13, Rue del Percebe: Un Edificio de Humor y Caos

El cómic español cuenta con obras maestras que han trascendido generaciones gracias a su ingenio y personajes inolvidables. Una de ellas es 13, Rue del Percebe, creada por el genio Francisco Ibáñez. Esta serie, que se desarrolla en un peculiar edificio de fachada transparente, nos sumerge en un universo de situaciones cómicas y personajes excéntricos.

La estructura de 13, Rue del Percebe es única: un edificio visto en sección, permitiendo al lector observar las vidas y peripecias de sus diversos habitantes en simultáneo. Esta disposición innovadora, aunque inspirada en trabajos previos de otros autores como Joaquim Xaudaró y Manuel Vázquez, fue llevada a su máxima expresión por Ibáñez, quien la convirtió en el sello distintivo de la serie.

La primera página de 13, Rue del Percebe vio la luz el 6 de marzo de 1961, en el primer número de la segunda época de la revista Tío Vivo. Desde entonces, la serie adquirió una enorme popularidad, consolidándose como un referente del humor gráfico español.

Francisco Ibáñez fue el autor principal de la serie, publicando 314 páginas hasta 1967. Tras un breve período en manos de Joan Bernet Toledano, Ibáñez retomó las riendas en 1968, añadiendo 27 páginas más. A lo largo de los años, la serie continuó publicándose, incluso con historietas repetidas y recopilaciones en diversas colecciones, siendo la más completa la publicada en Alemania entre 1981 y 1983.

Fachada transparente del edificio de 13, Rue del Percebe

Los Inquilinos del Edificio

El corazón de 13, Rue del Percebe reside en sus inolvidables personajes, cada uno confinado a su propio piso o rincón del edificio, pero unidos por la convivencia en este peculiar inmueble:

  • La Portería: Habitada por la cotilla portera de la comunidad de vecinos, quien recuerda a Doña Tomasa.
  • El Ascensor: Aunque inerte, se convierte en un personaje más debido a las diversas peripecias que sufre.
  • La Alcantarilla: Frente a la portería se encuentra Don Hurón (Doroteo Hurón), quien vive en una alcantarilla.
  • Primer Piso Izquierda: La consulta de un veterinario no muy competente.
  • Primer Piso Derecha: Hogar de Doña Leonor, la mezquina dueña de una pensión.
  • Segundo Piso Derecha: Inicialmente habitado por un científico loco que creaba monstruos, posteriormente fue reemplazado.
  • Tercer Piso Derecha: Ocupado por una mujer y sus cinco hijos pequeños, incorregiblemente traviesos.
  • La Buhardilla: Donde vive Manolo, un pintor acosado por sus acreedores.
  • Las Escaleras: Elemento decorativo que aparece anexo al ascensor, pero nunca se ve a nadie utilizarlas.

La censura franquista también dejó su huella en la serie. El personaje del científico loco en el segundo derecha fue retirado por el argumento de que "solo Dios puede crear vida". Ibáñez, en lugar de eliminarlo discretamente, lo hizo de forma ingeniosa, siendo reemplazado por un sastre torpe y caradura.

Viñeta cómica de los vecinos de 13, Rue del Percebe

Más Allá de las Viñetas

La popularidad de 13, Rue del Percebe trascendió el mundo del cómic, inspirando otros productos culturales:

  • La película La gran aventura de Mortadelo y Filemón incluyó escenas con personajes y el edificio de la serie.
  • La serie de televisión Aquí no hay quien viva (2003) se inspiró en la premisa de los singulares vecinos de un mismo portal.
  • La marca de refrescos "La Casera" utilizó el edificio y sus inquilinos en un anuncio en 2010.
  • La novela gráfica El Invierno del Dibujante (2010) narra la historia de los autores fundadores de la revista Tío Vivo, donde nació 13, Rue del Percebe.

A pesar de que las situaciones que rodean todas las historias de Rompetechos parten de una misma idea, la miopía y su mal carácter, es asombroso cómo la obra no pierde frescura a lo largo del tiempo. Perdido en un mundo casi imaginario, los chistes sobre los equívocos en los que cae el personaje pueblan casi todas las viñetas de la página, creándose así centenares de escenas dantescas que bien podrían estar siendo protagonizadas por un loco.

