La Cumbre de los Dioses: Una Odisea Épica en el Manga y el Cine

La cumbre de los dioses (Kamigami no Itadaki), obra maestra del guion de Baku Yumemakura y el dibujo de Jiro Taniguchi, es una obra que trasciende el género del manga deportivo para adentrarse en las profundidades del espíritu humano y su incesante búsqueda de superación. Publicado en cinco volúmenes en castellano por Ponent Mon, este manga nos sumerge en la vida de Joji Habu, un escalador solitario conocido como Bikar San por su "familia" sherpa, quien ha dejado atrás su pasado como uno de los mejores escaladores de Japón.

En su patria, el paradero de Habu es desconocido, y se le considera desaparecido mientras él se dedica a lo que es su vida: escalar montañas sin descanso y prepararse para el desafío imposible que se ha impuesto como meta. Mientras Habu se centra en su objetivo, el fotógrafo Makoto Fukamachi viaja a Nepal acompañando una expedición. Será en esta ocasión en la que Fukamachi sabrá de una vieja cámara Kodak Vest Pocket con un intrigante misterio asociado a ella.

Por si eso fuera poco, Fukamachi se tropieza con el enigmático Habu, y se propone descubrir lo que hay detrás de su "desaparición", lo que le impulsó a vivir dedicado en exclusiva a escalar el Himalaya. Por el camino descubre a la persona detrás del montañero, su compulsión por conquistar cimas, su voluntad de hierro y su íntimo conocimiento de la naturaleza a la que se enfrenta constantemente.

Fukamachi será testigo de la escalada para la que Habu se ha estado preparando durante años: escalar el Everest, sin oxígeno, en invierno, y por una ruta inédita y prácticamente inexpugnable. Tan descomunal desafío parece fuera del alcance de cualquier humano, y sin embargo Habu se ha preparado concienzudamente para ello. Habu y Fukamachi, solos en la helada mole del Techo del Mundo, se enfrentarán no solo a una naturaleza que les es decididamente hostil, sino a los límites que les supone ser simples humanos en tal inmensidad.

En la magnitud de su desafío, Habu es prácticamente un hombre solo, enfrentado a poderosos dioses, tal vez porque solo los dioses pueden darle las respuestas que busca mientras él se pone a prueba en laderas inexpugnables. La narración de Taniguchi avanza de manera pausada pero intensa. Su detallado dibujo nos presenta con igual claridad la majestad de unas cordilleras eternamente cubiertas de nieve, como el alma de los hombres que caminan por ellas.

Paisaje del Himalaya con montañas nevadas

Su dibujo nos hace sentir el frío, el agotamiento, el aire congelándose alrededor de sus cuerpos, cada agónico golpe de piolet, cada desesperada bocanada de aire. Pese a que el dibujo es naturalista, y los paisajes del Himalaya y sus escarpadas laderas se ven retratados con una fidelidad fotográfica, Taniguchi también se adentra en terreno fantástico: cuando se ven atrapados en territorio hostil, ateridos de frío, atontados por la escasez de oxígeno, los montañeros son presa de alucinaciones, y ven y oyen a inquietantes espíritus que parecen observarles, o peor aún, llevarles a dar un paso traicionero.

Estas apariciones espectrales en la helada y solitaria noche del Everest son como si sus peores miedos tomaran forma, como si la montaña misma tomara forma para ahuyentar a los intrusos. Y un recordatorio de que estamos ante algo más que un simple manga de temática deportiva.

Con el cuarto volumen publicado por Ponent Mon, y último editado en España por el momento, La cumbre de los dioses alcanza, nunca mejor dicho, un punto álgido. Después de las dos entregas anteriores, más centradas en la búsqueda de Joji Habu por parte de Fukamachi, esta cuarta entrega está casi toda ella, salvo las primeras páginas, dedicada a la aventura física de la escalada.

