La década de 1960 marcó un punto de inflexión en la historia del tebeo español, un periodo convulso donde la férrea censura franquista coexistía con una creciente creatividad y la aparición de nuevas tendencias. A pesar de las dificultades, la industria del tebeo se consolidó, buscando formas de sortear las restricciones y llegar a un público cada vez más ávido de entretenimiento.
La creación en 1951 del Ministerio de Información y Turismo supuso un impulso para el sector. Las publicaciones infantiles pasaron a depender de la Dirección General de Prensa, que concedía autorizaciones por cabecera, facilitando así la difusión de títulos que aspiraban a una aparición periódica. Esto permitió que revistas como Pulgarcito y sus compañeras dejaran de ser consideradas meros "álbumes infantiles" o "cuadernos humorísticos" y adoptaran una numeración estándar, adaptando sus publicaciones a ciclos mensuales, quincenales y, con el tiempo, mayoritariamente semanales.

Sin embargo, el ojo vigilante de la censura no desapareció. En enero de 1952, se constituyó la Junta Asesora de Prensa Infantil, integrada por diversas organizaciones conservadoras y religiosas. Esta junta dictó "normas" que prohibían explícitamente "los cuentos de crímenes, suicidios y todos aquellos en los que aparezcan entes repulsivos que puedan perjudicar el sistema nervioso de los niños", así como "descripciones que puedan despertar una curiosidad malsana en torno a los misterios de la generación". También se vetaron "historietas que pongan en ridículo la vida familiar" o que "van en desprestigio de la autoridad de los padres, maestros, autoridades civiles o de la patria", y, por supuesto, "todo cuanto atente contra los principios fundamentales del Movimiento Nacional".
A pesar de estas restricciones, el carácter lúdico de los tebeos y la escasa consideración cultural que se les otorgaba a menudo permitían que pasaran desapercibidos ciertos testimonios de desesperanza o crítica velada. Los escenarios de hambre, explotación y miseria que conformaban el trasfondo argumental de muchas historietas parecían contemplarse como meros recursos humorísticos, exentos de intencionalidad política. Personajes como Doña Urraca, que disfrutaba con la muerte y odiaba a sus congéneres, o Carpanta, cuyo éxito se basaba en el sadismo de la frustración, reflejaban una sociedad al borde de la quiebra, habitada por una galería de explotadores, aduladores y estafadores.
El auge de las publicaciones institucionales y el humor para adultos
La presencia institucional en la edición de tebeos se hizo menos agobiante que en la década anterior. Aunque revistas como Clarín prolongaron su existencia y el Frente de Juventudes lanzó Balalín, estas publicaciones tuvieron una vida relativamente corta o una difusión marginal. En cambio, TBO, Jaimito y Pulgarcito confirmaron su éxito y se erigieron como cabeceras emblemáticas de la década.
Bruguera, por su parte, buscó conquistar públicos más adultos con títulos como El DDT contra las penas, Tío Vivo y Can-Can. El DDT se promocionaba como "semanario cómico para grandullones" o "revista para mayores", apostando por una osadía a la hora de abordar las relaciones hombre-mujer, aunque sin llegar a extremos sexuales explícitos para la época. El humor supuestamente adulto a menudo se centraba en la representación de mujeres "estupendas" y "bombones" con generosas curvas, mientras los hombres, a menudo feos y calvos, manifestaban su excitación de forma exagerada.

Otras editoriales también buscaron su nicho en el humor. La editorial Marco lanzó La risa, Hispano Americana presentó Pocholo, y Símbolo, Ferma y Manraf experimentaron con títulos como Chicolino, Sandalio y Farolito, respectivamente. Sin embargo, la apuesta editorial en el género humorístico se decantó significativamente por la historieta de animales, siguiendo la estela de los éxitos de Disney y otros estudios de animación. Editoriales como Marco con Hipo, Monito y Fifí y Clíper con Yumbo, así como Valenciana con el exitoso Pumby, demostraron la popularidad de este formato.
La consolidación de la historieta de aventuras
La historieta de aventuras también vio reforzadas sus posiciones en esta década. El cuadernillo seriado se consolidó como el principal soporte, con una gran abundancia de títulos, a pesar de la existencia de muchas páginas precipitadas y de baja calidad. Referencias dignas de mención incluyen Aventuras del FBI (Rollán, 1951), El Cachorro (Bruguera, 1951), Pantera Negra (Maga, 1955), Mendoza Colt (Rollán, 1955), Apache (Maga, 1958) y Bengala (Maga, 1958).
