Recibe el nombre de TEBEO las historietas realizadas con imágenes y textos enmarcadas en viñetas. Según esta explicación los cómics y los tebeos serían exactamente iguales salvando la diferencia del idioma. El vocablo ‘tebeo’ proviene de la revista TBO, cuyo primer número data de 1917. En España, a la historieta se la ha llamado también tebeo. El concepto "tebeo" es un modismo surgido de la popularidad de TBO, revista de historietas que nació en 1917 y de gran difusión y longevidad. El vocablo ‘tebeo’ proviene de la revista TBO, fundada en 1917 en España, que publicaba una serie de viñetas o dibujos que narraban una historia y que al pronunciar sus siglas se forma la palabra “TE-BE-O”. De esa manera la gente empezó a llamar “tebeo” o “tebeos” a las historias narradas en viñetas que publicaba la revista. Estos tebeos solían caracterizarse por un dibujo sencillo y de fácil reproducción con tendencia a la caricatura y dirigido, principalmente, al público infantil.
La historia del cómic en España puede remontarse muy atrás en el tiempo, dependiendo de lo que se entienda por historieta. Por ello, y al igual que sucede en otros países europeos, existe una fuerte controversia sobre cuál fue el primer cómic autóctono, llegándose a citar las Cantigas de Santa María, realizadas probablemente entre 1260 y 1270 por el taller de Alfonso X «el Sabio» como tales. Los antecedentes de la historieta en España se remontan a las aleluyas (o auca en catalán) del siglo XVIII, composiciones impresas con viñetas acompañadas de textos rimados. Tras la Guerra Civil, la dictadura franquista impuso una estricta censura que condicionó la producción cultural. No obstante, las décadas de 1940 y 1950 son consideradas la "edad de oro" del cómic español. La transición a la democracia propició una apertura cultural que se reflejó en la historieta. Surgieron revistas como El Víbora, Totem y Cairo, que promovieron un cómic más experimental y dirigido al público adulto. La década de 1990 estuvo marcada por una crisis en la industria del cómic español, debido a factores como la competencia de otros medios de entretenimiento y la saturación del mercado. Muchas revistas cerraron, y editoriales como Bruguera desaparecieron o fueron absorbidas por otras compañías. En el siglo XXI, el cómic español ha experimentado una renovación, con la aparición de nuevos autores y la consolidación de la novela gráfica como formato. Además, iniciativas como el Premio Nacional del Cómic, establecido en 2007, han contribuido a la valorización del medio.
Desde la aparición del primer tebeo, Dominguín, en 1915, Barcelona ha sido la principal productora de los mismos. Es en los años 30 cuando se populariza por fin el medio, logrando TBO una tirada de 220 000 ejemplares en 1935. Los años sesenta, acompañando a la tremenda subida de la natalidad en la época, llenaron las calles de niñas y niños con pocas diversiones: la propia calle para jugar con la pelota, a policías y ladrones, la cogida o el escondite; y la lectura en la casa, donde era muy raro que no se pudiesen encontrar ejemplares de las publicaciones de Bruguera, las más populares. En cualquier estanco se encontraban DDT, DinDan, Pulgarcito, y posteriormente Mortadelo, TBO, Pumby, relatos ilustrados, sobre todo de Bruguera, una gran oferta. Muchos compañeros y compañeras recuerdan leer esos tebeos procedentes del cambio en el estanco, lo que generaba una actividad muy grande.
Los primeros tebeos de principios del siglo pasado, igual que los periódicos para la infancia decimonónicos, difundían una ideología burguesa y tenían una intención moralizante, dirigiéndose a los hijos de las clases altas, aunque ya no exclusivamente de dirigentes, sino también de la alta burocracia y grandes negocios. Durante los primeros años del franquismo, fray Justo Pérez de Urbel resolvía las solicitudes de autorización de nuevos tebeos que llegaban a la Vicesecretaría de Educación Popular de FET y de las JONS, clasificándose la mayoría como publicaciones unitarias, lo que perjudicaba su periodicidad. Los directores de los centros públicos de documentación desprecian la cultura popular, y los fondos que pudieron tener, hoy sólo son fichas -cuando lo son- en su inmensa mayoría.
