En la década de 1970, las revistas infantiles españolas, especialmente las publicadas por la Editorial Bruguera, no solo ofrecían entretenimiento a través de sus historietas, sino que también servían como un escaparate para los juguetes y productos de la época. Un ejemplo destacado de esta práctica publicitaria son los tebeos que incluían anuncios de Big Jim, una popular línea de muñecos de acción de Mattel.
La revista Tío Vivo, y posteriormente sus sucesores como Super Tío Vivo, se caracterizaban por ser un compendio de historietas, algunas nuevas y otras refritas, que mantenían enganchados a los jóvenes lectores. La dificultad para datar con precisión los números y el orden de publicación de estas revistas ha llevado a los coleccionistas y aficionados a buscar métodos alternativos para su catalogación. Uno de estos métodos es el análisis de los anuncios que aparecen en sus páginas, como los de la mencionada línea de juguetes Big Jim.

Estos anuncios no solo reflejaban los gustos y las tendencias de consumo de la época, sino que también añadían un valor nostálgico para aquellos que crecieron leyendo estas publicaciones. La presencia de Big Jim, con sus diversos personajes y accesorios, era un reclamo visual que complementaba las aventuras gráficas de los tebeos.
La Evolución de las Revistas Infantiles y la Publicidad
La Editorial Bruguera, a pesar de las dificultades inherentes a la posguerra española, demostró una gran habilidad para mantener la publicación de sus revistas seriadas. Una estrategia utilizada fue la inclusión de un número encerrado en un círculo en la contraportada, una práctica que mantuvieron durante mucho tiempo.
Sin embargo, en revistas como Tío Vivo y Super Tío Vivo, la ausencia de esta numeración clara en la contraportada o en los créditos de la página 2 dificulta la ordenación precisa de los números. Para superar este obstáculo, los aficionados se han centrado en otros elementos, como el control de los anuncios de productos, por ejemplo, los de Big Jim, o las promociones de personajes como Petro-Mortadelos. El precio, aunque visible en un círculo en la portada (50, 75 o 110 pesetas), no siempre es fiable, ya que la editorial podía pegar nuevos precios sobre los originales, complicando aún más la catalogación.
Las portadas de estas revistas solían ser obra de autores reconocidos como Segura. En algunos casos, utilizaba a sus propios personajes, como El Capitán Serafín y el Grumete Diabolín, con colores típicos de la época. En otros, las portadas presentaban un chiste visual relacionado con la estación del año, con un uso del color más elaborado y detallado, especialmente en escenas que incluían elementos naturales como el mar.
Contenido y Estilo de las Historietas
La historieta inicial de muchas de estas revistas solía ser protagonizada por el personaje del Botones Sacarino, a menudo dibujada por un artista apócrifo conocido como "El Dibujante de los Ojos Entrecerrados". Este dibujante, a pesar de su talento, parece haber sido infrautilizado por la editorial, que prefería personajes más establecidos.
Dentro de las revistas, se podían encontrar tanto historietas nuevas como repeticiones de material antiguo. Las historietas nuevas solían llevar un número de factura de Bruguera, que evolucionó con el tiempo. Desde los años 70 hasta 1981, estos números se movían aproximadamente entre el 20000 y el 30000. A partir de 1982, se reiniciaron y oscilaron entre 0 y 10000. Esta distinción es crucial para identificar si una historieta es original de la época o una repetición, aunque en algunos casos un refrito también podía llevar un número de factura, pero diferente al habitual para ese período.
El estilo de dibujo, la cantidad de franjas por página y el número de viñetas también son indicadores útiles para diferenciar entre historietas nuevas y viejas, así como para identificar a los autores. Desde los años 70, la presencia de Mortadelo y Filemón se hizo cada vez más notable, llegando a ser protagonistas recurrentes en Tío Vivo. La revista a menudo republicaba sus historietas, quizás como un homenaje, aunque el orden de publicación no siempre era cronológico.

En Super Tío Vivo, se publicaron historietas apócrifas de Mortadelo y Filemón, así como trabajos de Ibáñez y otros dibujantes. Un ejemplo notable de la experimentación en la revista es una historieta de 1980, con un guion y una composición ajenos al estilo habitual de Ibáñez, atribuida a Pedro Roma. Esta historieta presentaba elementos inusuales para la época, como un flashback dentro de una aventura de Mortadelo y Filemón y una estructura de página innovadora.
La presencia de anuncios de juguetes como Big Jim en estas publicaciones era una estrategia de marketing efectiva, conectando las fantasías de los cómics con el deseo de posesión de los objetos que permitían recrear esas aventuras en el mundo real. Estas revistas, junto con sus anuncios, forman parte de un legado cultural que evoca la infancia de muchas generaciones.
El análisis de estos elementos, desde el estilo de dibujo hasta los anuncios de Big Jim, nos permite reconstruir no solo la historia de las publicaciones infantiles, sino también el contexto social y cultural en el que se desarrollaron.
La importancia de estos tebeos con anuncios de Big Jim radica en su capacidad para transportarnos a una época donde la imaginación volaba libremente, impulsada tanto por las historias de los cómics como por los juguetes que permitían dar vida a esas aventuras.
