Brillantes, talentosas, valientes, adelantadas a su tiempo… Y con frecuencia, injustamente olvidadas. Las Sinsombrero, término como se conoce a las mujeres de la Generación del 27, han sido objeto de reivindicación en los últimos años desde el cine, la literatura y, ahora, desde el cómic.
Son ellas las inspiradoras de Vanguardia es una mujer, la novela gráfica de la artista madrileña Clara de Frutos que conquistó la Beca ‘El Arte de Volar’, lanzada por la Fundación El arte de volar, Norma Editorial y Edelvives, en su primera edición, y que finalmente ve la luz bajo los auspicios de NORMA Editorial.
A partir de las Memorias habladas, memorias armadas de una de ellas, Concha Méndez, De Frutos se adentra en la vida de ese grupo de mujeres que han pasado décadas eclipsadas por sus compañeros varones, pero cuyo pensamiento y obra literaria y plástica ha trascendido y gana más relieve cada día.
Nombres como el de la propia Concha Méndez, Maruja Mallo, Carmen Conde, Consuelo Berges, Ernestina de Champourcín, María Teresa León, Margarita Manso, María Zambrano, Rosa Chacel, Delhy Tejero o Josefina de la Torre, entre otras, gozan hoy, por fin, de la consideración de clásicas imprescindibles que merecen.
El proyecto de De Frutos partió precisamente de esa pregunta recurrente: ¿No habría mujeres en la generación del 27? “Di con un artículo sobre ellas y pude notar perfectamente la emoción inundándome según leía”, recuerda en las notas finales del volumen. “Sus historias me fascinaban, me parecían divertidas a la vez que dramáticas, emocionantes y, sobre todo, muy inspiradoras. Tenía clarísimo que mi próximo proyecto iría sobre ellas”.
Pero antes de tomar los lápices y las acuarelas hubo de afrontar años y años de documentación, en los que “acumulé historias increíbles e ideas que darían para muchísimos tomos. Yo trabajaba, y no fue hasta que llegó la pandemia que me pude centrar en el guion y ponerme a dibujar stories. Ganar la beca significó ese empujón final para poder convertir el proyecto en realidad”, añade la artista.

En ese proceso resultó decisivo el documental Las Sinsombrero de la experta en la materia Tània Balló Colell, que firma el prólogo de Vanguardia es una mujer. En sus palabras, De Frutos “consigue trazar una narrativa donde los personajes van sumándose a una historia que al principio empieza como un relato individual pero que poco a poco se va haciendo coral, permitiendo conocer a gran parte de las artistas pertenecientes a esta generación.
Federico García Lorca, Jorge Guillén, Vicente Aleixandre, Rafael Alberti… todos recordamos a los intelectuales que formaron la Generación del 27. Pero junto a ellos hubo una generación de mujeres artistas e intelectuales que crearon y triunfaron en una época en la que la sociedad no se lo permitía. Y que convirtieron en todo un símbolo el hecho de quitarse el sombrero.
Eran mujeres como la pintora Maruja Mallo, las poetas Ernestina de Champourcin y Josefina de la Torre, la bailarina Tórtola Valencia y la escultora e ilustradora Marga Gil. Tras la Guerra Civil la historia las olvidó casi por completo, hasta que estos últimos años otras mujeres están rescatando su memoria, como las autoras del cómic Ellas iban sin sombrero (Ponent Mon); cinco historias escritas por Carolina Corvillo e ilustradas por Jen Del Pozo, Noelia F., Irene Gala, Irina Hirondelle y Mercedes Palacios.
El Origen del "Sinsombrerismo"
Hemos hablado con la guionista, a la que empezamos preguntando ¿qué fue el 'sinsombrerismo'? y ¿qué importancia tuvo en su momento? “El sinsombrerismo no era un movimiento ideológico ni exigía militancia alguna. Podría decirse incluso que era de todo menos “ismo”. Acuñado por Ramón Gómez de la Serna en la década de los veinte, se trataba de una actitud vital, desenfadada, vanguardista y surrealista que tenía que ver con romper las reglas sociales, intelectuales y estéticas más académicas y conservadoras.
