La lluvia caía sin cesar sobre la montaña Pau, un lugar común en esa época del año. En una casa enclavada en la ladera, residía una familia de guerreros conocidos por muchos. En ese momento, uno de los guerreros más hábiles se encontraba frente a una hermosa rubia, quien, envuelta en una manta, contemplaba el suelo.
En el silencio incómodo de la pequeña sala, Gokú se encontraba con la Androide 18. Tras un largo vuelo, ella estaba exhausta, sin dinero y sin un hogar. Sus habilidades se limitaban a la lucha, y se sentía perdida.
-¿Cómo has estado, número 18? -preguntó Gokú, quien ya intuía su situación.
La mujer lo miró con enojo, mientras el saiyajin lamentaba su reacción.
-Tú ya debes de saberlo, idiota -respondió ella, desviando la mirada.
Gokú se rascó la cabeza, riendo nerviosamente.
-No me mal entiendas, N° 18, pero no sé mucho sobre tu relación con Krilin y... -Gokú se llevó un dedo a la mejilla, intentando recordar el nombre de la nueva novia de su amigo de la infancia.
Al ver la acción de Gokú, la Androide 18 sonrió, deseando que esa mujer nunca hubiera aparecido en su vida.
-Bueno, creo que su nombre no importa por ahora -dijo él, riendo un poco.
Aunque no lo notase a simple vista, la Androide 18 estaba profundamente dolida, un sentimiento que muchas otras personas percibirían.
-Por cierto, ¿deseas comer un poco de sopa caliente? -preguntó Gokú, recordando que aún no había desayunado.
-No, gracias -respondió ella amablemente, justo antes de que su estómago rugiera.
Gokú sonrió; comer acompañado siempre era mejor. Para la Androide 18, sin embargo, era un momento de vergüenza.
-Descuida, haré suficiente para ambos -mencionó el saiyajin de gi naranja, dirigiéndose a la cocina. En ese instante, escuchó un estornudo y se giró para ver a la rubia temblando.
Gokú reaccionó tardíamente, dándose cuenta de lo fría que podía ser la montaña cuando llovía, y que la ropa de 18 estaba mojada.
-Por cierto, N° 18 -dijo el guerrero.
-Sí -respondió ella, mirándolo.
-Deberías de cambiarte de ropa o te puedes enfermar -explicó él, mientras 18 lo miraba confundida. Era cierto que temblaba; no estaba acostumbrada al frío. No sabía qué hacer, ya que no tenía una cápsula con ropa.
-¿Tienes alguna que me puedas prestar? -preguntó ella, apretando la sábana que la cubría-. Por favor -pidió, mirando al suelo.
-Creo que sí tengo una.

Mientras tanto, Bulma y su hijo Trunks habían ido a visitar al viejo maestro Roshi, quien vivía junto a Krilin y su antigua novia. Ella había regresado, pero ahora era mucho más educada y reservada, aunque el Maestro Roshi le recordaba que estaban entre amigos.
-¡PERO QUÉ VULGAR ES MAESTRO ROSHI! -exclamó una Bulma muy enojada, junto al viejo maestro, quien tenía un chichón en la cabeza.
-¡¿Cómo se le ocurre pedirle a esa mujer que se desnude para pelear con Gohan?! -preguntaba exaltada la nueva cabeza de la Corporación Cápsula.
-Sí, maestro. Además, si ella desea pelear, mejor dele un traje de combate -expresó Krilin, recibiendo un golpe en la cabeza de Bulma.
-¡Oye, eso dolió! -exclamó él, molesto y con lágrimas en los ojos.
-No lo ayudes, Krilin -dijo Bulma, molesta, dirigiéndose al peli-azul. Luego, se atrevió a preguntar sobre lo sucedido entre la Androide 18 y él.
-¿Krillin, qué pasó entre 18 y tú? -preguntó Bulma, más calmada, mientras ayudaba al viejo maestro a reincorporarse. Luego, se acercó a su oído.
