"La Sombra de la Cucaracha": Un Cómic que Desvela el Trauma con Brutal Honestidad

La obra gráfica "La sombra de la cucaracha", de Cecilia Gato Fernández, emerge como un poderoso testimonio sobre la superación del abuso infantil y la depresión crónica. A través de una narrativa cruda y autobiográfica, Fernández no solo expone las cicatrices de su pasado, sino que también reivindica el poder del arte como herramienta de sanación y resistencia.

La autora, que se define a sí misma como una persona con "depresión crónica" pero no necesariamente triste, utiliza el humor como un escudo para transitar las adversidades de la vida. "Uso el escudito del humor para muchas cosas. Cuando era pobre no decía 'soy pobre', decía 'soy rica en carencias'", confiesa. Esta dualidad entre el dolor y la resiliencia se manifiesta en toda su obra.

El cómic, ganador del premio del Fondo Nacional de las Artes en Argentina en 2020, narra la historia de Lucía, una niña de cinco años que sufre abusos por parte de su progenitor. Lucía es, en realidad, Cecilia Fernández, y Alberto, su agresor. La obra, estructurada en varios volúmenes, aborda la vida de Lucía en el seno de una familia marcada por la violencia y la disfuncionalidad.

Fernández relata el abuso sin reticencias, pero pone el foco en sus devastadores efectos colaterales: las fobias, las pesadillas y la indiferencia de los adultos. "Yo me autoflagelaba, y después de un corte que me hice en la pierna, en el que tuvieron que darme ocho puntos, decidí dejar el colegio", recuerda la autora.

Ilustración de un departamento con sillas apiladas y cajas de mudanza

La vida de Cecilia Gato Fernández ha estado marcada por la inestabilidad y los traslados constantes. "Desde que dejé la casa materna me mudé más de 20 veces", explica. Este sentimiento de transitoriedad se refleja en la escenografía de su obra, donde los espacios son a menudo claustrofóbicos y minimalistas, como el departamento de la abuela o algunas veredas de Buenos Aires.

La relación con su madre es compleja y ambigua, a pesar de ser psicoanalista. "Mi vieja tenía una cosa muy ambigua. Me apagaba la computadora mientras yo laburaba y me decía: 'Podrías hacer algo útil como limpiar la casa'", rememora. Esta falta de apoyo y validación contribuyó a la profunda herida de Cecilia.

El cómic también explora la sexualidad y la represión a través de alegorías, como los ratones antropomorfos que tapan los ojos a Lucía para que no recuerde los abusos. "Los ratones tienen que ver con la sexualidad, pero por otro lado son como la represión de recuerdos", señala Fernández.

La obra de Fernández se caracteriza por trabajar con la violencia explícita y el silencio, creando una atmósfera de tensión y desesperación. Sin embargo, es la ambigüedad la que resulta más inflamable, especialmente en la representación de la figura materna, que oscila entre la ternura y la negligencia.

El segundo abuso explícito en el cómic ocurre sobre la mesa del comedor, donde los ratones le dicen a Lucía: "Perdón, Lucía, esta vez vas a tener que ver". Fernández describe este momento con una crudeza desgarradora: "La única violación explícita que hay es esa, que yo me acuerdo con lujo de detalles, y la dibujé en medio de un ataque de pánico, gritando y llorando. Fue muy difícil".

Viñeta del cómic

A pesar de las críticas recibidas por algunas editoriales sobre sus decisiones narrativas, Fernández se mantiene firme en su visión artística. "Yo quería las dos cosas pegadas. Porque es así en la vida real", afirma, refiriéndose a la yuxtaposición de la infancia abusada con la cotidianidad del jardín de infantes.

La obra de Cecilia Gato Fernández no solo es un relato de supervivencia, sino también un acto de valentía que desafía el silencio y la normalización del abuso. A través de "La sombra de la cucaracha", la autora invita a reflexionar sobre la complejidad del trauma y la fuerza transformadora del arte.

La publicación de "La sombra de la cucaracha" ha sido un proceso largo y arduo para Fernández. Tras ganar el premio del Fondo Nacional de las Artes en 2020, la obra ha sido publicada en Argentina, Italia, Francia y ahora en España por Astiberri. La autora ha trabajado incansablemente para dar forma a esta historia autobiográfica, enfrentándose a sus propios demonios en el proceso creativo.

El cómic se enmarca dentro de una tradición de novelas gráficas autobiográficas que abordan temas difíciles y personales. Autoras como Marjane Satrapi con "Persépolis" o Alison Bechdel con "Fun Home" han allanado el camino para que voces como la de Fernández puedan expresarse con libertad y honestidad.

La obra de Fernández no solo se limita a la narrativa gráfica. Su activismo feminista es una parte integral de su identidad y su trabajo. La autora participó activamente en el movimiento #Niunamenos, diseñando el flyer para la primera convocatoria, que se viralizó y movilizó a miles de mujeres en Argentina y Latinoamérica.

Cartel del movimiento #Niunamenos

La denuncia de su progenitor, realizada a los 29 años, aunque cerrada por falta de pruebas, marcó un hito en su proceso de sanación. "Su progenitor, su madre y su hermano prestaron declaración, negando que hubiera habido abuso, o diciendo que no lo recordaban", relata Fernández. A pesar de la falta de justicia legal, el acto de denunciar fue un paso crucial para reafirmar su verdad.

La estructura narrativa de "La sombra de la cucaracha" se construye a partir de recuerdos fragmentados y asociaciones libres, lo que otorga a la obra un carácter onírico y a veces dislocado. Esta técnica, lejos de ser un obstáculo, permite al lector sumergirse en la psique de la protagonista y experimentar la desorientación y el miedo que la acompañaron durante su infancia.

La influencia de Carlos Trillo, uno de los grandes guionistas argentinos, fue fundamental en la formación de Fernández como historietista. Trillo la guió y la impulsó, permitiéndole publicar su primera historieta, "Pizza china", en Italia. Su tutela fue un pilar en el desarrollo de su carrera profesional.

La obra de Fernández es un recordatorio de la importancia de visibilizar las experiencias de las víctimas y de la necesidad de crear espacios seguros para la denuncia y la sanación. "La sombra de la cucaracha" es, en definitiva, un grito de resistencia y una oda a la fortaleza del espíritu humano ante la adversidad.

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