Apenas un mes después de la legalización del Partido Comunista Español (PCE), el 9 de abril de 1977, y coincidiendo con la legalización del Partit Socialista Unificat de Catalunya (PSUC), el 4 de mayo de aquel mismo año, un colectivo de veintiséis historietistas fundó la revista TROCHA.
«Hemos formado un colectivo de profesionales que agrupa a críticos y estudiosos, guionistas y escritores, dibujantes realistas y satíricos, ilustradores y grafistas cuyo principal objetivo es publicar una historieta adulta, madura y crítica y que al mismo tiempo sea popular y comercial», anunciaron en su primer comunicado.
Lo firmaban José Canovas, Montse Clavé, El Cubri, Pacho Fernández Larrondo, Ignacio Fontes, Carlo Fabretti, Galileo, Luis García, Alfonso López, LPO (Luis Pérez Ortiz), Marika, Andrés Martín y Mariel Soria, Antonio Martín, Jaume Marzal, Ludolfo Paramio, Perich, Juanjo Sarto y Pepe Robles, Antonio Segarra, Adolfo Usero, y Enrique Ventura y Miguel Ángel Nieto.
Provenían de editoriales y agencias como Bruguera y Selecciones Ilustradas que realizaban trabajos de sindicación para los mercados británico, francés y escandinavo, y cerraron filas en defensa de «nuestros derechos como profesionales de la comunicación y de sus derechos como lectores».
Sus caminos se habían cruzado durante casi una década en las páginas de BANG! Información y Estudios sobre la Historieta (1968-1977), una publicación pionera dirigida por Antonio Martín que apostaba por contenidos y sensibilidades adultas, y donde se reivindicaba el papel de los historietistas como autores.
En vista de la imposibilidad de mantener a flote una publicación regular, Martín decidió hacer frente común con un colectivo artístico de Barcelona que había adoptado el tradicional apodo anarquista de Bandera Negra como nombre de guerra. Cada miembro aportaría cincuenta mil pesetas a fondo perdido para echar a andar el proyecto.
Acordaron llamarlo TROCHA, como esa vereda que hay que desbrozar para que sirva de atajo a alguna parte.
El gesto simbólico de aquella primera portada, impresa en los colores del anarcosindicalismo y que mostraba un puño en alto sosteniendo un lápiz y una plumilla como si fueran la hoz y el martillo, reivindicaba el compromiso político de una nueva generación de autores dispuestos a desafiar el modelo editorial imperante en un momento crucial de la historia de nuestro país.

Tanto es así que, a lo largo de su corta vida en los quioscos, TROCHA fue testigo de la celebración de elecciones democráticas, la aprobación de la Ley de Amnistía, la firma de los Pactos de la Moncloa y los primeros brotes de desencanto que contribuyeron a que el periodo de la Transición llegara a su fin en términos políticos.
A pesar de su temprana desaparición, tras la publicación de tan solo siete números entre mayo de 1977 y marzo de 1978, con una tirada inicial de 8.000 ejemplares, la revista retrató fielmente una época de cambios políticos e institucionales trascendentales, marcada por el clima de agitación social y recesión económica que condujeron a una rápida sucesión de huelgas generales, movilizaciones masivas y violencia terrorista.
Cada nueva entrega podía leerse como una declaración de intenciones, no sólo desde el ámbito del cómic español sino de la cultural en general.
Naturalmente, no estaban solos. Tras la muerte del dictador general en noviembre de 1975, algunos de sus miembros fundadores colaboraron en la revista mensual de izquierdas El Viejo Topo; otros en Zona Abierta, «un nido de militantes del PCE y elementos subversivos y radicales de todos los pelajes» en definición de los miembros de Falange; y la mayoría de ellos contribuyeron a la publicación de ¡Butifarra! (1975-1979), concebida inicialmente como «un modesto panfleto vecinal de combate» de las asociaciones de vecinos de Barcelona.
Llegaron a los quioscos en un momento en el que la sátira política había resurgido de la mano de El Papus y El Jueves, y revistas a todo color y papel satinado, como Blue Jeans y Tótem, publicaban el material de Hugo Pratt y Moebius por primera vez en España, al mismo tiempo que la permisividad de la censura permitía que aflorara el erotismo de Crepax y Manara.
Pero al carecer del músculo de producción y distribución de las grandes editoriales, su irrupción en un panorama tan competitivo exigía un posicionamiento estratégico «porque el lector español ha sido engañado durante cuarenta años por los mercaderes del papel impreso. Porque la censura le ha impedido utilizar su inteligencia y su juicio crítico para elegir. Porque la comodidad y el miedo han hecho que la prudencia de los profesionales creciera hasta taparles la boca.».
Sin descuidar su compromiso con la actualidad del país, sus responsables no se limitaron simplemente a retratar el “aquí y el ahora”, conscientes de la relevancia que acabaría teniendo la autogestión en el posterior devenir de la industria del comic independiente.
