Naruto, en un intento por alcanzar la mente de Obito, se adentra en su subconsciente. Allí, comienza a dialogar con él, señalando las profundas similitudes que comparten: ambos crecieron sin el conocimiento de sus padres, experimentaron la pérdida de seres queridos y conocieron la amarga soledad. Naruto le reprocha su camino actual, argumentando que en lugar de buscar el reconocimiento, sus acciones han alejado a quienes lo rodean.
Obito, reconociendo la verdad en las palabras de Naruto, explica su motivación: su deseo de demostrarle la desesperanza del mundo y de imponer la paz a través de los poderes que ha obtenido del Dios Árbol. En este punto, sus recuerdos lo transportan a la Tercera Guerra Shinobi, un momento en el que Rin le curaba una herida, un instante de esperanza en medio de la oscuridad.
En otro recuerdo, Obito, herido nuevamente, intenta ocultar su dolor, lo que provoca la frustración de Rin. Ella le reprocha su intento de mostrarse fuerte, revelando que lo conoce profundamente y que no debe esconderle nada.
De vuelta en el presente del subconsciente, Naruto le recuerda a Obito que no existen atajos para convertirse en Hokage, evocando el momento en que Obito logró controlar al Diez Colas. Esta hazaña fue posible gracias a su anhelo por no perder su pasado, lo que le otorgó la fuerza necesaria para dominar a la bestia.

Un recuerdo vívido surge: "Me convertiré en Hokage, y tendrán que grabar mi Sharingan y mis gafas en el monumento al Hokage". La voz llena de entusiasmo de un joven Obito resuena, con una sonrisa genuina iluminando su rostro al ver la sorpresa en los ojos de Rin Nohara. Su sorpresa se transforma en una sonrisa sincera, que valida las ambiciones del joven. Obito, sonrojado y con una timidez palpable, añade: "es por eso que tú debes de observarme". Se siente avergonzado, temiendo que sus palabras hayan sido escuchadas, pero Rin lo mira fijamente. Su cercanía provoca un salto hacia atrás de Obito, quien cae al suelo, preguntando con rubor: "¿por-por qué hiciste eso?". Rin, con una mirada confusa y luego una sonrisa, responde: "dijiste que te observara, ¿no?, eso estaba haciendo". Un momento de silencio se rompe con la exclamación de Obito, quien levanta un pulgar y grita: "sí, tú solo obsérvame, me convertiré en el Hokage más fuerte de todos y salvaré el mundo, y detendré las guerras". En ese instante, sus sueños parecían alcanzables, con la certeza de que Rin estaría allí para presenciarlos.
La escena cambia drásticamente. La luna, de un rojo grotesco, se cierne sobre un paisaje desolado. Un aullido gutural emana de todas direcciones, desvaneciéndose en la nada. La luna se distorsiona, retorciéndose y destruyéndose, pero su brillo blanco persiste. Los pies de Obito se hunden en un líquido cálido, pegajoso y de un rojo oscuro. Estrellas salpican el cielo azul marino. Obito Uchiha se encuentra en medio de este paisaje, abrumado por la desolación, la angustia y el terror.

Mirando el charco rojo, Obito busca una respuesta. El silencio es absoluto; incluso el viento se ha detenido. Solo el goteo de sus lágrimas, mezclándose con la sangre, rompe la quietud, creando ondulaciones en el charco. Su pupila, de un rojo escarlata, adquiere una forma de remolino con tres aspas entrelazadas. El olor a óxido, familiar por las heridas y muertes que ha presenciado, es ahora abrumador, provocándole náuseas. Su cabello está húmedo y pegajoso, su cuerpo cubierto de sangre, al igual que su túnica. El silencio es asfixiante; desea gritar, destruir todo, escapar de sus pensamientos, pero la fatiga y la desesperanza lo paralizan. La frustración golpea su débil corazón, pero la inutilidad de cualquier acción, incluso la matanza, se cierne sobre él.
El peso de los acontecimientos lo aplasta. El sonido de las aves, la electricidad en el viento, un momento tan vívido que el Sharingan lo ha grabado para siempre en su memoria, le causa un dolor insoportable. Lo que más anhelaba se ha convertido en su maldición. Sus rodillas ceden, la sangre salpica a su alrededor. Su reflejo en la sangre le muestra el rostro destrozado de un niño de trece años. La insignificancia de su condición de ninja, de ser carne de cañón enviada a morir en guerras incomprensibles, llena su mente. Los ideales de la academia -héroes, salvar compañeros, convertirse en Hokage- le parecen ahora estupideces.

