Si hay una serie en nuestro país que merece un artículo en nuestra hemeroteca por haber marcado a miles de lectores a lo largo de varias generaciones durante casi medio siglo, solo por detrás de Mortadelo y Filemón, esa es la de los hermanos Zipi y Zape.
El dibujante Josep Escobar Saliente (Barcelona, 22 de octubre de 1908-31 de marzo de 1994) es uno de los grandes del cómic español del siglo XX. De su trazo e ingenio nacieron personajes icónicos como «Carpanta«, “Petra, criada para todo” o los propios “Zipi y Zape”. Siendo la pareja de gemelos su creación más atemporal y la que más tiempo le dedicó.
Los hermanos Zipi y Zape nacen, al menos de forma oficial, el 30 de julio de 1948, en el número 57 de la revista Pulgarcito, con un Escobar que cuenta por aquel entonces con 39 años, en plena posguerra y bajo el peso de una dictadura que miraba todo con lupa y que imponía su ley. Era una época de hambrunas y miseria, y eso se palpaba ya desde los primeros compases de la serie.
Como el propio Escobar reconoció en vida, la serie presenta influencias de otras historietas contemporáneas, como Max und Moritz (1865), del alemán Wilhem Busch, o The Katzenjammer Kids (1897), de Rudolph Dirks. Según Armando Matías Guiu, en un artículo titulado "Zipi y Zape Protagonistas", el dibujante habría creado a Zipi y Zape hacia el año 1946, inspirándose en los célebres Max und Moritz, una de las primeras parejas del cómic de todos los tiempos. Estos personajes vieron la luz en 1865, en un formato de relato ilustrado, como las páginas de Príncipe Valiente, escrito en verso por el mencionado poeta y dibujante alemán (Wilhem Busch). Ambos hermanos se dedicaban a hacer trastadas en su pueblo, gastando bromas a los vecinos y a los animales de una granja.
En cuanto a la serie The Katzenjammer Kids, fue estrenada el 12 de diciembre de 1897 en el suplemento del periódico New York Journal American Humorist, en manos del magnate de prensa estadounidense William Randolph Hearst, conocedor de la obra de Wilhem Busch. La serie estaba protagonizada por Mamma Katzenjammer y por sus dos hijos, Hans y Fritz. En 1902 la serie se enriqueció con la introducción de Der Captain, una suerte de marino en tierra, que a menudo era el objetivo de las gamberradas de los muchachos.
Con todo, el espíritu de los hermanos Zapatilla fue muy diferente al de los protagonistas de estas series. A diferencia de las primeras, el carácter de Zipi y Zape escondía, en realidad, buenas intenciones, a menudo con la finalidad de ayudar al prójimo, muy lejos de la malignidad de las otras series. Lamentablemente, la mala pata de los gemelos terminaba provocando caóticos desenlaces allá por donde pisaban, pero estos desastres serían más bien un efecto colateral inesperado, no buscado desde un principio por los muchachos.
Escobar pretendía, como él mismo afirmó, reflejar en sus historietas los problemas e inquietudes de los jóvenes de aquella época: la escuela, llegar a casa con malas notas, los profesores, los roces entre los compañeros de colegio...
Escobar explica que creó a los personajes por eliminación, tras darse cuenta de que no se publicaba ninguna serie en la que el protagonista fuera un niño, y usó a dos hermanos para que las conversaciones fueran más fluidas.
Hablemos ahora de los protagonistas de la serie. ¿Quién es Zipi y quién Zape? ¿Se lo habían preguntado alguna vez? ¿Lo tienen claro? Zipi es el rubio y Zape el moreno.
En el nº 243 de la revista Pulgarcito, publicada en febrero del año siguiente (1952), Zipi y Zape celebraban su décimo cumpleaños. Desde el nº 99 de la misma revista su padre ya había decidido que debían ir al colegio para hacerse unos hombrecitos, en lugar de estar en casa jugando a indios y vaqueros.
