La historieta, tebeo o cómic español es una de las tradiciones de historieta más importantes a nivel europeo, gozando de sus años dorados en los años cuarenta y cincuenta, además de un boom entre finales de los setenta y mediados de los ochenta.
En España, a la historieta se la ha llamado también tebeo. Yo considero que durante los años 70 existió una "cultura" del tebeo. En mi caso, era una "devoradora" de dichas publicaciones pero debido a que la economía familiar no permitía grandes dispendios, los compraba o intercambiaba en los mercados de segunda mano que existían para ello.
Finalizada la guerra civil española, la historieta en España modificó su oferta y su formato. El tebeo humorístico y de aventura se convirtió en el género dominante. Hubo que esperar hasta finales de los años 70 para que la industria del cómic franco-belga trajera aires de renovación al sector con cómics como Spirou, Tintín o Astérix.
Durante los duros años de la posguerra española, los quioscos estaban llenos de revistas infantiles y juveniles en donde se publicaban todo tipo de historietas. La legendaria TBO, Pocholo, Nicolás, la eterna Pulgarcito o la esperanzadora Tio Vivo fueron solo algunos de los títulos de estas revistas en donde aquellos inolvidables tebeos eran publicados con carácter semanal, quincenal o mensual. Una fórmula creativa de enorme éxito, que reportó durante años pingües beneficios. Gran tirada, bajo precio, amplia distribución y amplia periodicidad.
Los cómics clásicos españoles, aquellos inolvidables tebeos que nos acompañaron en nuestra infancia, fueron editados en buena medida por la Editorial Bruguera, aunque no podemos olvidarnos de Editorial Valenciana, TBO, Ediciones Cliper y Editorial Marco. Todas ellas ocuparon el mercado tebeístico español.
Una de las características de los tebeos antiguos españoles es precisamente trazar personajes que sean fácilmente reconocibles por el público. Ya sea por su carácter, o por su entorno, el personaje debe ser fácilmente identificable. Personajes chapuzas (Pepe Gotera y Otilio, o Mortadelo y Filemón); personajes frustrados (Don Berrinche); los familiares (La familia Cebolleta o La familia Trapisonda); los sádicos (Doña Urraca); los inocentones (Pitagorín o Ángel Siseñor) o los despistados (Rompetechos).
Nuestra intención es seguir profundizando en aquellos inolvidables tebeos españoles que poblaron los quioscos durante las difíciles décadas de la posguerra. Luchando contra la censura y contra la penuria económica. Pero de momento hemos empezado por una interesante selección de historietas, todas ellas editadas con Bruguera.
Buena parte de las publicaciones infantiles de Bruguera en las décadas de los años cuarenta y cincuenta supusieron una crítica encubierta a la posguerra española. Un juego de espejos deformantes que poco a poco fue diluyéndose hasta que en los años sesenta era prácticamente imposible ver ningún atisbo de crítica. ¿Qué pasó para llegar hasta ese punto? ¿Tan efectiva fue la censura impuesta por el régimen? Son muchos los factores que nos pueden ayudar a entender este proceso, pero desde luego influye notablemente la aparición de toda una generación de escritores y dibujantes que no habían vivido la guerra, y por lo tanto estaban más distanciados de las viejas rivalidades políticas.
Otro aspecto importante fue la ley de 24 de junio de 1955 que impuso la conocida como censura previa; que establecía catorce artículos por los que pasaban a regularse las nuevas publicaciones. En virtud a esta ley, las revistas infantiles y juveniles debían velar porque sus contenidos no se desviaran del público al que iban dirigido. Es decir, en adelante, eran las propias revistas las que debían encargarse y velar por el respeto y cumplimiento de la ley. Esta censura previa fue realmente mucho más exigente que cualquier tipo de censura gubernamental que pudiera haberse establecido. Y finalmente hizo lo propio la ley del 19 de enero de 1967 con la publicación del Estatuto de Publicaciones infantiles.
