Carla Berrocal (Madrid, 1983) es una ilustradora valiente que no solo ha tenido el arrojo de escribir una biografía en formato cómic absolutamente brillante, Doña Concha, sino que lo ha creado sobre una figura que, a priori, echaría para atrás a más de una.
Berrocal ha conseguido acercarnos a una personalidad y a un género musical encasillados injustamente en el folclore más rancio. La decisión de Carla Berrocal de abordar la vida de Concha Piquer en formato cómic surge de un interés paralelo por la copla y por la figura de la cantante. "Fue empezar a interesarme sobre la copla y el concepto general de lo que significa y de lo que ha significado para la cultura española y a la vez fui interesándome por la figura de Concha Piquer, un poco paralelo", explica la autora.
Aunque esta es su segunda biografía en cómic, la primera fue una obra más libre y experimental. En el caso de Concha Piquer, el proceso fue mucho más complejo, requiriendo una profunda disección para seleccionar qué aspectos de su vida incluir y cuáles omitir. "Tuve que diseccionar, elegir qué partes quería, qué parte no, qué partes me llamaban la atención", comenta Berrocal.
Uno de los aspectos que más impactó a la autora fue la decisión de Concha Piquer de retirarse de los escenarios en la cima de su carrera. "Me pareció una decisión arriesgada y muy valiente el hecho de dejar de hacer lo que más le gustaba en el mundo porque pensaba que la calidad de su voz no era lo suficientemente buena como para continuar dando espectáculos", señala Berrocal. Esta determinación marcó el punto final de la narrativa del cómic, dejando de lado otros aspectos de su vida como la maternidad o su posterior declive.
El cómic también aborda la compleja relación de Concha Piquer con el exilio español y su imagen pública. Stephanie Sieburth señala la importancia de Piquer como punto de contacto para los exiliados españoles durante sus giras por Sudamérica, ofreciéndoles un vínculo con su país. A pesar de que a menudo se le achacó ser "facha", Berrocal destaca que fue una de las pocas artistas que mantuvo contacto con los exiliados, lo que ayuda a matizar esa imagen.

La autora critica la simplificación del relato histórico en España, donde se tiende a dividir entre quienes se exiliaron y quienes apoyaron el régimen. Berrocal recuerda que muchas personas que permanecieron en España, como su propio abuelo, no estaban de acuerdo con la dictadura pero se quedaron para reconstruir el país. Critica que para la izquierda sea más satisfactorio el relato del artista exiliado y marginado, como Miguel de Molina, que el de las folclóricas que, a pesar de las dificultades, continuaron trabajando en España. Berrocal subraya que, al igual que Concha Piquer, muchos artistas de la copla crearon obras maravillosas durante la posguerra y el franquismo, pero no han sido suficientemente reivindicados.
Concha Piquer es descrita como una figura contundente y de gran peso en el mundo de la copla, que evolucionó de "Conchita" a "Doña Concha". Se la recuerda como una mujer orgullosa, profesional, "borde" y, sobre todo, una señora. Su nieta relató que tomaba un whisky a diario a las cinco, un detalle que inspiró a Berrocal a querer ser como ella de mayor. Piquer se caracterizó por hacer siempre lo que quiso, desafiando las convenciones de la época, como mantener una relación con un hombre casado o quedarse embarazada soltera, lo que la obligó a viajar a Uruguay para casarse. Fundó su propia compañía y, ante las imposiciones oficiales, enviaba un cheque en lugar de asistir a actos. "Fue una persona muy libre; a pesar de vivir en un contexto que no se lo permitía conservaba una libertad que es bastante admirable", afirma Berrocal.

La profesionalidad de Concha Piquer se evidencia en sus entrevistas, donde raramente mostraba a la persona real detrás de la artista, manteniendo siempre una imagen cuidada y medida. Berrocal reflexiona sobre el feminismo, sugiriendo que muchas mujeres de generaciones anteriores, como las madres y abuelas, lucharon por ofrecer mejores oportunidades a las mujeres actuales, sin necesidad de ostentar un carné feminista. En este sentido, Concha Piquer, aunque motivada por razones personales y profesionales, abrió caminos para otras mujeres. A pesar de su posición de privilegio, su determinación al frente de su propia compañía, lo que le valió la fama de "mandona", puede interpretarse como un acto de feminismo en una época donde una mujer al mando de un equipo de treinta personas, en la España franquista, debía ser exigente y firme para sacar adelante el trabajo.
El cómic destaca tres momentos clave en los que Concha Piquer canta en el escenario: el debut con "Florero" en Estados Unidos, "Noche de luna" y "Mañana sale". Berrocal decidió incluir las letras completas de las canciones, especialmente "Florero", para transformar a la artista y mostrar el poder y la belleza de las letras de la copla. "Quería que la gente lo oyera de alguna manera", explica, buscando que el lector se sumergiera en la experiencia visual y emocional de la actuación.
Las canciones se ubican estratégicamente en puntos vitales de la narrativa. Las que se encuentran en la parte inferior de la página actúan como acompañamiento, mientras que las situadas en la parte superior señalan momentos cruciales. Rafael de León, a menudo, basaba sus composiciones en la vida de Concha Piquer. Un ejemplo es "Romance de la otra", escrita para ella cuando era "la otra" de Antonio Márquez. La interpretación de esta canción, vestida de negro y llorando, era un espectáculo conmovedor.