Recordemos que la salida del primer número prácticamente coincide en el tiempo con la determinación de los trabajadores de la fábrica de electrodomésticos Numax de Barcelona de evitar el cierre irregular de la empresa por parte de los propietarios y asumiendo ellos mismos la gestión de la empresa bajo un régimen cooperativo y asambleario.
Y lo hicieron, por ejemplo, apelando a la memoria histórica antifascista mediante baños de realidad inmediata. Unas páginas más adelante, el grupo El Cubri (formado por Felipe Hernández Cava, Saturio Alonso Millán y Pedro Arjona González, quienes para entonces ya habían publicado su trabajo en numerosas revistas de izquierda radical de la época como Zona Abierta, El Viejo Topo y Teoría y Práctica), aludía a la lluvia de panfletos que la aviación franquista arrojó sobre la población madrileña el 25 de agosto de 1936. El ultimátum que exigía la rendición incondicional brotaba del fuselaje de los Junker JU-52 que planearon ominosamente sobre una población aferrada a la consigna del "No pasarán" de Dolores Ibárruri, pronunciada el 18 de julio de 1936.

Por su parte, la perspectiva feminista de autoras como Montse Clavé, Marika (Mari Carmen Vila), Armonía Rodríguez y Mariel Soria dirigió sus dardos hacia el seno de la propia izquierda, señalando las contradicciones del marido que pontifica sobre la explotación laboral y clama por la solidaridad obrera, mientras se muestra indiferente a los derechos de su propia esposa: «¿No crees que hablando de insolidaridad podrías solidarizarte conmigo, y hablando de liberación podrías al menos "liberarme" de parte de mi jornada?», le recrimina ella, visibilizando así la doble problemática de la mujer trabajadora.
Las tres conocían perfectamente las exigencias comerciales del medio y habían militado políticamente desde la clandestinidad. Clavé había trabajado para Bruguera en cómics románticos para adolescentes, como Sissi y Celia, entre 1960 y 1965, y Marika había sido miembro habitual del equipo de Selecciones Ilustradas desde principios de los años setenta.
De ahí su búsqueda de una ruptura con los estándares estéticos de los personajes femeninos, sus patrones narrativos, convenciones y temas, para reclamar nuevos espacios de representación en el que la mujer fuera tratada como sujeto político y no como un objeto comercial, erótico y simbólico.
Sus historietas actuaron como vehículos para denunciar el machismo cotidiano y las instituciones en las que estaba arraigado, desde el matrimonio hasta la política progresista, pasando por la crítica de vanguardia.
En Jenny de Westfalia: Homenaje a tantas otras..., Clavé tomó como ejemplo a la esposa de Karl Marx para narrar el «verdadero drama de una heroína de la vida cotidiana».
«Ya no vale decir "mis guiones y dibujos no son políticos" ni "yo hago arte y no política", porque el que se autodefine como apolítico, con esta misma palabra, se está definiendo políticamente».
A partir del verano de 1977, el colectivo se vio obligado a cambiar la cabecera de la revista, de TROCHA a TROYA, debido al registro previo de ese nombre para una asociación adscrita a la Sección Femenina. «Al igual que el mítico caballo, aspiramos a sorprender constantemente, desde dentro, interesando a los lectores en todas y cada una de las etapas de esta guerra», asumiendo la responsabilidad de movilizarlos en pos de la democracia, aún a riesgo de ponerlos en el punto de mira de los sectores más reaccionarios.
«Nos han puesto una bomba» abría el editorial del número 5, en septiembre de 1977, en el que condenaban la «brutalidad y cobardía» del atentado terrorista de extrema derecha contra la redacción de El Papus.
«Intentamos poner los medios de comunicación -y muy concretamente la historieta- al servicio de la razón y de la verdad, lo que equivale a decir en contra del fascismo».
Si bien es cierto que el ímpetu y la urgencia iniciales a la hora de comprometerse críticamente con el medio y de defender los derechos de la profesión (así como algunos de sus materiales de mayor carga ideológica) rozaron el panfleto, la andadura de TROCHA/TROYA sentaría las bases para Cul-de-Sac (1982) y Rambla (1982-1985), como puntas de lanza del comic independiente.
Bandera Negra rediscute el anarquismo desde una perspectiva contemporánea y científica. El objetivo de este libro es pues presentar un texto que introduzca la discusión de estas cuestiones fundamentales del anarquismo, que pueda funcionar como una guía contemporánea de lectura y ofrecer claves de comprensión sobre el tema. No se trata de una síntesis de anteriores trabajos; no es un libro que presente más de lo mismo. Busca generar un balance crítico de las producciones anteriores identificando sus límites, y proponer un abordaje teórico-metodológico que pueda solucionarlos, para finalmente plantear una discusión teórica sobre el anarquismo que haga avanzar las investigaciones sobre el tema.
Formato: Cartoné. Piratas, mapas del tesoro, monstruos y civilizaciones perdidas se dan la mano en este cóctel de aventuras que Yermo Ediciones presenta en formato integral.
