Pueblo frente al mar, obra de Joanne Schwartz y Sydney Smith, es una novela gráfica que cautiva desde la primera página. La portada misma invita a la contemplación, a sentir la brisa marina y a disfrutar de una vista tan hermosa como embriagadora.

La historia nos presenta a un niño que, en una clara mañana de verano, se despierta y contempla el mar. Sus días transcurren entre juegos con amigos, recados en la tienda del pueblo y visitas a la tumba de su abuelo. Sin embargo, sus pensamientos recurrentemente se dirigen hacia su padre, quien trabaja en las minas de carbón, situadas precisamente bajo el mar.
Una gran parte de las páginas de esta historia mantienen ese hechizo: dobles páginas que se asoman sobre el mar, coloreadas con una paleta de tonalidades que cambian a lo largo del día. Es difícil decidir cuál de estas vistas es más hermosa.

Este panorama embriagador se intercala con otro mucho más sombrío y aterrador. Bajo el manto azul que baña las costas del pueblo, se encuentra una mina de carbón. El padre del protagonista acude a ella cada mañana, sumergiéndose en la oscuridad.
El texto no se detiene en las duras condiciones de los mineros, ni se recrea en el contexto social. Sin embargo, el lector se encuentra frecuentemente con dobles páginas teñidas de negro, con una pequeña franja horizontal en la parte inferior que muestra la galería y a las personas que trabajan allí. Es la historia del hijo de un minero, cuya existencia está marcada por el mar: una fuente de vida y belleza, pero también una masa de agua ingente y amenazante que reposa sobre las cabezas de su padre y sus compañeros.
Se percibe una relación ambivalente con el mar, de amor y respeto, de cercanía y desconfianza. El protagonista comparte su vida y sus rutinas diarias con la inocencia propia de su edad. Pero en el ambiente, en las palabras y en las imágenes, se intuye una madurez y una conciencia que sorprenden. Hay un toque de resignación, particularmente en la última doble página, que cierra con una vista nocturna de la costa fotografiada desde el mar, acompañada de las palabras: "Soy hijo de minero".

Las ilustraciones de Sydney Smith compaginan diversas técnicas que generan una atmósfera muy acorde a la historia. Los brochazos de acuarela y tinta difuminan los contornos en los paisajes, mientras que los elementos dentro de la casa cobran mayor nitidez.
Pueblo frente al mar es una obra visualmente muy bella que maneja con maestría el difícil equilibrio entre una vida llena de frescura y belleza, combinada con una constante sensación de pesadumbre. Es una historia contada con pocas palabras e imágenes de una enorme belleza, que van y vienen como los pensamientos del niño, entre la luz del sol y del mar, y la oscuridad de las minas de carbón.
Análisis de novelas gráficas ("Pedro Páramo"; "Romeo y Julieta") - Noveno año
La obra se presenta en formato tapa dura, con 52 páginas y unas dimensiones de 28 x 21 cm. Está ilustrada a todo color y escrita en español.

La editorial proporciona información adicional sobre las minas de carbón en Canadá, Gran Bretaña y Chile al final de la obra, contextualizando la experiencia del padre del protagonista.