Obras Completas de Daisaku Ikeda: Un Legado Monumental

El volumen 150 de Daisaku Ikeda zenshu (Obras completas de Daisaku Ikeda), la colección completa de los escritos en lengua japonesa del presidente de la SGI, ha sido publicado, finalizando así la monumental tarea de este proyecto compuesto por 150 volúmenes. El proyecto fue iniciado con ocasión del 60º aniversario de la Soka Gakkai, publicando la editorial Seikyo el primer volumen de la serie el 3 de mayo de 1988. En un principio, el proyecto estaba planificado como un conjunto de 75 volúmenes, sin embargo el número se aumentó a 150 en 1997 debido a la prolífica labor literaria del presidente Ikeda.

El último volumen, el final de la serie, incluye las propuestas de paz del presidente Ikeda del 2003 al 2007, publicadas cada año el 26 de enero, aniversario de la SGI, asimismo incluye la propuesta de reforma de las Naciones Unidas presentada ante la ONU en su 60ª Asamblea General en 2006 y su clarividente propuesta de 1968 sobre la normalización de las relaciones diplomáticas entre China y Japón.

Portada del volumen 150 de Daisaku Ikeda zenshu

Los Inicios: Tsunesaburo Makiguchi y Josei Toda

La historia de las obras completas de Daisaku Ikeda está intrínsecamente ligada a sus mentores, Tsunesaburo Makiguchi y Josei Toda. Tsunesaburo Makiguchi (1871-1944), un educador cuyos ideales y filosofía pedagógica despertaron el interés del joven Josei Toda, se convirtió en su mentor. Makiguchi abrazó el budismo de Nichiren en 1928, y Toda no dudó en secundarlo, fundando juntos la Soka Kyoiku Gakkai (Sociedad pedagógica para la creación de valores), precursora de la actual Soka Gakkai.

En 1943, Makiguchi y Toda fueron arrestados y enviados a la cárcel por oponerse a las políticas del gobierno militarista japonés. Durante sus dos años de reclusión, Josei Toda se dedicó intensamente a la práctica y el estudio del budismo, adquiriendo una profunda comprensión de sus doctrinas. Esta indagación le permitió percibir que la budeidad es un potencial inherente a la vida y lo convenció de que todas las personas podían manifestar ese estado iluminado si practicaban las enseñanzas de Nichiren.

Retrato de Tsunesaburo Makiguchi y Josei Toda

Una vez liberado de prisión, a finales de la Segunda Guerra Mundial, Josei Toda reconstruyó la Soka Kyoiku Gakkai, cambiándole el nombre por el de Soka Gakkai (Sociedad para la Creación de Valor). Toda postulaba que, a través de la práctica del budista y de un cambio interior del individuo o “revolución humana”, todas las personas podían transformar su destino para bien. Este mensaje resonó entre numerosas personas que sufrían en medio del caos de posguerra, infundiéndoles valentía y esperanza.

La Publicación y Difusión de las Obras

On assuming the presidency, Toda applied himself to expanding the Soka Gakkaiʼs range of journals and publications, which he regarded as an important factor for the concrete development of the organization. One of the key publications was the Seikyo Shimbun newspaper, which was first published in April 1951. Toda was convinced that the Soka Gakkai needed to have an organ publication and that the press had the power to change the world: toward the end of the previous year, he had stated, “We need to found a newspaper, an organ newspaper. This is the age of the mass media!” Initially, the Seikyo Shimbun was published three times a month with a circulation of 5,000. The newspaper provided members with study materials on Nichiren Buddhism and gave encouragement through articles detailing individualsʼ experiences of faith. At the same time, it sought to share with society Buddhist perspectives on contemporary issues. Another key publication was the Daibyakurenge, which was launched in July 1949.

Otro de los proyectos en los que Toda dedicó esfuerzos fue la publicación del Gosho zenshu (Los Escritos de Nichiren Daishonin) en abril de 1952 para conmemorar el 700º aniversario de la fundación del budismo de Nichiren. Esta fue la primera colección precisa y completa de los escritos de Nichiren, pero prepararla para su publicación fue extremadamente problemático. Una edición definitiva del Gosho era esencial para transmitir las enseñanzas budistas a las generaciones futuras y permitir que un gran número de personas estudiaran budismo por sí mismas. Sin embargo, los sacerdotes de Nichiren Shoshu se mostraban reacios a su publicación. Además, dado que las disertaciones y cartas escritas por Nichiren sumaban un gran número de páginas, fue difícil conseguir la cantidad de papel necesaria en los años de posguerra, cuando los productos esenciales todavía escaseaban. No obstante, Toda creía que si el Gosho no se publicaba mientras el sumo sacerdote Nichiko, un erudito de raro logro que había estudiado los escritos de Nichiren durante 60 años, estuviera vivo, la oportunidad se perdería.

