El Legado de Vegeta y Bulma: Un Amor Forjado en la Adversidad

Ambos se abrazaron, un abrazo que era el símbolo del perdón. Errores, actos, lágrimas ya habían quedado en el pasado; nuevos momentos están por venir. Si los errores ya han sido perdonados, ¿qué podría pasar? El esposo e hijo de Bulma permanecían en sus labores comunes, mientras tanto, ya terminando lo que a ella le correspondía, fue a pasear al parque en compañía de Goku.

Una vez ya estando en el hospital, Bulma entró nerviosa. Su corazón latía a mil por hora, su respiración era acelerada y no sabía cómo controlarla. Goku ya sabía la razón del por qué se encontraban en el hospital, y también sabía la razón del motivo de las lágrimas de Bulma. Las 12:30 del día ya era hora de ir por el pequeño y tierno de Trunks al colegio.

Todo el duro trabajo de Vegeta, toda su intensa preparación, el entrenamiento que casi lo había matado para alcanzar la transformación del legendario Súper Saiyajin… todo había sido para nada. Había fallado, y falló miserablemente. El príncipe Saiyajin tenía sus ojos cerrados y su cabeza gacha, su rostro escondido contra su antebrazo en profunda vergüenza, su brazo descansaba en su elevada rodilla. Estaba sentado solo en un terreno estéril que era un misterioso recordatorio de donde había peleado con Kakarotto la primera vez. No había notado la similitud hasta que descendió de su vuelo y miró los alrededores, de una vez perdió la fuerza para mantenerse de pie. Ahora estaba sentado ahí, horas después de que Gohan hubiese destruido a Cell, preguntándose en dónde todo había resultado tan mal.

Su orgullo casi había sido la perdición de todo el planeta. Había dejado que su orgullo superara toda lógica, su arrogancia por su poder lo había cegado. En retrospectiva, debió haber destruido a Cell cuando tuvo la oportunidad en vez de dejar que el villano alcanzara su forma perfecta. Equivocadamente había asumido que era lo suficientemente fuerte para manejar solo a Cell, sólo para ser derrotado como si fuera un insignificante pedazo de basura pegada en el pie de Cell. Y luego, como si su orgullo no hubiese sido severamente lastimado, fue reducido a un simple espectador, sin poder hacer nada excepto permanecer de pie y observar mientras el hijo de Kakarotto peleaba la batalla de la vida. Con su gloria negada en batalla, avergonzado más allá del alivio al necesitar a Gohan para salvar su vida, y ahora sin su oportunidad para enfrentar a su archirrival una última vez. Y luego para rematar, no había sido lo suficientemente fuerte para vengar a su propio hijo.

Vegeta apretó fuertemente sus puños, cerrando sus ojos ante la idea de lo que había visto pasarle a Trunks. Había negado al muchacho tantas veces, la futura versión adolescente de su hijo y también la versión infante. El bebé era fácil de ignorar. La versión mayor de Trunks, no tanto. Vegeta le había gritado, ignorado, maldecido y reprendido. Incluso había golpeado al adolescente en más de una ocasión en espera de que Trunks captara la idea de que no se preocupaba por él. Como última frustración de Vegeta, el muchacho era tan obstinado como él. Ahora reflexionando sobre eso, Vegeta concluyó que debió haber sido cuando entrenaron juntos en la Habitación del Tiempo que el adolescente finalmente había derribado sus defensas.

Ese año había sido largo y agotador. Trunks había mantenido su distancia el 85% del tiempo por deseo de su padre, pero las raras veces en las que Vegeta había tolerado su conversación y compañía, Trunks había saltado ante la oportunidad de poder conocerlo. Usualmente era cuando Vegeta estaba exhausto de entrenar y ya había dado por terminado el día, que se sentaba y escuchaba con desdén apenas contenido mientras el adolescente parloteaba como un disco rayado. Definitivamente demostraba que Bulma lo había criado sola, todo bien. El muchacho fue maldecido con su implacable persistencia en su búsqueda por algún tipo de cercanía con él, lo cual hizo que Vegeta ardiera con resentimiento. Aquí estaba, apenas llegando a un acuerdo con el hecho de que tuviera un hijo, solo para encontrarse obligado a interactuar con la versión adulta de ese hijo. Era demasiado, y odiaba eso.