Don Pantuflo Zapatilla, por cierto, no tuvo siempre ese nombre. Escobar lo bautizó en un principio como Raguncio Feldespato, por tanto, la familia nació con un nombre diferente al que conocen la mayoría de los aficionados.
De don Pantuflo sabemos que es catedrático, entre otras materias, de filatelia, numismática y colombofilia (cría y adiestramiento de palomas). El placer de fumar en pipa y la lectura de la prensa son algunas de sus aficiones, aunque ha demostrado también interés por la apicultura, el salto en trampolín, la caza o el arte etrusco (llegando incluso a dar conferencias sobre esta última materia).
Su vida no está exenta de contradicciones, ya que es presidente de una asociación protectora de animales y a la vez es un apasionado a la caza. De la misma forma, suele renegar del fútbol, pero en algunas historietas descubrimos que es muy forofo del Barça.
Pantuflo tenía, además, cierta vena artística ya que, a lo largo de los años, desempeñó algunas profesiones muy creativas de manera esporádica, tocando el trombón o el contrabajo, como escritor de obras de teatro, pintor al óleo, fotógrafo, traductor de griego, cómico, actor de teatro... e incluso llegó a hacerse emprendedor, montando su propia academia de canto y se sacó la carrera de cirujano.
El personaje ronda los cuarenta y muchos años de edad, es calvo, aunque suele llevar sombrero, con patillas pobladas, corbata, pantalones negros, chaqué, chaleco rojo y un pañuelo blanco en la solapa. En casa suele llevar albornoz y pantuflas.
En sus comienzos era un hombre muy bajito y rechoncho, con larga barba negra, piernas cortas y ojos pequeños, pero con el tiempo, su tamaño irá creciendo considerablemente. En los años cincuenta, Escobar le dibujó con tres pelos en su cabeza, y en la década siguiente el personaje perderá algo de barriga y sus piernas se harán más largas que en etapas anteriores.
Una curiosidad: don Pantuflo tiene una curiosa forma de motivar y recompensar a sus vástagos en su quimera de obtener buenos resultados académicos: cada boletín de buenas notas que traigan a casa es canjeado ipso facto por un vale que puede canjearse por una pieza de su ansiada bicicleta, que nunca llegaban a conseguir.
El aficionado Matías Nicieza especuló en el Foro de la T.I.A. con la idea de que Escobar se inspirase en el actor José Franco a la hora de crear a Don Pantuflo. En concreto en el personaje que encarna en el film El crimen de la calle de Bordadores, de Edgar Neville, estrenado en 1946, dos años antes de la primera aparición de Zipi y Zape. ¿Coincidencia o simple casualidad? Lo cierto es que el parecido es tremendo, tanto en las facciones (patillas incluidas) como en el vestuario, al que no falta ni la chistera.
Doña Jaimita Llobregat (cuyo apellido en algunas historietas figura como Pasarell i Rexach), es la esposa de don Pantuflo y madre de los muchachos. De Jaimita se dice que desciende de los marqueses de Petardo y de los condes de Monxiula y Duques de la Gargamella. Tiene, pues, orígenes nobiliarios.
Ha evolucionado mucho a lo largo del tiempo. Debutó como una mujer morena de pelo largo, pero en sus comienzos Escobar la dibujó durante varios números con cabellos rubios y pelo recogido. En 1949, recupera el color del pelo moreno, recogido con un lazo, y con tupé. En los años sesenta tendrá el diseño definitivo de la mujer que conocemos: alta, delgada, morena, con su jersey de cuello de cisne, falda, zapatos negros y con su lazo rojo en el pelo.
El personaje de doña Jaimita, como la propia serie, es hija de su época: la madre de Zipi y Zape se dedica a sus labores como ama de casa, y, a menudo, intenta hacer de mediadora ante los terribles castigos que Don Pantuflo ejerce sobre su hijos. Castigos que hoy en día serían de juzgado de guardia. En realidad, Escobar utilizaba un humor que llevaba al extremo para provocar situaciones descacharrantes para el lector, exagerando el interés de Pantuflo por domesticar a sus vástagos.
