Uno de los principales problemas al hablar de homosexualidad en la Roma Antigua es que solemos trasladar nuestros conceptos contemporáneos hacia el pasado... y ¡eso es un error! Además, como ya hemos explicado en otros post, la sexualidad romana era un claro reflejo de su concepto de poder, el hombre romano, el pater familias, era un hombre que poseía, que dominaba, por ello su obligación en el sexo era tomar un papel activo, por lo que el sexo no era una cuestión de placer ni mucho menos de amor. Se sodomizaba a esclavos, prisioneros, libertos o extranjeros, nunca a otros ciudadanos romanos. Por último, añadir que en este primer post vamos a intentar acercarnos al concepto de homosexualidad existente en la cultura romana.
La bisexualidad estaba muy presente en el mundo grecorromano. Esto mismo nos cuenta Marcial en un epigrama cuando su mujer le pilla in fraganti con el esclavo de la casa:
"Me colmas de reproches, mujer, porque me has sorprendido con mi tierno esclavo, y como último argumento, me dices que también tienes posaderas. ¡Cuántas veces dijo otro tanto Juno al lascivo (Júpiter) Tonante! Éste, sin embargo, se acuesta aún con su grácil y delicioso Ganimedes. El héroe de Tirinto soltaba el arco para entendérselas con el bellísimo Hilas; ¿y crees, quizá, que no tenía trasero Mégara? La fuga de la hermosa Dafne desesperaba a Apolo; no obstante, el pastor de la Ebalia supo bien pronto consolarlo. Briseida brindaba su virginal trasero a Aquiles; éste prefería los favores de un jovencito." - Marcial, Epigramas, (Lib.XI, ep. 45)
Sus más alta plumas, como Ovidio y Séneca hablan de la homosexualidad con toda normalidad. La austeridad y la templanza. El retrato que nos hacen estos escritores es que vivíamos en un mundo abiertamente bisexual, y aunque muchos de ellos eran críticos con la extensión de estos "vicios", parece innegable afirmar que tanto la homosexualidad como la bisexualidad estuvieron enormemente extendidas en muchas provincias romanas. Y por ello, nos preguntamos... Y es que en un mundo abiertamente bisexual es difícil definir la homosexualidad en nuestros términos modernos, ¡claro que habría hombres que sólo sintiesen atracción por otros hombres!
“Eras rico en otro tiempo, pero entonces fuiste pederasta y no conociste ni una sola mujer en mucho tiempo. Ahora vas detrás de las viejas. ¡A cuánto obliga la indigencia!” - Marcial, Epigramas.
Por todo ello es difícil encontrar el caso de ciudadanos romanos que tuviesen una vida de pareja estable entre ellos, ¿para qué caer en ese estigma social? si podías convivir con tu esclavo toda una vida... o acaso no fue eso lo que pasó entre el gran emperador Adriano y su joven (y extranjero) amante Antínoo.

La vida sexual en la Antigüedad ha sido motivo de toda clase de mitificación. Grecia, y luego Roma, han sido fabulados como lugares donde la libertad sexual, indiferentemente de la inclinación de los amantes, se aceptaba a niveles que sonrojarían a puritanos de otros tiempos. Una idea simplista que ha dado como resultado afirmaciones erróneas como la de que Julio César o Alejandro Magno eran abiertamente homosexuales o que ir a una bacanal resultaba como quedar para tomar el aperitivo. Lejos del concepto moderno de homosexualidad entre adultos, los griegos practicaban la pederastia como una forma de introducción de los jóvenes (ya en la pubertad) a la sociedad adulta. Un mentor asumía la formación militar, académica y sexual de un joven -que no era considerado ni legal ni socialmente un hombre- hasta que alcanzaba la edad de casamiento. Lo tardío de los matrimonios y el papel limitado de la mujer en la sociedad alentaban este tipo de prácticas, que variaban radicalmente en función de qué ciudad-estado se trataba. Cosa distinta a la homosexualidad entre hombres adultos, que despertaba en muchas ocasiones comportamientos homófobos. Las relaciones entre hombres adultos de estatus social comparable, no así con esclavos, iban acompañadas de estigmatización social dada la importancia de la masculinidad en las sociedades griegas.
A comienzos de la República romana, la homosexualidad estuvo penada incluso con la muerte por la ley Scantinia y quedó restringida en el ejército desde el siglo II a.C. Los elementos más conservadores de la sociedad romana calificaban estas relaciones como el «vicio griego» y lo atribuían a las causas de la decadencia de esta civilización. Solo el tiempo permitió que estas relaciones fueran aceptadas, aunque no faltaron los difamadores que sacaron provecho político al arte de los rumores de alcoba.