Esas veces cuando le permitía a Trunks conversar con él siempre terminaba de la misma manera: Vegeta perdiendo su temperamento y golpeando a Trunks por algo (oh, y siempre encontraba algo), y luego se alejaba enojado y dejando al joven solo. Su resentimiento y la persistencia de Trunks crearon una horrible y tensa coexistencia que usualmente los dejaba ahogados de frustración mutua. No fue sino hasta el último mes que las cosas comenzaron a cambiar.

Vegeta había alcanzado un nuevo nivel en su fuerza Súper Saiyajin, y quiso probar su nuevo poder en una situación de batalla. No había nadie más ahí con él excepto Trunks, y entonces Vegeta concluyó reluctante que no había otra manera excepto pelear con el muchacho. Aún podía imaginar el sorprendido rostro de Trunks cuando un día despertó temprano al joven y le dijo que lo encontrara en diez minutos para una pelea. Esa pelea rápidamente se volvió una pelea total, una fiera y violenta batalla por la supervivencia que duró casi un día entero. Vegeta no se contuvo, ni Trunks, ambos descargaron sus frustraciones en el otro. Prácticamente se habían mutilado mutuamente ese día, ambos desastres ensangrentados y abatidos después de esa pelea, ambos apenas capaces de mantenerse de pie cuando Vegeta finalmente dijo que era suficiente. El príncipe apenas logró caminar hacia la cama, donde se desmayó del cansancio durante dos días mientras Trunks hizo lo mismo. Vegeta despertó primero y fue a despertar a su hijo para poder pelear de nuevo.

Esa se volvió su rutina, y Trunks nunca se quejó una vez de ella. En el fondo, estaba determinado a ganarse el respeto de su padre. Y se lo ganó. Vegeta no pudo evitar sino impresionarse del adolescente. Sin embargo, décadas de experiencia en batalla le dejaron ver la debilidad en la técnica de Trunks. El príncipe le enseñó a su hijo cómo remediar esas debilidades de la única forma en que sabía hacerlo: al explotarlas cruelmente y hacer que Trunks pagara cada vez que decaía o perdía su concentración. Trunks rápidamente había entendido el mensaje y Vegeta había observado con aprobación cuando el muchacho no repitió el error. Habían habido unas cuantas veces cuando Trunks le devolvió el favor, y Vegeta sólo pudo mirarlo con asombro mientras Trunks le disparaba una engreída sonrisa, antes de que Vegeta resoplara y se abalanzara para comenzar de nuevo. Lentamente, como verdaderos Saiyajines, habían creado un vínculo - aunque Vegeta no lo hubiese notado en el momento.

No fue sino hasta que Vegeta vio un letal rayo de energía atravesar el pecho de Trunks que finalmente se dio cuenta con dolorosa claridad lo mucho que se preocupaba por su hijo. Fue un horrible recordatorio de la brutal muerte de su madre que había ocurrido ante sus ojos cuando él solo tenía cuatro años. Solo que esto fue exponencialmente peor, lo cual nunca pensó posible hasta que la muerte de su hijo fue ejecutada justo en frente de él. Todo rastro de cordura dentro de él había muerto con Trunks, sus instintos de supervivencia se fueron al infierno mientras se lanzaba contra Cell en una rabia vengativa y ciega que seguramente hubiese resultado con su muerte si Gohan no hubiese intervenido a su favor.

El polvo se había aplacado ahora, y la rabia había desaparecido tiempo atrás. Ahora lo único que Vegeta estaba sintiendo era un profundo arrepentimiento por la forma en que había tratado a Trunks. El muchacho solo había querido su reconocimiento y Vegeta había sido demasiado orgulloso para dárselo. Algo tan simple, tan malditamente trivial, y él no lo había considerado digno de su tiempo. No solo había fallado miserablemente como guerrero y se había avergonzado en el campo de batalla, sino que también había fallado como padre.

