En retrospectiva, esto en realidad era culpa de Gokú.
Bulma había estado viviendo la mejor de las vidas hasta hace unas semanas. Su relación con Yamcha era la mejor que hubiese tenido en meses-de hecho, estaba segura de que pronto le propondría matrimonio. Su trabajo estaba funcionando a toda máquina mientras trabajaba duro para hacerse un nombre fuera de la compañía de su padre, aplastando cada proyecto que se le enviaba como la asombrosa genio que era. Al paso que iba, estaría dirigiendo el maldito lugar en poco tiempo. Su vida social era grandiosa, especialmente con su mejor amigo Gokú viviendo en el apartamento de al lado, quien naturalmente tenía a su novia Chi-Chi que lo visitaba con frecuencia. Todo estaba bien en el mundo, las estrellas estaban alineadas y ella estaba feliz.
Entonces Gokú-el idiota-había decidido mudarse para poder irse a vivir con su novia. Ese había sido el primer dolor en su vida perfecta, perdiéndolo como vecino y recordándole inconscientemente que Yamcha se oponía a que vivieran juntos en este momento.
Pero este no fue el pecado máximo de Gokú. No, la verdadera catástrofe había sido cuando Gokú, en toda su sabiduría, había decidido subarrendar su apartamento por el resto de su arrendamiento a "uno de sus mejores amigos", un compañero guarda de seguridad llamado Vegeta.
Bulma cuestionó la amistad porque nunca había oído hablar del hombre hasta que Gokú le soltó esta mierda un horrible día. Pensó que había conocido a todos sus amigos, pero aparentemente Gokú tenía compañeros de trabajo que se mezclaban en sus propios círculos sociales. Eso estaba muy bien, por lo que asumió que le agradaría este nuevo amigo.
Entonces Vegeta se había mudado al lado, haciéndose cargo del apartamento de Gokú, y todo se había ido a la mierda.
En primer lugar, porque Gokú (y por ende Chi-Chi) ya no estaban cerca todo el tiempo para venir fácilmente y pasar tiempo con ella mientras Yamcha estaba fuera con su equipo de béisbol, lo cual hacía con frecuencia.
Pero en segundo lugar, su nuevo vecino era un completo imbécil. Grado A, certificado, 100%, un auténtico idiota.
Oh, Bulma había tratado de ser civilizada al principio. Ella era una ciudadana modelo y se enorgullecía de ser asombrosa en todas las áreas de su vida, incluyendo ser una amiga fantástica y una vecina aún mejor. Era detallista, considerada, la mejor y todos tenían el privilegio de conocerla. Entonces, cuando Vegeta se instaló en el apartamento de al lado con todas sus pertenencias, ella le había dado unos días para desempacar e instalarse, y luego había ido a presentarse. Incluso le había horneado un pequeño pastel de chocolate, con chispas y un "hola vecino!" con una maravillosa caligrafía glaseada.
Y él la había ignorado por completo. Al principio pensó que no estaba en casa, así que dejó el pastel de chocolate justo afuera de su puerta, cubierto y protegido con un envase tupperware, junto con una nota de bienvenida. Luego Bulma regresó felizmente a su apartamento y cerró la puerta detrás de ella-solo para escuchar a Vegeta abrir y cerrar rápidamente la puerta de su propio apartamento. Bulma asomó su cabeza, vio que el pastel de chocolate ya no estaba y frunció. Lo racionalizó, dándole el beneficio de la duda debido a su amistad con Gokú-tal vez solo estaba cansado y no estaba de humor para tener compañía.

También era una criatura de procrastinar. Mudarse del complejo de su familia, abrir sus alas para hacerse un nombre por sus propios méritos en la industria técnica sin la compañía de su padre a quien recurrir, todo había estado muy bien; sin embargo, era muy consciente de que había crecido rica, privilegiada y algo malcriada. De acuerdo, muy malcriada.
Las labores del día a día eran una rutina a la que todavía no estaba del todo acostumbrada de hacer sola y, por lo tanto, siempre las posponía para el último momento posible. Se desenvolvía bastante bien con la lavandería, pero siempre lo hacía los domingos por la noche como preparación al trabajo de la semana, cuando nadie más en el edificio de apartamentos usaba las lavadoras y secadoras compartidas. Hasta que el Vecino Idiota se mudó, claro está.