Berrocal reconoce que, si bien el cómic se basa en hechos reales, existen elementos ficcionados para dar fluidez a la narrativa y permitir al lector conectar emocionalmente con los personajes. Ha proyectado sus propias experiencias vitales, incluyendo desamores y dramas, en la construcción de la historia. "Es muy importante el tema de la autoría; no se trata de contar simplemente una vida, es que ficciones contando una vida y que el relato suene bien", afirma.
El cómic también incluye fragmentos del discurso de Franco, que Berrocal compara con el lenguaje actual de la ultraderecha, mostrando la perpetuación de ciertos discursos a lo largo del tiempo. "Voy a colar esto, a ver si la gente se da cuenta o reflexiona un poco…", comenta, evidenciando la intención de generar reflexión sobre la historia y su eco en el presente.
La España de la copla documental (resumen)
La estructura fragmentada del cómic, con viñetas en hojas color salmón al inicio de cada capítulo, es una decisión narrativa deliberada para invitar al lector a un esfuerzo interpretativo. "Me hacía gracia meter un plano narrativo en el que el lector o lectora hiciera el esfuerzo de saber qué está pasando", confiesa Berrocal, señalando que muchos lectores no perciben estos detalles, lo que demuestra la profundidad de la planificación. La autora buscaba romper con la linealidad de la biografía tradicional, explorando la importancia de la copla y su invisibilización a través de un medio también denostado como es el cómic.
"Lo que quería no era solamente narrar la vida de una persona, sino armar un discurso sobre qué es la copla, por qué ha sido invisibilizada, qué ha pasado con el franquismo y la copla, por qué la copla les gusta tanto a los maricones…", explica Berrocal. La copla, según la investigadora Lidia García, ha sido para las mujeres una forma de canalizar emociones, abordando temas de mujeres "arrabaleras, marginales, violentas", alejadas del ideal promovido por el régimen. Berrocal celebra que muchos lectores hayan cambiado su percepción de la copla tras leer el cómic, sintiendo que ha contribuido a hacer justicia a este género musical y a mirarlo con orgullo.
La copla, como música popular, se popularizó gracias a artistas como Concha Piquer y la aparición de la radio. Franco se apropió de ella, identificándola con lo español y utilizándola para unificar el discurso nacionalista, a pesar de que las letras a menudo reflejaban historias desgarradoras y complejas, compuestas por artistas de diversas sensibilidades, incluyendo homosexuales como Rafael de León.
Carla Berrocal busca con su obra generar un discurso que abarque la copla, su invisibilización, la relación con el franquismo y su conexión con la comunidad LGTBIQ+. El cómic se presenta como un medio accesible para explorar estas temáticas complejas, democratizando el acceso al conocimiento sobre un género musical a menudo menospreciado.
La autora critica la tendencia a idealizar la "alta cultura" en España, mientras se infravalora la cultura popular, asociándola erróneamente con mala calidad. Las coplas, con sus letras sobre amantes, prostitutas y personajes complejos, compuestas por autores de la talla de Rafael de León, demuestran la riqueza y profundidad de la música popular.
El cómic de Berrocal no solo narra la vida de Concha Piquer, sino que también funciona como una herramienta para reivindicar la copla y su legado, desafiando prejuicios y ofreciendo una perspectiva renovada sobre su importancia cultural e histórica. La autora espera que su obra contribuya a una mayor apreciación de este género musical y de las mujeres artistas que, como Piquer, forjaron su propio camino en un contexto adverso.
La obra de Berrocal invita a reflexionar sobre la memoria histórica, la representación de las mujeres en la cultura y la compleja relación entre arte, política y sociedad. "Doña Concha" se erige como un testimonio valiente y necesario para comprender mejor una figura icónica de la música española y el género que la catapultó a la fama.