No queremos empezar este análisis sin reconocer a aquellos que llevan años divulgando la historieta española, y luchando por lograr el reconocimiento de propios y extraños. De su trabajo nos hemos valido en buena medida para esta entrada, y es justo ser agradecidos. En primer lugar está la magnífica labor de Tebeosfera, que a través de su web y de sus publicaciones anuales, hacen una inmejorable labor por el tebeo clásico español. Por otro lado la inmejorable colección de Clásicos del Humor que la editorial RBA publicó en el año 2009. Cuarenta números que hacen de esta colección el más completo recopilatorio de aquellos inolvidables tebeos que publicó la editorial Bruguera durante cuatro décadas. Y en donde Antoni Guiral no solo fue el encargado de la selección del coleccionable, sino que es el autor de los textos de introducción de cada volumen. Y tampoco podemos olvidarnos de aquellos que ya andaron nuestros mismos pasos, como La Cárcel de Papel de Álvaro Pons.
Grandes Autores y Personajes de la Época Dorada
Si hablamos de grandes autores de Bruguera, es habitual que los teóricos diferencien hasta tres generaciones diferentes de autores; siendo la primera la formada por Cifré, Conti, Escobar, Giner y Peñarroya. Aunque hubo también otros autores igualmente importantes. También existen investigadores que incluyen a Vázquez en esta primera generación; al menos como nexo de unión entre ambas generaciones. Quizás la principal característica de estos autores es haber vivido la guerra civil.
Primera Generación de Autores y sus Creaciones
Conti
Golondrino Pérez es un personaje moreno, bajito y poco agraciado en general. Un hombre sencillo, modesto, que gusta vestir elegante; pero que nunca encuentra pareja, pese a su caracter enamoradizo. Es de las pocas series de la época en la que la trama gira en torno a las frustraciones sexuales de su protagonista, que por más que lo intenta, nunca encuentra la manera de llegar al matrimonio con una chica. Obviamente la serie descarta nada que no sea el matrimonio. No hace falta insistir en la moralidad de la época, que no concebía una relación que no pasara por la vía matrimonial. Posiblemente sea la creación más extensa de Conti.
Carioco no es un personaje normal, aunque su aspecto parezca decir lo contrario. Carioco es un personaje solitario, sumido en sus propios pensamientos. Introvertido, melancólico. Un personaje con desequilibrio mental. De hecho la serie también se conoció como «El loco Carioco». Un loco que estaba ingresado en un manicomio y al que se le permitía salir de permiso a relacionarse en sociedad. Y son precisamente estas salidas lo que Conti nos cuenta a través del personaje de Carioco. La clave del personaje está precisamente en su falta de cordura, que le permite abstraerse de las penurias propias de la época. Y aunque en determinado momento abandonó el psiquiátrico y poco a poco fue suavizando su falta de lucidez, la serie nunca perdió su sello de identidad.
Apolino Taruguez es un despreciable hombre de negocios. Un capitalista explotador de porte poco elegante. Un personaje poco común entre aquellos inolvidables tebeos del franquismo. Como asegura Antoni Guiral, el propio Conti deja entrever que su fortuna la ha ganado en el mercado negro. La obra es una magistral crítica al capitalismo y al sistema económico-laboral del franquismo.
Josep Escobar
Doña Tula es otra serie costumbrista más que ahonda en el terreno familiar. Esta vez de la mano de Josep Escobar. Doña Tula es la suegra de Clotildo, casado con Filomena. El hilo conductor de la serie es la relación entre Clotildo y su suegra. Doña Tula es de carácter fuerte y severa, y tiene una actitud despótica y desafiante con su yerno. El final de la serie vino precedido por la entrada de la censura. Antes que modificar la esencia de la serie, Escobar prefirió cancelarla.
Blasa es una portera corpulenta. Un personaje con carácter que ejerce todo tipo de trabajos: limpiadora, recoge basura, se encarga del ascensor, vende pisos, y controla la entrada y salida de personas. Pero Blasa es también una portera cotilla, manipuladora y mandona.
Como otras series de Bruguera, Petra, criada para todo vuelve a abordar la dificil relación entre las asistentas del hogar y las señoras de la casa. Petra es una criada fuerte y pícara, que no temía enfrentarse a ningún problema que le surgiera; aunque también era pueblerina y analfabeta.
En este listado de aquellos inolvidables tebeos españoles, no podía faltar una obra maestra del genio Escobar. En los primeros años la serie se mostraba muy crítica con las miserias del franquismo; pero muy pronto se convirtió en un retrato costumbrista. En Petra, Escobar nos introduce numerosos detalles del día a día de la sociedad española de los años cincuenta: la llegada de los electrodomésticos, la llegada de los supermercados o los problemas laborales.