Aparentemente, Vegeta también era una criatura de hábitos, y su día y hora preferidos para lavar la ropa también era el domingo por la noche, aproximadamente alrededor de las 11 pm-igual que ella. El conjunto de apartamentos era agradable y sencillo, en un vecindario seguro, pero sólo había dos lavadoras y dos secadoras en cada edificio. Estos números generalmente estaban bien, ya que solo había 6 apartamentos en el edificio, dos en cada piso, pero una lavadora y una secadora no habían funcionado en los dos años que Bulma había vivido en su apartamento del último piso. La administración era perezosa y, aunque tenía el dinero para pagar las reparaciones, las máquinas nunca habían representado un problema antes. Entonces, para qué molestarse?
La primera semana después de que Vegeta se había mudado, le había ganado el cuarto de lavandería, desconcertándola sin fin-estaba molestándola a propósito? Quién más lavaría la ropa los domingos por la noche, excepto ella? Luego, para echarle sal a las heridas, había elegido un ciclo de secado de TRES HORAS, lo que hizo que se quedara despierta hasta altas horas de la madrugada para terminar de lavar la ropa después (porque ella no era una salvaje que interrumpiría el ciclo de secado de otra persona). Bulma había estado más que enojada, pero había tomado nota y aprendido una lección.
La semana siguiente, había bajado a la lavandería media hora antes de lo habitual, a las 10:30 pm, y se alegró de haber llegado primero a la habitación. Metió su ropa a lavar, y luego regresó arriba para seguir viendo su comedia en la televisión. Muy rápidamente, Bulma se olvidó de la lavandería-cuando lo recordó, ya era pasada la medianoche.
Entonces bajó las escaleras para meter su ropa en la secadora, solo para descubrir el primer acto de guerra que Vegeta había lanzado contra ella. El idiota había sacado su ropa mojada de la lavadora y la había dejado en una mesa, todavía empapada, para poder lavar su propia ropa. La suya ahora estaba metida en la secadora mientras la de ella estaba tirada en húmeda miseria, los colores probablemente ya estarían manchados.

Aunque la secadora no fue diseñada para detenerse a mitad del ciclo, ella era una genio, y ahora esta era una jodida guerra. Bulma se había escabullido detrás de la secadora y había encontrado las conexiones correctas para forzar la parada del ciclo, y luego había tirado la ropa casi mojada de Vegeta sobre la mesa junto a la de ella. Luego metió su ropa y encendió de nuevo la secadora desde el comienzo, y volvió a su apartamento.
Esta vez, Vegeta no la ignoró al día siguiente cuando se cruzaron, él subía las escaleras de su carrera matutina y ella bajaba hacia el trabajo. Si las miradas pudieran matar, ambos habrían necesitado elogios mientras se miraban mutuamente. No se pronunció ninguna palabra, solo ira silenciosa y latente, porque la guerra de la lavandería había comenzado y se libraría de nuevo el siguiente domingo por la noche.
Aunque tenía que darle crédito. Vegeta corría religiosamente por las mañanas, y esa mañana estaba en una camiseta sin mangas empapada en sudor, y maldita sea, esos brazos bronceados y musculosos casi valían la pena como para que ella cambiara la hora de lavar su ropa a otra hora diferente. Casi. Con brazos sexys o no, no la sacaría de sus noches de lavandería de los domingos.
"Cómo es Gokú amigo de ese tipo?" Le gimió Bulma a Chi-Chi con una taza de café caliente el domingo siguiente en el café cerca del apartamento de Gokú y Chi-Chi. "Le horneé un pastel-YO LO HORNEÉ, Chi-Chi! Y ni siquiera tuvo la decencia de decir gracias, demonios, ni siquiera me ha devuelto el envase tupperware que contenía el pastel!"
Chi-Chi simplemente rió, agregando más azúcar a su capuchino. "Sí, ese es Vegeta."
"Y entonces ni siquiera me deja comenzar la lavandería."
