La pandemia de COVID-19, causada por el síndrome respiratorio agudo severo coronavirus 2 (SARS-CoV-2), llegó a Suecia el 31 de enero de 2020. La transmisión comunitaria se confirmó el 9 de marzo en la región de Estocolmo. A partir de entonces, el país ha seguido una estrategia de respuesta a la pandemia que se ha diferenciado notablemente de la adoptada por la mayoría de las naciones europeas y sus vecinos escandinavos.
Eduardo B. Andrade, profesor de la FGV EBAPE, señala que el nivel de contagio de un agente infeccioso depende de varios parámetros: el tiempo de supervivencia del virus, su capacidad de transmisión y el comportamiento del sujeto infectado. Mientras los dos primeros dependen del virus, el tercero, el comportamiento humano, es crucial y subraya la importancia del aislamiento y el distanciamiento social. Teóricamente, la inacción y la no interacción entre personas detendrían la propagación del virus, pero el aislamiento social es difícil y, para algunos, su eficacia es cuestionada.
A diferencia de la tendencia global de confinamiento, Suecia optó por un enfoque de "distanciamiento social responsable". Las medidas de confinamiento ("lockdown") no se implementaron de manera generalizada. En cambio, se mantuvieron abiertas guarderías, escuelas primarias, servicios de mesa en restaurantes y lugares de trabajo, aunque se fomentó el teletrabajo. Incluso se permitieron reuniones de hasta 50 personas.

Esta política contrasta marcadamente con la de sus vecinos, Noruega y Dinamarca, que adoptaron medidas de "lockdown" más tempranas y estrictas. Dinamarca inició su confinamiento nacional el 11 de marzo, tres días antes de registrar su primera víctima mortal por COVID-19, mientras que Noruega lo hizo al día siguiente, coincidiendo con el primer fallecimiento en su territorio. Ambos países fueron ampliando el rigor del aislamiento con el tiempo.
La diferencia de enfoques entre países con características similares (clima, cultura, condiciones socioeconómicas) ofrece una oportunidad para evaluar la efectividad de las políticas de aislamiento social. Los tres países experimentaron su primera muerte por COVID-19 en un período similar (entre el 11 y el 14 de marzo), pero la evolución posterior de la pandemia varió significativamente.
Evolución de la Pandemia y Respuesta en Suecia
El primer caso de COVID-19 en Suecia se confirmó el 31 de enero de 2020, una mujer que regresaba de Wuhan. Para el 15 de marzo, había 992 casos confirmados, la mayoría relacionados con viajes al extranjero, especialmente a Italia. A partir del 17 de mayo de 2020, se analizaron aproximadamente 276.000 muestras. Hasta el 24 de septiembre de 2020, se registraron 89.756 casos confirmados, con 2.387 ingresos en cuidados intensivos y 5.876 muertes relacionadas con COVID-19, siendo el condado de Estocolmo el más afectado.
A principios de junio, el número de muertes por COVID-19 en Suecia fue significativamente mayor en comparación con otros países escandinavos. La Autoridad Nacional de Salud Pública (Folkhälsomyndigheten) es la agencia responsable de la protección contra la enfermedad y la coordinación de medidas nacionales, incluyendo el seguimiento de contactos de personas infectadas. La pandemia sometió al sistema sanitario sueco a tensiones, con decenas de miles de operaciones pospuestas y una escasez inicial de equipos de protección personal. Hubo preocupación por la capacidad de los hospitales para tratar a los enfermos, especialmente aquellos que requerían cuidados intensivos.

El 7 de diciembre, las escuelas de Estocolmo pasaron a educación a distancia y el gobierno comenzó a recomendar el uso de mascarillas en el transporte público, algo inusual dado que previamente fue uno de los pocos países que no las recomendaba. El sistema de salud en Estocolmo se vio particularmente abrumado, con el 99% de las camas de cuidados intensivos ocupadas, lo que obligó a recurrir a personal del sector privado. Un informe independiente publicado en diciembre criticó el enfoque de Suecia por no proteger adecuadamente a los residentes de los hogares de ancianos, permitiendo la propagación del virus. El rey Carl XVI Gustaf y el primer ministro Stefan Löfven calificaron el enfoque de Suecia como un "fracaso" en diciembre de 2020 debido al alto número de muertes. Löfven sugirió que muchos expertos no habían previsto ni se habían preparado para la gravedad del aumento invernal. La aprobación pública de Anders Tegnell, el epidemiólogo jefe de la Agencia de Salud Pública de Suecia, y de las autoridades sanitarias suecas, cayó al 59% en respuesta al aumento de casos.
La estrategia de Suecia de apostar por la inmunidad de grupo o de rebaño y descartar el confinamiento estricto fue objeto de debate. El país batió en la primera mitad de 2020 el récord de muertes de los últimos 150 años, con 51.405 fallecimientos, de los cuales 5.800 fueron registrados como víctimas del coronavirus. Las cifras de muertos en asilos fueron particularmente lamentadas por Tegnell como "terribles y evitables". A pesar de creer que su sociedad segregada por edad evitaría una situación como la de Italia, se demostró que estaban equivocados.
En una carta abierta a finales de marzo, más de 2.300 científicos suecos demandaron leyes de aislamiento social más severas. Mientras los países vecinos comenzaban a relajar el "lockdown", la presión en Suecia era para que el gobierno hiciera lo contrario. La experiencia sueca sugiere que un aislamiento social severo no es ni ineficaz ni incompatible con la recuperación económica. Por el contrario, un aislamiento temprano y riguroso, combinado con pruebas masivas, distribución de equipos de protección individual y fortalecimiento del sistema de salud, podría permitir una recuperación económica más rápida.
Impacto Económico y Medidas Gubernamentales
En marzo, la ministra de Finanzas de Suecia, Magdalena Andersson, predijo que la economía sueca apenas se vería afectada por la pandemia, con una caída del 4% en el producto interior bruto (PIB), similar a los niveles de la crisis financiera de 2008. Sin embargo, se esperaba un aumento del desempleo hasta el 9%. Un pronóstico posterior del Instituto Nacional de Investigación Económica de Suecia proyectó una caída del PIB del 7% en 2020, y la Comisión Europea predijo una contracción del -6.1%. El banco central sueco, Sveriges Riksbank, pronosticó una caída del 10% en junio, debido a la dependencia de las exportaciones y la disminución de la demanda global. El desempleo podría aumentar hasta el 11% durante 2020, y las pensiones podrían experimentar una caída del 1.5% en 2021.
A mediados de marzo, el gobierno propuso un paquete de emergencia de 300 mil millones de SEK (€ 27 mil millones) para mitigar el impacto económico. Este paquete incluía un sistema de reducción de horas de trabajo con subsidio salarial gubernamental y el pago de gastos de enfermedad por parte del estado. Se eliminaron temporalmente los costos de las contribuciones del empleador para pequeñas empresas, lo que supuso un ahorro de aproximadamente 5.000 SEK por empleado al mes, pero una pérdida de ingresos fiscales de 33 mil millones de SEK. El paquete recibió apoyo político y de los sectores empresarial y sindical.

