El día llega a su fin, y la protagonista busca la paz en la intimidad de su tienda. El suave cierre de la cortina marca el inicio de un momento de quietud, donde la tenue luz de una lámpara apenas ilumina el interior. La escena se centra en Süleyman, profundamente dormido en su cuna, con sus pequeños puños cerrados y una respiración serena que transmite una profunda paz a quien lo observa.

Antes de cualquier otra acción, se realiza la ablución, un ritual que va más allá de la limpieza física. Llenar un cuenco con agua y lavar manos, boca, nariz, rostro, brazos, cabeza y pies es un acto de purificación espiritual, una preparación para presentarse ante Allah con humildad y respeto.
La alfombra se desenrolla sobre el suelo de tierra apisonada, cuidadosamente orientada hacia la qibla. La cabeza se cubre con un pañuelo, y la postura se torna de rodillas sobre la alfombra. Un momento de cierre de ojos, una respiración profunda y el silencio que inunda el ser marcan el preludio de la oración.
Al ponerse de pie para comenzar el Salat, la intención se formula en el corazón: rezar por agradecimiento, por guía, por protección para el hijo y por paz para el alma. Las manos se elevan hasta los oídos y se pronuncia en voz baja: - Allahu Akbar.
Las manos se colocan sobre el pecho, y comienza la recitación de la sura Al-Fatiha, seguida por otra sura corta. La voz es apenas un susurro, pero cada palabra está cargada de sinceridad, necesidad y fe.
Le sigue la inclinación en ruku', con la espalda recta y las manos sobre las rodillas, recitando - Subhana Rabbiyal Azim...
Luego, la reverencia desciende al suyud, tocando la tierra con la frente, un símbolo de total sumisión y entrega a Allah. En esta postura, se recita - Subhana Rabbiyal A'la...
Con la frente en el suelo, las lágrimas amenazan con escapar. Se ora por fortaleza, por sabiduría, y por la capacidad de seguir adelante por uno mismo, por Orhan, por el estado y por Süleyman. Se habla a Allah en el corazón con palabras sencillas, como una hija que suplica consuelo a su Creador.
La incorporación es lenta, sentándose sobre los talones, y la secuencia se repite en cada rak'ah con devoción. Al finalizar, el rostro se gira hacia la derecha y luego hacia la izquierda, pronunciando el saludo final - As-salamu alaikum wa rahmatullah.
El silencio que sigue es reconfortante, y el alma se siente liviana y en paz. Permaneciendo sentada unos instantes más, con las manos entrelazadas en el regazo, se siente la presencia de Allah.
Solo entonces se pone de pie y se acerca a un espejo improvisado en la tienda. Sentada frente a él, se suelta el cabello, que ha estado recogido todo el día, y se comienza a peinar con lentitud, como si cada pasada del peine ayudara a desprenderse del día que termina.

Tras peinarse con calma, se acerca nuevamente a Süleyman, besa su frente y se acuesta junto a él, abrazándolo con suavidad. La certeza de que, mientras lo tenga a él, aún puede soportarlo todo, trae consigo el descanso.
El amanecer trae consigo el sonido de cascos de caballo lejanos. La luz pálida del sol comienza a filtrarse por las rendijas de la tienda, y el aire aún está frío. Esto marca el inicio del capítulo 29, pero el capítulo 28 nos dejó con una revelación crucial.
La búsqueda de Nika se intensifica. En la pantalla de una computadora, la señal va y viene hasta que se obtiene la localización exacta. Con el celular en mano, se activa el micrófono para anunciar: -Las localizamos iremos por ustedes, no se preocupen nos veremos pronto pequeña Nika. Sin embargo, la duda persiste: ¿es realmente ella o alguien que se hace pasar por su hermana? La posibilidad de que brinde información a otros si logran escapar mantiene la mente en un remolino de pensamientos.
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El equipo se prepara para revisar el lugar. En un giro inesperado, se lanzan arreglos de flores con agua hirviendo a los hermanos, provocando su indignación y cuestionamientos sobre la cordura y el respeto a la celebración de los hilos de luz. La voz molesta de una hermana se alza, preguntando por los arreglos estropeados y el esfuerzo que implicó conseguirlos. Detrás de su amonestación, se escucha un sollozo, y la abuela aparece, sorprendida y casi descompuesta.
Antes de que pueda decir algo, se intenta una explicación poco convincente sobre haberlos movido para evitar que se estropearan por el calor de la ventana. Sin embargo, al intentar pasárselos, se caen.
En medio de la confusión, suena el teléfono. La llamada confirma la ubicación y la posibilidad de obtener las flores necesarias. Se avisa a Naim para que informe a las chicas y se toman las llaves del coche para unirse al equipo de búsqueda. La ventaja es que cuatro de los siete hermanos pertenecen a la misma división en diferentes departamentos.
Se escribe a Nahel para que consiga las flores de anémona de una granja cercana. La llamada de Nahal se pone en altavoz, y se escucha una voz sonriente y sonora al otro lado, lamentando haberse perdido el paseo y avisando que llegará al anochecer.
Se llega a la ubicación: un hospital, donde un grupo de camionetas están estacionadas de manera discreta. Al subirse a una de ellas, se colocan anteojos y mascarillas. La duda surge sobre si realmente están en el lugar correcto, recordando que hace años el grupo Ángel Negro desmanteló una organización que usaba uno de estos como tapadera.
Se decide que tres equipos ingresarán. Se divide a los miembros en tres equipos, y se toma a uno de los hermanos. Al ingresar al hospital, se les pide que se retiren gorras y anteojos. Se mueven por el hospital hasta llegar a una zona más reservada, tomando batas de hospital.
Ingresan por una puerta al lado derecho de un pabellón, sin encontrar guardias. Con un dispositivo especial, abren la puerta y pasan a otra área con una puerta más difícil de abrir. Se envía una señal al equipo de tierra para que viole la seguridad. Un hacker envía un mensaje codificado: se necesita una rara tarjeta dentro del dispositivo.
La tarjeta se inserta, y la puerta se abre fácilmente. Continúan hasta una sala, donde la puerta está abierta. Se señala una luz tenue que proviene de una de las salas. Uno de los miembros cruza y coloca artilugios para evitar que abran las puertas con las tarjetas del hospital.
Al revisar otras salas, se encuentran vacías. Al llegar frente a la sala iluminada, tocan la puerta. En el momento en que se abre, se inmoviliza a una de las mujeres. Se escucha un grito, y se ve a la otra persona correr hacia las camillas. La compañera se abalanza sobre la mujer que huía y la inmoviliza. Al volver a mirar hacia la zona donde se dirigía ella, la sorpresa es mayúscula. Al acercarse a las camas, lo primero que ven les hiela la sangre de nuevo.

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