-Si te atreves a tocar cierta parte de mi cuerpo, Vegeta vendrá y te dará una paliza -expresó con una mirada que lo decía todo, asustando al viejo maestro.
-Jajaja, qué graciosa eres, Bulma. Sabes, me sentaré a lado de mi alumno -dijo el maestro, sentándose junto a Krilin.
Krilin había cambiado; ahora tenía más pelo y musculatura, resultado de su constante entrenamiento. Vestía un nuevo traje de combate naranja con el diseño de la Escuela de la Tortuga en la espalda y el de Kami-sama al frente.
Bulma comenzó a mirar a Krilin con enojo.
-Aún no me has dicho qué pasó entre tú y esa androide, Krilin -preguntaba la dueña de la Corporación Cápsula, cruzada de brazos.
-Muchas cosas, Bulma, muchas cosas -respondió Krilin, suspirando de derrota.
Gohan llegó junto a los adultos, quienes se dieron cuenta de que Gokú no había regresado con ellos. Goten y Trunks jugaban en una de las habitaciones superiores, cuidados por Marron, quien se había convertido en maestra de kínder en los últimos años (de hecho, los tres dormían tras una intensa sesión de baile).
Gohan, tras el torneo de Cell, se había vuelto muy fuerte, logrando acabar con él junto a un Kame Ha de su padre. Él sabía de qué hablaban, y para él, esos temas no siempre eran interesantes, pero se trataba de Krilin y sus sentimientos, y Bulma debía hablarle ahora que Milk ya no estaba.
-Saben, iré a ver a mis queridos amigos Goten y Trunks, así que me voy para arriba.
Pero antes de irse, Bulma le tomó del hombro. El pobre saiyajin sintió una presencia negativa y comenzó a sudar nervioso.
-Descuida, Gohan, ya estás en edad de ver estos temas -dijo Bulma sonriente, mirando al Maestro Roshi y a Krilin-. ¿Verdad, muchachos?
Pero su sonrisa no inspiraba confianza en una mujer de su carácter.
-Así es, Gohan, debes de ver esto. Hablaremos sobre Krilin y sus relaciones -expresó el calvo maestro.
-¿Por qué de mí? -preguntó Krilin sin mucho ánimo.
-Cierto, pero ¿qué pasó entre tú y número 18, Krilin? -preguntó Gohan sin rodeos.
-Bueno, verás, Gohan... -Krilin intentaba evitar ciertos aspectos de su vida personal, pero sabía algo: se enamoró del beso, no de la mujer que se lo dio-. Yo pasé problemas con ella como todas las parejas comunes -dijo Krilin, sin profundizar en el tema.
Bulma y Roshi se imaginaban algo, pero el maestro ya visualizaba a la androide usando un... baby doll.
-¿Problemas en la cama? -esa pregunta sacó a todos de sus pensamientos, pues Gohan la hizo sin rodeo alguno.
-¡Pero qué cosas te ha enseñado tu padre! -exclamó Bulma molesta, imaginándose a Gokú viendo revistas para adultos-. ¡Toda es su culpa, maestro Roshi! Usted ha fomentado en Gokú una manera de superar su dolor, una asquerosa manera de hacerlo -expresó Bulma, abrazando a Gohan por detrás y comenzando a llorar cómicamente.
El maestro estaba indignado por el comentario.
-Yo no le daré nunca mis revistas a nadie -dijo el viejo sen-nin, viendo los ojos de demonio de Bulma-. Por eso las quemaré -expresaba nervioso, ocultándose detrás de su alumno, quien le tenía más miedo a Bulma que a Vegeta.
-De hecho, Bulma, eso lo escuché de tus telenovelas -habló Gohan, mirando inocentemente a Bulma.
La peli-azul palideció, mientras los dos hombres presentes se ponían a su lado y reían.
-Lo lamento, Gohan, no debí hacerlo -decía Bulma, zarandeando al joven que derrotó a Cell.
Gokú estaba en su habitación buscando ropa. Desde la muerte de Milk, su suegro Ox-Satán se había llevado las ropas de su hija para evitarle dolor. Gokú buscaba algo que le quedara a 18, pues él no tenía ropa de mujer. Buscando en algunas cajas, encontró recuerdos de él y Milk.