Evolución de Zipi y Zape:
1946-1947: En sus primeras apariciones los gemelos eran más altos y con pelo corto, a lo cepillo, acorde a los tiempos que corrían. Los pies eran más grandes que los que conoceríamos en épocas posteriores.
1948-1950: En estos años Escobar dibuja a los gemelos con pelo más largo, más parecido al que será su aspecto definitivo, peinado hacia atrás. Aún presentan un tamaño mayor que el que tendrán después.
1950-1959: En esta etapa Escobar rompe con el estilo anterior. Se define el color del chaleco de los gemelos a su rojo definitivo (aunque en la viñeta inferior de 1954, Zape lo lleva de color verde). El volumen del pelo es mayor que en etapas anteriores, con rizos y puntas. El trazo de los personajes sigue evolucionando.
1960-1975: El pelo de los gemelos se vuelve más redondeado. Los personajes ya no son tan rechonchos como en la etapa anterior. El jersey presenta las dos rayas de la etapa definitiva.
1975-1994: En esta última etapa se advierten cambios en la forma del pelo, más angulosa y abrupta. Los personajes tienen mayor capacidad gestual y de movimiento, mejorando su expresividad.
Escobar fue enriqueciendo la serie con el devenir del tiempo, introduciendo nuevos personajes que interactúan con el elenco principal de partida. En los primeros compases de la serie aparecen muchas tías: Doña O (tía de Jaimita), Carlota, Pelaya, Petalia (hermana de Jaimita), Filomena y Potalia. Se mencionan también a los primos Conchito y Viperín y a los tíos Tiburcio y Pancho (hermano, este último, de don Pantuflo). Pero, sin duda, el tío Federico es quien se convertirá en un personaje recurrente en esos primeros años.
Escobar introduce incluso a la abuela materna de los hermanos Zapatilla (Matea), y a sus bisabuelos. Don Peloponeso es otro personaje recurrente. Aparece en muchas historietas de esa primera etapa, a menudo acompañado de su esposa doña Santiaga (a la que en un principio se la llamó Caméndula) y resulta ser vecino de los Zapatilla. Aparecen más vecinos (Don Péndulo y doña Recesvinta, Policarpo o Gundemaro), doctores (Kiku, Pancracio, Federico o Cianuro), muchos amigos de Pantuflo (Celestino, Chancleto o Serrucho), amigas de Jaimita (Federica, Facunda - casada con Vicente-, Anastasia - y su hijo Felipito -, Filomena - y su hijo Anito -), amigos comunes (don Filiberto y doña Filomena, los señores de Pleonasmo, los Perengánez, Filiberto Regaliz, Cunegunda Valdeporras, Filomena -hija del carnicero Esculapio-, Jerano Repollo...), Filomenín (el más aplicado de la clase, un personaje precursor de Sapientín), el escultor Peladilla del Río, el empapelador don Perborato, don Curro (marchante de toreros), don Eduvigio (un jefe de Pantuflo), la chica que limpia la casa de los Zapatilla (Gilda - y su pareja es Federico -), el alcalde Pepe...
Con los años irán apareciendo más y más personajes: los abuelos paternos de los gemelos, don Zenon y doña Juanita, el profesor don Minervo (a partir de 1965) y su mujer, doña Espátula (también Hipotenusa / Cunegunda / Gumersinda, Leandra / Cleofasa), el primo superdotado de Zipi y Zape, Sapientín, que es hijo único de Miguelita, la hermana de doña Jaimita y de Silbo.

Entre 1957 y 1958, Escobar abandonó la editorial Bruguera para fundar la suya propia, junto a otros artistas de la casa: Cifré, Conti, Eugenio Giner o Peñarroya. Fundan así la editorial DER, a través de la cual publican la revista Tio Vivo, por lo que Zipi y Zape quedan en barbecho.
