La Movida Madrileña: Explosión Creativa y Cultural

La Movida Madrileña surgió en un tiempo en el que todo estaba por empezar. Había necesidad de que en Madrid pasaran cosas, y hubo quien apostó por ello, jóvenes que a las ocho de la tarde se quitaban su disfraz cotidiano para potenciar su creatividad, divertirse o convertirse en otros. En aquellos tiempos -la prehistoria de la Movida se remonta al nacimiento de la Constitución- había una libertad recién estrenada de la que se hizo uso de una manera original y exagerada.

La Movida fue un movimiento intercultural, interclasista e intergeneracional, donde convivían desde el chico de barrio a la niña aristocrática, desde los quinceañeros Bernardo Bonezzi o Alaska al treintañero Pedro Almodóvar, y donde se mezclaba el arte, la vida y la diversión.

Jóvenes celebrando en la Movida Madrileña

Orígenes y Primeros Pasos

La prehistoria de la Movida se remonta al nacimiento de la Constitución. Fernando Márquez, fundador de Kaka de Luxe, recuerda la etapa underground, que abarcó desde la muerte de Franco hasta la fundación de su grupo. Primero surgió el fenómeno del papel, los fanzines, y de las cosas que se publicaban surgieron referencias a la Velvet o Lou Reed. Luego aparecieron Tequila o Coz. Y apareció Olvido Gara, Alaska. Hicieron el grupo Kaka de Luxe y de ahí empezó todo: es el inicio de la Movida. Sin Kaka de Luxe no habría existido la Movida; habría habido grupos como Nacha Pop o Los Secretos que estaban en la tangente del movimiento. Grupos como Aviador Dro no existirían porque no habría dónde agarrarse.

A principios de octubre de 1977, el colectivo La Liviandad del Imperdible, dedicado a teorizar sobre punk y futurismo, se disolvió. Olvido Gara, “Alaska”, Enrique Sierra, “Sir Henry”, y Fernando Márquez, “El Zurdo”, decidieron hacer un grupo de punk. Conectaron en el Rastro con Nacho Canut, “I. Nepto”, y Carlos García Berlanga. Un miércoles encontraron nombre para el fanzine del grupo: Kaka de Luxe, originalmente Shit de Luxe. Uno de los primeros usos de la K antes de la inflación radikal. Manolo Campoamor se unió al grupo. Se lanzó el fanzine. La publicación ofertaba unas propuestas de mayor interés que el resto de la prensa contracultural, la cual daba a finales del 77 sus últimas coletadas. Estrategaron un repertorio para media hora de show y presentaron su actuación en People, un pub de Argüelles. Surge ‘La Pluma Eléctrica’.

En noviembre de 1978, desde que en 1978 Kaka de Luxe obtuvo el premio en el Primer Concurso de Rock Villa de Madrid, organizado por el Ayuntamiento de UCD, su imagen coincidió con la demanda estética de la bohemia local. El Rastro fue el primer punto de encuentro. En los setentas todavía era un mercado libre y vivo donde cualquiera podía poner su puestecito y contactar con otros especímenes raros. Allí Carlos Berlanga y Nacho Canut ponían un trapo en el suelo para vender discos de Vainica Doble y cositas punk y pink; Alaska y ‘El Zurdo’ pasaban por allí y nació Kaka de Luxe.

El Rastro de Madrid en los años 70

Un domingo paseando con un cómic de Druillet bajo el brazo, un chico de pelo alborotado y una chapa de Crumb en la solapa, me llamó para que le enseñara el tebeo. Era Ceesepe. Alrededor de su puesto y de su casa del Paseo Imperial, El Hortelano, Montxo Algora, Alberto García-Alix, Ouka Leele y otros, formaron la Cascorro Factory. Docenas de grupúsculos similares se decantaron en el Rastro. Fascinados por el cómic, la televisión, la serie B cinematográfica, el tebeo underground y otros temas marginales, aquellos jóvenes buscaron los canales alternativos que requería su oferta musical. Por otra parte, el flujo de las vanguardias también cruzaba el Rastro gracias a personajes como los citados Ceesepe y García-Alix, cuya perspectiva del nuevo movimiento se ubicó en una vertiente cada vez más respetable para el mercado del arte.