Vegeta meditando bajo la lluvia

El rugido de un trueno sacó a Vegeta de sus pensamientos. Levantó la cabeza de su brazo, parpadeando cansadamente, dándose cuenta por primera vez de que estaba lloviendo. Entrecerró sus ojos ante el oscuro cielo nocturno, observando mientras irrumpían los rayos, dejando que la lluvia descendiera por su rostro y entre su cabello. No supo mucho más, pero sí sabía una cosa. Para bien o para mal, las cosas tenían que ser diferentes con su hijo infante. Se rehusó a fallarle al niño como le había fallado a su adolescente hijo del futuro. Eso significaba tachar sus planes de abandonar La Tierra. No podía llevarse a Trunks al espacio con él. Primero, el niño era demasiado joven, nada más que un cachorro. Sin mencionar que no tenía a dónde ir. El universo era enorme, vacío y cruel. Aunque Vegeta era más que capaz de sobrevivir solo e incluso prosperar en esa crueldad, no podía arrastrar a su hijo a eso. La versión adolescente de Trunks había sufrido suficiente en su oscura línea del tiempo, y Vegeta pensó que era el momento de terminar el sufrimiento.

Además, Bulma estaba aquí, y su hijo no iba a crecer como él sin su madre. Vegeta de nuevo hundió su rostro en su brazo ante la idea de la genio y hermosa heredera. Ella también llegaba con el acuerdo, tan infortunado como fuera para él. No había manera en que pudiera ser parte de la vida de Trunks y no ser parte de la de ella también, lo cual naturalmente lo llevaba a la pregunta: ¿Dónde encajaba Bulma en esto? Se rehusaba a verla como otra cosa además de la mujer que engendró a su hijo, pero no podría evitarla. Entonces, ¿qué sería ella para él? ¿Su compañera? ¿Su camarada? ¿Su amiga? Ridículo. Vegeta no iba a quedarse por ella, iba a quedarse por Trunks. Ella solo era otra persona con quien debía tratar, como sus padres. No sería nada para él excepto una ocasional referencia para Trunks.

Bulma cortando el cabello de Trunks

Trunks se echó hacia atrás, mirando a Bulma con cautela. Ella no era exactamente igual a su madre en su línea del tiempo, pero maldita sea si no era igual de intimidante. Especialmente mientras blandía las tijeras en su mano como lo estaba haciendo actualmente. "No creo que sea necesario, para ser honesto." "De qué estás hablando? Te hace ver mucho mayor!" Insistió Bulma, mirando con ojos críticos el cabello lavanda del adolescente que le llegaba hasta el hombro. "Vamos, sólo siéntate y lo haré rápido." Trunks forzó una sonrisa, "En verdad, mi cabello está bien-" "No discutas con tu madre, Trunks." "Bueno, está bien…" concedió Trunks finalmente, sentándose lentamente mientras Bulma levantaba algunos mechones de su cabello, tratando de ver por dónde comenzar el corte. Prefería su cabello más corto, e imaginó que su futura contraparte probablemente sentía lo mismo.

"Entonces estás listo para regresar a casa mañana?" Preguntó Bulma, comenzando a cortar su cabello. "Sí, definitivamente. Los androides no deberían ser un problema ahora, no después de todo el entrenamiento que he hecho en esta época," dijo Trunks, sus ojos se desplazaron hacia la ventana de la cocina junto a él. Estaba lloviendo fuertemente afuera, y no pudo evitar preguntarse dónde estaba su padre. Ya había pasado el resto del día desde la derrota del Cell sin señales del príncipe. Los padres de Bulma ya se habían ido a dormir y la versión infante de él estaba acostada en su cuna, dormido. Y en cuanto a él, Trunks había decidido pasar la noche e irse en la mañana en su máquina del tiempo. Solo se había aventurado a bajar para beber algo de agua, solo para encontrar a Bulma en la cocina leyendo una revista científica. Lo próximo que supo, estaba mirando su cabello con una mirada que reconocía muy bien. Sabía por experiencia que no cabía discusión con esa mirada.