Fotografía de una edición de las Obras Completas de Nichiren Daishonin

Daisaku Ikeda y la Continuación del Legado

El presidente colombiano recibió calurosamente a Shin’ichi Yamamoto (Daisaku Ikeda) y, durante el encuentro, le hizo entrega de la Orden de San Carlos en el Grado de Gran Cruz. Ese mismo día, tuvo lugar la ceremonia inaugural de la exhibición «Eternos tesoros de la cultura japonesa», durante la cual el director general del Instituto Colombiano de Cultura adscrito al Ministerio de Educación le confirió una medalla como reconocimiento a sus contribuciones en el ámbito cultural.

El 9 de febrero, Shin’ichi partió rumbo a Río de Janeiro, Brasil. En el aeropuerto internacional de dicha ciudad, un señor mayor había estado esperando por dos horas la llegada de Shin’ichi. Tenía una cabellera blanca y abundante, y las arrugas de su rostro reflejaban la intrépida lucha que habría librado a lo largo de la vida. Su andar, tal vez por la edad, era algo vacilante, pero la dignidad de su porte evocaba a un valeroso león y no aparentaba los noventa y cuatro años que tenía. Era Austregésilo de Athayde, presidente de la Academia Brasileña de Letras, destacado bastión del saber y de la cultura de América Latina y una de las instituciones que hizo llegar su invitación para que Shin’ichi visitara Brasil.

Después de graduarse de la Facultad de Derecho en Río de Janeiro, entonces capital de Brasil, el señor Athayde se había dedicado al periodismo. En la década de los treinta, había luchado contra la dictadura que gobernaba su país. Había sido apresado y obligado a vivir en el exilio por tres años. Después de la Segunda Guerra Mundial, representó a su país en la tercera reunión de la Asamblea General de las Naciones Unidas (en 1948), desempeñando un papel importante en la redacción de la Declaración Universal de Derechos Humanos junto con la activista social Eleanor Roosevelt, el premio nobel de la paz francés René Cassin y otros. Posteriormente, libró batallas contra la discriminación como columnista, e incluso después de haber sido nombrado director de la Academia Brasileña de Letras, luchó blandiendo la pluma.

Un amigo que vivía en Europa le había comentado al señor Athayde acerca del líder de la SGI. Luego de haber leído los escritos de Shin’ichi y mantenido conversaciones con los miembros de la SGI de Brasil, había comenzado a sentir un gran interés y empatía hacia el pensamiento y el proceder de Shin’ichi, y había abrigado la esperanza de poder conocerlo en persona. En el aeropuerto, el señor Athayde aguardaba ansiosamente la llegada de Shin’ichi. Preocupado por la salud del señor Athayde, un responsable de la SGI sugirió que se sentara y descansara un momento, pero él le respondió: «Estuve esperando al presidente Yamamoto durante noventa y cuatro años.

Shin’ichi Yamamoto llegó al aeropuerto de Río de Janeiro a las nueve de la noche del día 9 de febrero. Austregésilo de Athayde, junto con aquellos que lo estaban esperando, recibió con una cálida sonrisa a Shin’ichi y a su comitiva. Nacido en 1898, el señor Athayde era contemporáneo de Josei Toda, quien nació en 1900. Él le recordaba al señor Toda, y Shin’ichi sintió como si fuera su mentor quien le estuviera dando la bienvenida. Se dieron un afectuoso abrazo e intercambiaron saludos. «Usted es una de las figuras que han definido el rumbo de la historia de esta centuria. ¡Trabajemos juntos para cambiar el devenir de la humanidad!».

Shin’ichi quedó profundamente conmovido ante estas palabras que iban mucho más allá de lo que podía esperar. Sintió que expresaban el ferviente deseo y las expectativas de que en el futuro los derechos universales del ser humano fuesen protegidos. Shin’ichi le respondió: «¡Usted es para mí un camarada, un amigo! ¡Y es un preciado tesoro para el mundo!».

Los muros de la discriminación se levantaban en todas partes del planeta y los derechos humanos estaban siendo atropellados y degradados por el autoritarismo, el poder económico y la violencia. Para hacer realidad el espíritu de la Declaración Universal de Derechos Humanos, la humanidad tenía todavía un largo y arduo camino que recorrer. Sin duda, el señor Athayde había estado buscando seriamente individuos que tomaran la posta de su lucha.

Imagen de Daisaku Ikeda reunido con líderes internacionales

La Revolución Humana y la Paz Mundial

El 11 de febrero, aniversario del natalicio de Josei Toda, se publicó en el Seikyo Shimbun la última entrega de La revolución humana, la novela de doce volúmenes en la que Shin’ichi describe las acciones que emprendió su mentor en aras del kosen-rufu. Shin’ichi había empezado a escribirla el 2 de diciembre de 1964 en Okinawa, y su publicación en serie se había iniciado el 1.o de enero de 1965. A lo largo de los años, hubo momentos en que el trabajo fue suspendido por tiempo prolongado debido a los viajes de Shin’ichi al exterior o a sus problemas de salud. Pero logró completar la obra el 24 de noviembre de 1992, y la última entrega, que fue el número 1509, salió impresa en el diario del 11 de febrero de 1993. Al final del capítulo, Shin’ichi escribió: «Dedicado a mi mentor, Josei Toda». La revolución humana era la cristalización del compromiso del discípulo de hacer realidad el kosen-rufu y, al mismo tiempo, expresión de su gratitud hacia el maestro.