El personaje de Diego Valor, surgido en las ondas radiofónicas en 1953, alcanzó gran difusión a partir de 1954 como pequeño cuadernillo editado por Cid. Sin embargo, ninguno de estos éxitos igualó al de El Capitán Trueno (Bruguera, 1956), sin olvidar el obtenido por su secuela, El Jabato (1959).

Avanzando en la década, se observaron cambios significativos en las historietas de aventuras. Se aligeró la densidad figurativa, pasando de tres tiras por página a dos, y de catorce o quince viñetas a siete u ocho. Este fenómeno, interpretado como una economía argumental para prolongar las intrigas, también buscaba explotar los atractivos del grafismo, insistiendo en la espectacularidad de las acciones y reforzando la autonomía narrativa del dibujo. Se produjo una diversificación de los períodos de ambientación histórica, un incremento del exotismo y una disminución de la carga moralizante, gracias a una nueva generación de autores como Luis Bermejo, José Ortiz, Leopoldo Ortiz, Martín Salvador, José Laffond y Ambrós.
El tebeo sentimental y la evolución del rol femenino
En el ámbito del tebeo sentimental, revistas como Mariló, Lupita y Florita mantuvieron su popularidad. Mis chicas fue sustituida por Chicas en 1950, y Bruguera lanzó Sissi en 1958. Al igual que en las historietas de aventuras, el cuadernillo apaisado se convirtió en el formato principal, con colecciones lanzadas en rápida sucesión para copar un mercado en alza: Lirio (Maga, 1956), Graciela (Toray, 1956), Maripositas (Rollán, 1958), Rosas blancas (Toray, 1958), Claro de luna (Íbero Mundial, 1959), Serenata y Gwendalina (Toray, 1959), y Tu romance (Ferma, 1959).
Se observó una clara evolución: mientras las colecciones más populares de los cuarenta presentaban escenarios rurales y argumentos fantásticos (los "tebeos de hadas"), las de los cincuenta adoptaron una ambientación mayoritariamente contemporánea, con conflictos más cercanos y sin intervenciones mágicas. La protagonista era una chica como la lectora, que vestía, sentía y se expresaba según las pautas de la época. El grafismo abandonó las redondeces para adoptar una apariencia más realista. Sin embargo, estos cambios eran superficiales, ya que los argumentos seguían obedeciendo a los mismos valores: la mujer aparecía como sede de sentimientos modélicos, sumisa y dependiente de la intervención masculina para lograr sus objetivos, centrados en el matrimonio y la creación de una familia.
Dos claves y dos éxitos: El Capitán Trueno y Mortadelo y Filemón
El balance de los años cincuenta fue excepcional, produciéndose los dos éxitos más importantes del tebeo español, ambos publicados por Bruguera y fundamentales para su prosperidad editorial: El Capitán Trueno y Mortadelo y Filemón. Estos personajes representaron una segunda generación que renovó, si no las estructuras básicas de sus géneros, sí algunos de sus referentes ideológicos.
Las andanzas de El Capitán Trueno comenzaron con su renuncia a los derechos de primogenitura, cambiando fortuna y poder por la justicia y la libertad. Este origen lo distanciaba de personajes obsesionados con recuperar títulos nobiliarios. Mientras El Guerrero del Antifaz se vinculaba al linaje y el honor familiar, El Capitán Trueno representaba la renuncia al privilegio y la entrega al oprimido. Su gestualidad, que incluía la risa, lo convertía en una figura afable con la que el lector podía identificarse, a diferencia del héroe lejano y modélico.

Mortadelo y Filemón supusieron un cambio radical en las referencias humorísticas. A diferencia de otros personajes, no funcionaban a partir de un modelo social, sino ficcional. Inicialmente detectives al estilo de Sherlock Holmes y Watson, luego se alistaron en la T.I.A. como agentes secretos al estilo de James Bond. Desaparecieron las referencias a las miserias de la realidad, sustituidas por las ridículas peripecias de aventureros fracasados. El humor surgía de intrigas disparatadas y de la mutación permanente, siendo Mortadelo su principal exponente. Si en El Capitán Trueno la justicia primaba sobre el deber, en Mortadelo la parodia sustituía a la sátira.