"Oh, apuesto que sí. Tú los acabarás, sin sudar," le dijo Bulma con una sonrisa mientras continuaba cortando su cabello. "No sabrán qué los golpeó." Trunks sonrió. "Gracias." "De nada," dijo Bulma, tarareando suavemente mientras se enfocaba en su trabajo. Trunks miró de nuevo por la ventana por el rabillo de su ojo. "Es tarde y está lloviendo," comentó él. "Dónde crees que está mi padre?" Bulma suspiró un poco. "Quien sabe. Vegeta es del tipo que va y viene cuando quiere. Además no estuvo viviendo aquí el último par de meses antes de que llegaran los androides. Se fue solo." "Oh, no sabía eso." "Sí, pero no te preocupes por él. Estoy segura de que está bien, donde sea que esté."

"Lo sé, sólo, desearía poder hablar con él después de lo que pasó hoy," dijo Trunks con un suspiro de desilusión. "¿Qué pasó?" preguntó Bulma curiosa. El orgullo fue claro en la voz de Trunks cuando respondió, "Me defendió después de que Cell me mató. Yamcha dijo que enloqueció y atacó a Cell. Casi lo mata, pero lo hizo de todas formas." Bulma se detuvo a media tijeretada, sus ojos azules abiertos en shock. Parpadeó incrédula unas pocas veces, preguntándose si había escuchado correctamente. Al final, encontró de nuevo su voz. "¿Vegeta atacó a Cell para vengarte?" "Seguro."

Bulma sorprendida al saber de la reacción de Vegeta

Ella quedó muda por unos segundos, digiriendo la información. Finalmente, una lenta sonrisa se extendió en el rostro de Bulma, antes de sacudir su cabeza lentamente. "Bueno, estoy sorprendida," dijo suavemente. Resultó que Vegeta sí se preocupa por su hijo después de todo, justo como siempre lo sospechó. Pero tener que confirmarlo de una forma tan dramática era más allá de sorprendente. La reacción de Vegeta fácilmente podría haberle costado su vida, y Bulma sabía que el hombre era un sobreviviente a cabalidad. Siempre se ponía primero antes que a nadie. Pero como siempre con Vegeta, sus acciones hablaban más fuerte que sus palabras y hoy había hablado fuerte y claro. Ese hombre nunca cesaba de sorprenderla a veces.

Bulma lentamente continuó cortando el cabello de Trunks, su mente únicamente en el orgulloso príncipe Saiyajin. Suprimió la esperanza que luchaba por despertar en ella, la voz diciéndole que tal vez Vegeta querría quedarse en La Tierra en vez de irse como siempre había jurado que lo haría. Después de todo, si se preocupaba por su hijo del futuro, ¿por qué no se preocuparía por la versión presente de su hijo? Sin embargo, no quería elevar mucho sus esperanzas. Conociéndolo, fácilmente podría decir que su atadura a Trunks casi lo había matado. Podría darle el argumento que necesitaba para dejar La Tierra para siempre tan fácilmente como pudiera motivarlo para quedarse. Dirigió una rápida mirada por la ventana cuando rayos destellaron en el cielo nocturno, y fácilmente tomó su decisión. Si Vegeta regresaba a la Corporación Cápsula, iba a hacer hasta lo imposible para asegurarse de que se quedara en la Corporación Cápsula.

Vegeta le lanza el resplandor final a cell perfecto | DBZ |

Eran pasadas las tres de la mañana cuando Vegeta finalmente regresó a la Corporación Cápsula. Aún estaba lloviendo, y estaba completamente emparamado, pero apenas lo notó. La anterior batalla finalmente lo había golpeado; su cuerpo estaba lastimado, y había un leve dolor en su cabeza de la golpiza de Cell. Añadiendo la pérdida emocional, el día lo había golpeado y su falta de sueño en los días previos al Torneo de Cell, y eso estaba agotando casi toda su energía para volar. Todo lo que Vegeta quería era caer en la cama y dormir por días. Demonios, tal vez semanas. Vegeta aterrizó torpemente en el alféizar de su antigua habitación. Se apoyó en el panel de la ventana para mantener...