Quitarse el sombrero se convirtió así en signo de rebeldía y desafío, ya que las buenas costumbres y la decencia exigían que los transeúntes llevaran sombrero. En palabras del literato: «El fenómeno del sinsombrerismo es más amplio y significativo de lo que parece. Es final de una época, como lo fue el lanzar por la borda las pelucas. Quiere decir presteza en comprender y en decidirse, afinidad con los horizontes que se atalayan, ansia de nuevas leyes y nuevos permisos, entrada en la nueva cinemática de la vida, no dejar nunca en el perchero la cabeza, no apagar luces del aceptar, ir con rumbo bravo por los caminos de la vida, desenmascararse, ser un poco surrealistas (…)»”.
“Apelaba a todo aquel que se atreviera a ejercer el libre pensamiento a través de la expresión artística y tuvo mucho significado en una época en la que una cuestión tan básica como es la libertad de prensa no existía -añade Carolina-. Casi cien años más tarde, la directora, guionista y escritora Tània Balló Colell recogió este término para definir a un grupo de mujeres artistas e intelectuales que en la época de la generación del 27, con esta actitud vital definida por Ramón Gómez de la Serna, dejaron en el mundo obra que merece la pena ser disfrutada y recordada”.

Las Sinsombrero: Un gesto de rebeldía
Pero… ¿Cómo nació el 'sinsombrerismo'? “El nombre de “las Sinsombrero” para referirse a estas mujeres viene de una anécdota que cuenta la pintora Maruja Mallo en varias entrevistas -explica Carolina-. Cuenta que estaban Federico, Dalí, Margarita Manso y ella dando una vuelta por la plaza del Sol cuando decidieron quitarse los sombreros en un acto de gamberrismo vanguardista. Según ella, la gente empezó a tirarles piedras por la osada afrenta, incluso les llamaron maricones, a lo que Dalí contestó que sí, que maricones a mucha honra”.
En cuanto a su relación con la Generación del 27, Carolina asegura: “No todas las Sinsombrero tuvieron relación con miembros de la generación del 27, pero desde luego que la Residencia, el Lyceum Club Femenino y las diferentes revistas en las que algunas de ellas publicaron fueron un punto de encuentro crucial”.
“Hay quienes critican el hecho de que cuando se habla de estas mujeres se hable de ellas como “novia de”, “esposa de”, “sobrina de”… Entiendo que a lo que apuntan es a la importancia de su obra y comparto ese interés, pero a mí me parece que analizar su contexto interpersonal da muchas pistas acerca de una parte importante de lo que las conformó como artistas. No creo que el hecho de mencionar que hubo hombres que amaron, que las influenciaron o que fueron influenciados por ellas equivalga a restarle valor a su obra”.
“Maruja Mallo -añade Carolina-. tuvo una relación con Alberti durante cinco años, relación en la que hubo un intercambio intelectual clarísimo cuando se analizan las obras que los dos gestaron en esa época. Luego Alberti se casaría con la escritora María Teresa León. Maruja Mallo y Concha Méndez salían de vez en cuando con los chicos de la residencia entre los que se encontraban Lorca, Dalí, Buñuel... Josefina de la Torre elaboró un poema tristísimo llamado Mis amigos de entonces en el que menciona a todos sus antiguos compañeros de letras, entre los que se encuentran muy probablemente (ya que en el poema menciona nombres y no apellidos) Lorca, Alberti y Pedro Salinas, entre otros. Ernestina de Champourcin, casada con el poeta Juan Domenchina, fue una de las únicas mujeres que defendieron la actuación rompedora y controvertida de Alberti en el Lyceum Femenino. Tanto Ernestina de Champurcin como Josefina de la Torre fueron las dos únicas mujeres recogidas en la famosa antología poética de Gerardo Diego. Y esto es solo mencionar algunos ejemplos que me vienen a la cabeza”.
“Lo que los artistas expresaban se creó en un caldo de cultivo social y ser conscientes de ello nos da una idea más clara de quiénes fueron y de por qué y cómo hicieron lo que hicieron. Y esto es lo que quise reflejar cuando escribí el guion del cómic Ellas iban sin sombrero. Me interesa mucho la relación de la obra con la biografía. No quería hacer biografías al uso o catálogos de las obras de ellas. He intentado, a través de la chispa que solo puede dar la ficción, destilar la esencia de lo que me transmitió cada una de ellas con su obra y sus hechos” -concluye Carolina-.