"Siempre podrías lavar la ropa más temprano?"
"No! Por qué debería? Lo he estado haciendo los domingos por la noche desde que me mudé, tengo derechos. No cederé ante ese idiota."
Chi-Chi sacudió su cabeza, luchando contra una sonrisa mientras se llevaba su taza caliente a sus labios. "Bueno, me aseguraré de decirle a Gokú que Vegeta se está llevando de maravilla con sus nuevos vecinos."
"Estoy muy segura de que soy la única que ha intentado hablar con él, no se hace muy accesible," murmuró Bulma, bebiendo su café. Se detuvo antes de fruncir y agregó, "Además, siempre anda caminando por ahí en una camiseta sin mangas," dijo ella molesta.
"Cuál es el problema con eso?"
"Esos brazos son el problema!" Gruñó Bulma. "Está exhibiéndose, obligándome a mirarlo. Incluso hay mañanas en las que lo he visto salir sin camiseta para sus carreras."
Chi-Chi rió. "O es verano? No soy gran admiradora del hombre, pero hace mucho calor por estos días."
"No lo defiendas, Chi."
"Lo admito, no es tan mal parecido. Todos los compañeros de Gokú se mantienen en muy buena forma. Además, no lo conozco muy bien, Gokú generalmente iba a su casa a visitarlo o iban juntos al gimnasio. Gokú dijo que pensaba que te llevarías bien con Vegeta si lo conocías."
"Amo a Gokú, pero me confunde con otra persona si cree que voy a llevarme bien con ese idiota de al lado."
"Bueno, al menos Yamcha está en la ciudad por lo que me dijo Gokú, así que al menos puede distraerte de una buena manera!"
Al oír el nombre de su novio, Bulma se animó un poco. "Sí, mi cumpleaños es esta semana y estoy segura de que está planeando algo increíble!" Dijo ella ensoñadora, olvidándose finalmente de su malhumorado vecino. "También estoy segura de que pronto va a proponerme matrimonio. Este es el tiempo más largo que hemos pasado sin pelear. Creo que finalmente nos hemos acoplado mutuamente… nos tomó suficiente tiempo, diez largos años."
"Una propuesta pronto, eh?" Preguntó Chi-Chi emocionada. "Siento lo mismo con Gokú. Tal vez nos comprometamos al mismo tiempo!"
"Sí, entonces podemos tener una despedida de solteras conjunta!" Dijo Bulma con una amplia sonrisa. Bajó la mirada cuando vibró su teléfono, sacándolo para darle un rápido vistazo. "Ah, tengo que correr, Yamcha terminó en el gimnasio y vendrá. Tenemos que pasar un buen tiempo juntos antes de que se vaya en unos días para sus próximos juegos fuera de la ciudad."
"Diviértete!"
Bulma grita a yamcha
Bulma reía más tarde esa noche, su novio rodó encima de ella para no romper el contacto con su piel mientras continuaba besándola a lo largo de su clavícula y hasta sus senos. Bulma echó hacia atrás su cabeza para darle un mejor acceso, una mirada de felicidad en su rostro mientras la adoraba como la diosa que era. El sexo entre ellos no era de una calidad como para sacudir tu mundo, pero el sexo era como la pizza-incluso cuando no era genial, seguía siendo buena, y ella estaba bien con Yamcha de la misma manera en que podías evitar morir de hambre comiendo una pizza por encima del promedio. Aunque deseaba que él fuera un poco más asertivo y se hiciera cargo con más frecuencia, imaginó que tenían tiempo más que suficiente por delante en sus vidas para mejorar las cosas en el dormitorio.
Se lamió un poco los labios cuando sintió la erección de Yamcha contra su muslo-ahora las cosas finalmente estaban mejorando-cuando sus ojos se desviaron hacia el reloj junto a su cama. Sus ojos azules se abrieron mientras se sentaba abruptamente, casi haciendo que Yamcha se cayera de la cama por completo."
"Bulma?" preguntó él confundido, sentándose en la cama. Su confusión se convirtió en desconcierto cuando Bulma se levantó y rápidamente se puso un brassier, luego la camisa más cercana que pudo encontrar. Vestirse rápido fue fácil para ella, después de todo, ya que aún no le habían quitado sus pantalones. "Qué pasa?"