Josei Toda también mantuvo su postura de oposición intransigente contra las armas nucleares, que él definió como el mal absoluto que amenaza el inalienable derecho de las personas a la vida. Por ello, exhortó a los jóvenes miembros de la Soka Gakkai a trabajar por la abolición de dichas armas. Su posición al respecto, que él proclamó públicamente el 8 de septiembre de 1957, es la base de las actividades de la SGI por la paz.

En honor a los ideales de Toda, su sucesor, el presidente de la SGI, Daisaku Ikeda, fundó el Instituto Toda para la Paz (antes Instituto Toda de Investigación sobre la Paz Global). Daisaku Ikeda es un constructor de la paz, un filósofo budista, un promotor de la educación, escritor y poeta. Ha sido presidente de la organización laica budista del Japón, Soka Gakkai, de 1960 a 1979.

LA SABIDURÍA PARA SER FELIZ Y CREAR LA PAZ

Daisaku Ikeda ha presentado un total de cuarenta propuestas de paz con fecha 26 de enero [entre 1983 y 2022]. Muchas de las ideas que ha enunciado han sido adoptadas de una u otra forma por las Naciones Unidas y otros organismos internacionales. Cabe destacar especialmente el Tratado sobre la Prohibición de las Armas Nucleares (TPAN) [aprobado por las Naciones Unidas en 2017], un gran paso hacia la realización del gran anhelo de su maestro.

Impacto y Legado

El proyecto de las Obras Completas de Daisaku Ikeda representa un esfuerzo monumental para preservar y difundir el pensamiento y las enseñanzas de un líder que ha dedicado su vida a la promoción de la paz, la cultura y la educación a nivel mundial. La publicación de estos 150 volúmenes no solo documenta su vasta obra literaria, sino que también sirve como un faro de inspiración para las generaciones presentes y futuras, instándolas a contribuir a la construcción de un mundo más justo y pacífico.

Infografía sobre las propuestas de paz de Daisaku Ikeda

La Soka Gakkai celebra un servicio conmemorativo en honor de Daisaku Ikeda (1928-2023), presidente honorario de la Soka Gakkai y presidente de la Soka Gakkai Internacional (SGI), en el Auditorio en Memoria del Presidente Toda de Sugamo, Tokio. Cuando tenía diecinueve años, Toda dejó su tierra natal en Hokkaido, la isla más septentrional del Japón, para vivir en Tokio. Allí comenzó a trabajar como docente en una escuela primaria cuyo director era Tsunesaburo Makiguchi (1871-1944), un educador cuyos ideales y filosofía pedagógica despertaron el interés del joven Toda.

Este no tardó en considerarlo su mentor; así pues, cuando Makiguchi decidió abrazar la fe en el budismo Nichiren, en 1928, Toda no dudó en secundarlo. Al tiempo, ambos fundaron la Soka Kyoiku Gakkai (Sociedad pedagógica para la creación de valores), precursora de la actual Soka Gakkai. En 1943, Makiguchi y Toda fueron arrestados y enviados a la cárcel por oponerse a las políticas del gobierno militarista japonés, que ejercía un control cada vez más opresivo sobre la población y silenciaba las voces disidentes.

En su dos años de reclusión, Josei Toda se dedicó intensamente a la práctica y el estudio del budismo, y logró adquirir una profunda comprensión de sus doctrinas. Esta indagación le permitió percibir que la budeidad es un potencial inherente a la vida y lo convenció de que todas las personas podían manifestar ese estado iluminado si practicaban las enseñanzas de Nichiren. Tras recuperar la libertad, a finales de la Segunda Guerra Mundial, Toda reconstruyó la Soka Kyoiku Gakkai con el nuevo nombre de Soka Gakkai (Sociedad para la creación de valores). Enseñó que todas las personas podían transformar su destino y mejorar su vida mediante la práctica budista, y llamó “revolución humana” a este cambio profundo basado en la motivación interna. Toda también mantuvo su postura de oposición intransigente contra las armas nucleares. Habiéndolas condenado como un mal absoluto y una amenaza contra el derecho inalienable a la vida de toda la humanidad, exhortó a los jóvenes de la Soka Gakkai a que aunaran esfuerzos para concretar la eliminación de los arsenales nucleares. Su “Declaración para la abolición de las armas nucleares”, del 8 de septiembre de 1957, fue el punto de partida y la inspiración de las actividades pacifistas que, desde entonces, ha llevado a cabo la Soka Gakkai.

Para honrar los ideales de Josei Toda, su discípulo y sucesor Daisaku Ikeda fundó, en 1996, el Instituto Toda para la Paz (anteriormente, Instituto Toda de Investigación sobre la Paz Global).

Imagen simbólica de la paz mundial

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