Marvel Swimsuit Specials: Un Viaje Inesperado a la Antártida y Más Allá

La década de los noventa es recordada dentro del ámbito del cómic americano por muchas razones, la mayoría de ellas no especialmente positivas. Fue una época peculiar, sometida a la tiranía de lo visual y marcada por una cruenta competición entre las editoriales por acaparar la atención de los lectores usando las artimañas más rastreras. Se habían puesto de moda los héroes hiperviolentos, las armas kilométricas, los músculos desproporcionados y los dientes apretados. En consecuencia, las estanterías de las librerías especializadas se habían convertido en un altar de imágenes grotescas que resultan incómodas de ver hoy en día. Bucear entre los cómics publicados durante aquellos años es un ejercicio morboso y fascinante, equiparable a observar un choque de trenes: sabes que no deberías estar mirando, pero no puedes apartar la vista. No obstante, en ocasiones la fama que acabó ganando la alocada década es inmerecida. No olvidemos que también en aquellos años se publicaron buenas historias y se produjeron hitos memorables. Es más, incluso existen pequeños tesoros enterrados entre las decenas y decenas de publicaciones infumables; pequeños tesoros que siguen despertando nuestra curiosidad tantos años después y que siguen siendo sorprendentemente relevantes hoy en día.

Entre los muchos experimentos extraños y ridículos que vieron la luz durante los noventa, los especiales de trajes de baño de la Casa de las Ideas son una rareza inclasificable. Con frecuencia son recordados con mofa por lo disparatado de su premisa y por hilarante de sus ilustraciones, pero una mirada más profunda permite discernir un sutil espíritu subversivo y provocador que iba muy por delante de su época. Escudados en el humor, estos especiales presentaron ideas sugerentes y atrevidas que no habrían tenido cabida de otra forma en la Marvel de entonces. A lo largo del presente artículo vamos a adentrarnos en sus galerías de superhéroes y superheroinas en bañador para conocer hasta qué punto fueron atrevidos los Marvel Swimsuit Specials en su momento. Pero en esta ocasión no se trata sólo de hacer un mero repaso nostálgico, sino que pretendemos diseccionar las ideas ocultas tras los mencionados especiales con el objetivo de analizar si sería viable aplicarlas al mercado actual del cómic americano. En efecto, nos preguntamos si ha llegado el momento de que se publique un nuevo Marvel Swimsuit Special y cómo debería ser esa hipotética entrega en caso de llegar a producirse.

El Contexto Cultural y la Tradición del Traje de Baño

Antes de entrar en materia conviene hacer algunas aclaraciones para entender el contexto en el que se encuadraron estos especiales y la tradición en la que podríamos incluirlos. En los años noventa, la cultura playera estadounidense estaba en pleno auge gracias a la emisión de Baywatch (la archiconocida serie televisiva de Los Vigilantes de la Playa) y los programas a pie de playa de la MTV. No obstante, la tradición americana relacionada con exhibir trajes de baño se remonta mucho más atrás.

A principios de esa década, la revista deportiva Sports Illustrated ya llevaba casi treinta años publicando anualmente su Sports Illustrated Swimsuit Issue, un especial en el que modelos profesionales posaban en traje de baño en playas situadas en los entornos más exóticos. Por su parte, los orígenes del Sports Illustrated Swimsuit Issue quizá puedan encontrarse en el auge de la cultura del pin-up (las célebres “chicas de calendario”) que se produjo durante los años de la Segunda Guerra Mundial. Las fotografías e ilustraciones de chicas pin-up se consideraron amuletos patrióticos durante el conflicto y fueron tremendamente populares entre los soldados. Era frecuente encontrarlas en revistas, pósters y calendarios durante las décadas de los cuarenta y cincuenta, abarcando diversos grados de erotismo.

