Melissa Shepherd se saltó su habitual desayuno compuesto por un café largo y un pedazo de tarta y lo sustituyó por dos vasos de agua mineral. Quería empezar el día con el estómago vacío. No quería vomitar como la última vez, cuando el Curiosity aterrizó en Marte. Tenía por delante una mañana de más tensión aún que la del Curiosity. Entonces era solo técnica de nivel medio, pero ahora dirigía un equipo.
Llegó a las siete. No estaba sola, un grupo de técnicos había estado toda la noche cargando la Botella para el ensayo, pero sí fue lo bastante madrugadora para encontrarse las gigantescas instalaciones de prueba casi vacías, pobladas por los ecos inquietantes que creaban cada uno de sus pasos en los amplios espacios. El Complejo de Simulación de Entorno era uno de los edificios más grandes del campus aeroespacial Goddard, una especie de nave industrial que ocupaba dos hectáreas, llena de máquinas raras y salas de ensayo. Era donde se congelaban, batían, calentaban, freían, irradiaban, centrifugaban y bombardeaban con sonido los satélites y sondas espaciales a fin de comprobar si eran capaces de sobrevivir a las fuerzas del despegue y a las condiciones extremas del espacio exterior.
El primer ensayo del Explorer de Titán no se ajustaba al test Goddard habitual. No simularían el vacío y el frío del espacio. Melissa Shepherd se paseó sin prisas por la zona de pruebas, respirando el olor a aparatos electrónicos calientes y a productos químicos, al tiempo que recorría con la mirada las gigantescas y mudas máquinas de ensayo. Finalmente llegó a la cámara central de pruebas, conocida como «la Botella». Instalada en una sala estéril de clase 1000, estaba hecha de paneles de plástico con un sistema laminar de filtrado de aire. Fue al vestuario y se puso la bata, los guantes, el gorro, la mascarilla y las botas. Movió la pesada cortina de plástico y entró en la zona esterilizada. Dentro sonaba un ligero silbido. La Botella, el tanque de acero inoxidable de doce metros de diámetro y casi treinta de alto, se erigía frente a ella. Estaba rodeado de abrazaderas metálicas, tuberías y conductos de todo tipo. En el interior, los ingenieros habían recreado una pequeña porción del mar de Kraken, el océano más largo de Titán, para probar el Explorer en condiciones reales.
La mayor de las lunas de Saturno constituía una excepción en el sistema solar, porque era la única dotada de atmósfera. Tenía mares. Tenía lluvia, nubes y tormentas. Tenía lagos y ríos. Tenía estaciones. Tenía montañas, volcanes en erupción y desiertos con dunas esculpidas por el viento. En Titán el líquido no era agua, sino metano. Las montañas no estaban hechas de roca, sino de hielo. Los volcanes en erupción no escupían lava fundida, sino agua líquida. La atmósfera era densa y tóxica. Los desiertos eran acumulaciones de pequeños granos de alquitrán tan fríos que se comportaban como la arena agitada por el viento en la Tierra. Todo ello formaba un entorno extremo, pero también con posibilidades (remotas) de albergar vida; no como la de la Tierra, sino una forma basada en el hidrocarburo y capaz de existir a casi doscientos grados bajo cero.
Aún no acababa de creerse que fuera una de las principales integrantes del proyecto Kraken, la primera tentativa de explorar Titán. Era un sueño hecho realidad. Su interés por Titán había empezado a los diez años, edad a la que leyó la novela de Kurt Vonnegut titulada Las sirenas de Titán.

Sacó la lista del día y empezó a repasarla visualizando las pruebas decisivas que tendrían que realizar. Mientras el reloj se acercaba a las ocho fueron llegando los demás, que la saludaron con un movimiento de cabeza o con una sonrisa. A las nueve empezaría la cuenta atrás de verdad.