Las Sinsombrero | Imprescindibles
Las Cinco Elegidas en "Ellas Iban Sin Sombrero"
Preguntamos a Carolina cuáles de estas Sinsombrero han elegido y por qué: “El elenco es amplio y de una calidad tremenda, pero preferimos centrarnos solo en cinco para empezar y, de esa manera, profundizar un poco más en cada una. Las elegí de manera bastante intuitiva, por la afinidad que sentía con su obra y también procurando que cada una de ellas representara una disciplina diferente.
Maruja Mallo era “marúnicamente” inevitable, por su impresionante obra y su personalidad arrolladora. Fue la primera de ellas a la que conocí gracias a la representación de la actriz Ana Moreno Pérez en una visita guiada por la Residencia de Estudiantes. Ana, encarnando a la mismísima Maruja, sembró en mí la curiosidad por estas artistas”.
“A Marga Gil la incluí porque me enamoré de sus ilustraciones y esculturas -añade-. Era una muchacha-genio. A Tórtola Valencia, que no pertenece a la nómina oficial, la agregué por el amor que siento por la danza. Me gustaba mucho la idea de tener una representante de las artes escénicas en este homenaje-mosaico y me permití ser un poco sinsombrerista”.
“A Ernestina de Champourcin, poeta y traductora, la escogí porque me encanta su poesía y por su novela La casa de enfrente, que me cautivó -continúa Carolina-. A Josefina de la Torre, poeta, cantante y actriz la elegí por su versatilidad y el eco vibrante y fresco de canción pop de sus poemas”.
Preguntamos a Carolina hasta qué punto cree que la historia las ha olvidado: “En cuanto a si las hemos olvidado, diría que no. Pienso que, efectivamente, no se las recuerda como merecerían. El exilio en tiempos de guerra y la dictadura fueron una grave losa para muchos artistas e intelectuales, pero ahora las estamos recuperando: Carmen Conde, María Teresa León, Ángeles Santos, Concha Méndez, Rosa Chacel… Hay muchos nombres que rescatar, también masculinos, como Álvaro Retama, Juan Domenchina, José Bergamín y Antonio de Hoyos y Vinent, por ejemplo.”
“Tal vez el hecho de que las Sinsombrero no salgan en los libros de texto obligatorios nos ha dado la oportunidad de descubrirlas con otra perspectiva. El mundo ofrece ahora mil ventanas para despertar genuina curiosidad y dar a conocer a estos talentos en forma de experiencias literarias, visuales y audiovisuales. Hay cultura más allá de las aulas, y quien diga la contrario no es sinsombrerista”.
Maruja Mallo, una pintora pionera
El cómic empieza con la historia de la pintora Maruja Mallo. “Maruja es mucha Maruja -asegura Carolina-. Fue una de las pocas mujeres admitidas en la escuela de Bellas Artes de San Fernando, donde conoció a Dalí, que, según ella misma, se entusiasmó tanto con sus conversaciones que enseguida le presentó a sus amigos de la “resi”. Era una apasionada del arte y las ciencias, libre pensadora por definición, y su obra, al igual que ella, siempre estuvo en proceso constante de crecimiento y mutación. Al estallar la guerra se exilió en Argentina y las Américas tiñeron sus creaciones. Volvió a España en su vejez”.

“Su vida social fue intensa -continúa Carolina-. Tuvo relación con Neruda, con el grupo de surrealistas de París (Bretón compró su cuadro El espantapájaros), con la Escuela de Vallecas, movimiento pictórico fundado por Benjamín Palencia, así como con multitud de miembros y no miembros en torno a la generación del 27. Ortega y Gasset, fascinado por el latido de lo popular en consonancia con lo vanguardista en su serie de las verbenas, acogió su primera exposición individual en la sede de la revista Occidente en 1928. Maruja, sensibilidad enérgica y dinámica, parecía nutrirse de una intensa vida social, pero también tenía momentos de soledad y retraimiento gobernados por la gestación creativa”.