El guionista Baku Yumemakura y el dibujante Jiro Taniguchi nos llevan por fin, de la mano de sus dos protagonistas, al Everest: ha llegado el momento en que Habu ascienda en solitario y sin oxígeno asistido, y en pleno invierno, la cara suroeste de la montaña más alta del mundo. Ante la petición de Fukamachi de dejar testimonio gráfico de la aventura, Habu accederá a que aquel lo siga acompañado de su cámara... pero siempre con una condición: que no habrá comunicación alguna entre ellos, y que ninguno de los dos, pase lo que pase, interferirá en la ascensión del otro. Así, el periodista ha de convertirse en testigo mudo de la proeza que se dispone a cumplir Habu. Pero la montaña, la naturaleza, es impredecible, y cumplir esta palabra no resultará fácil para ninguno de los dos.

Muy pocas veces, en el ámbito del cómic, hemos asistido a un espectáculo físico tan conseguido, tan palpable, como las escaladas de La cumbre de los dioses: la descripción de las técnicas y los instrumentos necesarios para la escalada es tan verosímil que hasta el más profano en la materia se siente atraído por las peripecias de sus personajes; y la representación gráfica de las cumbres heladas, como ya hemos destacado en alguna ocasión, corta la respiración en las páginas más majestuosas.

A esta credibilidad, así como al creciente interés y emoción con el que se lee La cumbre de los dioses, contribuye el perfecto dominio de Taniguchi como narrador secuencial: a ello responde la estructura de las páginas, que intercala páginas dominadas por la composición de viñetas vertical -la orgullosa verticalidad de la montaña indomable- con otras dominadas por la horizontalidad -la del fracaso momentáneo del hombre ante la naturaleza.

Ya se acerca el final de la serie, con la inminente publicación del quinto y último volumen que a buen seguro disfrutaremos y comentaremos en este vuestro blog, y con él ya se comienza a avistar, entre la niebla de las alturas, la cumbre del Everest. El fin de la aventura más grande de todos los tiempos está a punto de llegar.

Viñeta de manga mostrando a escaladores en una pared de roca

La cumbre de los dioses es también una hermosa película dirigida por Patrick Imbert con la colaboración de Baku Yumemakura, adaptando la historia de dos hombres. Por un lado, un fotógrafo especializado en expediciones de alpinistas. Por otro, la persona que se convierte en su obsesión: Habu, un escalador que posee una cámara bastante valiosa. Si se revelaran sus fotografías, quizá se podría demostrar que la historia del alpinismo está equivocada.

La cámara es un McGuffin; solo es la excusa para que nuestro protagonista, Fukamachi, investigue a Habu. Su obsesión por comprender por qué el hombre sigue desafiándose a sí mismo, una y otra vez, le llevará a cuestionarse muchas cosas que damos por sentadas. Así se explorará la maravilla de sentir inspiración por una persona y, al final, tratar de superarla… O el terror de que tú te conviertas en objeto de admiración y traten de superarte a ti. Algunos otros temas son la envidia, la competición, la llamada de lo sublime en los rincones más remotos de la naturaleza, y el valorar tu propia vida a una escala que la sociedad no comprende.

La película llama la atención por ser una historia tan personal, egoísta y poco comunitaria, en especial siendo japonesa. Habu es, en muchos sentidos, víctima del sistema. Cualquiera que haya deseado dedicarse a su hobby, que en realidad no es tanto un hobby como una forma de vida, se sentirá identificado con él. Es demasiado serio, demasiado dedicado, demasiado dispuesto a cumplir las reglas, a entrenar, a ignorar su trabajo, a indignarse con sus compañeros porque no se lo toman igual de en serio que él. La falta de un círculo de amigos, a su vez, lo condena a la soledad, a no poder contar con los medios necesarios para dedicarse a su pasión.