Iconos y Lugares Emblemáticos

La sala Rock-Ola fue un epicentro de la Movida. Se inauguró en marzo de 1981 y se clausuró en marzo de 1985. Allí debutó Alaska con los Pegamoides al poco de abrirse y la misma Alaska, ahora con Dinarama, dio un concierto poco antes de que se cerrara el local, lo que significó, oficiosamente, el final, aunque sus brasas permanecieron cálidas tres años más.

Fachada de la sala Rock-Ola

La estética del Carnaval, recuperado para los madrileños en 1979, explica la primera etapa de la Movida. Magín Fernández Perandones, DJ de Rock-Ola, recuerda que, exceptuando a Nacha Pop, Los Secretos o Mamá, etiquetados maliciosamente como babosos, toda la nueva avanzadilla de grupos españoles presentó sus primeros singles y álbumes en Rock-Ola: Alaska y Dinarama, Gabinete Caligari, Parálisis Permanente, Glutamato Ye Ye, Los Pistones, Polansky y el Ardor, Almodóvar y McNamara, las Vulpes… La lista es demasiado larga. Radio Futura se curtió en Rock-Ola después de un camino por el desierto.

Tras la disolución de Kaka de Luxe, cuatro de sus componentes, Olvido, Ignacio, Manuel y Carlos, forman Alaska y los Pegamoides. Reciben la adhesión de Ana (Fernández) y Eduardo (Benavente). Manuel sale de la formación y su labor de vocalista pasa a Olvido. En el Escalón. No reciben casi aplausos entre canción y canción: es imposible rescatar los brazos del hormigón humano. Nacho toca de espaldas, Eduardo patea con furia el pedal del bombo, Carlos canta ‘Hospital’ como si todo fuera realmente irremediable, y Ana [Curra] recarga y libera líneas, permitiendo con su órgano que Alaska pueda dedicarse a cantar. En el estudio graban su primer single, ‘Horror en el hipermercado’. Se emite con frecuencia en la radio y un hueco dentro del panorama musical español se abre para ellos. Al año siguiente graban su disco siguiente. Se amplía el círculo de sus seguidores. Estamos en ‘Otra dimensión’. En el Rock-Ola. Un espectador, al oír ‘Bailando’, comenta a un colega: ‘Tío, lo han conseguido’. Incluida en su primer LP, les catapulta a la fama. Gozan de gran popularidad y se convierten en grupo de culto para muchos fans.

Todos estos grupos entendieron desde el primer momento que las metaliteraturas y los subgéneros les concernían como materia propia. Así, en 1980 los músicos de Radio Futura se presentaron en un congreso de ciencia ficción. Rubi y los Casinos recrearon la nostalgia pop -propia de los cómics de Bob Montana y de los musicales de Frankie Avalon y Annette Funicello- en su tema “Yo tenía un novio (que tocaba en un conjunto beat)”. Alaska fue quien más se acercó, sin duda, a esa reinterpretación de los iconos de la sociedad de consumo.

concierto en ROCK-OLA

Influencias y Legado

La Movida Madrileña también se nutrió de influencias internacionales y de figuras clave del arte y la cultura. Cohesionados en torno a esta corriente pop, muchos artistas de la Movida volvieron la vista hacia Andy Warhol. De esto último llegó a sacar partido el propio Warhol, gracias a Fernando Vijande. El galerista logró uno de sus mayores éxitos cuando el 27 de diciembre de 1982 inauguró una exposición con obras de Warhol en su local de Núñez de Balboa. La estancia del artista en Madrid daría para escribir todo un libro. Durante unos días, la alta sociedad y los personajes de la Movida compartieron canapés, gin tonics y conversación.

