Emil Ferris creció en la turbulenta década de los años sesenta en Chicago, donde todavía reside; por lo tanto, adora todo lo que es monstruoso y también majestuoso.
Su primera novela gráfica, Lo que más me gusta son los monstruos. Libro primero (Reservoir Books, 2018), obtuvo múltiples galardones, incluidos dos premios Ignatz, tres premios Eisner, el premio literario Lambda, el Lynd Ward Graphic Novel Prize, el prestigioso Fauve d'Or en el Festival de Angulema y el premio al mejor Cómic Internacional del Salón Internacional del Cómic de Barcelona.
En su vida anterior, Emil se tituló en Bellas Artes por el Art Institute de Chicago y trabajó de ilustradora médica y técnica, así como de diseñadora de juguetes.
Tras varios años de inquieta espera, presentamos al fin la conclusión de su magnum opus, uno de los acontecimientos editoriales de nuestra época: Lo que más me gusta son los monstruos. Libro segundo (Reservoir Books, 2024).
Esta es la historia de Karen Reyes, una niña de diez años con escoliosis y aficiones peculiares que vive en la oscura Chicago de finales de los sesenta. Lleva un diario gráfico que refleja su pasión por las películas de terror de serie B y la iconografía de las revistas pulp de monstruos.
Karen se retrata a sí misma como una niña-lobo vestida de detective y, como tal, se propone un día resolver el misterio que rodea el asesinato de su bella y enigmática vecina del piso de arriba, Anka Silverberg, una superviviente del Holocausto.
Mientras Karen investiga el crimen, veremos pasar las vidas fascinantes e interconectadas de todos quienes la rodean: su hermano Deeze, cuyo alistamiento a Vietnam es inminente y a quien tortura un secreto del pasado; su madre Marvela, una mujer impredecible que ha sacado adelante a una familia parcialmente disfuncional; Sam Silverberg, el Rápido, baterista de jazz recién enviudado; el Sr. Gronan, casero del edificio y mafioso a tiempo parcial; Sylvia Gronan, esposa de este y conocedora de los secretos de la comunidad; el Sr. Chugg, un ventrílocuo de extrañas costumbres; y el extraño y conmovedor catálogo de amigos de Karen, reales e irreales a partes iguales.
Cuando las pesquisas de Karen se ramifiquen hasta llegar a la Alemania nazi, va a manifestarse claramente cómo pueden converger lo personal y lo político, el pasado y el presente, y cómo incluso el bien puede albergar una porción de lo monstruoso.
Lo que más me gusta son los monstruos es una explosión narrativa sin precedentes que ya ha encumbrado a su autora entre los grandes maestros contemporáneos del cómic.

Un Vistazo a la Creación y el Impacto de la Obra
Emil Ferris creció en el corazón del Estado de Illinois (Chicago) en 1962. Sus primeros años auguraban un futuro lleno de obstáculos que, desafortunadamente, se fueron materializando. Sus padres, artistas, le transmitieron una destreza que con el tiempo fue puliendo. Al disponer de pocos recursos económicos, Ferris apenas contaba con dos libretas y un par de bolígrafos por curso con los que comenzó a dar rienda suelta a su creatividad.
Como consecuencia de un problema de escoliosis, sufrió bullying en el colegio y ya más mayor padeció en sus propias carnes la bajeza de la homofobia. En el año 2001 una picadura de mosquito le produjo la (tan de actualidad) Fiebre del Nilo, por lo que perdió la movilidad de cintura para abajo, así como el movimiento de su mano derecha, con la cual dibujaba. Este hecho no impidió que Ferris dejara a un lado sus sueños. Aún en silla de ruedas decidió matricularse en el Art Institute de Chicago.