Rompetechos es una serie incorrecta y sin cabida en una época de discreción que el lector no puede evitar contemplar sin echarse a reir. Hace del defecto físico un chiste constante y se gana con ello la crítica de la corriente igualitaria y la culpabilidad del que se mofa. Sin embargo quedarse en este extremo sería caer precisamente en la simplicidad que entraña la mal llamada «corrección política». Lejos de valorar la intención del autor al presentarnos los chistes que hacen de la serie su razón de ser, el gamberrismo de unas escenas donde sus actores no son capaces de entenderse entre si, donde el protagonista está perdido en un mundo de locura, pero sólo a ojos del resto, sólo puede terminar con la risa del leyente perspicaz ante la absurdez de la situación.

Rompetechos, personaje recurrente en el universo de Ibáñez

Como suele ser habitual en las creaciones de Francisco Ibáñez, Rompetechos se pasea por las historias de sus otras series -son habituales sus apariciones en 13 Rué del Percebe o Mortadelo y Filemón- e incluso llega a protagonizar algunas de ellas, como es el caso, por ejemplo, de Jurado Popular en 1996 o Rapto tremendo en el año 2004.

13 Rue del Percebe

A pesar de que las situaciones que rodean todas las historias de Rompetechos parten de una misma idea, la miopía y su mal carácter, es asombroso cómo la obra no pierde frescura a lo largo del tiempo. Perdido en un mundo casi imaginario, los chistes sobre los equívocos en los que cae el personaje pueblan casi todas las viñetas de la página, creándose así centenares de escenas dantescas que bien podrían estar siendo protagonizadas por un loco.

Hombre de rigidez moral inexcusable que sin embargo, y aunque permanece ajeno en todo momento a la realidad de las situaciones, enrojecería ante el caos que constantemente provocan sus acciones. Rompetechos es una serie incorrecta y sin cabida en una época de discreción que el lector no puede evitar contemplar sin echarse a reir. Hace del defecto físico un chiste constante y se gana con ello la crítica de la corriente igualitaria y la culpabilidad del que se mofa. Sin embargo quedarse en este extremo sería caer precisamente en la simplicidad que entraña la mal llamada «corrección política». Lejos de valorar la intención del autor al presentarnos los chistes que hacen de la serie su razón de ser, el gamberrismo de unas escenas donde sus actores no son capaces de entenderse entre si, donde el protagonista está perdido en un mundo de locura, pero sólo a ojos del resto, sólo puede terminar con la risa del leyente perspicaz ante la absurdez de la situación.

Bajito, cabezón, más calvo que las bombillas, nariz regordeta, bigote y portador de unas grandes gafas de culo de vaso que no parecen corregir la tremebunda falta de visión de su dueño. Su nombre es Rompetechos, el personaje más querido de su creador, Francisco Ibáñez, el cual desarrolla en sus historias una agudeza humorística sobresaliente partiendo de la sencillez de un defecto físico explotado hasta la saciedad.

Rompetechos nace en el número 161 de la revista de Bruguera Tío Vivo (segunda época), con fecha de portada de seis de abril de 1964. Pasadas las grapas centrales, entre una página de Mortadelo y Filemón, agencia de información y otra de Agamenón, nos encontramos, entre retazos del color verde con el que se pintaba el bitono de Tío Vivo, a nuestro despistado personaje, prácticamente con el mismo aspecto que mostrará a lo largo de los años posteriores.

En aquellos primeros años de Tío Vivo, la composición requerida por la editorial para las historias interiores era común a todos los autores: extensión de una página en bitono anaranjado o verde y bocadillos de texto mecanografiados con seis tiras de dos a cuatro viñetas. La primera viñeta. Y así se publicará, casi sin descanso, hasta entrados los años setenta, momento en el cual el personaje pasa a verse casi exclusivamente en el semanario Din Dan, donde ya había estado ocupando, esta vez a todo color, la primera plana desde el relanzamiento de su primer número, publicado en febrero de 1968. Salvo alguna excepción, las historietas de Rompetechos se convierten en la cabecera visible de la revista hasta su último número, el 385, con fecha de treinta de junio de 1975. El formato clásico de la página se renueva en el número 264 (marzo de 1973), adoptando una moderna composición de no más de seis viñetas con forma ovalada, común a las portadas de otras publicaciones de la editorial.