Antes de hablar del dibujo de Mercedes Palacios, preguntamos a Carolina cómo han asignado cada personaje a las dibujantes: “Ya conocía a Irina Hirondelle y a Irene Gala y me alegró mucho que se unieran al barco en cuanto les propuse el proyecto. Por otro lado, era admiradora del trabajo de Mercedes Palacios y Jen Del Pozo, así que tuve el atrevimiento de contactarlas por Instagram. A Noelia F, que fue todo un descubrimiento para mí, la conocí a través de un foro de dibujantes en el que puse un anuncio. El proceso de asignación fue muy natural, cada una terminó eligiendo a la artista con la que sentía más cómoda. Creo que esa afinidad se nota al leer el cómic”.
“En cuanto al dibujo de Mercedes Palacios -nos cuenta Carolina-, me parece increíble cómo en un número tan limitado de páginas ha conseguido plasmar la evolución de la obra de Maruja, marcada por grandes contrastes, de una forma tan fluida. Su interpretación de los distintos personajes que aparecieron en la vida de Maruja y de la misma Maruja es exquisita porque guardan un parecido mágico con sus referentes reales, pero no pierden en ningún momento el toque que solo el arte de Mercedes puede darles. Este dibujo transporta y eleva, te hace respirar aromas de antaño”.
Marga Gil, una escultora e ilustradora que… ¿Inspiró El Principito?
Marga Gil fue una niña prodigio, algo inusual para su época, como nos cuenta Carolina: “Marga Gil fue una talentosa escultora e ilustradora que mostró su potencial desde niña. En 1920, con tan solo doce años, publicó El niño de oro, cuento infantil escrito por su hermana Consuelo e ilustrado por ella. Ya se nota una madurez excepcional en este trabajo y un mundo interior muy rico sembrado de luces y tinieblas. Luego se pasó a la escultura y tampoco le costó trabajo dominarla”.
“Cuando me documenté sobre ella -añade Carolina- no encontré ninguna prueba contundente de que Marga hubiera conocido en persona a Saint-Exupéry, si bien se dice que él se inspiró en sus dibujos para sus ilustraciones de El Principito. En cuanto a Juan Ramón Jiménez, la historia cobra un matiz trágico. Marga tenía muy buena relación con el literato y su mujer, Zenobia Camprubí (traductora de Tagore) y, desafortunadamente, no consiguió gestionar su amor no correspondido por el escritor de Platero y yo, lo que la llevó al suicidio a la edad de 24 años. El suicidio es un tema muy delicado por la conjunción complejísima de causas (algunas imposibles de dilucidar) y por la incomprensión misma de un hecho que resulta antinatural. Fue un reto plasmar esta historia en un número tan limitado de páginas y fue de gran ayuda el diario que Marga escribió unas semanas antes de irse de este mundo, así como Amarga Luz, el libro que su sobrina, la maravillosa poeta y fotógrafa Marga Clark, escribiría muchos años después”.
“En cuanto a dónde habría llegado si no hubiera muerto de forma tan prematura, no lo sé, aunque estoy bastante segura de que nunca habría dejado de crear maravillas. Es una pena pensar en toda la obra de ella que nunca abandonará el mundo inmaterial de las ideas” -asegura Carolina-.
Preguntamos a Carolina qué destaca de los dibujos de Jen del Pozo: “El cromatismo, el universo onírico tan sobrecogedor que genera, el poder que tiene para ir a la esencia alterando la superficie, que es, además, lo que intentaba hacer Marga a través de sus creaciones, “trabajar desde dentro hacia afuera”. Jen buscó reflejarla a través de su propio prisma, con su propio estilo y con un respeto inmenso a la hora de “volver a crear” lo que Marga creó, sin perder en el camino su propia voz. La Marga representada por Jen parece sacada de un tiempo futuro y así se marca esa ruptura progresiva con su entorno, rasgo que también caracteriza a los personajes que ella creaba”.

Carmen Tórtola Valencia, una bailarina y coreógrafa que triunfó en toda Europa
Sobre la bailarina y coreógrafa Carmen Tórtola Valencia, Carolina nos comenta: “Nació en España y se crió en Londres, donde siendo adolescente debutaría con danzas españolas que aprendió de forma intuitiva y que iría desarrollando, estilizando y fusionando con danzas de todas las partes del mundo. Fue una artista de talla internacional, musa de poetas e intelectuales, muy consciente de que una actuación era mucho más que la ejecución de una serie de pasos de baile. Para ella eran muy importante todos los detalles: el vestuario, la selección de la música, cómo aparecer ante el público, la tensión dramática, la danza, los silencios, el sentimiento impreso en cada movimiento, la improvisación.