La Historia de los Tebeos
La moda de los años 60, con la "Swinging Sixties" y la explosión de la cultura juvenil, también influyó en el tebeo. La minifalda, popularizada por Mary Quant, y el sombrero tipo pastillero, introducido por Jackie Kennedy, se convirtieron en iconos. La moda de la era espacial, con formas geométricas y materiales sintéticos, también dejó su huella. El feminismo de la segunda ola impulsó la minifalda y un nuevo ideal femenino: la "chica soltera", activa, independiente y económicamente autosuficiente.
En el ámbito de la moda, los pantalones se volvieron más aceptables para las mujeres, dando lugar a estilos como los jeans estilo tubo y los pantalones capri. La vestimenta informal se volvió más unisex, con camisas a cuadros y jeans ajustados. La moda adquirió una estética futurista, influenciada por la carrera espacial y el Op Art, con predominio de los colores plateados y blancos, así como estampados geométricos y fluorescentes. Los trajes se volvieron más ajustados y delgados, y el calzado femenino se diversificó con botas go-go y zapatos de plástico transparente.
La década de 1960 también vio la aparición de nuevas colecciones y estilos dentro del tebeo. Por ejemplo, la editorial que publica obras como "Camisa de Fuerza" de Guillermo Sanna, demuestra un interés por el terror y el género negro. La editorial también recupera obras clásicas, como las de El Torres, y publica novedades como "Sangre Bárbara", una historia de Conan, y "Whodunnit?", un cómic de detectives antropomórficos. En el ámbito del humor costumbrista, destaca la obra de Sebas Martín, comparada con autores como Carlos Giménez y Ramón Boldu.
La editorial también ha traído obras del mercado francófono con autoría nacional, como "Justin Nadar" y "Bartleby, el escribiente". Su catálogo combina ediciones de cómic para adultos más experimental con cómic infantil, abarcando géneros como el biográfico ("Diario desde Varanasi"), el homenaje al cine de explotación ("Melvin Gold"), y adaptaciones de cuentos clásicos ("El hombre que plantaba árboles").
En cuanto a los personajes clásicos de Bruguera, se publicaron nuevas aventuras de Mortadelo y Filemón, y Superlópez, además de continuar la reedición de colecciones como OLÉ y Esenciales Ibáñez. También se recuperaron series como Zipi y Zape y El botones Sacarino. Paralelamente, se da cabida a nuevos autores con obras como "Esas cosas que nos pesan" y "Quiero pensar que no es demasiado tarde".
La editorial especializada en cómic histórico ha seguido publicando obras dentro de sus dos colecciones: acontecimientos de la historia de España y biografías. Entre estas últimas se encuentran las de Juan Latino, Berenguela, Miguel Hernández, Clara Campoamor y Valle-Inclán. También se han recuperado obras de autores imprescindibles como Miguel Calatayud y Miguel Núñez, así como novedades como "La torre de los siete jorobados" y "El partido de la muerte".
En el género de terror, se ha continuado con la revista Cthulhu y se han publicado nuevas entregas de "La espada de San Eufrasio" y recopilatorios del trabajo de Igor en El Jueves. También se han adaptado obras de Lovecraft y se han recuperado series como "Jazz Maynard" y "Livingston contra Fumake".
La recuperación de series producidas para el extranjero por autores españoles ha sido un punto fuerte, destacando "Zarpa de Acero" y el regreso de Esther de Purita Campos. Además, se han publicado trabajos de Enrique Vegas, así como obras unitarias y el segundo volumen de "Historia de la Humanidad en viñetas".
Se ha realizado una nueva edición de "Kraken", una importante serie de ciencia ficción de los ochenta. También se han publicado obras de Jan, incluyendo un western de humor y una serie protagonizada por el capitán de Laszivia. Se ha editado un volumen del CapaBlanca de Joan Mundet, y se han publicado obras de autores más recientes como "Conan, de Cimmeria" y "Dibuja y aprende con el kawaii".
La editorial comenzó el año con la reedición de "Oro Rojo", una serie de fantasía. Posteriormente, publicaron "Maestro del terror", una historia sobre plagio, y "Refugio y Diario de un refugio", obras sobre el voluntariado en un refugio de animales. Finalizaron el año con "El rey de las polillas", una obra de terror llena de acción.
Se han publicado obras de diferentes procedencias, como "Sigue a la hormiga", una obra sobre un padre y una hija que deben enfrentarse a la ausencia de una madre. Desde Francia se ha traído "Dragones de frontera", una historia ambientada en el oeste protagonizada por el cuerpo militar encargado de defender las fronteras de Norteamérica.