La cumbre de los dioses se puede ver como un comentario acerca de la vida humana y sus límites. ¿Dónde están? Algunos podrían decir que no existen hasta que te llega la muerte, porque siempre vas a encontrar un nuevo sueño. Un nuevo desafío. A gusto del espectador queda decidir si es un buen o mal mensaje. La película no quiere dar una respuesta concreta, a pesar de que evidentemente está enamorada de la idea de ir siempre un paso más allá.

Sin duda hay una idea romántica alrededor del alpinismo. Escoger las más colosales montañas del planeta ayuda a asociar a los personajes con gente que persigue lo divino. El caminante sobre el mar de nubes siempre nos ha hecho soñar con lo grande. Sin embargo, no os equivoquéis, la película es dura. El alpinismo es un deporte de riesgo; la posibilidad de morir forma parte de su atracción.

Los personajes se debaten con las frustraciones económicas propias de un deporte tan duro, que exige financiación no solo por los viajes que hay que hacer hasta los lugares apropiados, sino por el entrenamiento, el material, el vivac y demases. Y por eso el papel de los periodistas es esencial. Si no tienes prueba de que has sido el primero en hacer una ruta de cierta manera, no eres nadie. El problema es que ni siquiera eso te asegura el éxito. ¿Has coronado esta montaña en invierno con un compañero? Pues ahora lo hace alguien solo. ¿Has subido el Everest? Bien, ahora hagamos un speedrun y logrémoslo en menos tiempo. O sin oxígeno. O en invierno. O por la cara más escarpada. O todo a la vez. La muerte es tu compañera de viaje; siempre te respira en la nuca.

MONTE EVEREST | La Cima del Mundo - Documental Completo

El alpinismo tiene mucho que ver con todos esos deportes fascinantes y terribles como puede ser la exploración de las cuevas. Por otro lado, podríamos mencionar también las profundidades del mar y el deseo de alcanzarlas a pesar del terror que suscitan. O del skydiving. La película fuerza a sus personajes a darse cuenta de que su pasión puede hacer daño a los demás. La trama crea espirales donde les vemos cometer errores y, a veces, aprender de ellos de una forma satisfactoria y terriblemente melancólica. La evolución es intimista, discreta, a menudo basada en dar dos pasos atrás por cada uno que se da adelante. Pero se notan.

Está claro que quienes hicieron esta película confían en que los espectadores son adultos y han prestado atención. Por eso, cuando Fukamachi le dice Habu cierta frase, solo necesitamos ver la cara del último para recordar que fue lo mismo que le dijo cierta persona hace mucho, mucho tiempo. El doblaje español es maravilloso e inmersivo. La animación no solo es agradable, sino fluida y artística, enriquecida gracias a la hermosa banda sonora realizada por Amin Bouhafa. Por otro lado, el ritmo tranquilo de la historia podría compararse con esos silencios que caracterizan tantas películas japonesas, pero no hay un sentimiento «japonés». Los personajes apenas hacen reverencias, se comportan de forma más «apropiada» para un público europeo y, ante todo, el tono es… distinto.

La historia transcurre hacia finales de siglo XX, pero la atmósfera no solo reverbera con aire «viejo» por la tecnología. Tampoco es cosa de la animación que, como digo, más limpia y fluida no podría ser. Pero la elección de los colores, entre otros elementos, crea un sabor más antiguo. En fin, que es una película muy francesa, en el mejor de los sentidos. El guion no teme usar los silencios o eliminar el diálogo para que la animación haga lo que sabe hacer: mostrar. Vemos cómo un personaje es mejor escalando que otro no por comentaristas, sino por simple comparación visual. Y luego están los paisajes, donde lo sublime predomina con impresionantes panorámicas. La naturaleza en su más dignificada grandiosidad aparece en forma de magníficos paisajes nevados y rocosos, paredes que convierten a las personas en insectos.

Volumen Paginación Encuadernación
1 304 pp. Rústica, cubiertas en color, interior en blanco y negro
2 328 pp.
3 336 pp.
4 (Paginación no especificada)
5 (Paginación no especificada)

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