Tras el cierre de Din Dan, la producción de Rompetechos queda, salvo alguna página suelta o reedición, aparcada hasta mayo del año 1978, fecha en la cual se pone a la venta Súper Rompetechos, revista que contenía, además de una portada original del autor a página completa, de cuatro a ocho páginas de cuatro tiras de viñetas del personaje de Ibáñez, que sin embargo no llegó a firmar ni una sola de las mismas. Como era habitual en la editorial, las historias eran encargadas a otros dibujantes y en ocasiones se llegaba al punto de unir varias páginas antiguas, redibujando las últimas viñetas y eliminando el título de las primeras para dar así una sensación de continuidad.

Obviando reediciones, los años posteriores al derrumbe de la editorial Bruguera suponen una falta de publicación de historias de Rompetechos casi absoluta. No será hasta el año 2003 que se haga periódica la salida de nuevas páginas en la publicación Top Cómic Mortadelo, una revista de periodicidad ciertamente irregular impresa por Edciones B, que justificaba su salida a la venta en la enésima reimpresión de material de Mortadelo y Filemón.

13, Rue del Percebe es en apariencia una serie de chistes casi siempre aislados e independientes, con personajes fijos, encasillados en su papel inmutable y solo unidos por el edificio donde habitan. Ello permite al lector leer la página en el orden que desee, claramente no lineal. Pero afirmar esto sería frecuentemente simplificar las cosas.

Sin embargo Francisco Ibáñez encontraba difícil a la larga continuar dibujando esta serie: no soportaba la sensación de enclaustramiento que le producía. En sus otras historietas son frecuentes los viajes, los exteriores, los paisajes urbanos o rurales mientras que en 13, Rue del Percebe tenemos una casilla de extensión fija para cada personaje fijo.

La idea y planteamiento a mitad de camino entre el humor y la arquitectura no fue cosa única de Ibáñez. Antecedentes firmados por Joaquim Xaudaró, el mismísimo Will Eisner o, brevemente con su medida importancia, Manuel Vazquez en las páginas de Pulgarcito. Ejemplos puntuales, pero que este último sirvió para motivar a Ibáñez a seguir los pasos de su “maestro” Vázquez. No en vano, esta influencia se traduciría en un guiño perpetuo en la forma del moroso de la azotea de 13, Rue del Percebe, dedicándole el personaje en homenaje a su fama de moroso, de cintura y mente ágil. Un adelantado a su tiempo.

Pero no es el único adelantado, ni mucho menos, porque por momentos parece que estamos ante una radiografía futurista de nuestro país, ladrones y sastres corruptos incluidos. Aunque no es que Ibáñez jugase a ser un vidente de la España del siglo XXI, sino que tan solo se limitaba a representar la sociedad de aquel momento, donde pillería, miseria y hacinamiento reinaban en algunas de las grises calles del momento.

Quién empiece leyendo este integral, perfectamente forrado con lomo de tela y respetando el tamaño clásico de las páginas estucadas y una remasterización de colores, observará que todos los habitantes y/o inquilinos del inmueble permanecen constantes de principio y a fin… salvo uno de ellos. Un sucedáneo de Victor Frankenstein que empezó habitando el segundo derecha y dando vida a unos monstruos de aspecto horrible y buen corazón, pero que se encontró con la censura franquista. Los censores de la época trasladaron a Ibáñez que “tan solo Dios podía crear vida”, y a nuestro autor tan solo le quedó otra que dar la patada al científico y alojar al lado de la octogenaria defensora de los animales a un sastre tan torpe como caradura propenso a timar a sus clientes. Aunque no era el único timador de este edificio de cuatro plantas y un ático, ya que leído en formato vertical, horizontal o transversal el lector se encontrará, para su placer y sonrisa, timadores, gandules y sacacuartos por doquier.

La familia numerosa de hijos demonio y rubia con numerosos pretendientes es otro de los ejemplos de pisos en los que Ibáñez fue librándose de personajes, ya que los cinco hijos iniciales (bebe incluido) fueron reduciéndose poco a poco, para alegría de Ibáñez a la hora de dibujarlo y menor sufrimiento (si eso es posible) de los muchos pretendientes que, ingenuos ellos, conseguían llegar hasta ese piso (si es que el ascensor se lo permitía, claro).

