Archivos del Planeta de los Simios: Un Viaje a Través de la Saga en Comic

Bienvenidos a la singularidad, pues hoy toca hablar de un Marvel Limited Edition que en realidad no lo es. Funciona igual, se viste con los mismos estándares, pero hablamos de otro producto. Nos referimos al “Archivos. El Planeta de los Simios”, volumen uno, el inicio de una recopilación que nos va a hacer llegar, vía Panini y SD Distribuciones, el material original pertrechado por Marvel Comics acerca de esta conocida propiedad.

El tema de base es que hace largo tiempo que los derechos ya no pertenecen a la Casa de las Ideas, siendo su actual propietaria la editorial Boom!Studios. Esa es, básicamente, la razón por la que no podemos dirigirnos a ella como MLE. Aun así, nosotros vamos a seguir enlistándola en la misma categoría, ya que comulga perfectamente con la línea, con su principal caladero, la Marvel de los setenta, y está realizada por los sospechosos habituales de la casa.

Orígenes de una Saga Icónica

La propiedad «El Planeta de los Simios» es una de tantas de las que la compañía, presidida entonces por Stan Lee, adquirió para intentar diversificar su catálogo y salir un poco del superhéroe. Películas (2001, Star Wars) licencias pulp (el Hombre de Bronce, Fu-Manchú), adaptaciones literarias (cualquier cosa de Robert E. Howard)…. Marvel se fue llenando de extraños caracteres que evocaban las más diversas temáticas y se puede decir que la editorial no reparó en gastos, ofreciendo gran cantidad de material en comic-book o en magazine.

El Planeta de los Simios fue una serie que se expandió mayoritariamente en el formato revista, pese a que tuvo su versión en cómic, más popular y demandado en el mercado. Las revistas en blanco y negro no debían pasar por el Comics Code Autorithy, lo que daba una mayor libertad a los autores. El magazine Planet of The Apes duró veintinueve ejemplares, de agosto de 1974 a febrero de 1977 (siempre, refiriéndonos a fechas de portada). Comenzó de manera bimestral, pero su éxito la convirtió en cabecera mensual nada más comenzar 1975. Como todo magazine de aquellos días, incluía su porción de cómic, donde encontrábamos adaptaciones de las diferentes películas y material original, y luego la ración de artículos explicativos, fotografías, entrevistas, etc., que maravillaban a los seguidores de los simios.

Portada del primer volumen de Archivos del Planeta de los Simios

La Novela y su Impacto Cinematográfico

La historia comienza en negro sobre blanco. Un libro realizado sin ninguna pretensión por un novelista francés, antiguo combatiente del ejército de liberación del país, curtido en la Malasia Británica y en la Indonesia francesa, y publicado en 1963, se convertirá en el sustrato de todo un fenómeno mundial. Pierre Boulle, el citado escritor, apenas contaba con alguna obra relevante; la más recordada es “El Puente sobre el Rio Kwai”, que precisamente se basaba en su experiencia durante la II Guerra Mundial, y que fue traslada por Hollywood a la pantalla grande.

El argumento es bastante sencillo. Ulises Mérou forma parte de una tripulación en misión espacial. La carrera por la conquista de las estrellas había comenzado años antes, pero todavía no se sabía muy bien cómo iba a funcionar, por lo que daba para esbozar las más descabelladas posibilidades. El caso es que el tal Ulises (nombre, por cierto, con su porcentaje de significación) termina estrellándose en el planeta Soror. Este mundo recuerda poderosamente al planeta Tierra, de donde es originario el viajero espacial. Y es mucho más evidente cuando éste se dedique a explorar y se dé de bruces con la triste realidad. En este mundo, los simios son una sociedad desarrollada que ha conseguido imponerse a los humanos, tratados como simples bestias para sus fines más básicos.

El organigrama simiesco se divide en gorilas (dedicados a la función militar y política), orangutanes (científicos y gente del saber relacionados con el poder), chimpancés (digamos el sector más bajo dentro de los simios, pese a tener valiosas habilidades: científicos, artistas o inventores) y humanos (esclavos, básicamente). Para comenzar, Mérou habla, algo que es contrario a las creencias propugnadas por Zaius, uno de los próceres del lugar. El hecho que un humano tenga raciocinio y sea capaz de articular palabra rompe muchos esquemas, lo que atraerá la atención hacia Ulises. Concretamente de Zira y Cornelius, dos investigadores que tratan de llegar a las raíces antiguas de su propio pasado. Llevaban largo tiempo estudiando la llamada “Zona Prohibida”, últimos vestigios de una civilización anterior, y el astronauta parece trazar una conexión evidente con el citado lugar. Tal es su importancia que llegan a considerarle el eslabón perdido en la escala evolutiva de su especie, es decir, abrir la caja de los truenos con una desagradable realidad: los humanos estuvieron primero.