Al analizar Zipi y Zape en el contexto de otros cómics contemporáneos, es esencial observar su estilo narrativo y su enfoque visual. A diferencia de cómics como Mortadelo y Filemón, que se centran en el humor absurdo y las situaciones disparatadas de agentes secretos, Zipi y Zape se posicionan dentro de un realismo mágico donde los problemas cotidianos son resueltos a través de la imaginación y la creatividad de los protagonistas.
En los cómics de Zipi Zape, se utilizan técnicas artísticas como el dibujo caricaturesco y el uso de colores vibrantes, que crean un estilo visual atractivo y dinámico. La narrativa se apoya en diálogos humorísticos y una estructura de viñetas que enfatiza la acción cómica. Comparado con otros creadores de cómics, como Mafalda de Quino o Pulgarcito de Escobar, Zipi Zape destaca por su enfoque en la aventura infantil y la interacción entre personajes, mientras que otros pueden centrarse más en crítica social o temas más profundos.
La recepción crítica de los cómics de Zipi Zape ha cambiado significativamente a lo largo de los años. Desde su aparición en la década de 1940, estos personajes han sido considerados como un símbolo del cómic infantil español, apreciados por su humor y su representación de la vida cotidiana. Con el tiempo, la crítica ha comenzado a reevaluar su impacto cultural, especialmente en el contexto de la historia del cómic en España. Hoy en día, se reconoce su influencia en la formación de nuevas generaciones de lectores y su papel en el desarrollo del cómic como medio artístico.
El comic de Zipi y Zape no solo ha dejado una huella imborrable en la historia de la literatura infantil, sino que también se ha establecido como un referente dentro del mundo del entretenimiento gráfico. A través de sus historias divertidas y enseñanzas sutiles, este clásico español logra captar la atención de distintas generaciones, convirtiéndose en una herramienta valiosa para fomentar el amor por la lectura entre los más pequeños. Al compararlo con otros libros de su género, es evidente que la combinación de humor y aventura hace de Zipi y Zape una opción atemporal que sigue resonando en el corazón de los lectores.
El libro "Zipi y Zape. Los gemelos más famosos del tebeo", editado por Bruguera, permite comprobar la evolución, tanto gráfica como conceptual, de los gemelos a través de las décadas. En las páginas seleccionadas por Toni Guiral para el volumen, los cambios experimentados por la sociedad se ven reflejados. Así comprobamos cómo llega la primera televisión a casa de los Zapatilla, tres años después de que se comenzara a comercializar en España, por citar solo un ejemplo.
Se han publicado recopilaciones de historietas como "Lo mejor de Zipi y Zape", editado por Bruguera, que recupera las mejores historias de los gemelos. El libro comienza con la primera aventura de Zipi y Zape, que se titulaba "La caseta de baños" y se publicó en el nº 57 de la revista Pulgarcito, en 1948. Una historieta en blanco y negro en la que ya aparecían los gemelos y sus progenitores.

En esta primera historia, Zipi y Zape eran muy diferentes a los que conocemos, tenían un aspecto mucho más espigado y parecían casi adolescentes. Sus padres, curiosamente, se parecen más físicamente, pero Don Pantuflo no tiene ese nombre, sino que se le conoce como Don Raguncio Feldespato. En el libro podemos comprobar cómo, enseguida, los personajes fueron adquiriendo el físico con el que los reconocemos actualmente.
Al analizar la evolución de Zipi y Zape, es interesante observar cómo los castigos que don Pantuflo infligía a sus hijos por sus travesuras, que en los primeros episodios rozaban el sadismo, se fueron suavizando con los años y la censura. Se pasó de castigos como atarlos a un poste con dos bombas debajo, tirarlos al fondo del mar o la hoguera, la guillotina o atarlos a las vías del tren, a otros más anecdóticos como el famoso "cuarto de los ratones".
Sin embargo, a pesar de sus travesuras, Zipi y Zape siempre ayudaban al prójimo, peleaban contra los malos e intentaban aprender, aunque a su manera. Porque en el fondo eran los niños que todos queríamos ser: traviesos pero con un gran corazón.