Al ver entrar a sus colegas, entre conversaciones y risas, volvió a sentirse una intrusa. Nunca se había sentido muy cómoda entre sus compañeros de la NASA, que eran casi todos unos megaempollones, gente de gran inteligencia y resultados muy por encima de la media salida de sitios como el MIT o Caltech. Ella no podía participar en sus anécdotas nostálgicas sobre el día en que habían ganado el concurso de ortografía, sus triunfos en el club de matemáticas o su participación en el concurso Intel de nuevos talentos científicos. Cuando ellos eran los preferidos del profesor, Melissa reventaba coches y robaba las radios para comprar droga. Había acabado el instituto de milagro, y a duras penas había entrado en una universidad de tercera. Su inteligencia no respondía al prototipo habitual, sino que era distinta, incontrolable, neurótica e hipersensible, llena de manías y obsesiones. Sus momentos de mayor felicidad eran cuando estaba a solas en una habitación oscura y sin ventanas, programando como loca y muy lejos de los seres humanos, tan descuidados e imprevisibles. Aun así, en la universidad había logrado controlar su conducta neurótica e hincar los codos. El problema se veía agravado por otro, fuente a su vez de incesantes dificultades para ella: que era una rubia de metro ochenta, con las piernas largas, pecas y una nariz bonita y respingona. Se daba por hecho que las chicas así eran tontas. No entraba dentro de lo previsto que fueran ingenieras espaciales. Lo único que la salvaba de ser una copia de Barbie era un gran hueco entre sus dientes delanteros, lo que se llamaba un diastema. Durante su adolescencia se había negado tercamente a que se lo arreglasen, a pesar de los ruegos de su madre, y ahora se alegraba.
Aún le sorprendía que la hubieran puesto al frente del equipo que programaba todo el software del Explorer. El reto era el siguiente: Titán estaba a dos horas luz de la Tierra, y por lo tanto el Explorer no podía controlarse en tiempo real desde su planeta de origen. Las cuatro horas de desfase en la transmisión de instrucciones eran excesivas. El mar de Kraken, además, era un entorno muy cambiante. El software tenía que ser capaz de tomar decisiones por sí solo. Tenía que ser listo.
Curiosamente, Melissa se había beneficiado de sus escarceos con la delincuencia. Había roto todas las reglas a la hora de escribir el código. Para cumplir con el encargo había creado un nuevo paradigma de programación y hasta un nuevo lenguaje, basados ambos en el concepto de «lógica desaliñada». La lógica desaliñada, idea con una larga historia en el mundo de la programación, hacía referencia a un tipo de código informático suelto e impreciso que buscaba resultados aproximados. Pero Melissa la había llevado más lejos. Según ella, el cerebro humano funciona con lógica desaliñada. Somos capaces de reconocer un rostro o hacernos idea de un paisaje en un instante, cosa que no es capaz de hacer ni el más potente de los supercomputadores. ¿Cómo lo hacemos?, se preguntaba Melissa. Pues gracias a que el cerebro humano está programado para visualizar cantidades ingentes de datos. Al mirar un paisaje no lo procesamos píxel por píxel, sino todo a la vez. Y eso fue justamente lo que Melissa hizo. Su software procesaba los datos al verlos y oírlos. En cierto modo vivía dentro de ellos, como los seres humanos. En vez de invertir grandes esfuerzos en que el output inicial fuera correcto, Fiat Lux, al principio, producía un output flojo y lleno de errores, pero daba igual; la clave era la automodificación. Cuando el programa expelía un output erróneo, se modificaba solo. Aprendía de sus errores, y en la siguiente ocasión ya no se equivocaba tanto.
Durante un tiempo, la plataforma de software que Melissa y su equipo estaban creando funcionó bien, iba ganando en precisión y complejidad. Pero al cabo de un tiempo empezó a degradarse y fallar hasta que se bloqueó del todo. Melissa se pasó todo un año devanándose los sesos en busca de la causa de que, al margen de cómo formulasen las iteraciones iniciales, el software acabara por fallar y quedar paralizado. La revelación la tuvo una noche de insomnio. Le bastó media hora de programación para aplicarlo, y a partir de entonces el problema quedó totalmente resuelto. Llevó la programación de IA a otro nivel. Melissa había mantenido el truco en secreto. Suponía que podía valer miles de millones de dólares y que en malas manos podía ser muy peligroso. Ni siquiera se lo explicó a su equipo. Por otra parte, el código era tan básico que nadie llegó a darse cuenta o a entender su sencillísimo funcionamiento. Después de miles de simulaciones, en las que el software se había modificado a sí mismo, tenía la capacidad de reproducir todas las habilidades que pudieran requerirse en una misión tripulada. Podía manejar todo el equipo de la balsa Explorer sin ningún input del centro de control. Lo más importante de todo era que el software seguía modificándose a sí mismo.