Obviamente, el objetivo final de la familia será escapar del planeta, recuperando para ello su nave espacial. Y es aquí donde la novela se luce, otorgando un giro final impactante, que para los que lo desconozcan (¡¡¡atención spoilers y gordos!!) a la vuelta a su hogar se encuentra con que ha sido conquistado por los simios. Reflexión pesimista sobre la naturaleza autodestructiva de los hombres, la importancia del racismo y el miedo al que es distinto….. lo que comenzó como una novela de aventuras fantástica no deja de ser el intento de emular viejas obras con moralina. Su propia versión de “Los Viajes de Gulliver”, por citar un ejemplo.

Ilustración de Pierre Boulle

La Interpretación de Marvel Comics

Panini y SD han optado por el seguir el modelo de Boom!, por lo que se ha hecho una repartición ciertamente curiosa que puede inducir a ciertos errores al lector profano. Primero, nos olvidamos de todo lo que no sea arte secuencial; artículos fuera, desde un primer momento. Boom! no los ha tenido en cuenta y las editoriales patrias tampoco están por la labor. Posteriormente, no se ha trasladado de manera íntegra, ni cronológica, es decir, Planet of the Apes#1 y luego el #2, para seguir con el #3 y así hasta completar. El primer tomo compila material propio con una larga trama realizada por Doug Moench y Mike Ploog, principalmente, denominada “Terror en el Planeta de los Simios”. Esto incluye segmentos de varios magazines, que van desde el primero hasta el penúltimo de los publicados por Marvel. Se estima que el resto de los tomos programados sean las adaptaciones de las diferentes películas, por tanto, con estructura análoga.

Estamos en los años sesenta, no a finales del S.XIX o comienzos del XX. Las teorías de Darwin sobre evolución están plenamente aceptadas. Lo que sí que es cierto es que la disciplina de la paleontología todavía tiene grandes huecos pendientes de rellenar, por lo que la noción de “eslabón perdido” es algo que se maneja de manera habitual. Así, en la novela Cornelius está convencido de que Ulises es esa pieza que le falta para cuadrar sus investigaciones. El hecho de que los simios sustituyan a los humanos proviene de una tradición epistemológica ciertamente extendida durante una época. Desde la antigüedad, el mono ha tenido una consideración peculiar. Sus innegables semejanzas con nuestra especie llamaban la atención de filósofos y naturalistas antiguos. Así, Plinio describe al simio como criaturas propensas a imitarnos en los gestos y costumbres. Desgraciadamente, pese al intento científico de filósofos y estudiosos, su iconografía pasó a adoptar papeles tan deshonestos en la tradición europea como la obscenidad, la gula o la maldad. Quizás, su momento de mayor expansión sea el S.XVIII, donde nos ha quedado constancia de una ingente representación del mono como imitador del hombre. Está documentado que en las cortes europeas contaban con simios amaestrados, realizando todo tipo de trucos, vestidos como personas, para agradar a los cortesanos de turno. De aquí surge el término francés “singerie” (algo así como monerías), concepto extendido en cuanto al mono como imitador del hombre. El arte de la época ha conservado numerosos ejemplos, siendo el más conocido el de David Teniers el Joven, pintor de la escuela flamenca con un amplio surtido de “singeries”: los monos jugadores de cartas, el mono escultor, el mono pintor…. Sin embargo, gran parte de esos “singeries” no buscaban ese doble sentido. Si se sabe que muchos monos estaban adiestrados en las cortes europeas, hay historiadores que apuntan al modelo de “mono artista” como algo que realmente existió, pensado como atracción, como divertimiento de la compañía del Rey.

Siguiendo ese patrón de la repetición, de que el mono no da para más, Boulle presenta a sus personajes simiescos tal que así. La estructura social es un calco de cualquier sociedad desarrollada, da igual que papel juegue cada una de las especies (gorila, orangután o chimpancé), no es más que la repetición de los humanos que existieron antes que ellos. Es por eso por lo que la sociedad de la novela no ha avanzado en demasía, pese a que nos encontramos a miles de años de distancia respecto al presente, porque los simios no han encontrado un patrón de réplica que consiga mejorar su propia estructura (por ejemplo, desconocen las posibilidades del viaje espacial, hasta la llegada de Ulises). Aquí tenemos la razón por la que Ulises se vuelve tan importante para Zira y Cornelius. Este humano que ha llegado del cielo puede ser el factor que rompa el estancamiento en el que se encuentran y del que los elementos más intelectuales de Soror son conscientes, por la falta de un patrón de simulación. Mientras que los gorilas tratan de sojuzgar al humano por una pulsión básica de control, Zira y Cornelius se esfuerzan en romper un ciclo de eterna repetición.