Impacto en Sectores Específicos
El transporte aéreo, principalmente a cargo de SAS y Norwegian Air Shuttle, se vio severamente afectado. SAS anunció la reducción temporal de su fuerza laboral en 10.000 personas, aproximadamente el 90% de su plantilla. Se cancelaron casi todos los vuelos nacionales y se desaconsejaron los viajes no esenciales.
La prueba de Aptitud Académica Sueca de Primavera se canceló, afectando a unos 70.000 estudiantes. Las Fuerzas Armadas suecas cancelaron el ejercicio militar internacional Aurora 20. La prohibición de reuniones públicas de más de 500 personas llevó a la cancelación o aplazamiento de conciertos, eventos deportivos y festivales como el Sweden Rock. Teatros, óperas y cines también se vieron afectados, con cierres de sedes y cancelación de eventos. Parques de atracciones como Gröna Lund y Liseberg también cancelaron o reprogramaron conciertos.

Debate y Críticas
La respuesta sueca a la pandemia fue objeto de debate interno, aunque las encuestas mostraban un amplio acuerdo público. El debate se centró principalmente en el ámbito académico, ya que la oposición en el Riksdag inicialmente evitó criticar al gobierno. Los partidos de oposición, a excepción de los demócratas de derecha de Suecia, expresaron su apoyo al gobierno en tiempos de crisis. En mayo, políticos de la oposición criticaron al gobierno por el bajo número de pruebas realizadas, a pesar de las promesas de aumento.
Suecia fue utilizada como ejemplo en debates internacionales. Líderes extranjeros, como el presidente de Argentina, Alberto Fernández, y el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, compararon el mayor número de muertes de Suecia con sus vecinos que aplicaron medidas más estrictas, sugiriendo que Suecia estaba "pagando un alto precio por su decisión de no cerrar su economía". El periódico chino Global Times criticó duramente a Suecia, acusándola de haber "capitulado ante el virus" y llamándola "un agujero negro". Algunos especularon que estas críticas podían estar relacionadas con las malas relaciones entre China y Suecia tras el encarcelamiento del escritor Gui Minhai.
Suecia también fue acusada de brindar "ayuda activa para morir" a personas mayores, comparándolo con la eutanasia. El tratamiento de los ancianos fue cuestionado, ya que muchos de los fallecidos residían en hogares de ancianos. A principios de mayo, más de 500 hogares de ancianos informaron casos de COVID-19. De las personas mayores fallecidas, el 50% vivía en residencias y el 26% recibía atención domiciliaria. Se observó un exceso de mortalidad del 30% en los hogares de ancianos suecos durante la pandemia.
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A finales de 2020, el enfoque de Suecia fue calificado de "fracaso" por el alto número de muertes, especialmente en residencias de ancianos. El epidemiólogo Anders Tegnell calificó la cantidad de muertes como "terrible y evitable", lamentando el alto número de fallecidos en asilos y reconociendo que se equivocaron al pensar que su sociedad segregada por edad evitaría una situación similar a la de Italia.
En contraste, Noruega anunció la reapertura gradual de escuelas a partir del 20 de abril y del comercio y servicios la semana siguiente, considerando el precoz y rígido aislamiento social como una inversión que valió la pena. Dinamarca también mostró una tendencia similar, con un relajamiento gradual del confinamiento. En Suecia, sin embargo, el malestar crecía, y la presión sobre el gobierno para revertir su política se intensificaba.
A pesar de las críticas, la experiencia de Suecia, junto con la de otros países, sugiere que un aislamiento social severo puede ser compatible con la recuperación económica si se implementa de manera temprana y se acompaña de medidas de salud pública adecuadas. Por el contrario, un aislamiento tardío y blando, o la falta de recursos, información o voluntad política, puede resultar en una economía debilitada y un aumento continuo de muertes.