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Bulma regresó a la casa junto con Yamcha, aunque no había hecho nada se sentía agotada por toda la información que aquel muchacho de cabello lila vino a darles, la peli azul se dirigió a su piscina para refrescar sus piernas en el agua helada. Yamcha la seguía con dificultad al haber volado por más de 25 minutos cargando el cuerpo de su novia. - ¿Acaso no piensas cocinar algo, cielo?, muero por comer algo - se quejaba Yamcha colocando sus manos en su espalda. - ¿Quién te crees que soy?, te recuerdo que ya no tenemos una relación seria, así que si deseas algo ¡ve y cocínalo tú mismo!, además me siento agotada - decía suspirando mientras veía sus pies sumergidos en el agua. Además el solo hecho de recordar la relación que tenía ahora con Yamcha la enfurecía, aún no podía olvidar las veces en las que ella le había perdonado otra más de sus infidelidades.

- ¿Agotada tú?, pero ¿de qué?, yo soy el que está agotado por volar y cargarte todo el camino - la miró. - ¿Qué?, ¿¡me estás diciendo gorda ahora!? - su cara enrojeció por completo, volteándose para mirarlo, la reacción de Yamcha era obvia, su cuerpo temblaba del miedo que le tenía al carácter de su amada al enojarse. - No… yo no quise decir eso… - movía sus manos en señal de negación, pero al ver que Bulma tardaría en calmarse prefirió irse - Sabes…se me quitó el apetito, mejor iré a entrenar ¿sí?, te quiero adiós - salió corriendo. - Pero que se cree, ¿gorda yo? - Bulma agitaba sus pies en el agua y se detuvo a mirar la cámara de gravedad logrando ver a Vegeta quien entrenaba arduamente. Pero no estaba pensando en Vegeta precisamente sino en las palabras que le dijo Goku antes de irse con Gohan y Piccolo a entrenar, "Bulma espero que tengas un bebe sano". - ¿Bebé?...¡Ay Goku pero qué tonto eres!, ¿no? - pero una sonrisa apareció al recordar a Piccolo cuando le pegó un puñetazo en la cabeza al haber dicho eso - Ah…me pregunto por qué habrá dicho aquel disparate …

Al pasar un rato Bulma se dirigió a su habitación para tomar una siesta, en cambio Vegeta seguía entrenando, su objetivo era demostrarle a todos que era más poderoso que Kakaroto y probar que su gran poder de saiyajin había incrementado considerablemente. Después de ocho horas de imparable entrenamiento el príncipe dejó la cámara para comer algo. Bulma aún seguía durmiendo en su habitación. Vegeta llegó a la cocina y se sentó en la silla del comedor esperando a que la humana apareciera. El príncipe estaba cada vez más y más impaciente, su estómago rugía por el hambre que sentía cada cinco segundos. Cuando de pronto un ki desagradable se aproximó a la casa. - ¡Bulma!, cielo…pero… - Yamcha dirigió su mirada hacia el rostro sudoroso de Vegeta, colocándose rígido al instante - ¿Qué haces tú aquí?, ¡responde! - le ordenó a gritos.

Bulma despertó de un salto y decidió bajar para ver qué sucedía. - No tengo por qué responder tus preguntas estúpidas, después de todo tú no eres más que un insecto - trataba de provocarlo. - ¿Qué has dicho?, ¡repite lo que dijiste! - se acercó levemente con inseguridad. - ¿Qué acaso no sabes escuchar o tienes los oídos solamente para adornar tu feo rostro? - Vegeta sonreía con malicia al ver la reacción de Yamcha. - ¡Eres un miserable! - Yamcha apretó sus puños con fuerza, el saiyajin se levantó con lentitud de su silla sin dejar de mirar los ojos de Yamcha, este vaciló y dio un paso atrás. Vegeta sonrió aún más al ver el miedo que provocaba en aquel humano - No te acerques o verás… - ¿Veré qué? , ¿no recuerdas quién fue el culpable de tu muerte? - reía burlonamente mientras seguía avanzando. - Pero ¿qué es este escándalo?, ¿acaso no puede una linda chica dormir una siesta? - Bulma se dirigió a ambos interponiéndose entre ellos. - ¡Él es quien empezó! - bramó Yamcha, clavándole sus ojos a Vegeta quien seguía avanzando. - Eres un llorón, ¿qué no ves que Vegeta solo intenta provocarte? - Vegeta se sorprendió, luego Bulma observó al príncipe - ¿Y tú?...¿acaso no piensas bañarte o algo? - Yamcha rió - ¿Y tú de qué te ríes?, no quiero verte hoy al saber que me dijiste aquel insulto, ¡lárgate de mi casa! - el príncipe sonrió triunfante y subió las escaleras. - ¿Insulto?, yo jamás dije que estabas gorda - suavizó su voz.

