En el mundo del humor, las mujeres a menudo se enfrentan a comentarios como “Para ser mujer eres bastante graciosa”, “Siempre habláis de vuestras cosas” o “Triunfas porque el feminismo está de moda”. A pesar de estos obstáculos, un número creciente de cómicas españolas están demostrando que ser mujer y hacer reír es una profesión totalmente válida y exitosa.
El programa ‘Un país para reírlo’, disponible en RTVE Play, ha ofrecido una plataforma para que ocho mujeres que han hecho del humor su modo de vida compartan sus experiencias. Goyo Jiménez ha conversado con Carolina Iglesias y Victoria Martín de ‘Estirando el chicle’, Eva Hache, Virginia Riezu, Paula Púa, Asaari Bibang, y Soledad Mallol y Elena Martín de ‘Las Virtudes’.

Pioneras y referentes
Eva Hache es una de las primeras mujeres españolas en subirse a un escenario para defender un monólogo cómico. La cómica afirma que, a diferencia de los hombres, no existe una competición entre las mujeres humoristas. Si bien considera importante hablar de feminismo en sus espectáculos, tiene claro que “tenemos que decidir entre hacer activismo y hacer comedia”, buscando siempre que “la finalidad sea la risa”.
Virginia Riezu sorprendió con su humor absurdo en el monólogo ‘Para ser mujer eres bastante graciosa’, donde reivindicaba el talento de la comedia femenina e interactuaba con el público, afirmando que “el escenario le da energía”.
Paula Púa, periodista de formación, encontró en el stand up su verdadera vocación, prefiriéndolo a la televisión. La falta de referentes femeninos en el humor durante su infancia, a pesar de figuras como Eva Hache y Ana Morgade, la hizo dudar de si podría dedicarse a la comedia.
Asaari Bibang se describe como “bruta” para romper con la imagen de “pobrecita” por ser mujer y negra. Aunque no está segura de querer ser un referente, se alegra de que su trabajo sirva de inspiración. Le encanta el humor racial, considerando que “la comedia es la capacidad para meterte con todos”.
La historia del humor femenino
Soledad Mallol y Elena Martín, conocidas como ‘Las Virtudes’, son parte de la historia del humor en España. Se conocieron en su juventud y, tras pasar de la tragedia al humor, formaron un dúo cómico. Recuerdan su paso por el programa feminista y de humor de La 2, ‘Ni a tontas ni a locas’, en 1989. Ambas lamentan que en los últimos años las mujeres cómicas no aparezcan lo suficiente en televisión, observando que “ponen muchísimas cosas de hombre otra vez, eso sí que me duele”.

Nuevas generaciones de cómicas
Anabel Alonso es otra figura destacada en el panorama humorístico español. Conocida por sus papeles en series como ‘Los ladrones van a la oficina’ y ‘7 vidas’, también ha desarrollado una prolífica carrera como presentadora y actriz de doblaje. Su debut profesional fue en el teatro, y ha participado en numerosas películas y series, demostrando su versatilidad.
Elsa Ruiz encontró en la comedia una forma de expresión y empoderamiento. Su primera actuación fue en 2006, y desde entonces ha colaborado en programas de radio y televisión. Para ella, crear monólogos fue crucial para “salir del armario como mujer trans”, sintiéndose aceptada y empoderada a través del humor. A pesar de recibir mensajes de odio, considera que la comedia es “el lubricante natural de la vida” y permite transformar el drama en risa.
Rossy de Palma, musa del cine y la moda, es una artista polifacética que también ha incursionado en el humor. Su comicidad es descrita como natural e instintiva, con personajes que raramente pasan desapercibidos. Para ella, el humor es un arma para “relativizar y dar ligereza al drama”.
Susi Caramelo llegó a Madrid con 28 años y superó una depresión para perseguir su sueño de ser cómica. Tras años de trabajo en diversos empleos y formación en interpretación, grabó su primer monólogo en 2017. Su participación en programas como ‘Las que faltaban’ la catapultó a la fama, convirtiéndose en una estrella y estrenándose en el cine.
Henar Álvarez, cuya vocación siempre fue la escritura, encontró en el humor una vía de escape y entendimiento del mundo. Tras trabajar en radio y televisión, su salto al escenario en 2018 marcó un punto de inflexión. Reconoce su deseo de ser el centro de atención y su capacidad para animar fiestas, cualidades esenciales para un cómico.
Yolanda Ramos se ha curtido en televisión y cine, destacando su papel en ‘Paquita Salas’. Comenzó su carrera en hoteles bailando y en el cabaret El Molino, hasta ser descubierta por la compañía La Cubana. Para ella, hacer buena comedia es un arte que nace de tomarse la vida “muy en serio” y de observar los miedos humanos.
Silvia Abril, la “graciosa de la clase”, ha encontrado en el humor una fuente de satisfacción constante. Su personaje de la niña de Shrek es uno de sus más recordados. Le interesa trabajar la comedia desde su feminidad, “afeándola todo lo posible” y despertando ternura desde un lugar “horroroso”.

La nueva ola de humor femenino
Eva Soriano es un rostro popular de la nueva generación de cómicas. Ha trabajado como cantante de orquesta, cajera, secretaria y probadora de maquillajes antes de alcanzar el éxito. A pesar de los rechazos iniciales en el mundo de la música, su inquietud cómica la llevó a la actuación y al monólogo. Ha conducido su propio programa, concursado en ‘Tu cara me suena’ y presentado matinales de radio, demostrando su versatilidad.
Soriano señala la falta de referentes femeninos en el humor: “Tuvimos a Eva Hache, que lo reventó rodeada de señores, yo quería ser como ella. Hoy día se está demostrando que no necesitamos que nadie nos avale porque somos graciosas”. Destaca que la comedia está en un buen momento para las mujeres, pero insiste en la necesidad de más apoyo y tiempo para crecer. Defiende que “un chiste no te puede gustar, pero si no te gusta esa persona no la consumas”.
Entrevista de trabajo - ¿Humor, realidad?
El humor femenino en España está en auge, con una nueva generación de cómicas que rompen moldes y demuestran su talento y profesionalidad. Estas mujeres no solo hacen reír, sino que también utilizan su plataforma para reivindicar su espacio en una industria tradicionalmente masculinizada, inspirando a futuras generaciones.