vincent, que remataría en la parte gráfica la labor de sus colegas.
Como dato habitual en esta colección hay que indicar que la edición española contó con una portada especial, dibujada por Rafael Garrés. En ella, Sonja la Roja lucía su atuendo típico, muy alejado del funcional y práctico que le otorgaran para la ocasión Docherty, Alcalá y Vincent.
Hace veinte años Comics Forum decidió traer a España las novelas gráficas protagonizadas por Conan de Cimmeria. La primera de las obras escogidas resultó ser una de las más recientes (en ese momento): El pícaro. Con una nueva portada para la edición local ilustrada por Rafael Garrés, el inolvidable sello de la editorial Planeta brindó a la afición celtibérica una nueva historia del bárbaro arquetípico narrada por el que para muchos es su equipo creativo definitivo: Roy Thomas y John Buscema.
La trayectoria de guionista y dibujante en la franquicia hiboria no necesita ser recordada. Junto a Barry Windsor-Smith constituyen el trío que convirtió a Conan en un éxito que se prolongó durante un cuarto de siglo.
En esta ocasión, tenemos sin embargo la oportunidad de conocer el trabajo del “gran John” como autor cuasi-completo. El mayor de los hermanos Buscema ya había hecho sus pinitos en esas lides un par de años antes con otro de sus personajes fetiche, Estela Plateada, en la novela gráfica El día del juicio.
El argumento, reconozcámoslo, es un poco el de siempre: Conan se mete sin comerlo ni beberlo en medio de una conspiración nobiliaria de las que se hacen en las alcantarillas del poder. Uno de tantos actos impulsivos le acaba colocando en el centro de dicha conjura en la que hay doble juego, odio fraternal y amor paternofilial. Señores crueles, algún gobernante noble, damas de alta cuna tan bellas como depravadas, sicarios con tanta fuerza como poco cerebro… en fin, algunos de los ingredientes habituales que uno se puede encontrar en el guiso nemedio de turno.
No revelo nada si digo que la presencia del guerrero acaba haciendo que planes bien meditados salten por los aires y todo el mundo acabe luchando por salvar su vida.
¿Qué tiene esta historia de especial? Si se la observa por piezas, como he hecho en el párrafo anterior, no gran cosa. Si se suma todo ello con el guión de Thomas y, sobre todo, con las impresionantes ilustraciones de Buscema, tenemos una novela gráfica que se convierte en inmejorable carta de presentación para dar a conocer a una afición novata quién y qué es Conan el Bárbaro.
El protagonista se presenta aquí en toda su esplendorosa humanidad: borrachín, pendenciero, putañero, hosco, basto… pero también noble, leal, bizarro y con un corazón más grande que su cabeza. Los nobles reflejan a través de su aspecto y lenguaje corporal sus respectivas naturalezas: nobleza, mezquindad, rencor, brutalidad…
El capítulo final es en sí mismo un microrrelato de terror en el que la historia hilvanada por don Roy y las opresivas viñetas dibujadas por don John dan a la historia una conclusión tan épica como trágica.
El pícaro me ha dado la ocasión de leer un tebeo del gran John que no había encontrado previamente. Al repasarlo, con cierta nostalgia, sólo he podido parafrasear lo que se dice de Carlos Gardel y aplicarlo al desaparecido ilustrador: el mayor de los Buscema cada vez dibuja mejor.
Conan de las Islas presenta al cimmerio en su senectud. Hace veinte años que reina sin contestación en Aquilonia y durante esos años su sed de aventuras ha tenido que ceder a los asuntos públicos. Su gobierno ha sido fuerte pero no han faltado complots para echarle del trono. Su hijo Conn está listo para sucederle y hace años que nota el vacío dejado por la reina Zenobia. Más que el peso de los años es la carga de la soledad y el hastío la que parece hacer mella en él. Una serie de misteriosas desapariciones en las que hay hechicería de por medio es la ocasión ideal para que el antiguo bárbaro corra en pos de una última aventura.
Sea cual sea el resultado de la misma una cosa está clara: jamás volverá a su reino. El mismo vaticinio le indica que debe viajar hacia poniente, más allá del mundo conocido, para encontrar respuesta al misterio que acucia no sólo a sus dominios sino también a los demás reinos.
