Ángel González Olmedo, nacido en La Línea, Cádiz, es un autor cuya obra se caracteriza por la narrativa fantástica y los juegos de rol, fusionando su faceta de psicólogo y músico con una profunda crítica social y elementos de magia. Su debut en la narrativa, “La historia triste de un hombre”, sienta las bases para su saga, que con “La historia triste de un hombre justo” busca reflejar la realidad actual a través de una analogía ambientada en una gigantesca ciudad-Estado amurallada, con distritos que separan a sus habitantes.
“La historia triste de un hombre justo” es su primera novela. Aunque lleva años publicando en el sector editorial, el autor tardó en animarse con la novela por una cuestión fundamental: considera que es necesario haber vivido suficientes estímulos para contar algo útil. Como bien decía Manuel Rojas: «El escritor es hijo de sus experiencias». Con 25 años, González Olmedo sentía que no tenía suficiente bagaje para contar algo más allá de la necesidad. Al llegar a cierta edad, su mochila vital contenía dos elementos: una realidad injusta que denunciar y mucha bilis destilada.
Debe quedar algo muy claro: para el autor, el género fantástico es solo la excusa. Lo único que hace es trasladar los problemas sociales y políticos al terreno de la fantasía, un espacio donde resultan menos dolorosos. Además, reconoce que la literatura fantástica es un buen anzuelo, dado que la estética, la inventiva y la atmósfera de un mundo maravilloso suelen ser factores de atracción. La clave está en colar la analogía, permitiendo que los lectores disfruten mientras el autor suelta su mensaje con total honestidad.
La valoración de la novela fantástica en España es un tema complejo. González Olmedo señala que vivimos en un mundo donde, desgraciadamente, el algoritmo prima por encima de la calidad. Haciendo un paralelismo con el cine, ya no importa el guion ni el mensaje de la película, sino que incluya explosiones, escenas de sexo y se ajuste a plazos y presupuestos. Con la literatura sucede lo mismo: todo está medido para entretener a una audiencia infantilizada por los estímulos inmediatos. Ante esta situación, surge la pregunta: ¿cómo puede estar valorada la novela fantástica española cuando es imposible luchar contra los gigantes comerciales de allende los mares?
Los hechos personales que impulsaron la escritura de su obra se resumen en un profundo malestar social. A esto se suma el desquite emocional; el autor confiesa que fue terapéutico, a la par que divertido, dar forma a una España encajada en otro mundo, con otro nombre y otra estética.
La obra de González Olmedo es ecléctica. Para poner un ejemplo, esta novela no se podría escribir sin Quevedo, pero tampoco sin Dumas. El autor explora otros territorios que conforman su visión, incluso dentro de la misma fantasía o el terror. No tiene predilección ni aversión por géneros en concreto, aunque sí por épocas: le gusta bastante la literatura decimonónica por el naturalismo y el realismo tan diáfanos. Fue el momento culmen de las letras, cuando el castellano se conformó y los escritores, quizá por rivalidad, encontraban caminos maravillosos de expresión. Sin embargo, no solo hubo esplendor, sino también miserias: fue una época dura, de devaluaciones financieras, una sociedad que vivía de las apariencias y la sombra de la Inquisición controlando la moralidad. Este siglo es muy complejo, pero resalta en la historia con gran contraste, siendo una caricatura a la que se podían conectar elementos actuales.
Se evoca un poema de Lope de Vega llamado «Cuenta el poeta la estimación que se hace en este tiempo de los laureles poéticos». La ignorancia ha imperado a lo largo de la historia; de hecho, el impacto de las letras del Siglo de Oro no se siente hasta que todos estos artistas llevan enterrados más de un siglo. Algunos fueron muy queridos en vida, como Lope, que cuando murió fue muy sentido en la sociedad; otros murieron sin dinero, como Cervantes. Existe una diferencia notable entre épocas pasadas y el presente: antes, a quienes sabían leer, escribir o eran bachilleres, se les tenía respeto; ahora, parece que leer libros o tener cultura se vive como una vergüenza.
En la novela se habla de la cobardía de las gentes de la época y hay un tono de cierta crítica social. La magia es un vehículo de emociones en su novela, pero se instrumentaliza para hacer avanzar la trama, nada más. La palabra "valentía" contrasta más cuando se está rodeado de cobardes. Al referirse a cobardes, el autor alude a aquellos que no tienen la entereza de mantener su integridad por encima de los convencionalismos sociales. Aquí entra su terreno profesional, la psicología, al hablar de la disonancia cognitiva enquistada en la sociedad. En otras palabras, cuando grandes grupos de personas deciden que la realidad está por debajo de sus emociones, aparece la endemia social, el miedo colectivo, lo políticamente correcto y, en definitiva, se forman grupúsculos de masas mercantilizadas en su ideología por los lobbies de turno.
Una megalópolis requería abordar el dilema de la demografía, muy presente en muchas ambientaciones steampunk, que tienden a ser ucronías consumistas. Un entorno hostil como la ciudad de Ísbar, por otro lado, implicaba la necesidad de una sociedad que se hubiera impulsado a pasos agigantados hacia la tecnología, en este caso la del vapor. Estas son simples cuestiones de estética y tono.

El autor no considera que la obra defina visos de su personalidad, pero cree que es algo preceptivo a la hora de escribir novelas. Es lógico que utilice al protagonista para quejarse, vengarse o perdonarse a sí mismo, pero también lo hace con otros personajes. Los tres aspectos mencionados le soliviantan mucho, ya que son tres facetas de nuestro entorno que le afectan bastante. Sin embargo, se identifica bien con el tercero, sin duda, porque se desquita moralmente en él. Hay una escena cruda, de esas donde se exige un volcado de exposición detallada.
El autor tenía clarísima toda la estructura de la novela: dónde empieza el personaje, por dónde pasa y hacia dónde va. Sabe incluso qué hace al final y cómo se completa su arco evolutivo. Lo que ocurre es que se extirpa texto por cuestiones de ritmo, tono y desarrollo de la trama; hay que ser eficaz, no se puede tomar por tontos a los lectores. Cuando haces las cosas así, la historia se hace orgánica y eso quiere decir que te pide lo preciso en cada momento, incluyendo si alguna escena o personaje deben entrar antes, después o nunca. La verdad es que esta aventura se pudo quedar más corta, pero al final se va a alargar a un segundo tomo. Y no más, pues no es necesario.
BERSERK | LA EDAD DE ORO | ANALISIS TOTAL - OGEID
La saga de "Berserk", en su arco de "La Edad de Oro", es un referente del anime y manga, abarcando animación, aventuras y acción en un contexto de fantasía medieval y cine épico. Ha pasado un año desde que Guts se separó de Griffith. La Banda de los Halcones está planeando una misión de rescate para salvar a Griffith, que está confinado en la cárcel. Esta trama forma parte de la tercera película de la saga.
