El primer beso entre Vegeta y Bulma en Dragon Ball Z es un momento icónico y lleno de matices que refleja no solo el desarrollo de su relación, sino también la exploración de las costumbres terrestres por parte del príncipe Saiyajin. Este evento, aunque pueda parecer trivial para un guerrero de su calibre, se convierte en una experiencia de aprendizaje inesperada.
Durante varios minutos tras terminar de comer, Vegeta reflexionó sobre la pregunta de Bulma. Ciertamente, no le parecía importante conocer las costumbres de cortejo de la Tierra, pero reconoció la validez del conocimiento intrínseco que la mujer proponía. Observó que, a diferencia del cortejo completo para el apareamiento, este acto no tomaba tanto tiempo. Pensó que si por un milagro llegara a necesitar de ese conocimiento, se arrepentiría de no haber aceptado la oferta cuando se le presentó.
"De todos modos, ya había entrenado un poco y estaba demasiado satisfecho como para entrenar muy duro de inmediato, así que ¿por qué no?", pensó Vegeta. "Está bien, veamos qué es esa costumbre que parece gustarles tanto".
Bulma, al escuchar su aceptación, estableció condiciones: "Bueno, pero si quieres hacer las cosas bien, como suelen hacer las personas cuando van a dar un beso, especialmente si es el primero, necesito ir a lavarme los dientes y te sugiero encarecidamente que hagas lo mismo. Ya sé que te gusta la comida, pero créeme, no te gustaría encontrarte con algo medio masticado por otra persona en tu boca. ¿Te parece?".
Vegeta reconoció la sensatez de su advertencia, aunque le resultaba peculiar. Sabía de especies con costumbres repugnantes, pero nunca había visto a los ancianos, a Bulma o a Trunks hacer algo que implicara un intercambio de fluidos bucales cuando se besaban. Se preguntó en qué estaría pensando Bulma, pues le resultaba sospechoso. Sin embargo, su curiosidad aumentaba, así que aceptó, advirtiendo: "Está bien, pero debo advertirte que si toda la preparación se prolonga mucho más, mejor me voy a seguir entrenando, mi interés en la cultura de este patético planeta no da para tanto".

Bulma, tratando de asegurar su compromiso, respondió: "No te preocupes Vegeta, vas a ver que esta costumbre en particular no te va a parecer una pérdida de tiempo, regreso en seguida". Y salió corriendo.
Vegeta nunca la había visto apurarse tanto por algo que él solicitara, lo que indicaba la importancia del aseo bucal. "Está bien, de todos modos tengo que hacerlo", pensó. Subió a su habitación, se lavó los dientes y, sintiendo su top de entrenamiento demasiado mojado por el sudor, decidió ponerse una camiseta seca. Bajó de nuevo al sillón frente al aparato de entretenimiento. Apenas se había sentado cuando Bulma bajó corriendo y se sentó a su lado.
Todo esto sonaba cada vez más sospechoso, especialmente cuando pidió permiso para avanzar. "¿Cuándo le había pedido permiso para hacer nada antes?", se preguntó Vegeta.
"¿Listo?", preguntó Bulma.
"Empiezo a pensar que esto no puede valer tanto la pena", respondió Vegeta, notando el excesivo interés de Bulma. "Es imposible que lo que quiera hacer sea lo mismo que yo he visto, ni siquiera se veía tan importante".
"¡Está bien, señor impaciencia!", exclamó Bulma.

Bulma comenzó a inclinarse hacia él. Vegeta podía sentir cómo el corazón de la mujer latía aceleradamente, más de lo que se esperaría solo por la carrera a lavarse los dientes. Algo no estaba bien, así que se retiró conforme ella se acercaba para evaluar sus movimientos. "¡Como si pudieras hacerme daño! Ni en sueños", pensó Vegeta, aceptando que él mismo se había metido en esa situación y no podía retirarse a estas alturas.
"Hagamos esto, te voy a tocar la cara para tener un punto de referencia, trata de no hacerte para atrás, ¿sí?", dijo Bulma.
A Vegeta solo le quedaba bufar con molestia, lo que la mujer reconoció como un permiso. Ella comenzó a acercarse de nuevo y puso sus manos a cada lado de su cara. Él luchó contra el estremecimiento que le provocó ese gesto. Su piel era tan suave y olía tan bien, ahora que la sustancia que usaba para enmascarar su aroma natural casi había desaparecido. Trató de ahuyentar esos pensamientos y concentrarse en su rostro y las pistas sobre lo que pretendía hacer.
Bulma entrecerró los ojos y se acercó lentamente, inclinando un poco la cabeza y tratando al mismo tiempo de mover la suya hacia el lado contrario. Vegeta se encontró obedeciendo a sus movimientos de manera casi automática.

Lentamente, ella se acercó lo suficiente como para sentir sus labios en los suyos y cerró los ojos por completo. Vegeta decidió hacer lo mismo. Podía sentir la respiración de la mujer en su piel, cálida y agitada. Luego sintió cómo ella ponía y quitaba un poco de presión en sus labios. Al mismo tiempo, Bulma abrió un poco la boca y dejó que su lengua saliera para empezar a saborear los labios de Vegeta, dando pequeños pellizquitos con los labios. Después, retiró su lengua, pero dejó su boca entreabierta sobre la de él. Vegeta entendió lo que quería y empezó a imitar sus movimientos.
La mujer tenía razón, esto empezaba a parecer una costumbre digna de practicarse. Y ese es el beso según Vegeta, esperando haber despejado las dudas sobre lo que pasaba en el cerebro del príncipe Saiyajin.
La VERDAD sobre VEGETA | Pensamientos EXTENDIDOS | Evolución VEGETA y BULMA en la Saga de Majin Boo
El autor agradece los comentarios de los lectores y menciona que las reseñas anónimas también son bienvenidas.