Si seguimos viajando hacia atrás en el tiempo para rastrear las raíces del pin-up nos encontraremos con todo un movimiento artístico que tenía uno de sus principales baluartes en la revista masculina Esquire, en la que destacaron ilustradores como George Petty o Alberto Vargas. Sin embargo, negar a estas alturas la tremenda problemática que subyace a esta tradición sería absurdo. Por muy interesante que sea la corriente artística de las chicas pin-up, cuesta olvidar que se basa en la sexualización de la mujer con el objetivo de agradar al público masculino. De hecho, la cultura del pin-up y el feminismo han tenido sus más y sus menos a lo largo de los años. Los detractores la consideran una perniciosa objetificación de la mujer, pero también existe un sector feminista que reivindica el pin-up como una forma de rechazo a la vergüenza ante el propio cuerpo y de empoderamiento femenino ante los tabúes conservadores. Esa polémica ya estaba presente en la década de los noventa y sigue siendo materia de debate en la actualidad. ¿Dónde están los límites entre el erotismo artístico y la exhibición pornográfica? ¿Qué tipo de imagen de la mujer se transmite desde la cultura popular? ¿Debería exhibirse el cuerpo masculino de la misma forma en que se exhibe el femenino? Puede que los especiales de Sports Illustrated o los capítulos de Los Vigilantes de la Playa no tuviesen una clara intención erótica, pero no podían escapar a estas cuestiones. La cultura playera americana transmitía una imagen poco cercana a la realidad, es especial en lo relacionado con el cuerpo femenino.

Es en ese marco en el que Marvel publicó sus especiales de trajes de baño, empezando con el Marvel Illustrated: The Swimsuit Issue de 1991. Este primer especial estaba fuertemente inspirado por el Swimsuit Issue de Sport Illustrated, no sólo en su título sino también en su contenido, como veremos a continuación.

Ilustración de portada de

Marvel Illustrated: The Swimsuit Issue (1991) - La Premisa Original

Entre 1993 y 1995, la Casa de las Ideas publicó otros cuatro especiales más, ya bajo la célebre cabecera de Marvel Swimsuit Special. Fue en esos cuatro números en los que la editorial dio rienda suelta a las ideas más absurdas y divertidas, al mismo tiempo que tergiversaba sutilmente las expectativas de todo aquel que se acercase a su librería esperando comprar una colección de ilustraciones veraniegas protagonizadas por superheroínas con bikinis minúsculos.

Usando como modelo el Swimsuit Issue de Sport Illustrated y quizá también inspirado en la revista Playboy, el primer número de trajes de baño de Marvel tenía menos ilustraciones de lo esperable (sólo 23 páginas de las 50 totales estaban dedicadas a los pin-ups, varios de ellos ocupando doble página). En su lugar, el resto de contenidos eran los propios de una revista, es decir, artículos y anuncios.

Lo que no se podía negar era la originalidad de la premisa del especial: Stark Enterprises había organizado una evento para recaudar fondos con motivos benéficos en la Tierra Salvaje, la misteriosa selva tropical oculta en el corazón de la Antártida. Las actividades planificadas incluían la celebración de una olimpiada superheroica en la que la flor y nata del Universo Marvel pondría a prueba sus destrezas y un concierto de Dazzler para clausurar el evento. Para conmemorar semejante acontecimiento, la revista incluía una serie de “fotografías” seleccionadas por la editora de moda Janet Van Dyne, la mismísima Avispa, en lo que suponía un agradable juego en el que se desdibujaban los límites entre la realidad y la ficción.

Es interesante echarle un ojo a las páginas de texto del número, que arrancaban con una introducción por parte de la “editora” Janet Van Dyne y proseguían con una nota escrita por el “patrocinador”, Tony Stark. A continuación se incluía una breve entrevista a Jean-Paul Beaubier, más conocido como Estrella del Norte, en la que se trataba la polémica del dopaje en el deporte de alto nivel (incluso se mencionaba la descalificación del atleta Ben Johnson, que perdió el oro en los Juegos Olímpicos de Seúl de 1988 al dar positivo en la prueba de drogas). La opinión de Estrella del Norte era de especial relevancia en este caso no por tratarse de un conocido superhéroe, sino por ser un antiguo atleta profesional dotado de poderes mutantes. El siguiente artículo era el más importante de la revista y se centraba en la descripción de las distintas pruebas que compusieron la olimpiada superheroica. Resumiendo algunos de los resultados más destacados, Makkari de los Eternos superó a Mercurio y a Supersable en los 1000 metros lisos y Thor quedó por encima de Hércules y Hulk en el levantamiento de peso, mientras que Namor y su prima Namorita arrasaron en todas las pruebas de natación (excepto en natación sincronizada, donde el Hombre Múltiple se convirtió en la sorpresa del día).