El cómic de Zipi y Zape es un espejo distorsionado de la realidad del momento, que refleja la estricta educación de la época, con duros castigos infundidos por su padre. Entre ellos, obligarlos a tomar aceite de ricino o a pasar la noche en el “cuarto de los ratones”, golpearlos con la zapatilla, amén de dedicarles insultos como “batracio”, “berzotas” o “gaznápiro”.
Zipi y Zape y el club de la canica: Básica y genérica, pero entretenida | El escondrijo de Kid
La serie de historietas de humor creada por Josep Escobar para Bruguera narraba las peripecias de dos traviesos hermanos, uno rubio (Zipi) y otro moreno (Zape), que vivían con sus padres, Don Pantuflo Zapatilla y Doña Jaimita Llobregat, un matrimonio burgués, acomodado y chapado a la antigua. Escobar creó a sus gemelos a imitación de los personajes de Wilhelm Busch, Max y Moritz, que ya habían inspirado a Rudolph Dirks la creación de la serie de prensa The Katzenjammer Kids.
En principio, las historietas de Zipi y Zape, a diferencia de las de Max y Moritz y las de Hans y Fritz, que fueron personajes traviesos y mal intencionados, se desarrollaban sobre un esquema limitado de situaciones generalmente basadas en las consecuencias que provocaban las buenas intenciones de los gemelos y su obediencia a las instrucciones paternas, y el inevitable castigo final de sus progenitores.
Con el paso del tiempo la serie perdió su violencia inicial, y las tramas se fueron alejando del costumbrismo familiar, buscando temas más variados, llegando a convertirse en la última época en historias de aventuras con asomos incluso de ciencia ficción. Es digno de comentarse el caso de varios episodios publicados a finales de 1953 en los que los Zapatilla abandonaban su entorno habitual urbano y, como antecesores de los televisivos Flintstones (Los Picapiedra), nos eran mostrados como habitantes de un poblado prehistórico. En aquellas historietas el tema solía girar sobre la previsión por parte de los gemelos de avances propios de la edad moderna.
La siguiente tabla, que se ha elaborado a partir de recopilaciones de historietas, permite ver cómo nació la serie y cómo Escobar fue desarrollando su microuniverso de personajes, y cómo este fue evolucionando al elenco principal, los diseños, el trazo, las filias y las fobias de sus protagonistas.
| Personaje | Relación con Zipi y Zape | Notas |
|---|---|---|
| Don Pantuflo Zapatilla | Padre | Catedrático, aficionado a la pipa y la lectura. |
| Doña Jaimita Llobregat | Madre | Ama de casa, mediadora en conflictos. |
| Tío Federico | Tío (hermano de Don Pantuflo) | Personaje recurrente en los primeros años. |
| Don Peloponeso | Vecino | A menudo acompañado de su esposa Doña Santiaga. |
| Sapientín | Primo | Primo superdotado de Zipi y Zape. |
| Carpanta | Personaje de otra serie de Escobar | Reflejo de la época de posguerra. |
El impacto cultural de Zipi y Zape es innegable; han influido en numerosas generaciones de jóvenes lectores y han dejado una marca indeleble en el mundo del cómic en España. Sus historias han sido adaptadas a diferentes medios, incluyendo el cine y la televisión, lo que demuestra su trascendencia. Además, han inspirado a otros creadores, consolidándose como un símbolo del cómic infantil en el país.
La serie se ha adaptado a los cambios culturales y sociales, reflejando las preocupaciones y aspiraciones de cada época. En sus primeras aventuras, se enfocaban en las travesuras infantiles, mientras que, en sus historias más recientes, se ha incorporado un trasfondo más complejo, abordando temas como la amistad, la familia y la identidad.
El cómic de Zipi y Zape, a pesar de los años, sigue siendo un referente para el público de siempre y busca ser atractivo para las nuevas generaciones. Es un momento perfecto para hacerse con estos cómics y descubrir o redescubrir las travesuras de estos dos hermanos.