José Peñarroya
Don Pío, un hombre corriente de mediana edad que trabaja en una oficina, y que tiene los gustos propios de la época. Doña Benita, una mujer que desearía llevar un ritmo de vida superior al que lleva, y que no alcanza con el dinero que trae a casa su marido. Es despilfarradora y tiene un carácter difícil. Y Luisito, el sobrino de ambos. Los tres conforman el elenco de personajes principales de Don Pío, un clásico de los tebeos españoles. Pese a la progresiva infantilización de los tebeos de Bruguera, Don Pío abordaba los problemas conyugales. Y de hecho, la aparición de Luisito fue una de las consecuencias de la censura.
Gordito Relleno es uno de los personajes favoritos de su autor, José Peñarroya. Se trata de otro personaje bonachón incapaz de matar un mosquito. Un tontorrón obeso, calvo y optimista que vivió la España de la posguerra. Un personaje de suerte esquiva, pero que tiene muchas amistades; que en su inmensa mayoría tratan de aprovecharse de él. Debido a su maltrecha economía, Gordito Relleno desempeñó numerosos oficios. Entre los tebeos clásicos, Gordito Relleno destaca por su voraz crítica social, oculta siempre bajo un prisma de humor. La indigencia, el estraperlo, la estafa y las distintas clases sociales hacen gala entre sus páginas. Eso sí, no siempre fue tan ingenuo. En sus primeras historias, Gordito Relleno se mostró bastante más osado y pícaro.
El protagonista de la serie Pitagorín es un niño rubio de unos 10 años, con una buena mata de pelo y con gafas, que destaca por su inteligencia. La característica que define al personaje es su honradez y su bondad. Pitagorín siempre está predispuesto a ayudar al prójimo. Haz el bien, y no mires a quién. Muy llamativo el hecho de que al igual que ocurriera con otros personajes de otras series más conocidas, la gente común adoptara el calificativo «pitagorín» para designar al típico listo de la clase.
Don Berrinche es un personaje frustrado tendente a tener ataques violentos y provocadores; un sujeto con muy mala leche que aparecía con un garrote (aunque más adelante merced a la censura fue sustituido por un bastón). Un personaje de clase acomodada, lleno de odio, y que encaja perfectamente en la sociedad de la posguerra. En cualquier caso, sus brotes de ira nunca tuvieron un final feliz.
Pepe es un hincha del Pedrusco F.C. Un oficinista de clase media cuya pasión por el fútbol lo centra todo. Pero la serie va más allá. Peñarroya utiliza a su personaje para hacer una crítica voraz a los hinchas del fútbol.
Segunda Generación de Autores y sus Creaciones
La segunda generación de autores de Bruguera fue mucho más extensa. En ella tenemos al gran Vázquez, Ibáñex, Raf o Nené Estivil. Conocida como generación del 57, ellos apenas conocieron la guerra civil, y eran muy pequeños en la posguerra española. Todos ellos nacieron en torno a los años 30.
Enrich
En 1957 Enrich, cuñado de Cifré, creó al personaje del caco Bonifacio, un ladrón de buen corazón y bonachón, que rara vez consuma de forma satisfactoria sus hurtos. Un personaje de doble moral y valores contradictorios; capaz de hacer el mal y el bien en cuestión de dos viñetas. Aunque lo que más llama la atención es que este personaje infantil surgiera en plena dictadura franquista. Un personaje indulgente y de mucha humanidad, pero que ha escogido la profesión de ladrón.
Nené Estivil
Agamenón era una serie campestre que respondía a los tópicos de la España profunda: ignorancia, torpeza, rudeza, honradez. Pero al mismo era una serie llena de moralidad. Argumentos sencillos para personajes sencillos, pero llevados de manera magistral, y a menudo con finales muy ocurrentes. En aquellos años en los que la España rural empezaba a despoblarse, Agamenón se convierte en una serie que reivindicaba las bondades del entorno rural. El personaje de Agamenón era vago, glotón, muy bruto, pero sin maldad. Un personaje incapaz de sentir odio ni celos. Noble, ingenuo y bondadoso, que a menudo era objeto de estafas o burlas. Nené no se olvidó de ningún detalle en su serie, y describió perfectamente el entorno de Agamenón. En Villamulas del Monte nos encontramos a la familia de Agamenón, destacando especialmente su abuela y su famosa frase «¡Igualico, igualico que el defunto de su agüelico!»; el cura, el alguacil, el maestro, el leñador, el boticario. Toda una galería de personajes secundarios que nos permiten adentrarnos perfectamente en la España profunda de los años sesenta, en contraposición con los personajes urbanitas.