Como si un genio malvado hubiese querido trastear con su destino, Emil Ferris se topó con la negativa de 48 editoriales que no vieron porvenir a la publicación. Finalmente fue The Other Press quien accedió a llevar a buen puerto su edición, pero, tras cinco años, tuvo que bajarse del proyecto ante el tamaño que estaba tomando. Así apareció Fantagraphics, recogiendo el guante y encargando 10.000 ejemplares a una compañía china. Sin embargo, la empresa asiática quebró quedando toda la tirada atrapada en el Canal de Panamá. Todos estos contratiempos no impidieron que fuera publicado en el país del Tío Sam en 2017.
A la vejez, viruelas. Con 55 años, la otrora desconocida Emil Ferris entró por la puerta grande del noveno arte sorprendiendo a propios y extraños. Con una única novela gráfica Ferris ha conseguido lo que muy pocos logran en toda una carrera. A saber, mejor novela gráfica, mejor artista y mejor coloreado en los Eisner, dos premios Ignatz, el premio fauve D’Or en el Salón de Angouleme, el premio Gran Guinigi en el Festival de Lucca, el premio al mejor Cómic Internacional del Salón Internacional del Cómic de Barcelona… y unos cuantos más.
Gracias a Lo que más me gusta son los monstruos, Emil Ferris ha cosechado multitud de elogios procedentes de colegas como Alison Bechdel, Chris Ware o Art Spiegelman.
Ambientada a finales de los años sesenta, Emil Ferris se abre el corazón para ofrecernos una obra con tintes autobiográficos. Su protagonista, Karen Reyes, es una proyección de la propia autora y aunque los hechos sean ficción tanto el contexto como a nivel emocional nos encontramos con un relato que rezuma un gran verismo.
El Uptown de Chicago, viejo conocido de Ferris, es el escenario en el que Karen hará su particular gincana a modo de investigación. De esta forma, para conocer la vida de la malograda Anka, Ferris utiliza el viejo recurso de contar una historia dentro de otra. Sin embargo, su principal virtud es cómo lo lleva a cabo.
Karen va recogiendo sus vivencias mediante dibujos y anotaciones en un cuaderno que hace las veces de diario. La propuesta juguetona de Ferris hace que cuando tengamos un ejemplar en las manos de Lo que más me gusta son los monstruos parezca que, en realidad, estemos abordando el diario de la protagonista. Cada página simula ser una hoja propia de un cuaderno de anillas gracias a sus líneas horizontales y los agujeros dibujados en cada lateral.

Temas y Simbolismo en la Obra
A modo de cajón de sastre, multitud de elementos tienen cabida en Lo que más me gusta son los monstruos. Sin embargo, lo que puede parecer un totum revolutum por parte de la autora no lo es tal. Temas como la muerte, el holocausto nazi, el racismo o la pedofilia ponen de manifiesto que para Ferris hay dos tipos de monstruos: los buenos y los malos.
No es de extrañar que la autora denuncie la situación de los hispanos, los negros o los indios americanos en su barrio natal. Si Karen está representada como una niña-lobo, su amigo Franklin es un trasunto de Frankenstein. No es casualidad que los dos únicos personajes homosexuales de la obra sean quienes están caracterizados como monstruos.
Para esta autora estadounidense, sufrir es parte del regalo de estar vivo. Lo que no te mata, te hace más fuerte. Añadiremos, pues, que el dolor es su principal sintomatología, pero Ferris no lo evita. Todo lo contrario, lo abraza cariñosamente.
El Museo de Bellas Artes de Chicago, o para ser más exactos, los personajes que aparecen en sus cuadros, obras que Ferris versiona con una maestría apabullante en numerosas páginas del cómic, son también personajes que pueblan la historieta y la mente de Karen. Y en un falso contraste (pues para Karen tiene la misma importancia), Ferris crea numerosas portadas falsas de cómics de terror que también inundan el tebeo. Las versiones de los cuadros del museo las usa la autora para dar contexto y profundidad, tanto visual como argumental, a los pensamientos de la protagonista, a sus intuiciones y sus emociones.