La editorial ha seguido recuperando obras de El Torres, como "Camisa de Fuerza", y otras del sello Amigo comics. El plato fuerte ha sido "Sangre Bárbara", una historia de Conan, y la aparición de "Whodunnit?", una historia de detectives antropomórficos.
El año comenzó con "Mi novio, un virus y la madre que me parió", obra costumbrista comparable a los trabajos de Carlos Giménez o Ramón Boldu. Otra novedad destacada ha sido "En camino", una conmovedora obra sobre la capacidad sanadora de un viaje. También se ha podido leer "Fiuuu & Graac", el último cómic de Max, que lleva la experimentación hasta sus últimas consecuencias. El año finalizó con la aparición del último número de la revista "La Cruda Negra".

La moda de la década de 1960 presentó una serie de tendencias diversas, rompiendo muchas tradiciones y adoptando nuevas culturas. Hacia mediados de la década, las modas juveniles de pequeños grupos urbanos recibieron gran publicidad mediática, influyendo en la alta costura y el mercado de masas. Mary Quant popularizó la minifalda y Jackie Kennedy introdujo el sombrero tipo pastillero, ambos de gran éxito. La elegancia de Jacqueline Kennedy marcó la moda de principios de década, con faldas entalladas, zapatos de tacón de aguja y trajes con chaquetas cortas. También triunfaron los vestidos sencillos y geométricos, conocidos como "turnos". Para la noche, se usaban vestidos amplios con escotes bajos o de barco y cinturas ajustadas.
La década de 1960 fue una época de innovación en la moda femenina. A principios de la década nacieron los jeans estilo tubo y los pantalones capri, popularizados por Audrey Hepburn. La vestimenta informal se volvió más unisex, a menudo compuesta por camisas a cuadros y jeans ajustados, pantalones cómodos o faldas. Tradicionalmente considerados masculinos, los pantalones se volvieron aceptables para las mujeres en el día a día. Estos incluían jeans Levi Strauss y jeans tipo tubo "elásticos" con elastano. Los pantalones de mujer presentaban diversos estilos: estrechos, anchos, por debajo de la rodilla, por encima del tobillo y, finalmente, a mitad del muslo. Los pantalones de corte medio muslo, también conocidos como shorts, evolucionaron alrededor de 1969.
El bikini moderno, inventado en Francia en 1946, ganó aceptación en el mercado de masas durante la década de 1960. La primera edición de trajes de baño de Sports Illustrated, en 1964, presentaba a Babette March con un bikini blanco en la portada.
La moda de la era espacial apareció a finales de la década de 1950 y se desarrolló en los años 60, fuertemente influenciada por la carrera espacial, libros de bolsillo, películas y series de ciencia ficción. El look de la era espacial se definió por formas cuadradas, dobladillos hasta los muslos y accesorios atrevidos. Los materiales sintéticos como el nailon, el corfam, el orlón, el terileno, el lurex y el spandex se promocionaron como baratos, fáciles de secar y sin arrugas. Estos permitieron a diseñadores como Pierre Cardin crear prendas con formas audaces y texturas plásticas. Materiales como el poliéster, la lucita y el PVC también se popularizaron. Para la ropa de abrigo diurna, las impermeables cortas de plástico, los abrigos con vuelo, los vestidos burbuja, los sombreros con forma de casco y las pieles sintéticas teñidas eran populares entre las mujeres jóvenes. Los colores dominantes en esta moda fueron el plateado metálico y los blancos puros, asociados a diseñadores como André Courrèges. La geometría del Op Art influyó en los estampados, al igual que el arte geométrico de principios de siglo. También se vieron colores fluorescentes y vestidos con luces. En 1966, la chaqueta Nehru se puso de moda. Los trajes eran de colores diversos, ajustados y muy delgados. El calzado femenino incluía sandalias de tacón bajo, botas go-go blancas y zapatos de plástico transparente. Los zapatos, botas y bolsos solían ser de charol o vinilo. Los Beatles llevaban botas con lados elásticos.
André Courrèges fue un diseñador influyente en la moda de la era espacial, introduciendo en 1964 trajes de pantalón, gafas protectoras, vestidos de caja con faldas altas y botas go-go. La minifalda, definida como una falda con el dobladillo unos 18 cm por encima de las rodillas, fue popularizada por Mary Quant y André Courrèges. Mary Quant la nombró en honor a su coche favorito, el Mini Cooper, y la presentó en su boutique Bazaar a mediados de los 60, buscando "aumentar la disponibilidad de diversión para todos". André Courrèges experimentó con dobladillos a principios de los 60, mostrando vestidos de la era espacial por encima de la rodilla a finales de 1964, con diseños más estructurados que los de Quant, lo que la hizo más aceptable para el público francés.