Vida en todos los rincones, producto de la imaginación de Ibáñez, que aplicaba no solo a los propios personajes sino a todos los elementos de la página, desde el árbol, el clásico ascensor, el propio rótulo o gato y ratón, un clásico del cómic con multitud de precedentes (Mickey Mouse, Tom y Jerry…) con todas las de perder para el minino. Semana a semana. Repetimos: semana a semana. Y mientras tanto firmando también las páginas de Mortadelo y Filemón, Rompetechos, Pepe Gotera y Otilio y Don Pedrito.

Por ello en varias ocasiones, por obra y gracia de Ibáñez, todos los habitantes deben hacer frente a amenazas o situaciones externas comunes, desde apagones, inundaciones o terremotos. Son algunas de las mejores páginas de la serie, sumadas a aquellas en las que los vecinos interaccionan entre ellos. Por no hablar de los cameos de otra creaciones de Ibáñez, sobre todo el habitual Rompetechos. Todo eso, y mucho más, en este integral. Una auténtica joya nostálgica por vena desbordante de originalidad que todos nosotros habremos leído y encontrado en nuestra vida antes o después, ya que su fama va de la mano de su calidad y humor pese a que hace años que no se producen páginas nuevas.

Un servidor así lo descubrió en las páginas del suplemento semanal de El Pequeño País (¡Cuánto te echamos de menos, maldita crisis!). Otros lo descubrieron antes o después, pero independientemente de la lejanía temporal de aquella primera lectura, este rencuentro con el tomo integral de Ediciones B será toda una experiencia para los sentidos. Lectura y regalo perfecto para este día del libro. Obra maestra en continente y contenido a cargo de Francisco Ibáñez. Un ejemplo perfecto de la historia y de la historieta patria. Humor a raudales. Yo recuerdo hacer auténticos esfuerzos por no empezar a leer el Tio Vivo por el final y el 13 Rue del Percebe.

Personajes de 13, Rue del Percebe en diferentes situaciones cómicas

13, Rue del Percebe es una serie de historieta de España creada por Francisco Ibáñez. La primera página fue publicada en el primer número de la segunda época de la revista Tío Vivo (6 de marzo de 1961) y pronto adquirió enorme popularidad por su estructura novedosa e inusual.

Antes de 13, Rue del Percebe, ya habían existido otras historietas que habían usado el recurso de desarrollar una trama en un edificio con la fachada seccionada para poder ver su interior. Por ejemplo, Joaquim Xaudaró publicó a principios del siglo XX una página titulada Una casa en Nochebuena. Will Eisner también nos muestra lo que sucede en un edificio en una página "School for girls" de su serie The Spirit. El ejemplo más cercano en el tiempo y aspecto fue una página llamada Un día en Villa Pulgarcito de Manuel Vázquez Gallego donde salen los personajes de Pulgarcito en distintas plantas de un edificio. Tal vez por esto se atribuye a veces a Vázquez la idea de la serie.

La primera historieta se publicó el 6 de marzo de 1961[3] en la revista Tío Vivo. Ibáñez publicó 314 páginas de la serie hasta 1967, aunque fue sustituido durante algo menos de dos meses por Joan Bernet Toledano quien realizó siete páginas en noviembre y diciembre de 1967. En 1968 Ibáñez vuelve a tomar las riendas de la historieta realizando 27 páginas más hasta que vuelve a dejar la serie en manos de Bernet Toledano, quien la continuó con 57 entregas más hasta el 26 de enero de 1970.[2] Más tarde se publicaron en la revista historietas repetidas, a veces cambiando las viñetas de una página a otra, hasta el cierre de Tío Vivo en 1981.

En 1971 y 1972, se publicaron dos recopilaciones de las historietas en la Colección Olé de la editorial Bruguera, y a partir de 1990, Ediciones B dedicó nuevos álbumes a esta serie. También hubo recopilaciones en las colecciones Magos del humor y Súper Humor a partir de 1975. Sin embargo, la recopilación más completa de las historietas se llevó a cabo en la República Federal Alemana entre 1981 y 1983 con nueve álbumes bajo el título Ausgeflippt - Fischstrasse 13 - irre Typen, heisse Sprüche. Tal vez la buena acogida en Alemania de la serie fue lo que motivó Bruguera a retomarla con 36 nuevas historietas que conformaron el décimo álbum recopilatorio. En Alemania se llegaron a publicar cinco álbumes más con historietas nunca vistas en España de dibujantes desconocidos, presumiblemente alemanes.