"Son las 10 pm!" Gritó ella, con tanta asertividad que bien podría haber estado respondiendo cuál era el significado de la vida. Yamcha no pudo pronunciar una palabra más antes de que ella levantara su cesto lleno de ropa sucia, metiendo algunos calcetines en el piso, y luego desapareciera de la habitación. Unos segundos después, escuchó la puerta de su apartamento abrirse y cerrarse.
Bulma bajó las escaleras con su cesto como si fuera a la guerra, antes de finalmente llegar al primer piso. Pasó su llave rápidamente y entró al cuarto de lavandería, ansiosa por ganar la batalla esta semana.
Fue recibida por la vista de su archienemigo sentado en la secadora que ya estaba funcionando, con los brazos cruzados sobre su pecho. Los oscuros ojos de Vegeta eran desafiantes mientras se posaban en ella, haciéndola resoplar de molestia. Esta era la primera vez que lo miraba muy bien, no solo de pasada, y le molestaba que el bastardo tuviera la audacia de ser tan atractivo. Por qué los imbéciles eran siempre los súper sexys? Al menos esta vez estaba con una camiseta de manga larga, cubriendo esos brazos por una vez. Aun así, esa línea de la mandíbula y esa camiseta ajustada con cuello en V la hicieron sentir de alguna manera.
"Esta máquina ya está en uso," se burló él. Bulma sintió que su molestia empeoró cuando finalmente escuchó su voz por primera vez. Era áspera y grave-si había un poder superior, entonces tenía un sentido del humor de mierda para darle a un idiota como él una voz tan agradable y varonil.
Dejó caer su cesta y levantó el mentón. "Oh, entonces tienes una voz después de todo. Deberías haberla usado para hacerme saber que mi ropa se había terminado de lavar la semana pasada, en lugar de sacarla mientras aún estaba mojada."
Vegeta se encogió de hombros de una manera que demostró que no podía importarle menos, haciendo que su presión sanguínea aumentara. "Necesitaba terminar con la mía. Esperé más de una hora a que vinieras a sacarla de la lavadora, y cuando no lo hiciste, no tuve más remedio que actuar. Ni siquiera sabía que era tu ropa, aunque lo adiviné por las desagradables camisetas con tu nombre. No tienes a nadie a quien culpar de esa situación excepto a ti misma."
"Te informo que he estado lavando ropa a esta hora los domingos por la noche desde que me mudé aquí!" gritó Bulma, con la voz quebrándose por la molestia. "No cederé mi horario de lavandería a nadie, y mucho menos a ti!"
Vegeta se rió, un sonido bajo y divertido que solo sirvió para hacerla enfadar aún más. "Parece que tienes un horario muy específico para esto. Tal vez deberías planificar mejor tu tiempo, en lugar de esperar hasta el último minuto y luego esperar que los demás se quiten de tu camino."
Bulma apretó los puños. "Tú no sabes nada sobre mi horario. Y tú no tienes derecho a sacar mi ropa de la lavadora!"
Vegeta se encogió de hombros de nuevo. "No tenía otra opción. Además, no es como si la hubiera arruinado. Solo la dejé a un lado para que pudiera usar la máquina."
"La dejaste mojada!" replicó Bulma. "Podrías haber manchado mis cosas!"
"Bueno, no lo hice, ¿verdad?" dijo Vegeta con una sonrisa torcida. "Así que, en lugar de quejarte, deberías estar agradecida de que todavía tienes tu ropa."

Bulma gruñó, sintiendo que la frustración burbujeaba dentro de ella. "Esto no ha terminado, Vegeta. La próxima semana, estaré aquí antes. Y no me importa si tengo que esperar toda la noche."
Vegeta arqueó una ceja. "Veremos."
Con una última mirada de desafío, Bulma agarró su ropa de la secadora y la llevó de vuelta a su apartamento, decidida a no dejar que ese idiota le quitara su noche de lavandería. La guerra de la lavandería había comenzado oficialmente, y ella estaba lista para luchar.