El género de los piratas y de aventuras navales en general siempre ha tenido una presencia considerable en el mundo de la BD con obras notables como Barba Roja (de Jean-Michel Charlier) o Bruce J. Hawker (de Vance), pero no cabe duda que el éxito internacional de la franquicia cinematográfica de Los Piratas del Caribe (Gore Verbinski, 2003) propició la aparición de múltiples proyectos relacionados con el tema añadiendo además el elemento fantástico a la fórmula.
La obra aquí reseñada, Bandera Negra, debe mucho a la mencionada franquicia ya que muestra un mundo de piratas muy similar al de la película, alejado de una representación realista y en el que priman la aventura y la búsqueda de misteriosos tesoros por encima del saqueo, donde los elementos sobrenaturales se mezclan sin problemas con las batallas navales y en el que la tripulación pirata está formada por los elementos más variopintos incluidas mujeres de armas tomar y libertos de fuerza sobrehumana.

Dark Dan es un capitán pirata que está en posesión de un misterioso mapa que cree que conduce a un gran tesoro pero para descifrar su contenido necesitará la ayuda de Mahalia, su antigua amante, quien deberá llevar el mapa hasta su abuelo hechicero para que les indique el camino al tesoro.
Nos encontramos ante un relato de aventuras de piratas que contiene todos los ingredientes para construir una entretenida lectura en la que no falta ningún elemento que se pueda esperar de una obra de este tipo: un pirata aguerrido con la voluntad para viajar hasta el confín del mundo para encontrar un tesoro, una tripulación que aporta el contraste necesario a su adusto capitán, parajes exóticos, islas desiertas, batallas navales, abordajes e incluso unas cuantas criaturas monstruosos para dar un toque fantástico.
La propia estructura de la historia ya induce algunos problemas al ir mostrando, a golpe de flashback al principio de cada álbum, situaciones que alteran la trama e incluso la naturaleza de los personajes. Así, por ejemplo, en el primer álbum se nos presenta a un Dark Dan que no tiene reparos en torturar a su amante e hija de su mejor amigo para que le revele el paradero del tesoro, pero en el tercer álbum descubrimos que lo que le llevó a convertirse en pirata es precisamente la muerte de ese mejor amigo de cuyo asesinato fue falsamente acusado y que su objetivo es intentar limpiar su honor de dicha falsa acusación. Resulta cuando menos paradójico que para salvar su honor por el asesinato de su amigo torture a la hija de éste.
El dibujo de Bingono, aunque algo tosco en el último álbum, resulta eficaz y está lleno de energía y dinamismo, realzando las escenas de acción y las luchas. Destaca todo el pasaje en la isla del tesoro, con su ambientación misteriosa y sus criaturas monstruosas.
Libro de historietas encuadernado en cartoné de 144 páginas interiores en color más cubiertas que contiene la traducción de los libros originales Pavillion Noir 1. D'écume et de sang, 2. Par-delà les océans y 3. Dans les entrailles du temps publicados por Soleil entre 2011 y 2013 para el mercado francobelga. Volumen único.
El capitán pirata Dark Dan debe encontrar un tesoro para lograr salvar la vida. Desafortunadamente, la única pista que tiene es un plano escrito en un idioma incomprensible y que solo puede descifrar un viejo ermitaño que, además, es el padre del hombre al que Dan mató y el abuelo de la amante mestiza del pirata. A bordo de su barco, el Black Joke, Dark Dan y su tripulación inician un viaje hacia un destino desconocido.
La época dorada de la piratería es otro de esos temas en los que frecuentemente se sumerge el mundo de la bande dessinée. Pero Bandera negra no es una serie de piratas al uso, ya que aparte de transportarnos hasta la época en la que los piratas dominaban los mares introduce elementos de temática fantástica al más puro estilo de H. P. Lovecraft y Robert E. Howard.
En 1948, su padre (trabajador ferroviario) es destinado a Santa Cruz de Mudela, siguiéndole toda la familia. Allí Luis estudia primaria en los Hermanos de la Salle y descubre la pasión por el dibujo. Siguiendo los consejos de uno de sus profesores, se trasladan en 1956 a Vendrell y posteriormente a Barcelona para que joven Luis pueda desarrollar su vocación. A finales de los 60, comparte estudio con Carlos Giménez, Esteban Maroto, Suso Peña y Adolfo Usero, formando el denominado Grupo de la Floresta que realiza algunas historietas de forma colectiva, como 5 por Infinito o Aventuras en la selva. En 1973 conoce a la modelo Silke Hummel en una fiesta que daba Salvador Dalí en el Hotel Ritz de Barcelona y marcha con ella a París, donde Goscinny lo contrata para realizar una serie para la revista Pilote. Alquila entonces un pequeño chalet en Premiá de Mar con Giménez y Usero, formando el grupo Premiá 3. En 1975 empieza a trabajar con el guionista Felipe Hernández Cava, produciendo la autobiográfica Chicharras (1975). Con guion propio, inicia Nova-2. Fue uno de los fundadores, editor y director de la revista Rambla. Tras su cierre, se ha dedicado fundamentalmente a la pintura.