El Arte de Emil Ferris: Técnica y Estilo
A nivel gráfico, Lo que más me gusta son los monstruos es una obra deslumbrante. Con la mera ayuda de bolígrafos Bic, Ferris realiza un trabajo tan original como encomiable. La composición de las páginas, el juego de perspectivas o la expresividad de los personajes son solo algunos de los puntos por los que esta obra ya merece cualquier tipo de elogio.
Los rostros que forman parte de la narración están inspirados en personas que Ferris conoció a lo largo de su vida. No solo eso, sino que mediante un crowdfunding realizado mientras gestaba la novela, Ferris ofreció como incentivo incluir las caras de los potenciales patrocinadores. Ni que decir tiene que la iniciativa fue un rotundo éxito.
Para escribir los textos y los diálogos, la artista estadounidense optó por utilizar rotuladores. Además, a modo de huevo de pascua, Ferris explica en la propia historia como utiliza formas geométricas para llenar la composición del plano con el objetivo de que el lector no se percate de ello.
A lo largo de la obra vemos portadas de publicaciones inventadas por la propia Ferris. Por una parte, sirven como homenaje a las series de terror publicadas entre los años 40 y 50 por la editorial Entertaining Comics (y su archiconocido sello EC) y, por la otra, funcionan a modo de metáfora de lo que nos vamos a encontrar en las páginas siguientes.
Puede que en una primera lectura se nos pasen otro tipo de detalles que Ferris fue dejando, como si de miguitas de pan se tratase, a lo largo de la novela gráfica.
El aguardado desenlace de la novela gráfica que ha sido aclamada unánimemente en todo el mundo. Por fin, vuelve Emil Ferris con la conclusión de la mejor novela gráfica del siglo XXI. Karen Reyes ha crecido un poco y, bajo la tutela de su hermano Deeze -mucho más laxa que la que imponía su madre-, ya puede ir, por ejemplo, a eventos hippies como el Festival de la Vida, en Chicago, donde se verá envuelta en unos disturbios que la policía apagará violentamente. En privado, Karen todavía lucha por comprender su identidad sexual, mientras sigue investigando la extraña muerte de su vecina Anka Silverberg. Descubrirá una última cinta de casete que le revelará algunas de las hazañas pasadas.
Lo que más me gusta son los monstruos es una obra nada convencional que nos presenta a una protagonista (alter ego de Emil Ferris) a las puertas de la adolescencia. La antigua diseñadora de juguetes se toma su tiempo para contar una historia con un contexto riquísimo. Ferris construye un drama disfrazado de género detectivesco que se caracteriza por su profundidad y capacidad para conmover. La artista norteamericana traspasa su obsesión por los monstruos de la Hammer y los estudios Universal a Karen, quien los utiliza a modo de paraguas para soportar la crudeza de su día a día. Refrescante y tremendamente original, Lo que más me gusta son los monstruos pone de relieve diferentes tipos de abusos, así como la situación de las minorías. Un relato sincero que se ha convertido en un clásico contemporáneo y cuyo único hándicap es que desconocemos su resolución. Hasta entonces, esta joya del noveno arte oposita para entrar en un Olimpo ávido de autoras. Reservoir Books publica en España una preciosa edición a la altura de la calidad literaria y gráfica de la obra.
CHARLA: #WATCHMEN ¿La mejor novela gráfica?
El Libro Uno de Lo que más me gusta son los monstruos pone de manifiesto que la perseverancia es una de las mayores virtudes del ser humano.
La obra recibió en 2017 el Ignatz Award de "Novela Gráfica Destacada" y tres Premios Eisner en 2018, y fue nominada para un Premio Hugo.
Lo que más me gusta son los monstruos ha sido aclamada por la crítica, que han destacado la calidad del trabajo artístico y escrito de Ferris pese a su inexperiencia en la publicación de cómics. Douglas Wolk de The New York Times dijo que Ferris tiene una "habilidad de retratista con pequeñas sutilezas de expresión e iluminación y un ojo de nueva objetivista para la grotesqueza cruda de los cuerpos y sus alrededores". La novela gráfica también ha sido recibida positivamente por otros destacados artistas del cómic. Art Spiegelman dijo a The New York Times que Ferris es "una de las artistas de cómic más importantes de nuestro tiempo" y que "utiliza la idea del cuaderno como una forma de cambiar la gramática y la sintaxis de las páginas de los cómics".