Si bien en Grecia la línea roja la marcaba el que hubiera una diferencia de edad entre los amantes, en Roma era prioritario diferenciar quién ejercía el papel de activo y quién el de pasivo, tanto a nivel sexual como social. El sexo se veía como un juego de poder, donde lo aceptable venía marcado por la jerarquía social. Explica Javier Ramos en su libro «Eso no estaba en mi libro de Roma» (Almuzara) que «la pasividad en las relaciones entre hombres quedaba reservada para los esclavos o para los adolescentes. Ser penetrado era la mayor de las humillaciones». Asimismo, Alberto Angela, en su libro «Amor y sexo en la Antigua Roma» (Esfera de los libros), recuerda que para los romanos la homosexualidad era también de carácter «punitivo», se sodomizaba a los prisioneros, a los enemigos, a los esclavos o a los extranjeros para dominarlos.
Los opositores a Julio César usaron siempre los rumores de que en un viaje diplomático había mantenido relaciones homosexuales con Nicomedes IV, Rey de Bitinia, para erosionar la autoridad del dictador romano. La acusación era grave no por tratarse de una relación homosexual, la cual podía ser asumida, sino por haber ejercido supuestamente el papel de pasivo sexual con un extranjero. Julio César, que siempre negó la acusación, fue de hecho un conocido casanova con predilección por las esposas de otros senadores y cargos políticos.
La plebe y la aristocracia debían ser discretas en estas relaciones, no así los Emperadores. El historiador Edward Gibbon recuerda en su obra que de los doce primeros emperadores solo a Claudio le interesaban exclusivamente las mujeres. El emperador Nerón fue el primero que se casó con otro hombre, un joven eunuco de palacio llamado Esporo. Y de entre los amantes masculinos que se vinculan con Calígula se suele mencionar, entre los más conocidos, al histrión griego Mnéster y a su primo Emilio Lépido. Este último ejerció un papel protagonista a nivel político hasta que, a finales del 39, el emperador le acusó de encabezar un complot contra él y ordenó su ejecución. Lépido reconoció antes de morir que había tenido relaciones sexuales con el Emperador y que tenía el vientre dolorido de la pasión que en ellas había puesto, lo que insinuaba que había ejercido él el papel activo en el acto sexual. Nada comparado con el escándalo que supuso el reinado de Heliogábalo.
Con el reinado del emperador de origen hispano Trajano, que sentía gran admiración por la cultura helenística, se retornó parcialmente la práctica de la pederastia. A la conocida preferencia de este emperador por los jóvenes le siguió la que su sucesor, el también hispano Adriano, profesó especialmente a uno, el joven griego Antínoo. Tras su trágica muerte, ahogado en el río Nilo, Adriano erigió templos en Bitinia, Mantineia y Atenas en su honor, y hasta le dedicó una ciudad, Antinoópolis. Por el contrario, el lesbianismo se estimaba una aberración a ojos romanos y la mayoría de autores pasan de puntillas por este tipo de relaciones. En uno de esos viajes ocurrió una tragedia, ya que Antínoo murió ahogado en las aguas del río Nilo, cuando este solo contaba con dieciocho años. Los motivos de su fallecimiento siguen siendo un misterio. La reacción de Adriano al enterarse de la muerte de su amado fue de profundo dolor.

“La lluvia, afuera, enfría el alma de Adriano. El joven yace muerto. En el lecho profundo, sobre él todo desnudo, la oscura liz del eclipse de la muerte se vestía.” - Fernando Pessoa, Poema a Antinoo.
Sabías que hubo en la práctica muchos emperadores romanos homosexuales. Cada civilización tiene su propia historia y cultura. La antigua Roma y Grecia son consideradas civilizaciones muy influyentes. Contaban con prácticas sexuales aceptadas en aquella época. Aun teniendo variadas prácticas, existían algunas que no eran aprobadas por la mayoría de la gente. En Roma, al contrario de Grecia, la pasividad era algo mal visto. Esto se ve reflejado en las historias de algunos emperadores romanos que son considerados homosexuales.
La Homosexualidad en la Época Romana
Roma tuvo aproximadamente 26 emperadores en época del imperio. Cada uno con particularidades. Algunos emperadores son considerados homosexuales. La relación sexual entre hombres evolucionó en términos de aceptación en Roma. Antes de ser mayoritariamente aceptado, este acto era castigado. No obstante, una cosa debe quedar clara. Las relaciones llevadas a cabo entre hombres debían ser al mismo tiempo una relación de poder. Era aceptable que un emperador tuviera esclavos que le satisfacían sexualmente. Hombres y mujeres debían estar a disposición del emperador. La condición era no optar por una postura pasiva en las relaciones homosexuales. Tener el rol de sumisión siendo emperador era inadmisible. La percepción de las relaciones sexuales entre hombres en Roma fue cambiando. Pero no cambiaba el hecho de la homosexualidad. Es decir, se podía tener relaciones entre hombres, siempre y cuando no hubiera intenciones de relación sentimental y formal.