Con el fortalecimiento de la cultura adolescente, el término "Youthquake" pasó a significar el poder de los jóvenes, algo sin precedentes antes de los años 60. Tras la Segunda Guerra Mundial, los adolescentes tuvieron más tiempo para disfrutar de su juventud y crear su propia cultura. Pronto comenzaron a establecer sus propias identidades y comunidades, rompiendo con las tradiciones de sus padres. El fabuloso look de "niña pequeña" se introdujo en EE. UU., con lazos, calcetines hasta la rodilla estampados y minifaldas. La minifalda y el look de "niña" reflejaban un cambio revolucionario. El feminismo de la segunda ola hizo popular la minifalda. Las chicas Mod vestían minifaldas cortas, botas go-go altas y de colores brillantes, estampados geométricos y túnicas ajustadas. Los pantalones acampanados aparecieron en 1964, abriendo camino al estilo hippie. Se usaban con blusas de gasa, suéteres de canalé o blusas que dejaban el abdomen al descubierto. Se confeccionaban en diversos materiales, incluidos vaqueros, sedas y telas elásticas. Un look popular era la minifalda de gamuza con blusa de cuello polo, botas de punta cuadrada y boina. Las mujeres se inspiraron en modelos como Twiggy y Jean Shrimpton. Los minivestidos de terciopelo, los vestidos anchos y los culottes sustituyeron al cambio geométrico. Las pestañas postizas y el lápiz labial pálido estaban de moda. Los dobladillos subieron aún más, llegando muy por encima de la mitad del muslo en 1968, conocidos como "micro-minis". Apareció el "vestido de ángel" y el "vestido de monje" con cuello vuelto. Para la noche, eran populares los diminutos vestidos tipo babydoll de gasa y el "vestido de cóctel".
La escritora Helen Gurley Brown, con su libro "Sex and the Single Girl" (1962), fomentó que las mujeres tomaran el control de sus vidas y promovió las relaciones sexuales antes del matrimonio. La fotografía de moda de los años 60 representó un nuevo ideal femenino: la chica soltera, activa, económicamente autosuficiente. Se fotografiaba a las modelos al aire libre, a menudo en movimiento, promoviendo la ropa deportiva y reflejando el ritmo acelerado de la vida urbana. El motivo "Working Girl" representó otro cambio, popularizando la ropa de día y la "ropa de trabajo".
Particularmente a mediados de los sesenta, iconos como Twiggy popularizaron los vestidos rectos sin forma que enfatizaban una imagen de inocencia. La "niña Dolly" era otro arquetipo de mujer joven, caracterizado por la minifalda, cabello largo y ropa de aspecto infantil. Los corsés, las medias con costuras y las faldas que cubrían las rodillas dejaron de estar de moda. La idea de comprar ropa urbanizada, combinable en piezas separadas, atraía a las mujeres. A partir de 1967, la cultura juvenil cambió musicalmente, pasando del estilo Mod a uno más relajado, hippie o bohemio. Los fabricantes de medias crearon diseños de moda que atraían a un público femenino interesado en la psicodelia.
Ponchos, mocasines, cuentas de amor, signos de la paz, collares con medallones, cinturones de cadena, estampados de lunares y mangas largas abullonadas eran modas populares a finales de la década. Hombres y mujeres vestían jeans deshilachados de campana, camisas teñidas, camisas de trabajo, sandalias de Jesús y cintas para la cabeza. Las mujeres a menudo andaban descalzas y algunas sin sujetador. El multiculturalismo también se hizo popular, inspirándose en la ropa tradicional de Nepal, India, Bali, Marruecos y países africanos. Chalecos de gamuza con flecos, caftanes sueltos y pijamas "anfitrionas" eran comunes. A finales de la década aparecieron abrigos largos, a menudo con cinturón y forrados de piel de oveja. Los estampados animales eran populares en el otoño y el invierno de 1969. Las camisas de mujer solían tener mangas transparentes.
En general, los hombres indios urbanos imitaban las modas occidentales, adaptando el traje de negocios al clima tropical de la India con el traje Nehru. Desde principios de la década de 1950 hasta mediados de la de 1960, la mayoría de las mujeres indias mantuvieron vestimentas tradicionales como el gagra choli y el sari.