La misión llevará a Conan a los ambientes de su juventud, reencontrándose con antiguos camaradas de su pasado. Puede que hayan pasado veinte años, pero la leyenda del cimmerio, ya sea con su nombre de nacimiento o con el ganado en combate de Amra, ha seguido vigente.
Con una tripulación compuesta por viejos conocidos y jóvenes deslumbrados por el mito, partirá rumbo a lo desconocido, donde hará lo que mejor sabe hacer: liarla parda.
Tratándose de la última historia de Conan, hay que hacer especial hincapié en el tono crepuscular de la misma. El cimmerio vuelve a sus amadas tabernas, a las broncas de barra de tasca, a la guarida de piratas donde, trago y trago, se cuentan las hazañas de Amra, el león, el compañero de la reina Bêlit.
Junto a otros camaradas que peinan canas y calvas, se lanza a lo desconocido para descubrir una América hiboria.
Mientras leía la novela en su edición de Forum, no podía evitar pensar en la película El último pistolero (The Shootist.) El tono crepuscular del filme coincide con el de la novela y sus protagonistas son más bien símbolos de una época que declina que personajes de carne y hueso.
Así como el director Don Siegel decidió homenajear al moribundo western a través de su mayor valedor (John Wayne) y de otros ilustres (como James Stewart o Lionel Barrymore), Howard primero y Thomas y Buscema después deciden otorgar a Conan una última aventura en la que desde Aquilonia volverá a Argos, al mar y a las islas piratas.
Ha pasado casi medio siglo, pero nuestro bárbaro sigue manteniendo el pulso y sigue teniendo la capacidad de darle lo justo al pico y lo necesario a la pala. Aunque sea en barco, su creador y sus cronistas del tebeo le darán ese final que tienen los grandes: una cabalgada hacia el crepúsculo, mientras los últimos rayos de sol alumbran su dura y canosa cabeza.
La Venganza del Bárbaro: Un Ejercicio Gráfico Impoluto
Cuatro décadas después de su primera publicación en Estados Unidos, La venganza del bárbaro sigue siendo un impecable ejercicio gráfico que nada tiene que envidiar a las actuales creaciones de la franquicia.
Por lo que a la historia se refiere, hay que indicar sin embargo que estamos ante un relato típico de Conan, de los que Thomas hacía con escuadra y cartabón. A saber: nuestro ¿héroe? ejerce en esta ocasión de pirata (como podría ser mercenario, ladrón o cabo chusquero) y acaba siendo capturado tras una lucha muy desigual por el villano de turno. En esta ocasión, por un corsario al servicio del rey de Zingara.
El cimmerio desprecia a quienes ejercen una piratería “segura” bajo pabellón real y se encara con su captor, al que reconoce como un antiguo carnicero.
Como viene siendo uso y costumbre en estos casos, Conan salva el cuello apelando a la codicia de su captor y llevándole hacia un territorio que conoce bien: la Costa Negra.
La historia contenida en la novela gráfica no es precisamente la alegría de la huerta, ni siquiera teniendo en cuenta que las historias de a duro de Howard tampoco pasarían a formar parte de ningún tratado sobre grandes joyas literarias.
La personalidad del villano de turno no está bien definida. Al principio, don Roy intenta que la audiencia lo rechace (por carnicero), luego que se ría de él (por codicioso) y más tarde que le compadezca (por tener, después de todo, un corazón y no precisamente en un bote de cristal.) Dom Castillius, que así se llama el ¿caballero?, no es un personaje que aguante tantos vaivenes, hasta el punto de desdibujarse y dejar a la afición un tanto confusa.
Se supone que es el encuentro y la posterior -y circunstancial- alianza con Conan la que provoca tanto cambio, pero aquí parece que el camino de Damasco sea un pedregal en el que ir tropezando.
El propio cimmerio se ve afectado por los cambios, ya que aquí -como advierte Trajano Bermúdez en el prólogo de la edición española- bien podría llamarse Conan el filántropo o el bárbaro redentor. Es su propia información (transmitida temerariamente a su captor) la que convierte a Castillius en un villano sanguinario, chaquetero y cobarde.
Así pues ¿por qué preocuparse por su sino? La justificación de ello es tan traída por los pelos que da un poco de vergüenza ajena. Hasta el mejor amanuense hace un borrón y Thomas no estuvo muy fino en este relato. Afortunadamente, siempre queda la posibilidad de disfrutar de la parte gráfica, con Buscema, Alcalá y Severin haciendo lo que mejor saben hacer.