Otros Autores y Personajes
La terrible Fifí es otro de esos clásicos de nuestra infancia. El clásico tebeo sobre una niña traviesa, que nunca obtiene castigo por sus fechorías. Bien porque no la alcanzan, bien porque consigue marcharse de la «escena del crimen» antes de que nadie pueda culpabilizarla. Una de sus víctimas más recurrentes es Melanio, el pretendiente de su tía Ofelia. Entre sus fechorías está por ejemplo, convencerle para que le den tortas como método para dejar de fumar; o manipularlo a su antojo para dejarle en ridículo en repetidas ocasiones.
Roquita es una niña de unos 8 años a la que le encanta la sopa y los plátanos, que habita en la Prehistoria con su madre. Ambas alternan vestido rojo o azul. La característica esencial de Roquita es su intelecto. Se trata de una niña muy inteligente para su edad, y muy inquieta. Siempre está activa, y cuando no hace nada, se aburre. Se trata de una serie dirigida fundamentalmente a un público infantil; pero que forma parte de aquellos inolvidables tebeos que crecieron junto a toda una generación. Llama la atención la cantidad de elementos fuera de su contexto que aparecen en la serie: trompetas, cuadros, columpios, escobas o paraguas, además de dinosaurios.
Entre aquellos inolvidables tebeos de nuestra infancia hay un espacio especial para Hug el troglodita. Aunque la serie está ambientada en el periodo de aparición del Homo Sapiens, las referencias a la cultura actual son constantes. Un personaje lleno de contrastes que se hacía querer. Listo y torpe. Ingenuo y creativo. Vegetariano, pero que caza dinosaurios. Muy llamativas las distintas tribus que pueblan la serie (tribu de los tecnológicos, tribu de los agrónomos, o tribu de los chumberas); los inventos, o la idea de que la civilización siempre está al norte.
Facundo es un viajero y aventurero sin ningún tipo de atractivo que siempre va acompañado por su ayudante chino Lio-Chin-Chin. En los primeros años, antes de que apareciera Lio-Chin-Chin, Facundo solía estafar y burlarse de los pueblos africanos y asiáticos que visitaba. Destacando especialmente su viaje p...

Casildo Calasparra: Un Retrato Satírico de la Posguerra
Casildo Calasparra, o simplemente Casildo, es una serie de historietas creada por Ángel Nadal para el semanario Pulgarcito en 1948, con la presumible colaboración inicial en los textos de Rafael González, director de Editorial Bruguera, apareciendo por primera vez en el número 45 de la revista.
A partir de 1949 se publicó también en Súper Pulgarcito; de 1951, en El DDT (estas páginas), y en 1959 en el n* 30 del Suplemento de Historietas de El DDT una página incluida aquí.
Bruguera pronto publicó también varias monografías: 1949 Casildo (Magos del Lápiz); 1950 Casildo: ¡Qué vacaciones! (Magos de la Risa, núm. 1); 1950 Casildo: ¡Nuevos ricos (Magos de la Risa, núm. 10); 1950 Casildo: Un caso misterioso (Magos de la Risa, núm. 35).

Se trata de una serie humorística, que retrata en tono burlesco y satírico la relación de un joven matrimonio en la posguerra española. A Berta, la esposa, guapa pero dictatorial y fría, dedicada a sus labores, le gusta aparentar frente a sus amigas una posición social superior a la que realmente le corresponde, y para ello no duda en utilizar todo tipo de artimañas. Casildo, el marido, es el responsable de buscar el sustento de la familia, ejerciendo para ello toda clase de trabajos (lechero, cartero, trapero...), aunque la mayoría de veces trabajaba en una oficina.
Casildo, es un mujeriego impenitente que, sin salirse de la mojigatería imperante y en una actitud insolitamente admitida por la censura, pretende ponerle unos bonitos cuernos a su mujer con cualquier fémina de buen ver que se cruce en su camino, salir de juerga con sus amigos y volver a casa sin que su esposa note sus memorables borracheras.