La mayoría de los festivales y salones cuentan con subvenciones públicas. Se ha premiado a Karpa (medalla de oro de la Generalidad Valenciana), y a Miguel Quesada, Francisco Ibáñez y Purita Campos (medallas de oro al Mérito de las Bellas Artes en 2000, 2001 y 2010, respectivamente). Excepcionalmente, se ha llegado a dedicar alguna estatua al cómic autóctono, como la del El Capitán Trueno que el pueblo de Albuixech erigió en honor de Ambrós, paisano suyo y dibujante más célebre del personaje. En 2002 se creó la Asociación de Autores de Cómic de España, con la intención de proteger los derechos de los autores, dibujantes y guionistas de historieta españoles. Actualmente, proliferan festivales de cómic en cada comunidad autónoma. No fue hasta los 90 que se crearon el Salón Internacional del Cómic de Granada (1994), las Jornadas Internacionales del Cómic Villa de Avilés (1996) y Expocómic y Viñetas desde el Atlántico, ambos en 1998.
La historieta española ha contado con espacios dedicados en diversos medios de comunicación, especialmente en la radio durante las décadas de 1970 y 1980. Una de las primeras adaptaciones animadas basada en historietas españolas fue Mortadelo y Filemón de los que realizaron una serie de cortometrajes entre 1965 y 1971. Las series de imagen real han corrido una suerte dispar, desde el éxito de Historias de la puta mili (1994) y sobre todo Makinavaja (1995) al fracaso de El botones Sacarino (2002).

Por aquellos días, el término ‘cómic’, recién acuñado por los snobs, empezaba a desbancar a la palabra ‘tebeo’, acuñada por el uso, la historia y los lectores. Mucha gente en nuestro mundillo editorial repetía la palabra ‘cómic’ sin saber muy bien lo que exactamente quería decir. Y es que el que sabe, sabe. Está claro: lo que hacían Alfonso Font, Beá o el propio Carlos Giménez no eran tebeos porque no eran adecuados para niños dada su violencia, su temática social y política o, en el fondo, por no ser “de risa” o “de aventuras”. No hace falta decir que tal distinción nunca llegó a cuajar, pese a que hoy quedan reminiscencias de esa mentalidad en las definiciones que la RAE da, según las cuales, un cómic es “serie o secuencia de viñetas con desarrollo narrativo” mientras que un tebeo es “revista infantil de historietas cuyo asunto se desarrolla en series de dibujos”. Da lo mismo, porque lo único que se consiguió fue introducir una nueva palabra en el castellano -que por cierto, dado que está aceptada en la RAE debe escribirse con la ortografía española, con tilde en la o, vamos-. Dado que caló y que muchas editoriales la usaron para calificar sus publicaciones y el propio nombre de la editorial, como fue el caso de Cómics Forum, pronto ‘cómic’ y ‘tebeo’ fueron sinónimos, y lo que pretendía conseguirse, diferenciar el producto más adulto intentando que se piense que es algo distinto, queda en agua de borrajas cuando se llama así a las historias de superhéroes. Volvemos al punto de partida, por tanto: los tebeos, los cómics, son, a los ojos del público general, para niños.
El tebeo, también conocido como cómic, tiene una larga historia en España que se remonta a principios del siglo XX. En sus inicios, los cómics en España se centraban en temas humorísticos y políticos. La revista TBO, lanzada en 1917, fue una de las primeras en popularizar el género humorístico en el país. Otras publicaciones notables de la época incluyen La Risa, La Traca y Don José. En la década de 1940, el régimen franquista restringió la producción de cómics, y muchos artistas se vieron obligados a emigrar. A pesar de las limitaciones impuestas, los tebeos siguieron siendo populares en España durante la década de 1950, con publicaciones como Pulgarcito, Tío Vivo y Pumby. En la década de 1960, los cómics de superhéroes de Marvel comenzaron a ser importados a España y se volvieron muy populares entre los jóvenes. A mediados de los años 70, la Editorial Bruguera lanzó la revista Mortadelo y Filemón, que se convirtió en un gran éxito y ha continuado siendo popular hasta el día de hoy. En la década de 1980, el cómic español experimentó una renaissance, conocida como la “Edad de Oro del Cómic Español”. Artistas como Carlos Giménez, Paco Roca y Max comenzaron a publicar trabajos innovadores y ambiciosos que abarcaban temas como la historia, la política y la identidad nacional. En la década de 1990, la popularidad de los tebeos en España disminuyó, en parte debido al aumento de la televisión y los videojuegos.