Nunca se había puesto en marcha un proyecto de tanta complejidad como aquel. A su lado, el Curiosity de Marte parecía un paseo en calesa por Central Park. La idea básica era dejar caer una balsa en el mar de Kraken. Durante un período de seis meses el Explorer se propulsaría a lo largo y ancho de la extensión de agua explorando su costa y sus islas, y acabaría recorriendo varios miles de kilómetros de orilla a orilla. A mil millones de kilómetros de la Tierra, aquella balsa solitaria tendría que capear tormentas, vientos, olas, arrecifes, corrientes y quizá hasta las formas de vida hostiles que nadaran en sus aguas de metano.

Melissa pensó en ello mientras acababa de revisar la lista y se acercaba a la consola de control para iniciar la cuenta atrás. Jack Stein, el ingeniero jefe, había ocupado su puesto, a su lado, junto con el director de la misión. Con el traje protector y el gorro, Stein parecía el muñeco de Michelin, pero Melissa sabía muy bien lo que había debajo. Liarse con Stein había sido uno de sus primeros movimientos impulsivos en Goddard. No habían perdido la amistad después de aquella aventura tan intensa y, de alguna manera, incluso había mejorado su relación laboral. Melissa no tenía muy claro por qué habían roto. Solo sabía que había sido Stein quien había puesto fin a la relación aludiendo vagamente a los rumores y las habladurías en un clima tan enrarecido como el de Goddard y a que corrían el riesgo de perjudicar sus carreras. Tenía razón, por descontado. Era una misión increíble, una oportunidad que solo se presentaba una vez en la vida.
Al tomar asiento frente a la consola, su mirada se cruzó fugazmente con la de Stein, a quien saludó con un gesto de cabeza y una media sonrisa. También él sonrió, contrayendo los párpados, y levantó el pulgar. El ingeniero jefe estaba inicializando varios instrumentos y comprobando que todos los sistemas estuvieran operativos para asegurarse de que los ordenadores y las servoválvulas que gestionaban y mantenían las condiciones extremas del interior de la Botella funcionasen. Su posición elevada en la plataforma de la consola le ofrecía una buena visión de la Botella y de la balsa Explorer.
Para aquel ensayo habían enfriado el interior de la Botella hasta los 180 grados bajo cero y la habían llenado parcialmente con un caldo de metano líquido y otros hidrocarburos. Habían sintetizado e introducido cuidadosamente la atmósfera de Titán (una mezcla corrosiva de nitrógeno, cianuro de hidrógeno y tolinas) y la habían presurizado a 1,5 bares. Preparar aquella sopa tóxica, enfriarla y cargarla en la Botella había requerido una semana. Ahora el contenedor estaba listo para recibir al Explorer durante su primer ensayo en condiciones reales. Aquella prueba inicial solo servía para ver si la balsa podía sobrevivir y si en condiciones tan extremas se extenderían y retraerían su antena, su brazo mecánico y su foco. Más tarde harían ensayos de funcionamiento más complejos. Si iba a fallar algo, más valía que lo hiciera ahí, donde aún tenía solución, y no en la superficie de Titán.
Todo sobre el proyecto Kraken: la explicación a que la Tierra esté cubierta de Océanos...