Emperadores Homosexuales en Roma
Hay un listado de emperadores que hablaron directamente de sus preferencias sexuales. Entre ellos se encuentran Nerón, Adriano, Heliogábalo entre otros. Se cuenta que por lo menos 10 de los emperadores romanos fueron considerados homo o bisexuales. Se menciona a estos tres emperadores por ser de los más destacados. No precisamente por su forma de gobernar. Por el contrario, su vida dejaba mucho de qué hablar. Adriano fue un emperador que, pese a contraer matrimonio con una mujer, tuvo a su amante y verdadero amor, Antinoo. Después de conocerse en un viaje, deciden pasar más tiempo juntos y tener una relación. La trágica muerte de Antinoo en el Nilo provoca la construcción de una ciudad en su honor y con su nombre.
Heliogábalo es el emperador que más dio de qué hablar en la antigua Roma. Tuvo una gran cantidad de amantes. Hombres y mujeres, además siempre quería optar por un rol pasivo. Disgustó a mucha gente por sus acciones y por casarse dos veces con hombres.

Hoy en día, tenemos una imagen de la antigua Roma como una sociedad permisiva, y en cierto modo sexualmente liberada, pero cometemos un error al mirar según un prisma actual una época cuyas leyes y comportamientos estuvieron muy alejados de nuestras costumbres. Por ejemplo, se tiene la vaga idea que los romanos gozaban de una amplia libertad sexual y que la sociedad permitía relaciones tanto adúlteras como homoeróticas, algo que, sin embargo, no fue del todo cierto. Lo cierto es que el sexo en Roma era fundamentalmente una dinámica de poder mediante la que los ciudadanos varones ejercían su poder sobre los elementos inferiores de la sociedad, es decir mujeres, libertos y esclavos.
Por ello hay que entender a las relaciones homosexuales como un elemento más de la ordenación social por la que se regía Roma, dejando de lado nuestras ideas de orientación o género para entender el sexo, y sobre todo, el acto de la penetración, que fue un elemento jerarquizador que reforzaba la estructura social. Así, el sexo no era tanto cuestión de género sino de quién penetraba a quién, siendo lo aceptado por la moral romana el que un ciudadano varón fuera la parte activa en cualquier relación, incluidas las homosexuales, siempre y cuando fuera él quien se introdujera en el otro para imponer su virilidad, y no viceversa.
Buen ejemplo de ello lo encontramos en los propios emperadores, con soberanos de la talla de Adriano tomando amantes como el joven griego Antínoo, sin que nadie pestañeara, aún cuando el emperador le dedicó templos y un culto a su muerte, al haber sido el emperador siempre la parte activa en la relación. Por contra, Nerón y Heliogábalo fueron denostados en las fuentes al haber asumido un papel femenino o pasivo en sus relaciones con hombres, llegando incluso el segundo a vestirse de mujer y casarse con el atleta Zoticus.
Todo ello quedó regulado por normas como la ley Scantinia, en la que se protegía a los niños romanos de agresiones sexuales con pena de muerte para los agresores, castigándose otras ofensas (siempre contra los ciudadanos) con multas; cobertura legal de la que, por supuesto, quedaban excluidos los esclavos al ser una propiedad más sin ningún tipo de derecho.
Al ser, pues, un privilegio de los hombres libres, las mujeres romanas quedaron teóricamente excluidas de la sexualidad: su rol social era el de simples generadoras de ciudadanos. Sin embargo, ya desde el siglo I a.C. vemos cómo esta dinámica patriarcal empieza a invertirse con autores como Juvenal, Marcial y Ovidio, quienes, por amor, se convierten en siervos de sus amadas invirtiendo así el orden social. Es en esa misma época precisamente cuando empiezan a aparecer en las fuentes algunos ejemplos de mujeres homosexuales (llamadas tribas o “frotadoras”), maltratadas siempre por los autores como desviadas sexuales. Curiosamente sabemos que estas usaban juguetes fálicos durante el sexo, adoptando el papel prohibido de penetradoras con mujeres y varones, lo que era una abominación a ojos de la moral romana.
Como hemos visto, en Roma la homosexualidad no fue tanto cuestión de orientación sexual como de ejercicio del poder sobre aquellos por debajo de uno, fueran estos mujeres, esclavos, libertos o ciudadanos más pobres.