La Saga del Planeta de Los Simios (En Orden Cronológico) / Te la Cuento

Tampoco es que podamos pasar por alto el cómo afecta al protagonista principal, Ulises Mérou. Bouelle traza algo parecido a una fantasía social en su novela. Esa sociedad simiesca representa la imagen estándar que al escritor le interesa trasmitir de la realidad de su tiempo. Y enfrenta al lector, como cual Mérou, para descubrir sus fallas, sus puntos flacos. Para que nos podamos sentir en sus zapatos, Ulises debe cargar sobre sus hombros el ser parte del problema. Su primera reacción es rechazar de plano lo que ve, lo que percibe en esta colectividad espejo, empatizando con el sector humano, claramente sojuzgado. Su lucha se traduce en una restitución del statu quo anterior. Pero conforme avance la trama y claramente a su final, no podemos evitar seguir las tesis de Boulle en el que culpabiliza a Mérou, y por ende a los lectores, de todo el problema.

Datos de la Publicación

Característica Detalle
Fechas de Publicación 13-IX-2018 - 13-VIII-2020
Dimensiones 26 x 17 cm / 28 x 21.5 cm
Paginación 368 pp. · 320 pp.
Formato Libro de historietas encuadernado en cartoné
Interior Blanco y negro
Editorial (España) Panini Cómics / SD Distribuciones
Editorial (Original) Boom! Studios
Arte conceptual de los simios en el Planeta de los Simios

“La Planete Des Singes” (título original de la novela) se ha convertido en uno de los libros más conocidos de la ciencia ficción reciente. No tanto en cuanto a su calidad, ya que aunque contiene trazas interesantes y un final impactante, pierde mucho por la moralina aplicada, alejándola de grandes clásicos como “1984” de George Orwell o “Un Mundo Feliz” de Aldous Huxley. Su impacto se debe más a un afortunado accidente. Su profusión en Francia propició que editoriales de otros países adquirieran los derechos. La primera edición en inglés, traducida como “Monkey Planet”, es del mismo año 63. Y en esas mismas fechas cayó en las manos de un productor de Hollywood que rápidamente fue capaz de ver su potencial. Hablamos de Arthur P. Jacobs, que tras caer rendido ante la historia de Ulises Mérou, desembolsó la cantidad de 360 mil dólares (una fruslería) para asegurarse la exclusividad. Es decir, que Boulle apenas estaba disfrutando del éxito de su obra en Francia, cuando ya la había visto vendida a otros países y se le auguraba una pronta traslación a la pantalla grande, en la Meca del cine.

Todo muy frenético, pese a que el escritor no las tenía todas consigo respecto a la capacidad de trasplantarla al séptimo arte. Arthur P. Jacobs era un productor con una carrera ciertamente escasa en esas lides cuando se propuso este proyecto. Comenzó como un simple mensajero en MGM e interno en Warner Bros, en los años cuarenta, y de ahí pasó a representar a estrellas de Hollywood, lo que le serviría de trampolín para cambiar a la producción. A primeros de los sesenta su amistad con Marilyn Monroe le puso en bandeja su primera película como productor, What a Way to Go, ya que la gran estrella estaba dispuesta a protagonizarla, si no hubiera sido por su muerte repentina. Pero Jacobs estaba resuelto a seguir con sus propósitos. Sacó adelante el film, con Shirley MacLaine en vez de Marilyn, y consiguió vender otro guion a Fox titulado Dr. Dolittle. Trabajando en este último es cuando se fijó en la novela de Boulle y se empeñó en llevarla a término, como hemos señalado antes, fecha estimada 1963. Nuestro productor no se amilanó. Y para que la proyección fuese atractiva para las compañías, diseñó un montón de bocetos, siguiendo la estructura de la novela de Boulle, que presentaba ya como “The Planet of the Apes”. Para redondear el guion, Arthur buscó la ayuda de un especialista en ciencia ficción, Rod Serling, famoso por su aportación a Twlight Zone. Pero ni con esas. Las grandes productoras le dieron carpetazo a las primeras de cambio. Jacobs sabía perfectamente del funcionar de la industria y como representante de actores había aprendido que lo mejor para atraer la atención es contar con una buena estrella. Y consiguió una de las grandes ya que Charlton Heston se interesó y mucho por este proyecto. La inclusión de Heston trajo aparejado también el conseguir un director, Franklin Schaffner, con el que el actor había trabajado de forma reciente. Esto ya se parecía a un proyecto elaborado y no tardó mucho tiempo en que un ejecutivo de 20Th Century Fox, Richard Zanuck, diera su bendición para que se pusieran en marcha los preparativos para el rodaje. Jacobs estaba convencido de que la historia funcionaba sola pero el estudio no estaba tan de acuerdo. Contrató a otro guionista de su confianza, Michael Wilson, para que le diera una vuelta de tuerca, ya que todo aquello de los monos parlantes podía dar lugar a la chanza en los ambientes de Hollywood. Tendría que ser lo más verosímil posible. Así pues, ya tenemos a dos guionistas dándole retoques a la obra original, algo que sabemos que no gustó mucho a Boulle. Aun así, algunos cambios mejoraron la novela. Para empezar, las formas físicas de los primates. En el libro, hablamos de los animales que los representan, es decir, orangutanes, gorilas y chimpancés. La cinta utiliza actores reales y se había demostrado, p...

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