«Prácticamente indistinguible de eso que se suele llamar obra maestra». Santiago Toste, Diario de Avisos
«Una proeza ejecutada con bolígrafos en páginas individuales. Un relato (se intuye que con algo de autobiografía) trepidante tras la imaginación de una niña. Su segunda parte es igual de conseguida. La novela gráfica del año en más de 25 listas de Estados Unidos y Reino Unido.
Una historia de suspense sobre monstruos reales e imaginarios.
Un cómic que ya se ha convertido en un clásico moderno.
Esta es la historia de Karen Reyes, una peculiar niña de diez años que vive en la oscura Chicago de finales de los sesenta. Lleva un diario gráfico que refleja su pasión por las películas de terror de serie B y la iconografía de las revistas pulp de monstruos. Se retrata a sí misma como una niña-lobo vestida de detective y, como tal, se propone un día resolver el misterio que se rodea el asesinato de su bella y enigmática vecina del piso de arriba, Anka Silverberg, una superviviente del Holocausto. Mientras Karen investiga el crimen, veremos pasar las vidas fascinantes e interconectadas de todos quienes la rodean: su hermano Deeze, cuyo alistamiento a Vietnam es inminente y a quien tortura un secreto del pasado; su madre Marvela, una mujer impredecible que ha sacado adelante a una familia parcialmente disfuncional; Sam Silverberg, el Rápido, baterista de jazz recién enviudado; el Sr. Gronan, casero del edificio y mafioso a tiempo parcial; Sylvia Gronan, esposa de este y conocedora de los secretos de la comunidad; el Sr. Chugg, un ventrílocuo de extrañas costumbres; y el extraño y conmovedor catálogo de amigos de Karen, reales e irreales a partes iguales. Cuando las pesquisas de Karen se ramifiquen hasta llegar a la Alemania nazi, va a manifestarse claramente cómo pueden converger lo personal y lo político, el pasado y el presente, y cómo incluso el bien puede albergar una porción de lo monstruoso. Lo que más me gusta son los monstruos es una explosión narrativa sin precedentes que ya ha encumbrado a su autora entre los grandes maestros contemporáneos del cómic.»
«Nadie ha hecho jamás un cómic como este, tan mesurado y a la vez sobrehumanamente ambicioso. Amenaza no solamente con exceder los estándares de excelencia habituales, sino con establecer nuevos.» The Guardian
«Una primera novela gráfica donde rebosan los secretos y los apetitos que sobrevuelan la infancia. Con un dibujo feroz, de trazo expresionista, Ferris transmite toda la dureza de su ciudad natal.» The New York Times
«Un libro monstruoso, en el mejor de los sentidos.» Alison Bechdel
«Emil Ferris es una de las autoras de cómic más importantes de nuestra época.» Art Spiegelman
«Totalmente espectacular.» Chris Ware
«Cautivadora, ambiciosa, única sin lugar a dudas.» Chicago Magazine
«Un reto visual que trastoca tu cerebro hasta proporcionar una experiencia literaria extraordinaria que aborda temas de identidad racial, sexual, cultural, profesional y de clase, y lo hace con aplomo y perfección estética. El hecho de que esta sea la primera novela gráfica de la autora no es sino otro de los muchísimos aspectos que te dejarán estupefacto. Bienvenida al canon, señora Ferris.» Vulture
«Una de las obras de autor más profundas, ambiciosas y logradas que haya aparecido en cualquier medio y en cualquier arte en esta década. Rara vez se han conjugado tan armoniosamente palabras y dibujos al servicio de una historia tan fluida y compleja.» Forbes
«Lo que más me gusta son los monstruos es como una manta de lana tejida en casa: rara, insólita, hecha con amor y cuidado, con devoción. Es imposible no amar este libro.»
