Aunque quizá a los más jóvenes solo les suenen las trastadas de Mortadelo y Filemón y de Zipi y Zape, un buen puñado de generaciones de españoles crecieron leyendo aquellas historietas de quiosco con personajes que hoy aún generan nostalgia: Carpanta, Anacleto, Doña Urraca, las Hermanas Gilda, Gordito Relleno, Petra criada para todo, El Inspector Dan… Todos nacieron en las páginas de la revista Pulgarcito, un hito del cómic que alcanzó su cénit de popularidad a partir de 1946, con tiradas de 200.000 ejemplares semanales.
"Pulgarcito" surgió en junio de 1921, bajo el sello El Gato Negro. Alcanzó los 850 números en su primera época y pasó por sensibles diferencias en el formato y en el número de páginas, combinando relatos, artículos, pasatiempos y chistes; la historieta tenía en sus páginas solo una presencia testimonial. Muy pronto tuvo un considerable éxito de público: se calcula que a partir del número 9 alcanzó una tirada de 50.000 ejemplares.
La revista de historietas "YUMBO" era una revista infantil publicada entre 1934 y 1960 por la Editorial Hispano Americana y Ediciones Clíper. Primera época: 1934 - 1938 - En noviembre de 1934 apareció el primer número publicado. En esta época publicaba material inglés y posteriormente cómic norteamericano, convirtiéndose en el primer tebeo que publicaba este tipo de material extranjero y abriendo la puerta a otras revistas como "MICKEY".
En 1921 por la editorial El Gato Negro, de Joan Bruguera, Pulgarcito vivió una primera etapa hasta 1939 en la estela de la no menos popular TBO. Costaba entre 5 y 10 céntimos. Con la Guerra Civil e intervenida por un comité de la CNT, salieron muy pocos números y de forma muy irregular, aunque manteniendo contenidos infantiles y con sesgos moralistas.

Tras algún intento de recuperación en 1945, Pulgarcito renacía en 1946 con la editorial Bruguera, sucesora de El Gato Negro, dejando atrás el humor blanco del TBO para desplegar chistes más incisivos, críticos y gamberros, conectando con el lenguaje de la calle.
En el primer número, de diciembre de 1946, nacía El repórter Tribulete, creado por Guillem Cifré. Era un "audaz, pícaro, metomentodo y escurridizo" periodista que buscaba sensacionalistas noticias.
Cifré, con Peñarroya, Conti, Escobar y Eugenio Giner, los cinco dibujantes estrella de la época, protagonizaron una sonada marcha de la editorial, independizándose para mejorar sus condiciones de trabajo y controlar los derechos de sus personajes y fundando, en 1957, Tío Vivo. Pero no acabó de funcionar y al año volvieron a Bruguera.
Desde 1946 fueron llegando otros mitos surgidos de los lápices de Escobar: Carpanta, que vive bajo un puente y es capaz de sobrevivir con una aceituna y una avellana, es "el heredero directo de la novela picaresca" y el "reflejo de la etapa más dura de la posguerra", la del estraperlo, la miseria y las cartillas de racionamiento, señala Guiral.

Hasta 1955, Escobar esquivó la censura, pero el régimen empezó a intervenir con contundencia en las revistas infantiles y le obligó a suavizar los gags de Carpanta, "de oficio, hambriento", ya que, según una amonestación recibida de la Dirección General de Prensa del régimen, "en la España de Franco nadie pasaba hambre".
También le traerían reprimendas a Escobar el rubio Zipi y el moreno Zape, pícaros gemelos, cuyo exceso de celo en ayudar al prójimo les causaba más de un problema. La censura prohibía ridiculizar la autoridad familiar y la serie era precisamente "corrosiva con la autoridad paterna", encarnada por don Pantuflo Zapatilla, que educaba con severidad a sus hijos.
La otra gran creación de Escobar fue Petra, siempre con cofia y delantal, analfabeta y de buen corazón. En contraste con su empleadora, doña Patro, el dibujante retrató "con crueldad" las diferencias sociales entre ambas.
Era la edad de oro de la Escuela Bruguera, con dibujantes que, como Escobar, Conti o Peñarroya, habían sido represaliados por el franquismo. De Peñarroya era Gordito Relleno: Calvo y orondo, optimista y bondadoso, era vendedor de corbatas, recadero, oficinista... lo que hiciera falta.
En la etapa Bruguera Pulgarcito cambió y modernizó el concepto del tebeo y revista de historietas de humor, atrayendo también al público adulto. "Fidelizó al lector con secciones y series con personajes fijos, con series de humor y aventura, con un modelo ideado por el director de la editorial, Rafael González, con historietas a página limpia y personajes que se interrelacionaban entre ellos saltando a series de otros autores", apunta Guiral.
Las solteronas hermanas Gilda, Anacleto, agente secreto, La familia Cebolleta, Angelito, La abuelita Paz… fueron memorables creaciones de Vázquez, él mismo todo un personaje cuya leyenda de moroso e indisciplinado, o de las relaciones con sus esposas e hijos, no le impidió ser "uno de los mejores historietistas de humor españoles de todos los tiempos", sentencia el experto en tebeos. Lo fue "por su facilidad para un dibujo expresivo de trazo firme, por su capacidad para crear personajes de excepción y por su facilidad para narrar en viñetas".