Como curiosidad final, no me puedo resistir al detalle gráfico de la ambientación, donde los adversarios ¿zingarios? ¿zíngaros? ¿cíngaros? de Conan vistan como los españoles del S. XVI, incluyendo una especie de morrión para la soldadesca.
Dom Castillius es un espadachín que bien podría haber luchado con o contra los tres mosqueteros y contribuye a potenciar con sus botas, sus mallas, sus bigotes y sus pelambres esa sensación de empanada histórico-artística común a todas las civilizaciones perdidas surgidas de las páginas de las revistas de a duro.
Si a ello le sumamos un enfrentamiento a tres bandas con ancestros de los amerindios y de los africanos sub-saharianos, el desbarajuste geográfico estará completo.
La Batalla de Venarium: El Origen Cronológico
El guion de Zub sitúa la historia en la mítica Batalla de Venarium, el escenario que se considera el origen cronológico (que no literario) de Conan el Bárbaro.
En los cómics, la primera mención a la Batalla de Venarium tiene lugar en Savage Sword of Conan #6 de Abril de 1975 con guion de Roy Thomas y dibujo de Sonny Trinidad.
Por su parte, el madrileño Roberto de La Torre, realiza un trabajo espectacular en el que une su propio y característico estilo a una esencia que hace que su dibujo y trazo en presencia, recuerdo muchísimo al trabajo de John Buscema con el personaje.
Jim Zub, Roberto de la Torre y José Villarubia realizan un trabajo casi impecable en la nueva etapa de Conan el Bárbaro en cómic USA. La revisitación de un clásico con profundo sabor a Buscema.
El saqueo del fuerte aquilonio es un excelente punto de partida para el Conan fílmico. Un inicio contundente que muestra a un tiempo los límites entre la barbarie y la civilización hibórea, sitúa la acción en las tierras norteñas y funciona como “rito de paso” del joven para convertirse en guerrero, al tiempo que llena su mente de curiosidad sobre la fortuna que le está esperando para que la reclame, en los reinos más al sur.
En vaso de que optéis por una edición en comic, Planeta los ha publicado en tomos con guión del genial Roy Thomas y dibujo del mítico Barry W. Smith, para Marvel, publicada originalmente en los años 70.
Hay una edición posterior de Conan a cargo de la editorial Dark Horse,que inició a principios de este siglo y que también ha sido, al menos parcialmente, publicada en tomos en España, con guión de Kurt Busiek y dibujo de Cary Nord (al respecto de lo que cubro arriba, posteriormente el equipo creativo cambia).
El episodio de Venarium ha sido recogido en cómic un par de veces por Marvel: en el #235 de Conan the Barbarian, The raid at Venarium!, correspondiente al 173 de Conan el Bárbaro de Ediciones Forum en España, en el #1 de Conan The Adventurer, guión de Roy Thomas, correspondiente al #1 de Conan el Aventurero en España; y otra en el #45 del Conan de Dark Horse, con guión de Kurt Busiek, y que creo que en España se publicó en el #39 de Conan: la Leyenda, de Planeta.
En 2003 se editó una novela, Conan of Venarium.
Otras Adaptaciones y Visiones de Conan
La hora del dragón cuenta una historia de los tiempos en los que Conan es ya rey de Aquilonia. Las conspiraciones palaciegas y los asuntos de gobierno han sustituido en su vida las correrías errantes de sus años más mozos, pero aún hay quienes aspiran a derrocarle.
Un nuevo complot se ha orquestado en la vecina Nemedia, donde se pretende sustituir al cimmerio por Valerius, pariente del monarca loco Numedides (al que Conan había eliminado). El ejército nemedio constituye el elemento de espada, pero los cabecillas de la intriga añaden el factor brujería al resucitar, merced al socorrido artefacto mágico de turno, a Xaltotun, un hechicero del desaparecido Imperio de Aquerón.
Víctima del esfuerzo combinado de la política y la brujería, el rey aquilonio será dado por muerto y su competidor Valerus, será proclamado nuevo monarca de una Aquilonia ocupada por las armas nemedias, mientras todos ellos se convierten en peones más o menos involuntarios de Xaltotun que, por supuesto, tiene sus propias ideas y pasan por restaurar la gloria de su difunta patria.