En esta serie es la esposa quien ejerce violencia de género sobre el marido (por otra parte, algo usual en Bruguera). Las palizas que Berta propina a Casildo son siempre espectaculares. Esto duró hasta que, a mediados de los años cincuenta, la censura franquista obligó a atemperar la violencia en los tebeos.
Ángel Nadal, su creador, consiguió con esta serie un cáustico retrato de una pareja que permanecía unida por imperativo social, religioso y legal en la España de posguerra. Los roles arquetípicos femeninos y masculinos que se muestran en Casildo Calasparra pertenecen a esa época y están inspirados en los tópicos sociales del momento, con la excepción de que la violencia sexista aquí se produce exactamente al revés de lo que solía (y así continúa) ser habitual.
En 1951, con el nacimiento de la revista El DDT, subtitulada Contra las penas, inicialmente destinada a un lector más adulto, Casildo pasó a formar parte del elenco de este semanario, que son las páginas que se ofrecen en este volumen. Las páginas publicadas en Pulgarcito cuentan con su volumen propio.

Ángel Nadal Quirch: El Creador Detrás de los Personajes
Ángel Nadal Quirch (Barcelona 1930) es uno de los historietistas clásicos de Bruguera. Comenzó a trabajar en la historieta en 1944 como ayudante de los dibujantes Antonio Ayné y Emili Boix. En 1946, publicó varios cuadernos de aventuras para la Editorial Fantasio, tales como: Azul y Tokán, el invencible, de temática seria, para enseguida reorientar su carrera hacia el cómic de humor.
En 1948 publicó en la revista Jaimito, de Editorial Valenciana, la serie Sindulfo Sacarina, Repollito, Pepe Pintamonas, Don Viriato, Facundo, Don Sombrerete..., y comenzó a trabajar con la Editorial Bruguera creando el personaje de Casildo Calasparra, un oficinista extravagante, dominado por una bella pero implacable mujer. Sus historietas llegaron a ocupar las contraportadas de la revista Pulgarcito, donde nació el personaje.
Creador también en Pulgarcito de otros personajes olvidados e inolvidables como Sandalio Pergamino (1948), Don Folio (1951), Don cloroformo (1951), Toby (1951) y sobre todo Pascual, criado leal (1953), con quien alcanzó una merecida fama en su trayectoria como dibujante de personajes que hoy son historia del cómic y un grato recuerdo para los lectores de ... aquellos tiempos...
También para Bruguera publicó sus páginas en las revistas “Super Pulgarcito” (en 1949), “Magos de la Risa” (en 1950), “El DDT” (en 1951), “Selecciones de Humor de El DDT” (en 1956), “Sissi” (en 1959), “Can Can” (en 1959), “Tío Vivo” (en 1959) o “El Campeón” (en 1960). Nadal también hizo un cómic más realista protagonizado por chicas atractivas ( Rosita, la vampiresa, Marilín, chica moderna, Las chicas de Nadal ).
En 1960, se marchó de Bruguera y empezó a trabajar para el mercado internacional. Para Gran Bretaña creó los personajes: Buster (publicado en 1962 y que dibujó durante 12 años), Blarney Bluffer (en 1963), The Nuts o Lazy Spockettcon.