-Gracias por esos momentos -dijo él, mientras seguía buscando. Justo cuando se iba a dar por vencido, vio en el ropero uno de sus atuendos viejos. Él conservaba los atuendos que usó en sus entrenamientos y batallas (los que no estaban rotos) para recordar cada fase y seguir entrenando.
Gokú lo tomó. Era su atuendo de cuando tenía 18 años, época en la que entrenó con Kami-sama en el Templo Sagrado.
-Parece ser que está de acuerdo a su tamaño -Gokú no era alguien pequeño; gracias al entrenamiento, había crecido y era más alto que Vegeta. Miraba el tamaño del atuendo comparado con el actual, demostrando cuánto había entrenado.
-Qué buenos tiempos -dijo con alegría, recordando sus viajes al pasado, cuando conoció a Mutaito, al abuelo y muchas aventuras más.
-Bueno, espero que a 18 le quede bien -dijo el saiyajin, saliendo del cuarto para ir directamente con la Androide 18.
La rubia seguía sentada, perdida en sus pensamientos. Sabía que él ya no la amaba. Se sentía frágil, deseando que el dolor desapareciera. Lágrimas se formaron mientras se abrazaba a sí misma. Lo que más anhelaba era una familia, un sueño que se había desvanecido, arruinado por ese calvo y esa peli-azul. Lloraba en silencio, sin querer que nadie la escuchara, pues sabía que nadie la entendería.
-¿N° 18, estás bien? -la voz que preguntó sacó a la rubia de sus pensamientos. Gokú miraba cómo lágrimas corrían por sus mejillas.

En ese momento, una escena inesperada se desarrollaba en otro lugar. Krilin descubrió a su esposa, la Androide 18, en la cama con su amante, Marron, su exnovia. El pánico se apoderó de Krilin mientras intentaba explicar la situación, pero 18, sintiendo asco, se retiró con su hija Marron, buscando refugio en Bulma.
Maron le es infiel a krilin-dragon ball Z
Mientras tanto, la Androide 18, desolada por la traición de Krilin, se encontró con Gokú en las montañas. Él, al ver su tristeza, la invitó a relajarse en el río. Durante su tiempo juntos, Gokú admiró la belleza de 18 y ella, a su vez, cuestionó el amor de Krilin. Gokú confesó que nunca amó a Milk, solo se casó con ella por una promesa.
Más tarde, en casa de Gokú, la Androide 18, buscando olvidar sus penas, pidió whisky. Tras unas copas, la frustración y el dolor salieron a flote. Gokú, al verla tan vulnerable, decidió consolarla. Lo que comenzó como un abrazo se transformó en una noche de pasión, donde la atracción mutua los consumió.
En esa habitación, los sonidos de placer se mezclaron con los gemidos de la Androide 18 y Gokú. El encuentro fue intenso y apasionado, explorando cada rincón de su deseo. La conexión entre ellos se profundizó, dejando atrás el dolor y la traición.
Al amanecer, la Androide 18 despertó junto a Gokú, aturdida pero con una nueva sensación. A pesar de la sorpresa, las imágenes de la noche anterior la invadieron, confirmando la intensidad de lo vivido. La pregunta que resonaba en su mente era: ¿Qué vendría después?
La historia continuó con la preparación de la segunda boda de Krilin y 18, impulsada por Marron. A pesar de la incomodidad inicial, la pareja decidió darse una nueva oportunidad. Bulma, como siempre, se encargó de la organización, mientras que la Androide 18 se arrepentía de la magnitud del evento. La presencia de Ren, esposa de 17, añadió un toque de misterio, ya que su pasado seguía siendo un secreto para ella.
Finalmente, 17, tras una conversación con Krilin y la insistencia de Ren, decidió contarle la verdad sobre su pasado como androide y la pérdida de su amigo, revelando la complejidad de sus identidades y la importancia de la familia que habían formado.