Posiblemente influenciada por Isadora Duncan y Loie Fuller (por citar los referentes más conocidos), pero con un estilo personal único, Tórtola abrazó la performance sobre el escenario y como modo de vida. En “La última actuación de Tórtola” abordamos este concepto a través de su arte y su relación con Ángeles Magret-Vilá, el amor de su vida”.
Destacar los dibujos de Irina Hirondelle. “Irina tiene un mundo estético único -afirma Carolina-. Destacaría la bellísima fantasía con la que refleja las ensoñaciones de Tórtola, la particular anatomía de los personajes, el cuidado con el que todos los detalles están reflejados y distribuidos, haciendo que la narrativa fluya y envuelva, transportándonos en unas pocas páginas al estallido de danzas y de mezcla de culturas que fue Tórtola sobre las tablas. Fue además todo un reto porque, aunque hay una cantidad ingente de fotografías de ella con su vestuario de escenario, de Tórtola...

Ernestina de Champourcín y Josefina de la Torre: Poesía y Versatilidad
La vitoriana Ernestina Champourcin fue una poeta que formó parte de la generación del 27 y su capítulo está ilustrado por Irene Gala. Ernestina de Champourcín, casada con el poeta Juan Domenchina, fue una de las únicas mujeres que defendieron la actuación rompedora y controvertida de Alberti en el Lyceum Femenino. Tanto Ernestina de Champurcin como Josefina de la Torre fueron las dos únicas mujeres recogidas en la famosa antología poética de Gerardo Diego.
Josefina de la Torre, poeta, cantante y actriz, fue elegida por su versatilidad y el eco vibrante y fresco de canción pop de sus poemas. Los dibujos de Noelia F. capturan la esencia de estas artistas.
“Yo alcancé a vivir siglos andando algunas horas”, escribió la poeta Concha Méndez, mientras paseaba de noche las calles de Madrid. Ella, como tantas otras compañeras, perteneció a la Generación del 27 y, sin embargo, poco se mencionan sus nombres en los libros de historia. Clara De Frutos, en un intento para hacerles justicia, publica Vanguardia es una mujer (Norma Editorial), un cómic cuyas acuarelas atestiguan el arte de las Sinsombrero.
Concha Méndez rehusó escribir unas memorias, consideraba que era una cosa aburrida y anticuada. Vanguardia es una mujer fue la obra ganadora de la beca ‘El Arte de Volar’, cuya fundación pretende impulsar a artistas noveles. “Volar es fácil, pero aprender a volar no tanto. La fundación busca impulsar ese primer vuelo”, sonríe Julio Gracia, su director. Con un mimado formato de “precio popular” -asegura Luis Martínez, director editorial de Norma-, este cómic aspira a ser un mejor testigo de la historia.
En 1983, Concha Méndez, sentada en una butaca de mimbre, accede a explicarle a su nieta sus aventuras. La nieta grabó 18 horas de anécdotas de toda una vida para, años después, plasmarse en Memorias habladas, memorias armadas. “Palomita, vamos a hacerlo, pero con una condición… -comienza Concha desde el sillón- Que traigas un par de vasos y esa botellita de jerez”. Así inicia Clara de Frutos esta biografía gráfica contada a través de acuarelas y bocetos. “Me resonó mucho su poesía. Tenía voluntad de poder hacer ella misma aquello a lo que aspiraba”, confiesa De Frutos sobre la importancia de Concha Méndez para la generación del 27.
En su infancia era una niña muy juguetona y curiosa. “La voz narradora es la propia Concha Méndez a sus 80 años recordando como fue todo aquello”, indica De Frutos con ilusión en la mirada. A diferencia de otras biografías, esta no pretende endiosarlas. Paloma Ulacia, la nieta de Concha Méndez, le dio voz a su abuela, ahora le toca a De Frutos ponerles cara mediante su trazo libre y perspicaz de quien cree en un proyecto.