RAFA NADAL se abre en una ENTREVISTA sobre SU CARRERA y su VIDA TRAS LA RETIRADA EN EL TENIS | AS
El primer tebeo que me compraron fue de Mortadelo y Filemón. Al menos el primero que recuerde, y desde aquella tarde lejana tengo una especial predilección por las viñetas. Por esa manera de contar historias tan ágil y divertida. Desde entonces siempre he tenido (y tengo) centenares de tebeos por casa. Hagamos un repaso. Aquellos primeros tebeos me divertían casi más que los dibujos de la tele, leía y releía aquellas historias delirantes, con aquellos cacharrazos, esas aventuras que me apasionaban y me hacían reír. En la peluquería que había debajo de casa, junto a los periódicos y las Intervius había un montoncito de tebeos, de esos de Mortadelo que fui leyendo poco a poco, corte de pelo a corte de pelo y, como no los cambiaban y no me dejaban hojear la Interviu, acabé por coger aquel ejemplar de Creepy, un tebeo en blanco y negro, con dibujos más currados e historias más oscuras. A ese tebeo de terror se añadieron uno de James Bond, 1984 y alguno, viejísimo, de los Cuatro fantásticos. Aquellas historias eran fascinantes; acción, aventura, peleas, incluso algo de sexo light, lo justito para que un niño pudiese hojearlo sin que le dijesen nada. Recuerdo que me decía a mi mismo por favor que tarde más en cortarle el pelo a ese señor. Pronto empecé a sacrificar mis pagas más en tebeos que en chucherías, cuando descubrí el maravilloso mundo Marvel y creo que mi bautismo fue con La Patrulla X (ahora lo llaman con su nombre original X-men). Y como por aquella época empezaron a estar de moda los muñequitos de G.I. Y de pronto, en una sala de máquinas del barrio, donde cambiábamos tebeos, descubrí un ejemplar de La espada salvaje de Conan, y aquello supuso una revolución total en mí. Para empezar cada ejemplar tenía más páginas (para llevarte uno tenías que dejar dos o tres de Marvel), era en un blanco y negro perfecto y con unas viñetas que eran auténticas obras de arte. Aquellas historias eran crueles, violentas, su protagonista no era un ser tan blanco como los héroes Marvel. No siempre actuaba de la manera más correcta; era grosero, violento, sádico y un tanto brusco con las mujeres. En cambio había algo en él, una épica del héroe solitario, cuyo poder son sus músculos, una tragedia que arrastra, una fatalidad, que lo hacía irresistible. Incluso el hecho de ser un bárbaro y ladrón le hacía más interesante. Y pasaron los años y los tebeos se llamaron definitivamente cómics y los seguí (y sigo leyendo). Hoy incluso se les llama novelas gráficas, y tratan todo tipo de historias. Hoy mis gustos han cambiado.
Debo empezar señalando que hay tebeos que leí siendo muy pequeño (aprendí a leer a los tres años) y sin duda me marcaron, pero desgraciadamente ya no sería capaz de decir qué números fueron en concreto: me refiero, por ejemplo, a ejemplares sueltos de la revista Strong que había por mi casa, donde descubrí a los grandes clásicos del cómic europeo (Los Pitufos, Lucky Luke, Spirou, etc.), que leía en capítulos sueltos, imaginando a menudo cómo habría empezado la historia y cómo continuaría en el número siguiente, que raramente tenía. Dicho esto, he hecho una lista con algunos tebeos concretos que sí recuerdo y que, de algún modo, me marcaron como lector de cómics para toda la vida.
| Posición | Título del Tebeo/Serie | Editorial/Publicación | Notas |
|---|---|---|---|
| 10 | Superman | Colección antigua con lomo de tela | Primer número de la colección, historietas de 1956-1957 dibujadas por Wayne Boring. Incluía "El primer Superman de Kriptón". |
| 9 | Popeye | Novaro | Historia cómica "Cómo acabar con Popeye", posiblemente de Sagendorf. |
| 8 | El Pato Donald | Colección Dumbo | Aventura "Tras las huellas del unicornio", primera de Donald que recuerda haber leído. |
| 7 | Los Pitufos | TBO / Bruguera (Olé) | Primera historieta de Los Pitufos ("Los Pitufos negros") en la revista Spirou Ardilla. Posterior publicación en Bruguera. |
| 6 | Zipi y Zape | Super Humor Bruguera XXVII | Incluido en un recopilatorio con Mortadelo y Filemón, Petra, la Panda de Segura, Sir Tim O'Theo, Los Cinco Amiguetes. |
| 5 | Mortadelo y Filemón | "El Caso del Bacalao" (Bruguera) | Historieta larga favorita durante mucho tiempo, memorizada por su genialidad. |
| 4 | Superlópez | "La Gran Superproducción" (Olé) | Uno de los tebeos que más le ha hecho reír en su vida. |
| 3 | Spirou Ardilla | Revista Spirou Ardilla | Supuso un auténtico bombazo tras soñar con una revista como Strong. |
| 2 | Tintín | Álbum antiguo con lomo de tela | Primera aventura de Tintín de su colección, recibida como regalo. |
| 1 | Carl Barks | Dumbo / ERSA | La historieta "Andes lo que andes no andes por los Andes" le abrió las puertas a aventuras y humor. |
Mi prima Dori tenía tebeos muy distintos a los míos: yo era de "Tio Vivo", de "Pulgarcito", "DDT", las publicaciones típicas de la editorial Bruguera que mi padre me traía cada domingo junto al cruasán y su periódico. En verano, cuando iba a pasar las vacaciones a casa de mis tíos, mi prima Dori me prestaba los tebeos que ella había ido acumulando durante el año. En su casa no se compraban ni las mismas publicaciones ni con la misma asiduidad, y el hecho de que fuera algo que yo no conocía convertía aquellas lecturas en un preciado tesoro que a mí me encantaba repasar: a ella le compraban "Don Miki", con una medida mucho más reducida y que tenía personajes como el Tío Gilito, los Apandadores, etc. Coincidió que publicaron por aquel entonces una colección de monedas para ilustrar la "Gloria e historia de la dinastía de los patos", una serie que cada semana contaba un episodio de los patos en diferentes secuencias históricas: el antiguo Egipto, Roma, Escocia y el monstruo del Lago Ness...