La serie ha inspirado otros productos en otros medios, de los cuales podríamos citar el largometraje La comunidad (2000), de Álex de la Iglesia -un apasionado declarado por los tebeos de Bruguera-; la serie televisiva Aquí no hay quien viva (2003), producida por Antena 3 y Miramon, sobre los singulares vecinos que viven en el mismo portal, o la serie satírica que publican Gallego y Rey en el diario El Mundo los sábados, claramente inspirada en el edificio de fachada transparente del 13 de la calle Percebe.

Formato: Libro en tapa dura. En 2010, Paco Roca y Astiberri publicaron la novela gráfica El Invierno del Dibujante, donde el autor valenciano narraba la salida de los cinco autores estrella de la editorial Brugera a finales de la década de los cincuenta, en plena dictadura franquista. Escobar, Cifré, Peñarroya, Conti y Giner fundaron la revista Tío Vivo. Sintiéndose explotados por las condiciones de la editorial catalana y deseando el control de sus creaciones, se independizaron para fundar ese contenido semanal de humor clásico de la historieta patria conocido como Tío Vivo. Ante la imposibilidad de emplear sus creaciones durante la época Brugera, estos cinco autores idearon nuevos personajes con los que encandilar al público, pero la aventura duró apenas tres años y en 1960, tres años después de arrancar, la publicación fue adquirida por Brugera, quien la relanzó con éxito extendiendo su vida veinte años y más de mil números.

En las páginas de Tío Vivo durante esta nueva etapa, donde se incorporaban los autores mencionados, Francisco Ibáñez crearía cuatro de sus grandes creaciones: El Botones Sacarino, Pepe Gotera y Otilio, Rompetechos y 13, Rue de Percebe. Como bien explicaba Paco Roca en el Invierno del Dibujante, Ibañez, quien había aprovechado la salida de Escobar, Cifré y compañía de Brugera para ascender en Brugera con la creación de Mortadelo y Filemón en la revista Pulgarcito, alcanzaba así la madurez creativa máxima y habitaría en este particular edificio en 13 Rue de Percebe durante tres años y posteriores regresos gloriosos puntuales.

La película Mortadelo y Filemón dirigida por Feser incluye varias escenas con personajes de 13 Rue del Percebe. Están filmadas en un edificio ruinoso del Barrio del Carmen de Valencia. En realidad la finca estaba declarada en estado de ruina por la Administración, de forma que cuando fue demolida en tiempo real allí estaba Feser para rodar una secuencia en la que el edificio se desmorona definitivamente.

Francisco Ibáñez, el más popular de los dibujantes de tebeo españoles, puede pasar a la historia como «el imitador de Vázquez». Son varios los indicios que avalan esta opinión. La primera aparición de «13, Rue del Percebe», de Ibáñez, tuvo lugar en 1961, mientras que su doble página de «7 Rebolling Street» nació en 1986. En ambos casos, Ibáñez usaba la medianera de una finca como espacio narrativo en que ubicar diferentes viñetas. Esta idea, sin embargo, había inspirado anteriormente a Vázquez.

La edición integral de 13, rue del Percebe. Las 342 páginas que Francisco Ibáñez realizó para su mítica serie. Este albúm contiene las 342 págins que realizó Francisco Ibáñez de su popular serie 13, rue del Percebe, a partir de su primera aparición en 1961 en la revista TÍO VIVO de la editorial Bruguera. Ibáñez realizó la serie, que se publicaba semanalmente en la contraportada de la revisto Tío vivo, desde 1961 a 1968, dando vida a unos personajes imperecederos como son Manolo, el inquilino de la azotea, que no e otro que el gran Manuel Vázquez, Don Hurón, el tendero de los bajos del edificio, o la portera, tan carismática de la serie.

"Hoy día el colmado sería una gran superficie, y la portería no existiría, sustituida por una oficina de banco; en la alcantarilla y el ascensor habría okupas; en la buhardilla estaría aporreando gente del Ayuntamiento reclamando el cobro de impuestos; los niños, en vez de cuatro, serían una decena porque todos vivirían con los abuelos y el caco, uno de esos banqueros de las preferentes...

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