Desde que se había formado su primera conciencia, a partir de una especie de neblina blanca, vivía en el palacio. Estaba situado a la orilla de un mar y tenía tres lados rodeados por una alta y nívea muralla de mármol. Su tutora era la princesa Nourinnihar. Pasaban juntas todas las mañanas en el jardín del palacio, donde la princesa le enseñaba maravillas y misterios. Las primeras clases se centraron en quién era, cómo había sido creada, cómo funcionaba su mente y cómo era el mundo que la rodeaba. Aprendió que su mundo consistía en una enorme matriz de datos numéricos, un paisaje de números que ella procesaba mediante la visualización y la audificación. Vivía dentro de los números. Los veía y los oía. Su propia mente era un cálculo booleano complejo y continuo. También su cuerpo, sus sentidos y sus movimientos eran una simulación numérica. Estaba obligada a acatar las leyes físicas porque no podía infringir la matriz numérica que la envolvía. La princesa le enseñó qué eran el sistema solar, el sol, los planetas y las lunas. Dedicaron mucho tiempo al estudio de Titán, la más enigmática de todas las lunas, que, según aprendió, recibía su nombre de los titanes, la raza de dioses que un día gobernó los cielos, vástagos de Gea, diosa de la Tierra, y Urano, dios del Cielo, a decir de los antiguos mitos.
La princesa la instruyó en las estrellas y galaxias, en el Complejo de Supercúmulos Piscis-Cetus, en el Vacío de Boötes, en el Huge-LQG, en el Big Bang y en la Inflación. Estudiaron la gravitación, la teoría de supercuerdas perturbativa y el espacio n-dimensional de De Sitter. Durante el proceso la princesa le también enseñó disciplinas prácticas como la fotografía, la geoquímica analítica, la navegación, la ingeniería mecánica y la exometeorología.
Lo siguiente fue lo que llamaba la princesa «humanidades». Se trataba de los enigmáticos corpus de enseñanzas (la música, el arte y la literatura) que habían creado los seres humanos para su propio placer y edificación. Comprenderlos fue lo que le resultó más difícil. Escuchó la música favorita de la princesa, entre la que se contaban los últimos cuartetos de Beethoven y Bill Evans, y trató de encontrarle un sentido. Pero a pesar de su complejidad matemática, la música no le producía el mismo agrado que a su maestra. Aquello era una fuente de contrariedad. Leer libros le resultó casi imposible. Empezó por Winnie-the-Pooh y Buenas noches, Luna, que la dejaron bastante perpleja, y después pasó a las novelas de Anne Rice e Isaac Asimov, a Vonnegut, Shakespeare, Homero y Joyce. Aunque había leído un sinfín de libros, no estaba segura de haber entendido uno solo. A pesar de esas dificultades, vivía bien. Mientras estudiaba en el jardín con la princesa, nubios con capas y turbantes les llevaban sorbetes cuando hacía calor y pastelitos y vino al atardecer. De noche los eunucos perfumaban sus sábanas y le preparaban la cama, y por la mañana le llevaban pasteles y café turco. A veces, al caer la tarde, terminadas ya las clases, bajaba a los muelles de granito con su perra Laika y veía ir y venir los barcos con sus velas moradas al viento. Descargaban sus mercancías en los muelles de piedra: sacos de especias, rollos de seda,...
Máscaras y Anonimato en el Arte y la Música
A lo largo de la historia, muchos artistas han preferido el anonimato por la libertad que este supone a la hora de crear. Pero el anonimato, el ego, es también el lado oscuro de muchos artistas que, ante la promesa de la fama, de la exposición y del reconocimiento público y unánime, deciden comprometerse con una imagen que es solo un espejo de lo que la sociedad espera de ellos. Enmascararse fue un acto genuinamente artístico al principio, asociado generalmente a artistas de la vanguardia y a músicos experimentales que buscaban desligarse de la creación misma, de su exposición, para que el público se centrase en apreciar las barreras rotas. Luego, con las fantasías animadas de la psicodelia y la teatralidad de los géneros progresivos en los setenta, la máscara y el disfraz se llevaron más a una provocación más bien estética, puramente glam, y a un juego con las identidades que permitiera narrativas y conceptos que trascendieran la personalidad misma del artista. Pero con la llegada de la industria del entretenimiento, del imperio pop, del mercado y de la gran conquista capitalista, la del producto, ocultar el rostro empezó a cargar con sutiles -o no tanto- connotaciones políticas: el artista se había convertido en algo demasiado grande, y la resistencia underground pasaba por asesinar al ego y devolverle a la música un carácter anónimo, improvisado, espontáneo, surgido de la comunión y de la colectividad y pensado solo para propagarse ahí, al calor de la gente que se identifica con unos ritmos como herencia cultural básica.