La miniserie que adapta la novela y que se recopila en la forma de este tomo, es fiel reflejo de la naturaleza de su fuente: el héroe de la historia ha de salir siempre bien parado, aunque sea un tipo tan práctico y contundente como Conan; contra todo pronóstico y con todo en contra, encuentra un apoyo en la figura de Zenobia, una persona que ha decidido arriesgar su vida y volcar todas sus esperanzas en el sino del rey caído.
La restauración de su dominio correrá desde ese encuentro unida a la liberación de la dama cautiva para el león aquilonio.
La novela ya había sido adaptada en los días marvelianos de la franquicia por parte de tres autores íntimamente unidos a la forja del éxito de los tebeos hiborios: Roy Thomas, Gil Kane y John Buscema. Con semejante precedente, resultaba tarea harto complicada presentar una adaptación que estuviera a la altura del clásico. Afortunadamente, el nuevo equipo creativo ha logrado presentar un resultado digno.
Por un lado, tenemos en las labores literarias a un veterano de la talla de Timothy Truman, que ya lleva unos años re-contando las aventuras de Conan (y que tiene en su currículum trabajos como GrimJack, Scout o Hawkworld). En la parte gráfica está el argentino Tomás Giorello, cuya labor en la franquicia le ha granjeado la admiración y el apoyo de buena parte de la afición lectora.
En esta ocasión está bien complementado por la labor de colorista de José Villarrubia, lo cual da al tebeo un aspecto adecuado para la historia que pretende contar.
Como detalle final hay que mencionar la portada del tomo, que es la del primer número de la versión alternativa de la miniserie original, donde se recrea la icónica imagen del Conan maduro que cerraba las películas de los años ochenta del siglo pasado. El responsable de esta poderosa ilustración es el veterano profesional español Manuel Sanjulián, que brinda nuevamente al más popular de los bárbaros cinematográficos: el Conan de Arnold Schwarzenegger.
Como curiosidad final, cabe indicar que el argumento de esta novela, que hubiera sido la base de la tercera incursión cinematográfica de Conan a finales de los años noventa del siglo pasado, sirvió finalmente para otro bárbaro de la escudería R. E. H.: Kull de Valusia. El rey-guerrero atlante tendría su propia película y esta seguiría paso a paso la trama de La hora del dragón, con los actores del método Kevin Sorbo y Tia Carrere como protagonistas incontestables de una cinta memorable.
Hubo un tiempo en el que la franquicia «howardiana» era uno de los platos fuertes de la casa de las ideas y reflejo de un buen negocio para ambas partes. Los tebeos protagonizados por Conan de Cimmeria reportaban buenos dividendos a Marvel, al tiempo que permitían al bárbaro hyborio consolidar su popularidad hasta conseguir su propia y exitosa película.
El trabajo desarrollado por Roy Thomas y las presencia en la parte gráfica de artistas de la talla de Barry Windsor-Smith, John Buscema, Neal Adams o Gil Kane brindaron a la versión «comiquera» del adusto guerrero un interés inusitado por parte de la afición lectora.
La revista de Conan el Bárbaro ejemplificó el hecho de que en los atribulados setenta hubo otros géneros que podían ocupar el lugar de unos superhéroes que parecían perder fuelle. Su hermana en blanco y negro -La Espada Salvaje de Conan- abrió campo hacia relatos de corte más adulto en el que el cimmerio hacía de las suyas en su largo y movido camino hasta el trono de Aquilonia.
El cuerno de Azoth es la novela gráfica que recogió la propuesta que los guionistas Gerry Conway y Roy Thomas presentaron para la segunda incursión cinematográfica del bárbaro cimmerio: Conan el Destructor.
Viajemos hacia atrás en el tiempo y plantifiquémonos en la primera mitad de los años ochenta del siglo pasado. Conan el Bárbaro es una de las sensaciones fílmicas de la temporada, por lo que una secuela de las aventuras del bizarro protagonista era cosa más que cantada.
La productora De Laurentiis tenía los derechos de adaptación; Arnold Schwarzenegger era una estrella en alza; dos veteranos escritores (uno de ellos, el responsable del éxito tebeístico del personaje) se encargaba del guion y un maestro del cine de aventuras como Richard Fleischer asumía la dirección ¿qué podía salir mal?