Ilustración de una

Entre las mejores anécdotas del evento se menciona la grácil exhibición de natación de Howard el Pato (aunque el hecho de que se golpease la cabeza contra el trampolín se consideró de un gusto discutible) y el momento en el que Mandíbulas quiso probar la autenticidad de la medalla de bronce obtenida por el inhumano Tritón con sus dientes. Todo lo anterior estaba narrado como si de una auténtica crónica deportiva se tratase, copiando el estilo de cualquier publicación de este tipo. En este caso, el responsable del texto fue el editor y ocasional guionista y dibujante Rob Tokar, que fue supervisor de series como New Warriors, What if…? y The Punisher War Journal. Finalmente, tras un artículo en el que Hulka desgranaba sus rutinas de musculación y otro en el que se hablaba sobre las grandes posibilidades que ofrecía la práctica del surf en el espacio exterior, un mini-cómic de cuatro páginas mostraba el cierre de la olimpiada con la posterior celebración y el concierto de Dazzler, dando paso al fin a la galería de pin-ups. Los últimos dos textos podían encontrarse al final de la revista y se centraban en una entrevista a Ben Grimm en la que se hablaba sobre lucha libre y una retrospectiva sobre el boxeador conocido como Batallador Jack Murdock (padre de cierto abogado ciego de la Cocina del Infierno), que venía firmada nada más y nada menos que por el periodista Ben Urich.

Entre tanto, las páginas de publicidad de la revista continuaban con su juego de metaficción y mostraban a los superhéroes de Marvel promocionando una gran variedad de productos, siempre con un tono burlón muy agradecido. Por ejemplo, Lobezno era la imagen de marca de un desodorante llamado “Macho”, el Hombre Maravilla anunciaba su propia línea de calzoncillos y la Bestia promocionaba un acondicionador de pelo. Algo más esperpénticos eran los anuncios de zapatillas de deporte por parte de Mercurio o de maquinillas de afeitar por parte de Thor (“si pueden afeitar a un inmortal, te pueden afeitar a ti”, rezaba su slogan).

Anuncio ficticio de un superhéroe Marvel en una revista de los 90

La Galería de Pin-ups y sus Limitaciones

Pero pasemos ya a comentar los pin-ups, que suponen una pequeña decepción en esta primera entrega. Jim Lee, el artista más popular de los noventa, fue el encargado de inaugurar la galería con una ilustración de Tormenta volando entre pterosaurios y otra de Mariposa Mental tras una sesión de buceo entre los dinosaurios de la Tierra Salvaje. Continuó Steve Leialoha con una divertida estampa de Howard el Pato y su compañera de fatigas Beverly Switzler, antes de pasar a una doble página centrada en una Mary Jane casi fotorrealista por parte de Joe Jusko. Le seguían el cuarteto formado por Lobezno, la Cosa, la Bestia y Hulk luciendo coloridos bañadores por Kevin Nowlan y una ilustración de X-Force de Rob Liefeld en la que la anatomía de Bum Bum era tan disparatada como se podría esperar. No era la peor ilustración de la revista, ya que poco después se podía encontrar otro pin-up de Cable, Bum Bum y Júbilo de Whilce Portaccio que dejaba bastante que desear. Afortunadamente, no toda la galería estaba ocupada por los dibujantes de moda de la época, ya que también se podía disfrutar de la participación de unas cuantas estrellas intemporales como George Pérez, que dibujó a Hulka haciendo malabarismos con un enorme dinosaurio mientras la Avispa posaba sobre la palma de su mano, o Walter Simonson, que mostró una apacible escena familiar de los Cuatro Fantásticos en la playa junto al pequeño Franklin.

Cada cual tendrá su imagen favorita, pero la galería de este Marvel Illustrated era bastante convencional y no ofrece muchos alicientes a los ojos actuales. A muchos de los pin-ups les faltaba imaginación para aprovechar el contexto de la Tierra Salvaje. Algunos tenían cierto sentido del humor, pero otros eran demasiado estáticos y aburridos. En especial aquellos centrados en personajes masculinos resultaban poco llamativos por lo inexpresivo de sus poses y gestos. Por otro lado, había una clara diferencia entre la forma en que se representaba a las mujeres y a los hombres en esta colección de ilustraciones: mientras que ellas aparecían provocativas y sexys (Bret Blevins llegó a dibujar a Medusa desnuda, cubierta únicamente con su cabello prensil), los héroes masculinos no destacaban por nada en especial e incluso resultaban algo insípidos. Era una buena idea que no toda la galería estuviese ocupada por chicas en bikini y que los hombres de la Casa de las Ideas también tuviesen su espacio para lucirse, pero la editorial no supo sacarles jugo al principio.