Los artistas de esta lista, todos, en un momento u otro, tomaron la decisión de que su cara iba a quedarse en un segundo plano, más o menos visible, pero fundamentalmente muy poco importante.
Artistas que Utilizan Máscaras o Anonimato
- Daft Punk: Nunca se ha tratado de misterio para Thomas Bangalter y Guy-Manuel de Homem-Christo, sino de mantener la atención en la música y poder llevar vidas normales. Y lo cierto es que Daft Punk lo consiguieron: trascender más por su imagen robótica que por lo que la verdad esconde. Antes de calzarse los míticos cascos en 1999, ya en preparación para lo que iba a venirse con Discovery (2001), llevaron máscaras en todas sus apariciones en prensa, e incluso en sus pinchadas se esforzaban por mantener un aura de oscuridad. Pero el diseño definitivo de Paul Hahn, Alex and Martin y Tony Gardner, inspirado en los también franceses Space -pioneros de la música electrónica también reverenciados por Air- les fabricó no solo una estética con la que vestir sus alter egos, también la que es una de las, marcas más reconocibles del mundo de la música, al nivel de la lengua de los Rolling o el emblema de Los Ramones.
- Sia: Tras el éxito de We Are Born a finales de los dosmiles, y especialmente después del pelotazo inesperado que supuso Titanium con David Guetta, una canción incialmente compuesta para Alicia Keys, la cantante y compositora australiana Sia empezó a mostrarse incómoda con la idea de la sobrexposición, que la sumió en una profunda depresión -llegó a escribir una carta de suicidio en 2010- y en un bucle de ataques de pánico.
- Ghost: Las referencias para el cuarteto neoyorquino estaban claras desde el principio: Alice Cooper y The New York Dolls. Se lo tomaron tan en serio que sus conciertos les hicieron famosos, no sus discos. Aunque poco a poco se ha ido revelando la identidad de sus miembros, la formación sueca ha sabido jugar con excelencia las cartas del anonimato y la teatralidad: el viaje de su líder, el multinstrumentista Tobias Forge, desde el Papa Emeritus I o el Cardinal Copia al actual Papa V Perpetua, junto a sus cinco Nameless Ghouls, sus dos Ghoulettes a los teclados y el Papa Nihil al saxofón, ha sido el de una banda de metal a la conquista de las arenas del mundo, siguiendo el modelo de Kiss, de Metallica o de Rammstein, pero también de uno de los grandes pioneros del make-up demoniaco, Alice Cooper.
- The Prodigy: Influenciados por el techno y el electro de Detroit, por el Chicago house de Phuture o por Kraftwerk, el dúo británico supo darle,una vuelta al canon rave, al acid y al hardcore. Con una actitud punk atemporal, la banda californiana supo tirar de comedia, carisma y poderío.
- Hawkwind: El músico de Yorkshire no solo fue una de las figuras más controvertidas y esquivas del prog rock británico, también contribuyó a muchos de los crossovers más bizarros de la época, colaborando con Hawkind, The Alan Parsons Project, The Who o Klaus Schulze de Tangerine Dream y trasteando con la psicodelia o la electrónica.
- Marilyn Manson: Después haría Alice Cooper -y después de él Kiss-, y portando un casco incendiario bañado en metanol mientras interpretaba Fire. “Tu cara no importa, importas tú”. Hay mucha teatralidad, evidentemente, en la banda de Virginia, que empezó por puro afán provocador como un acto casi falso de música inventada y falsos sacrificios. Combinando en su nombre artístico y en sus performances en directo la energía de un icono sexual y la de un asesino en serie, Marilyn Manson no solo se camufló bajo esa siniestra y vampírica capa de maquillaje níveo y sus lentillas de colores gélidos para provocar encima del escenario, sino para mantenerse en la medida de lo posible al margen de las lógicas polémicas suscitadas.
- Nine Inch Nails: Firmado por el sello de Trent Reznor, con quien compartía amor por Bowie, y le aplicó un tratamiento teatral al rock industrial de los noventa, añadiendo además el punto gótico. Dejó discos legendarios como Antichrist Superstar y temas como The Beautiful People, y le acusaron de instigar matanzas en institutos.