Una mirada desapasionada a Conan el Destructor permite comprobar que se torcieron bastantes cosas, todas ellas motivadas por el tono más infantil de una cinta que dejó a la altura del betún a oponentes como el mago Thot-Amón o nos brindó el dudoso honor de tener un alivio cómico en la forma del ladrón Malak (Tracey Walter).
¿Cómo era posible que dos tipos tan bregados como Conway y Thomas hicieran semejante estropicio? La respuesta era sencilla: no lo hicieron. Suya es la idea original, pero luego fue pasada por el amable tamiz de un tercer guionista y una productora que malogró una prometedora franquicia con la siguiente adaptación de los personajes de la franquicia howardiana, El guerrero rojo, pero esa es otra historia.
Centrándonos en la novela gráfica, hay que indicar que presenta una estructura general análoga a la de la película: Conan es contratado de la forma habitual -salvando el cuello en el último momento- para escoltar a una joven perteneciente a un culto ubicado en la perversa ciudad de Shadizar en una misión de búsqueda de una joya -el ojo de Ibis- que servirá a su vez para conseguir otra reliquia, el cuerno de Azoth que intitula el cómic en cuestión.
La intención del culto, comandado por el padre de la chica, es hacer retornar al dueño de la cornamenta -el socorrido dios de reminiscencias lovecraftianas- aunque para ello tenga que sacrificar lo que más ama y, por supuesto, traicionar a un cimmerio que se tomará el asunto por lo personal.
La historia tendrá su clímax cuando Conan batalle con el redivivo Azoth, al igual que en la película, pero pese a todo, tebeo y filme guardan una diferencia fundamental: allá donde la cinta presentaba una historia más luminosa -casi de cuento- la novela gráfica es mucho más oscura, cruel y desapasionada.
Shadizar es realmente una urbe corrupta que hace honor a su apodo de perversa; el culto de adoradores de Azoth no está movido por el deseo de poder terrenal que mueve a la reina Taramis sino por el más sibilino y terrible fanatismo religioso; algunos personajes secundarios del cómic evocan a otros de la película, pero afortunadamente no tenemos al carterista gracioso.
Las tres incursiones del bárbaro en el cine se han tomado sus licencias sobre la obra original y su posterior traslado al cómic. De entre la veintena de relatos escritos por Robert E. Howard, y los miles de páginas dibujadas posteriormente, es posible extraer fabulosas historias. Algo que las películas han obviado en su mayoría, tomando retazos de aquí y allá para crear híbridos que no acaban de dar a luz una Hyboria y un Conan alineados con su esencia.
La popularidad de Arnold Schwarzenegger como rey de la acción en el Hollywood en los 80 y parte de los 90 ha mitificado su papel como bárbaro. Eso ha permitido extender su fama y mantenerlo vivo en el imaginario colectivo, pero…
Unido a los convencionalismos sobre el género de espada y brujería, Conan es para el gran público poco más que una masa de músculos unida a un arma gigantesca, que anda permanentemente en busca de bronca. Nada más lejos de su astucia de estratega y su sentido común, de la riqueza de sus aventuras, a menudo con un rico trasfondo y una trabajada trama donde Conan se inserta para desviar el peso de la balanza hacia uno u otro lado.
En realidad, el camino del cimmerio es una excusa para recorrer los fascinantes parajes hyborios, desde el gélido norte donde vanires y aesires tiñen de rojo la nieve con la canción de sus espadas hasta el rumor siniestro de los secretos que duermen bajo las arenas de Estigia.
La vida de Conan que escribió el autor texano -y sus continuadores Lin Carter y L. Sprague de Camp, entre otros- es un laberinto en desorden, cuyos fragmentos tomamos del suelo como los de un espejo roto y, descifrando su interior, logramos articular un reflejo de lo que pudo haber sido.
El bárbaro salta de los oscuros callejones a las junglas primigenias, de las hostiles llanuras blancas al salón del trono, dejando en el camino príncipes, esclavas, mercaderes, salvajes, saqueadores y horrores extraídos de las sombras del tiempo.
Probablemente haya tantas visiones de cómo debe ser una adaptación a la pantalla de cine como fans del personaje. Bien, ¿por qué no hacer un ejercicio de esta clase? Ahí va el mío. Creo que un formato más apropiado, especialmente con los tiempos que corren, sería el de serie de televisión; olvidémonos de presupuestos y veamos como podría ser una hipotética primera temporada.