También un grande de la revista fue Miguel Bernet Jorge, quien volcó un humor tan negro en Doña Urraca como la larga indumentaria con que vistió a esta mujer de moño y nariz ganchuda, insolidaria y pérfida.
Poca presentación necesitan Mortadelo y Filemón, que siguen viviendo disparatadas aventuras como agentes de la T.I.A. tras más de 200 álbumes y 64 años en activo de la mano de su incombustible padre, Francisco Ibáñez.
Y muchos recordarán a Sir Tim O’Theo, talludito aristócrata y aspirante a detective típicamente inglés, nacido en 1971 de la mano de Joan Rafart Raf.
Una década después, Pulgarcito cerró por la caída de ventas. Los lectores se habían distanciado de los tebeos abrazando la televisión y los incipientes videojuegos o pasándose al cómic adulto, que vivía un boom.
Aunque hasta 1987 hubo varios intentos de relanzamiento, como una revista protagonizada por el personaje del pequeño Pulgarcito, creado por Jan, el padre de Superlópez (que sí tuvo éxito), su tiempo en los quioscos había pasado.
Todas las portadas de la revista Súper Pulgarcito (Bruguera, 1949)
Entre 1947 y 1952, Pulgarcito recuperó su aparición semanal, pero cambió frecuentemente de cabecera (manteniendo siempre la palabra Pulgarcito, junto a cambiantes antetítulos), y eludió la numeración en portada, ya que carecía del permiso oficial para publicarse regularmente. También se incluían dos series de acción de grafismo realista, El Inspector Dan de la Patrulla Volante de Eugenio Giner y Silver Roy de Antonio Bosch Penalva, así como las secciones Digame Vd., El mundo ríe, La historieta rompecabezas y Aunque le cueste creerlo.
En 1951 y con motivo del 30.º aniversario de la revista, se aumentó su formato y se introdujeron más colores, además de incluirse la numeración auténtica desde 1921 (con lo que el número 249 pasó a ser el 1091).
En 1952 y en el número 265 se inicia una nueva etapa de la revista cuando por fin ésta alcanza el permiso oficial para editarse como publicación periódica. Mediada la década, empezó a perder parte de su carácter testimonial, debido a la aplicación del Decreto de 24 de junio de 1955 sobre ordenación de la prensa infantil y juvenil, que supuso un aumento de la censura.
Se sumaron series de acción escritas por Víctor Mora como El Capitán Trueno, dibujada por Ambrós, y Vendaval, que lo fue por Antonio Bernal, así como la sección didáctica ¿Qué sabe Vd.
Editorial Bruguera relanzó la revista el 2 de marzo de 1981, bajo la dirección de Mercedes Blanco Abelaira.
En diciembre de 1985, se inició una nueva etapa de la revista, bajo la dirección de Francisco Serrano Barrau.
Colección de al menos 48 números ordinarios más uno extraordinario fuera de numeración: NÚMERO ALMANAQUE PARA EL AÑO 1939 (con un PVP de 1 pts.)
Cuadernos grapados con interior en blanco y negro y cubierta en color.
La periodicidad se presume.
Fechas: 1-XI-1937 ? - 1-IX-1939 ?
Números: 48? ordinarios + 1 extraordinario.

En 2021 se celebraba un siglo del primer número, y de radiografiar su historia, series y dibujantes se ocupa en 100 años de Pulgarcito (Bruguera) el experto y divulgador Antoni Guiral, para quien la revista "forma parte de nuestra memoria sentimental, de los mayores de 50, y de nuestro patrimonio cultural".
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