“Eso me parece una cosa muy seria y aburrida”, dice Concha en la biografía. Ella considera que solo aquellos con bigote pueden tener unas memorias, pero accedió a trasladar esa herencia para recordar. «Sus historias me fascinaban, me parecían divertidas a la vez que dramáticas, emocionantes y, sobre todo, muy inspiradoras. Tenía clarísimo que mi próximo proyecto iría sobre ellas», detalla De Frutos en Vanguardia es una mujer.“Ella en el exilio perdió su identidad de grupo cultural”, se entristece De Frutos. Narra que, antes de morir, Concha quemó algunas de sus obras y poesías inéditas. Vanguardia es una mujer supone la reconstrucción de una vida (no de decenas de ellas) y su pequeña gran revolución. “A mí me gusta mezclar todas las influencias e intereses que tengo cuando dibujo, así que a lo mejor este libro no recuerda tanto a los típicos estilos que se encuentran en el comic”, asegura De Frutos. De hecho, cuenta que debe su influencia a sus estudios de ilustración infantil. “El niño tiene que poder coger el libro y contarse el cuento solo, aunque no sepa leer”, concluye. Eso explica el detallismo de las escenas, del vestuario y sus personajes, de las expresiones y las emociones cómplices. Su dibujo narra una historia que no necesita palabras, las acuarelas de unas autoras qué revolucionaron el arte y la historia no les hizo ni caso.
Clara De Frutos, con una entrañable caricia, ha recordado la poesía de Concha Méndez, el surrealismo de Maruja Mallo, la lírica de Carmen Conde o del periodismo de Consuelo Berges. De todas aquellas autoras y artistas que decidieron quitarse el sombrero frente a los retrógrados de una época.

“Es muy inspirador. El cómic cuenta la historia de una generación extraordinaria de mujeres transgresoras a través de la mirada de la poeta Concha Méndez. “Fue una de las que más estuvo metida en esos círculos sociales. Quiere viajar, conocer el mundo. Conecté muchísimo con su poesía, noté esa conexión personal. A Concha siempre le marcó el día en el que un amigo de su padre les preguntó a ella y a sus hermanos qué querían ser de mayores. Ella respondió “Capitán de barco. Y recorrer el mundo” y él le contestó: “¡Tú te callas!, las niñas no son nada”. “Fue un momento histórico muy importante. Muy efervescente en general, pero no quería dar esa perspectiva histórica sino escribirlo desde esa complicidad nieta-abuela de la que nace, para poder dar el punto de vista más humano posible. “Poco a poco todo va cambiando, pero falta mucho por hacer. Hace dos años a nadie le importaba el fútbol femenino y ahora de repente sí, por ejemplo. Para Clara la vida de las ‘Sinsombrero’ puede servir de catalizador: “En un contexto en el que apenas tenían referentes, ellas decidieron abrirse paso.
Este cómic recoge las vidas de cinco mujeres creadoras, ilustrado por cinco autoras diferentes, todas ellas mujeres. Este grupo de mujeres artistas, todas nacidas entre 1898 y 1914, se popularizó como Las Sinsombrero. Algunas de ellas, junto con Federico García Lorca y Salvador Dalí, protagonizaron la acción de quitarse el sombrero en la Puerta del Sol de Madrid. El guion es de Carolina Corvillo y cada capítulo nos cuenta la historia de una de las protagonistas. La primera, Maruja Mallo, fue una pintora surrealista y las páginas representadas por Mercedes Palacios tienen un guiño a esta corriente. De la mano de Jen Del Pozo, tenemos la oportunidad de conocer la vida onírica de la escultora, ilustradora y poeta Marga Gil. La tercera historia, dibujada por Irina Hirondelle, recoge los recuerdos de la bailarina Tórtola Valencia. Su conocimiento y pasión por las danzas orientales hizo que tuviera un estilo propio.
| Artista | Disciplina | Ilustradora |
|---|---|---|
| Maruja Mallo | Pintura | Mercedes Palacios |
| Marga Gil | Escultura, Ilustración, Poesía | Jen Del Pozo |
| Carmen Tórtola Valencia | Danza, Coreografía | Irina Hirondelle |
| Ernestina de Champourcín | Poesía, Traducción | Irene Gala |
| Josefina de la Torre | Poesía, Canto, Actuación | Noelia F. |
El cómic Ellas iban sin sombrero narra cinco historias inspiradas en estas creadoras españolas valientes y sinsombreristas que con su obra y actitud vital desafiaron en la primera mitad del siglo XX los prejuicios contra las mujeres artistas, construyendo puentes hacia una sociedad más libre e igualitaria.

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