Pedro Almodóvar, una figura central de la Movida, situó esta corriente madrileña muy lejos de la alta cultura: “La estética pop de los sesenta, antes de que se complicara con la trascendencia hippyorientalista. El glam, Bowie durante años, y Gary Glitter siempre. Las New York Dolls. Alguna cómica española, como Josele Román o María Luisa Ponte. Las películas de Berlanga, Warhol y Morrissey. Joe Dallesandro y todas las travestis, desde Holly Woodlawn hasta Divine. Grandes fracasos comerciales, pero filones, como Barbarella, Casino Royale o Modesty Blaise y el peor terror. Las series televisivas. Russ Meyer: Vixens, Supervixens y Beyond the Valley of Dolls, Gracita Morales, Morgan Fairchild.”

El cineasta ha mostrado su entusiasmo por el pastiche, como en la mención de Casino Royale (1967), un largometraje fallido, paradigma del kitsch a pesar de su eminente equipo artístico. Por lo demás, el film digiere un sinfín de materiales sin espesor intelectual, acaso en la línea seguida por el glam, esa corriente que yuxtapone música ligera, ornamentos propios del cabaret, fetichismo y aportes del cómic de superhéroes y de dos géneros tan aptos para el pastiche como el terror y la ciencia ficción.

A pesar de su encanto, en este baile de disfraces madrileño hay poco de original. Una década antes, Elton John ya interpretaba en los escenarios ingleses su canción “Rocket Man” vestido como el Pato Donald. Con esa fachada, el intérprete se alistaba en las filas del glam.

Cartel de película de Pedro Almodóvar de la época

Treinta años después, la Movida madrileña sigue siendo un fenómeno variable. Una corriente creativa vanguardista y multidisciplinar que fue utilizada por las instituciones de la incipiente democracia española para consolidar y proyectar una nueva imagen de la capital y del país. Un movimiento cultural que encontró sus orígenes gráficos y estéticos en el cómic underground y la prensa marginal madrileña de los años setenta, donde localizamos una parte esencial de su germen visual. Un cómic contracultural que reflejó una realidad social diferente a la que mostraban los medios de comunicación tradicionales, ofreciendo un reflejo histórico superior al que ofrecían otras artes coetáneas.

Con motivo del 40 aniversario de la conocida como “Movida” madrileña, se recopilan decenas de imágenes inéditas de los principales artistas de la época. Eduardo Cimadevila inmortalizó entre finales de los 70 y principios de los 80 las actuaciones en directo de los principales grupos del momento: Kaka de Luxe, Aviador Dro, Glutamato Ye-yé, Siniestro Total, Burning, Loquillo y los Trogloditas, Radio Futura, Los Secretos, Gabinete Caligari, Seres Vacíos, Tapones Visente, Danza Invisible... Con la distancia y perspectiva que dan los años, los protagonistas repasan sus vivencias de aquella época dorada y analizan el peso e influencia que su participación tuvo en la sociedad y la música española, compartiendo multitud de anécdotas y confidencias. En total, más de 100 artistas están presentes de una u otra forma en esta obra.

Portada de libro sobre la Movida Madrileña

En la actualidad, el legado de la Movida sigue inspirando a nuevas generaciones de artistas y creadores. Clara Cábez, una joven dibujante de cómics, se trasladó a Granada y allí creó su personaje "Cols", una especie de autobiografía ficticia que refleja el espíritu de la noche madrileña con humor y una pizca de malafollá granaína. Su cómic, 'Los visones molones', y el desarrollo de su segundo volumen, transcurren en Madrid, permitiendo a los lectores reconocer personajes auténticos clásicos y locales de la cultura underground y de la escena musical de la ciudad.

La Movida fue un fenómeno complejo y multifacético que marcó un antes y un después en la cultura española. Su espíritu de libertad, creatividad y transgresión sigue resonando hoy en día.

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