La diferencia entre el tebeo y el cómic sería el público al que va dirigido, la simplicidad o realismo de sus dibujos y la complejidad de la historia y no el país de origen de la obra, ya que hay cómic español y americano, y tebeos españoles, europeos y americanos. El tebeo no ha tenido una historia exitosa como el manga y el anime. Ha carecido de ayudas públicas y financiamientos como los que gozan otras artes icónicas como el cine.
Cómo crear una historia en 3 pasos
Elementos Clave de un Tebeo
Para crear un TEBEO debes leer otros tebeos fijándote en cómo están creados y las partes que lo componen.
- Viñetas: todas las historietas se crean en unos cuadros de diferentes tamaños llamados viñetas en los que transcurre la historia.
- Bocadillo de diálogo: es el espacio en el que aparece el texto que dice el personaje. Una especie de flecha indica el personaje que dice cada texto de cada bocadillo.
- Onomatopeya: Es la representación gráfica de un sonido.
Proceso de Creación de un Tebeo
Define un momento en el tiempo para tu historia. Define en qué lugar o lugares se desarrollará tu historia. Tema principal: piensa en un tema de tu interés en torno al que crear tu historia.
Para poder dibujar los personajes de tus historietas o tebeos te recomendamos que conozcas un poco los personajes más famosos de los tebeos de nuestro país. ¿Qué papel tendrá cada personaje en tu tebeo? ¿Cuál será el protagonista? ¿Y el antagonista? Es importante diseñar los personajes en diferentes poses y expresiones faciales que indiquen con la imagen lo que en el bocadillo se está manifestando. Dibujar todos los personajes sonriendo de frente no es una buena práctica. Realiza bocetos de tus personajes ayudándote del vídeo que te hemos presentado. Debes realizar diferentes bocetos en los que tus personajes muestren distintas emociones y lleven ropas diferentes y estén en varias poses.

El Bocadillo: Un Símbolo del Lenguaje Gráfico-Secuencial
Según el Diccionario de la lengua española, el globo o bocadillo es el “espacio circundado por una línea en el que se contienen las palabras o pensamientos de un personaje”. Pero más allá de la definición académica, el bocadillo se ha convertido en todo un símbolo del lenguaje gráfico-secuencial. De hecho, su uso está tan extendido en la historieta que en algunos países se nombra al medio a través de este recurso. Y sin embargo, el globo, aunque común, no es un elemento necesario para hablar de historietas. De hecho, son muchos los ejemplos notables de obras del noveno arte que no cuentan con ellos. Del mismo modo, tampoco podemos referirnos a él como una invención propia del cómic. El origen del bocadillo suele verse en el uso de las filacterias medievales, esa especie de cintas que aparecían en miniaturas y cuadros con los textos que pronunciaban los distintos personajes. A partir de ahí, todo sería mucho más fácil. El bocadillo sigue empleándose de modo generalizado hasta nuestros días.
El bocadillo es algo más que un espacio para las palabras. Tiene asignadas más funciones dentro de la viñeta. Una de ellas, ya se mencionó, es la de indicar por medio del rabillo qué personaje es el que está hablando. Además, forma parte de otra convención del género, la lectura de izquierda a derecha y de arriba a abajo de los textos de la viñeta (de derecha a izquierda en el caso del manga japonés). Así pues, los bocadillos se deben disponer en el orden adecuado dentro de la viñeta para facilitar la legibilidad. Más allá de esto, la línea que traza el bocadillo, el perigrama, cumple con una función narrativa por sí misma. El interior del bocadillo transmite el enunciado, pero el perigrama nos transmite información relevante. Por ejemplo, si este está formado por líneas angulosas, podemos estar hablando de un personaje que está gritando o que está horrorizado (la tipografía del texto del globo puede ayudarnos también en este sentido) o, si la forma es de una especie de nube, podemos deducir que el personaje está pensando lo que contiene el bocadillo.