La línea temporal es la sugerida por los relatos de Howard; la presento dividida en tres partes separadas temáticamente.
1. Criado en la fría y hostil Cimmeria, el joven Conan prueba por primera vez el sabor de la batalla en el fuerte de Venarium. Los clanes bárbaros se han unido para saquear el puesto civilizado más al noreste, una fortaleza aquilonia de la que esperan sacar buen botín. El saqueo es un bautismo de fuego para el cimmerio, inmerso en la marea de acero y sangre.
Además de las burlescas referencias que Conan suele hacer sobre su tierra para poner de relieve la debilidad del hombre civilizado, en éste y aquel relato, la mejor descripción puede hallarse en el poema Cimmeria. Una tierra de lóbregas colinas y sombríos picachos donde el hombre no lo tiene fácil para sobrevivir.
Es así, en las agrias imprecaciones del cimmerio que vive en los reinos hyborios, como conocemos la existencia de Crom, el dios implacable que vive en la montaña, exento de piedad y compasión. Pero poco más conocemos acerca de la infancia de Conan; en ningún momento se hace referencia -como se muestra en las películas de John Milius (1982) y Marcus Nispel (2011)- a que su aldea fuera masacrada por invasores, y mucho menos a la muerte de sus padres, que nunca se mentan.
2. “Conan llega finalmente a Arenjun, la conocida ‘Ciudad de los Ladrones’ de Zamora. Ajeno a la civilización y profundamente anárquico por naturaleza, no tarda en encontrar -o mejor dicho, en ganarse- un lugar como ladrón profesional entre gentes que consideran el robo como un arte y una ocupación respetable. Así da inicio uno de los relatos más celebres de R.E. Howard, que presenta a un Conan todavía inexperto, lejos de esa seguridad en sí mismo colindante con la bravuconería que desplegará después.
El bárbaro se enfrenta a una tarea tachada de imposible por los ladrones de la ciudad: escalar la inexpugnable Torre del Elefante, atravesar sus mortíferos jardines y hacerse con los tesoros del interior, sin ser detectado por el poderoso brujo Yara. “Las siniestras aventuras de Conan en la Torre del Elefante y en las ruinas de Larsha le dejan un sabor amargo y una profunda aversión hacia las prácticas de brujería orientales.
Por ello, se dirige hacia el noroeste y atraviesa Corinthia hasta llegar a Nemedia, el reino hibóreo más poderoso después de Aquilonia. A primera vista este relato no encajará en la visión popular que existe sobre Conan, ya que se trata de un misterioso asesinato que ha de resolverse. Un extraño envío desde la nigromántica Estigia a un rico mercader parece esconder la clave que habrá de resolver a medianoche el capitán de la guardia.
“Un tanto desilusionado acerca de la posibilidad de evitar los obstáculos sobrenaturales que le impiden ejercer tranquilamente su profesión y comprendiendo que Nemedia no es un lugar adecuado para él, Conan encamina nuevamente sus paso hacia el sur, en dirección a Corinthia, donde sigue dedicándose a la apropiación ilegal de bienes ajenos en una de las pequeñas ciudades-estado que forman parte de ese reino. Liberado de la cárcel por un joven aristócrata en problemas, todo lo que tiene que hacer Conan es acabar con la vida de un influyente sacerdote. Sin embargo, las cosas se complicarán un poco cuando el cimmerio y su patrón se vean encerrados en la trampa mortal que es la mansión de su objetivo.
3. “Hastiado ya de la civilización y su magia, Conan vuelve a su Cimmeria natal. En el que es sin duda el relato más poético de Howard, La hija del gigante helado, Conan tiene un extraño encuentro en la nieve.
-Entonces, ¿por qué no te levantas y me sigues? ¿Quién es el valiente guerrero que se queda postrado delante de mí?- dijo ella con voz cantarina y con un sarcasmo enloquecedor.- Quédate acostado sobre la nieve y muere como los demás necios, Conan el de la negra cabellera.
Si os ha entrado la curiosidad por haceros con alguno de los relatos aquí mencionados, os recomiendo la edición que sacó hace unos años Timun Mas de todo el Conan de Robert E.Howard. Salvo el inicio en el fuerte de Venarium -que ni Howard ni sus sucesores clásicos acometieron, más allá de mencionarlo- podéis encontrarlos en los volúmenes 1 y 2 (son seis).