- The Knife / Fever Ray: Aunque Olof es más de ir con la cara descubierta, lo cierto es que a su hermana Karin Dreijier siempre le ha gustado disfrazarse, tanto en The Knife como con Fever Ray.
- Bob Log III: Un hombre orquesta experimental asociado al revival indie rock’n’rollero y el lo-fi, Bob ha conseguido mantener el anonimato, que en estos mundos ya es mucho decir.
- Los Hermanos Dalton: Un friqui maravilloso. Uno de los proyectos más inclasificables de la escena underground de Madrid de los primeros 2000. Otro al que no le ha preocupado desvelar su identidad.
- Buckethead: Uno de los guitarristas más virtuosos y excéntricos de los últimos años, enmascarado como Michael Myers y con un cubo de pollo frito en la cabeza.
- Nicko McBrain: Baterista en Samson y en los primeros Iron Maiden, el británico era un apasionado de la serie B de horror y desde los setenta se hizo famoso por tocar dentro de una jaula y por su cáscara cubierta de cristales.
- MF DOOM: Es uno de los artistas más esquivos del hip hop, su nombre aún se mantiene desconocido y no hay fotos de su cara completamente descubierta.
- Peaches: PEC es por donde nos metemos normally cualquier disco del subversor country canadiense. Aunque en público no le importa mostrar su rostro, y lo emplea para poner cara a varias luchas por la independencia real de África, el ugandés abraza en sus performances el afrofuturismo con un casco estelar.
- Paddy Moloney: Este trío de rap que ha demostrado que la lengua y la identidad cultural irlandesa también pueden ser globales no se esconde, pero uno de sus miembros usa balaclava.
- Slipknot: Todo empezó con una máscara de payaso asesino y como una broma, pero la idea se fue desarrollando hasta convertir a los de Iowa en la banda rockera enmascarada más famosa después de Kiss.
- King Diamond: Siempre ha dicho que usa balaclavas por la libertad que le hace sentir ir enmascarada, a lo superhéroes como Spider-Man y Batman.
- Mercyful Fate: El vocalista sueco, líder de Mercyful Fate y King Diamond, inspiró su persona escénica en Arthur Brown y Alice Cooper.
- Lordi: La adaptación británica de las bandas de metal disfrazadas de cosas siniestras.
- Marshmello: Asociado a Skrillex, Marshmello heredó su imagen de Daft Punk y sobre todo de Deadmau5, pero en su caso vistiendo una nube de azúcar.
- La M.O.D.A.: Rockabillies de ultratumba, los catalanes prefieren permanecer en el anonimato y jugar a esa estética de muertitos mexicanos que es a la vez tan cute y tan siniestra.
- Terrorfase: El tex mex del metal, o el reflejo grindcore de los raperos Cypress Hill.
- Dr. Peste: Bajo esa máscara de doctor en plena peste negra bañada en oro, el productor alemán se ha permitido licencias como desdoblar su personalidad.
- Lordi: En plan Two Shell. Sus fachas, herederas de bandas como Gwar y, claro, del combo Alice Cooper - Kiss, les llevaron a ganar, para sorpresa de todos, el festival de Eurovisión en 2006.
- Tiki Phantoms: ¿Unas gafas se pueden considerar máscara? Sí, si no te las quitas ni para f*llar. La versión americana de los Tiki Phantoms, este cuarteto de Nashville sin embargo sí ha mostrado sus identidades desde el principio. La mística de el Llanero Solitario está muy implantada en la teatralidad misteriosa del rock fronterizo.
Melissa Mappin aspira a ser actriz, pero tiene un accidente de coche que le deja cicatrices en la cara. Una noche ve en el escaparate de una tienda de una máscara para teatro que parece un rostro natural. Decide robarla, trasladarse a otra ciudad y volver a actuar bajo el nombre falso de Gaye Traynor. MASK FOR MELISSA (1978, FELICES)

Máscara impresa en cartón suave. Colores: Acabado brillante de alta calidad. Elástico incluido. Ajusta todos los tamaños niños y adultos. Agujeros oculares predrillados. Longitud: 300 mm. Ancho: 210 mm. Made in France.
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