- ¡Oh!, eso no importa ahora, por tu culpa ya no tuve una siesta - Bulma empezó a ordenar la cocina para preparar algo de comida. - Esta bien, volveré mañana - Yamcha dejó la casa de Bulma y se fue volando con resignación. Bulma empezó a ordenar la mesa con comida suficiente para un saiyajin, era tanto lo que había cocinado que se sentía agotada y más cansada se sintió al saber que después debía lavar todos esos platos y ollas. - Esto de ser una dama de verdad… - suspiró - ¡Ay!, mis brazos duelen y mis manos también - observó sus extremidades con tristeza. Pero al escuchar los pasos ruidosos del príncipe que bajaba las escaleras Bulma se arregló el cabello y se dio unas palmadas en el rostro para despertar un poco - Supuse que tendrías hambre, así que preparé esto. - Pues ya era hora, ya me estaba preguntando si matarte o no - dijo con seriedad. Tenía mucha hambre como para darle un mejor trato a la mujer. - Hmp, deberías estar agradecido - Bulma cogió un tenedor y comenzó a comer. El saiyajin no hacía más que concentrarse en su comida, entretanto Bulma lo observaba de reojo, era fascinante verlo comer con tal educación a pesar de ser un mercenario. - Si no te importa, deja de mirarme - su voz fue suave pero intimidante. La muchacha se sonrojó al instante y siguió comiendo. Luego de comer, esta comenzó a retirar cada plato. Vegeta la miraba con cierta molestia en su rostro - ¿Podrías dejar de hacer eso?, es bastante fastidioso - refunfuñó. - ¡Pues discúlpame pero seré yo la que lavaré los platos y no tú! - dijo la mujer, comenzando a lavar y a secar los platos. - ¡Bha!, simplemente déjalos así y los lavas mañana. A no ser que te quedes por mi compañía - sonrió ladinamente. - ¡Ja!, no me hagas reír, tu compañía es odiosa al igual que tú - chilló ella sin mirarlo. La sonrisa de Vegeta desapareció al instante. El hombre se puso de pie con rapidez, tomando los últimos platos justo donde Bulma dejaba los limpios, ensuciándolos con la poca comida que Vegeta dejó, provocando el enojo de la mujer al ver tal desastre.