Ilustración de pin-up de un superhéroe Marvel

Los Marvel Swimsuit Specials: Evolución y Experimentación

Los Marvel Swimsuit Specials siguieron un patrón similar al de su predecesor, conservando las páginas de anuncios ficticios pero eliminando los artículos de texto para dejar todo el protagonismo a los pin-ups. Cada especial se situaba en un nuevo lugar exótico del Universo Marvel y partía de su propia premisa argumental. El primero llevaba a nuestros personajes hasta Wakanda para celebrar el compromiso entre Pantera Negra y su pareja por aquel entonces, Monica Lynne. El segundo reunía a los héroes en la Isla de los Monstruos gracias a una apuesta ganada por Pip el Troll, que obligaba a que sus compañeros de la Guardia del Infinito usasen sus respectivas gemas para crear las vacaciones perfectas. Por su parte, el tercero nos desplazaba hasta la Zona Azul de la Luna, en la que los Inhumanos se preparaban para celebrar el sagrado Ritual del Agua (una excusa tan buena como cualquier otra para ponerse el bañador).

Al igual que en el Marvel Illustrated, los anuncios resultaban hilarantes: el Castigador promocionaba insecticida para matar cucarachas, el Vigilante anunciaba gafas de sol, Volstagg prestaba su imagen a una línea de batidos dietéticos para perder peso, la Viuda Negra vendía auténticos abrigos de piel y Magneto publicitaba las Páginas Amarillas con un cómico juego de palabras de difícil traducción con el término superconductor. Sin embargo, lo importante seguía siendo la galería de pin-ups, que además había crecido en extensión. Más autores implicaba mayor variedad de ideas y estilos, lo cual le sentó estupendamente a aquellos especiales. Seguían teniendo sus limitaciones, quizá debidas a alguna incomprensible política editorial (por ejemplo, cada vez que Peter Parker y Mary Jane aparecían juntos, él llevaba puesto su traje de Spiderman aunque ella fuese en bañador… aunque Peter sí aparecía en traje de baño en sus pin-ups en solitario), pero en general las...

La década de los noventa fue una época de excesos y experimentación en el cómic, y los Marvel Swimsuit Specials no fueron una excepción. Estos especiales, aunque a menudo recordados con humor, ofrecieron una plataforma para la exploración de la imagen femenina y masculina en el cómic, jugando con las expectativas y la censura de la época. La premisa de llevar a los superhéroes a situaciones cotidianas o exóticas en traje de baño, como la olimpiada en la Antártida, demostró la versatilidad del universo Marvel y la creatividad de sus autores.

A pesar de sus limitaciones y las críticas sobre la representación de género, los Marvel Swimsuit Specials representan un capítulo interesante en la historia del cómic americano. Nos invitan a reflexionar sobre cómo la cultura popular representa el cuerpo, el erotismo y la identidad, temas que siguen siendo relevantes en la actualidad. La audacia de Marvel al publicar estos especiales, escudándose en el humor, permitió abordar temas que de otra manera habrían sido tabú en la Marvel de la época, abriendo así un debate sobre los límites del arte y la representación.

Composición de varias ilustraciones de Marvel Swimsuit Specials

La idea de un nuevo Marvel Swimsuit Special, adaptado a los tiempos actuales, plantea preguntas fascinantes. ¿Sería posible replicar el espíritu subversivo y provocador de los originales sin caer en la simple repetición o en la controversia? ¿Cómo se abordaría la representación de género y la diversidad en un especial de este tipo hoy en día? La evolución del medio y de la sociedad sugiere que un nuevo especial podría explorar nuevas direcciones, quizás con un enfoque más inclusivo y reflexivo, sin dejar de lado el humor y la audacia que caracterizaron a los originales.

En definitiva, los Marvel Swimsuit Specials, desde su peculiar premisa en la Antártida hasta sus posteriores aventuras en lugares exóticos, nos ofrecen una ventana a una época particular del cómic y a las discusiones culturales que la rodearon. Son un recordatorio de que, incluso en los momentos más extraños, el cómic puede ser un espejo de la sociedad y un catalizador para la reflexión.

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