Los autores y autoras de hoy en día prefieren usar para transmitir el pensamiento de los personajes las cartelas o cartuchos: los recuadros cerrados de texto que solían ofrecer información espacio-temporal sobre la historia. En origen, el bocadillo se nos presenta como una convención invisible: el personaje “habla”, pero no ve el bocadillo. Cuando eso se rompe, el cómic está diciendo al lector: esto es un lenguaje construido y el bocadillo deja de ser un recipiente neutral y se convierte en un dispositivo metalingüístico. En algunas de estas viñetas el bocadillo adquiere incluso peso material. Puede crecer hasta aplastar al personaje que lo pronuncia o al que lo escucha. En otras, el bocadillo se expande de forma desproporcionada y ocupa casi todo el espacio de la imagen. El lenguaje deja entonces de ser un medio de comunicación para convertirse en una fuerza que domina la escena. Puede salir de la boca como un objeto alargado que invade el espacio del interlocutor, o convertirse en un volumen que literalmente cubre al otro personaje. El bocadillo deja de ser así un contenedor de palabras para convertirse en un indicador emocional, psicológico y político: una imagen del conflicto entre lo que se quiere decir, lo que se puede decir y lo que se impone decir. A veces, el bocadillo ocupa demasiado espacio, tapa cuerpos o los constriñe, este deja entonces de ser soporte y pasa a ser agente opresivo o a sugerir una pérdida de identidad o de derechos frente al lenguaje impuesto.
Mención aparte merecen los usos metafóricos y simbólicos del bocadillo, en los que este recurso se nos muestra como un elemento compositivo, no solo narrativo, que deja de “acompañar” a la imagen y pasa a confrontarse o dialogar con ella. De este modo, el bocadillo no solo adquiere peso físico dentro de la viñeta, sino que se transforma en un signo visual cargado de significado simbólico. En otras viñetas, el bocadillo se convierte en objeto narrativo o herramienta de acción. Puede transformarse en un arma que golpea el suelo para revelar lo que está enterrado, o en un espacio vacío que queda atrapado en los barrotes de una ventana. De esta forma, el bocadillo se convierte en imagen del propio discurso. Cuando los autores empiezan a manipular el bocadillo de esta manera, el cómic entra en un terreno claramente experimental y autoral. El contorno tradicional -esa forma ovalada con un pequeño rabillo que apunta hacia el hablante- deja de ser una convención fija y se convierte en un elemento maleable que puede transformarse, fragmentarse o desaparecer. En algunas de estas viñetas la ruptura es literal. El bocadillo aparece quebrado o incompleto, como si el pensamiento estuviera fracturado o el lenguaje fuera incapaz de reconstruir la experiencia. En otras, el bocadillo se convierte en objeto autónomo que huye, se deforma o muta. Para concluir, creemos que vale la pena llamar la atención sobre cómo, a pesar de su sencillez, el bocadillo ha acabado convirtiéndose en uno de los mecanismos más transformadores del lenguaje del cómic. Cuando se deforma, se transmuta o se funde con los objetos y los cuerpos, deja de ser un mero soporte del diálogo para convertirse en imagen del propio lenguaje: visualiza el pensamiento, la ilusión, las relaciones de poder, el ruido del discurso o el silencio de lo inefable.
El Tebeo como Herramienta Educativa
Fomentan el hábito de la lectura: es el mejor medio para iniciarse en el hábito de la lectura. Supone un primer acercamiento al arte: frente a las pantallas, el tebeo es una primera aproximación activa al arte. Es un género intergeneracional: más de 60 años han cumplido Mortadelo y Filemón, pero el tebeo se retrotrae a comienzos del s.