- ¡En qué estabas pensando idiota!, mira lo que has hecho, ¿acaso no sabes diferenciar lo que está limpio de lo que está sucio?, ¡eres un inútil! - estaba furiosa, sus dientes crujían al rosarse. - ¿Cómo me llamaste? - el saiyajin se acercó hacia ella. - Que eres un…un… - al ver a Vegeta tan cerca de ella su boca se relajó y un escalofrío recorrió su cuerpo al sentir el cálido calor que emanaba aquel intimidante sujeto. Bulma se sentía cada vez más pequeña al ver cómo el príncipe intentaba acorralarla - ¿Pero qué crees que estás haciendo? - le preguntó con nerviosismo al ver aparecer la sonrisa maliciosa de Vegeta. Bulma quedó embobada al mirar los ojos negros del príncipe pero el movimiento brusco que hizo Vegeta al poner sus brazos cerca de la cintura de la mujer para apoyarlos en el mesón la hizo asustarse aún más. Sentía la respiración relajada que hacía el mercenario que poco a poco se acercaba al rostro de la humana. Vegeta abrió la boca sutilmente viendo cómo la mujer se sonrojaba. - Veo que mi presencia te hace sentir nerviosa - le susurraba en el oído - Y te debilitas al escucharme de esta manera… - su sonrisa se hacía cada vez más amplia - Eres fuerte de carácter aunque ya no lo siento si estoy así de cerca. Aún así sigues siendo una insignificante humana que no se atrevió a repetir lo último que dijo - soltó una pequeña risa maliciosa y se dio vuelta dirigiéndose hacia las escaleras para ir dormir. Bulma quedó sorprendida por aquella actitud de Vegeta al verlo tan cerca de ella, sentía un cosquilleo en el vientre y sus manos comenzaron a tiritar repentinamente. - Pero…¿qué me pasó? - se preguntó, aún estaba extrañada por lo sucedido - ¡Ah!...en fin, seguiré limpiando este desastre que hizo este bruto animal - chilló entre dientes. La peli azul estaba agotada, sus manos estaban heladas de tanto lavar. Apenas terminó con la cocina ella subió las escaleras y se dirigió a su habitación, pero antes de entrar vio la puerta del cuarto de Vegeta preguntándose si estaba durmiendo o no, aquel acercamiento la dejó confundida. Un suspiro salió de su boca al ver que estaba en la recamara continua a la de ella y entro a su cuarto resignada. Se puso su piyama y se acostó en su cama mirando el techo hasta quedarse dormida.

Vegeta y Bulma en la cocina

A la mañana siguiente Bulma bajó para desayunar junto a sus padres. - Buenos días Bulma, aquí tienes - la señora Briefs dejaba una bandeja llena de pastelitos y comida de todo tipo. Bulma como siempre tenía su café en la mano más un pastelito. La peli azul estaba más pensativa que nunca, recordando cada movimiento del saiyajin. Aún podía sentir su respiración en su cuello, tal sensación le daba escalofríos tanto así que su cuerpo se estremeció por completo - ¿Querida tienes frío? - preguntó su madre preocupada. - Oh no mamá, estoy bien, no te preocupes - respondió automáticamente, dando pequeños sorbos de café. - ¡Ah!, apuesto y joven Vegeta, debes de estar hambriento - decía la señora con gran entusiasmo al verlo bajar las escaleras para luego incorporarse en la mesa. Vegeta solo atinó a sentarse para empezar a comer sin darle importancia a los halagos o expresiones de la mujer. Bulma parecía nerviosa ante la presencia del mercenario, no podía mirarlo sin antes ruborizarse, la madre observaba a su hija y no podía evitar reírse cuando notaba la reacción de Bulma. - Bueno, disfruten del desayuno - se despidió la madre de Bulma mientras le guiñó un ojo a su hija para alentarla.