He vuelto a releer los tebeos infantiles muchos años después, cuando la nostalgia vuelve todo lo que rodea nuestra niñez en algo mágico y maravilloso. Ya no venden publicaciones semanales para niños, entiendo que por falta de público y creo que es una pena porque con ellas los pequeños de casa se acostumbran a utilizar la lectura en sus momentos de diversión hasta que, sin darse cuenta, la lectura les atrapa para siempre y empiezan a devorar libros sin necesidad de que les acompañen los dibujos. La imagen deja paso a la letra y ya nada vuelve a ser lo mismo: ahí quedan mis tardes interminables con los clásicos de Enid Blyton, sobre todo "Los Cinco" pero también "Las mellizas O'Sullivan" o "Torres de Malory" y, en menor medida, "Puck" de Lisbeth Werner . Creo que ratos tan preciosos como estos merecen una ocasión especial.
Hay veces que no me puedo resistir al impulso irrefrenable de comprarme un tebeo en un kiosco. Y sí, sé que allí no cuidan los tebeos como en una librería, que las grapas tienen cada vez menos presencia en mi estantería y que lo más probable es que ya haya leído el tebeo en cuestión al seguir las colecciones al ritmo de EE.UU. Pero por encima de la razón está la nostalgia, que me remite a aquellos años en que, de chavalín, los kioscos eran mi punto de encuentro habitual con los cómics. Y una nostalgia similar es precisamente la que ha llevado a Julián M. ‘Los chicos que coleccionaban tebeos’ arranca su historia en la actualidad, con dos hechos muy significativos que se superponen en el tiempo: el nacimiento del hijo del protagonista y el estreno de la peli de Los Vengadores. Pero enseguida tomamos nuestro DeLorean particular para viajar atrás en el tiempo hacia una época muy concreta: los años 1986-1989. De esta forma nos encontramos con situaciones muy divertidas, como las pellas que se marcan Nicolás y sus amigos para ir a un pueblo cercano a comprar tebeos (para lo cual se agencian de extranjis la furgoneta del trabajo de uno de ellos), o la apertura de una librería en su pueblo comandada por el mayor villano que aquellos muchachos habían conocido jamás: el Cobra. Multitud de vivencias para las que el narrador siempre encuentra algún equivalente en los cómics, como el romance platónico de uno de sus amigos, que coincide con el amorío y posterior casamiento entre Peter Parker y Mary Jane. Esos últimos años de la década de los 80 que aborda la novela fueron además muy significativos para los seguidores de Marvel y DC en España, cuando eran publicados en nuestro país por Forum y Zinco respectivamente. Fue la época en que aquellos jóvenes lectores descubrieron con pasión el ‘Watchmen’ de Alan Moore y Dave Gibbons, el ‘Batman: Dark Knight’ de Frank Miller, la Patrulla-X de Chris Claremont y John Byrne, y así muchas otras obras que ya son clásicos del género. No es necesario pertenecer a la misma generación que Julián para sentirse identificado con esta historia. Por encima de épocas y acontecimientos concretos, lo que prima en esta novela es ese amor profundo y apasionado por los cómics propio del fandom. Sus páginas nos invitan a recordar cómo éramos en la adolescencia, cuáles fueron los tebeos que se nos quedaron grabados y qué locuras se nos ocurría hacer para conseguirlos.