Un silencio incómodo invadió el comedor. Bulma trataba de no mirarlo. "Pero ¿qué me pasa?, él es solo un hombre más que solo quiso entretenerse anoche al intimidarme ¡y eso es todo!, hmp". - Vegeta pásame la bandeja de pastelitos - dijo la mujer con voz dominante. El príncipe seguía comiendo con tranquilidad, Bulma empezó a desesperarse - ¿Qué estás sordo o qué? - ¿Acaso tú no tienes manos? - respondió de inmediato. - ¡Aich!, pero qué grosero eres - Bulma se levantó molesta, sacando dos bocadillos de pastelitos. Al pasar por detrás de Vegeta este empezó a hablar. - Si sigues comiendo pasteles vas a engordar ¿no crees? - Bulma se puso roja de furia al escuchar aquel comentario, el príncipe continuaba comiendo, llevándose un bocado de pan para comérselo pero Bulma fue rápida y de un manotazo le arrancó el pan que salió volando hacia el suelo. Vegeta se dio vuelta para mirarla desafiante y de un salto de puso de pie. La peli azul retrocedió un poco asustada. - Veo que tu entusiasmo volvió - dijo el príncipe con su característica sonrisa. Se levantó de su silla para aproximarse hacia ella. - ¿¡Qué!?...ya no te acerques o juro que pondré esto en tu cabello - lo amenazó con uno de los pastelitos. - No me hagas reír, ni si quiera te atreverías a hacerlo - los ojos negros del saiyajin se clavaron directamente en los ojos azules de la mujer que aún sostenía los pastelillos en sus manos. Este tomó los pasteles de las suaves manos de la mujer dejándolos en la mesa - Ahora…repite lo que dijiste - la mirada del saiyajin era intensa acercándose lentamente al cuerpo de la mujer. - Ve…Vegeta… - suspiraba. De pronto la puerta de la casa se abrió, era Yamcha. Bulma reaccionó de un salto ante la aparición de su "novio" mientras que Vegeta seguía en su posición mirando al sujeto. - ¿¡Pero qué demonios pasa aquí!? - Yamcha cerró la puerta bruscamente para luego acercarse al mercenario con temor pero seguro. - ¿Quieres por favor calmarte?, aquí no pasa nada, es solo un mal entendido - Bulma empezó a retirar los platos con inquietud mientras que ambos muchachos se despedazaban con las miradas. - ¿Qué miras tanto insecto? - refunfuñó Vegeta en tono amenazador. Yamcha seguía observando hasta que el príncipe subió las escaleras para cambiarse de ropa. - ¿Quién se cree este tipo?...Bulma ten cuidado con Vegeta sabes que no es de fiar - la muchacha asentía con la cabeza sin darle mucha importancia a su advertencia. - Tu tampoco lo eres - Yamcha abrió los ojos desconcertado. - Solo digo que te cuides, ese sujeto no tiene consideración ni si quiera consigo mismo…algún día de estos no dudará en dañarte. - ¿De verdad crees que sea tan malo? - Bulma se mantenía serena. - Lo es, es un ser maligno, si pudieras sentir su ki no te cabrían dudas, está en su naturaleza - reprimió Yamcha, este se aproximaba hacia la mujer. Bulma sonreía vagamente, aún no podía creer que Vegeta fuera pura maldad. "Sé que debe haber algo bueno en él"

Sin darse cuenta Bulma sintió que Yamcha la estaba abrazando alrededor de su cintura, esta comenzó a hacer intentos para zafarse. - ¿No me crees que sea así? - susurró en su oído. Bulma tomo las manos del hombre para soltarse pero se extrañó al ver unos guantes blancos y trató de alejarse con todas sus fuerzas pero una barbilla áspera rozó su hombro descubierto "¿Me imaginas?" preguntó la voz de Vegeta en su oído. El calor subió por su cuerpo con una rapidez que jamás había experimentado dándose la vuelta con ímpetu, acelerando su respiración al ver tal situación. - Tranquila Bulma, ¿Qué ocurre? - la mujer recuperó el aliento al ver el rostro de Yamcha. - Lo siento, es que estoy…cansada…eso es todo - se puso una mano en su frente. - Al parecer ese idiota está abusando de ti con tantos platos que debes lavar. - Subiré a mi cuarto para descansar. - ¿Te acompaño? - No…solo quiero estar sola. - Esta bien…estaré aquí por si me necesitas. Aunque no lo creas te ayudare a limpiar este desastre en la cocina - Yamcha sintió el ki de Vegeta que bajaba las escaleras. Bulma lo miró impresionada al verlo sin polera, este sonrió con malicia al ver la reacción de la mujer - ¡Oye tú!, ¿acaso no tienes ropa que ponerte? - preguntó Yamcha enfurecido. - No me fastidies inútil y lava los platos - ignorando la mirada de odio de parte de él - No es mi culpa que tu no tengas un cuerpo como tal para que sea admirado - Vegeta se retiró triunfante al ver que Bulma no dejó de mirarlo. - ¿Qué has dicho? - Sera mejor que controles a tu humana a no ser que… - ¡Ya basta!, ambos dejen de discutir, mi cabeza duele un montón. Yamcha si quieres ayudarme pues hazlo ya. Y tu principito ve a hacer tus malditos ejercicios antes de que haga estallar la cámara contigo dentro.

Bulma se dirigió a su cuarto y se tiró en su cama, abrazando una almohada. - ¿Acaso me estará g...

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