Obito cierra los ojos con fuerza, la frustración acumulándose. Al abrirlos, se ve a sí mismo: cabello largo, picos blancos manchados de rojo, la mitad derecha del rostro marcada por cicatrices, el ojo inyectado en sangre y lágrimas, el otro ojo cerrado. Es la primera vez en mucho tiempo que se mira. Desde el incidente en el puente Kanabi, ha estado recluido en una cueva, acompañado solo por Madara y sus subordinados. Sus labios tiemblan de ira, impotencia, dolor y una profunda soledad. Aprieta la túnica sobre su pecho, sintiendo el dolor con cada latido de su corazón, un corazón que late mientras el de ella ya no. La pregunta "¿Por qué?" resuena una y otra vez.
Su mirada se posa en una máscara de porcelana blanca flotando en la sangre, similar a las utilizadas por los ambu. Alrededor, cuerpos destrozados, miembros amputados, el penetrante olor a muerte. El horror lo invade: él ha hecho esto. La razón es obvia. Gira la cabeza y ve el cuerpo de Rin, flotando en el mar de sangre. Su rostro es pacífico, sus ojos cerrados. Pero al igual que él, está cubierta de sangre, la suya y la de sus perseguidores. Un agujero en el centro de su pecho, la ropa y la piel quemadas. Las líneas rojas se dibujan en las comisuras de sus labios. La respiración de Obito se vuelve errática; Rin está muerta. Nunca volverá a sonreír, a curarlo, a caminar a su lado. Todo ha terminado. Recuerda su pasado, sus gritos por convertirse en Hokage, el apoyo incondicional de Rin. La pregunta "¿Por qué estaba pasando todo esto?" se repite, dirigida al vacío.
Por qué el Mangekyou Sharingan ARRUINÓ la Escala de Poder (Naruto Shippuden)
Con el corazón destrozado, se levanta, sus piernas flaquean. El dolor en su pecho es inmenso. Se acerca al cuerpo de Rin, murmura con un nudo en la garganta, aprieta los puños. Recuerda las palabras de Rin: "siempre te estaré observando". Ella cumplió su promesa, creyó en él hasta el final. Él, en cambio, es un fracasado, un rompe promesas. Ahora que Rin ya no lo observará, nada tiene sentido. Quizás el sol saldrá mañana, quizás la luna es hermosa, quizás hay niños soñando. Quizás el dolor disminuirá, quizás podrá seguir viviendo y volver a sonreír. Pero su corazón está roto, y nunca podrá ser alguien. Aún así, carga con un sueño ambicioso, como tantos otros niños que corren hacia su muerte con el mismo anhelo.
Obito mira hacia el cielo. Los rayos de luna iluminan su rostro. En sus sueños, fue el Hokage más fuerte, Rin siempre lo observaba, todos eran felices. Ahora, está convencido de que lo único real es el dolor. No hay propósito en su vida. Bajo su mirada, solo ve sangre y muerte. Este mundo no es para soñadores, sino para aquellos con el poder de conquistarlo. Se arrodilla junto a Rin, su mano cubierta de sangre se acerca a su mejilla, pero pasa a través de ella como un fantasma. Se rinde a la verdad absoluta: no hay motivo para el dolor, las guerras, las muertes. Las cosas suceden, las personas mueren, Rin será olvidada, él también. Fue olvidado en el momento en que la roca lo aplastó. Obito Uchiha está muerto. Las lágrimas caen, solloza como un niño, su visión se nubla. Se pregunta si ha muerto y este es el infierno.
Un sonido extraño emana de él, un intento ahogado de grito que se convierte en un alarido desesperado, el primer dolor de esta magnitud que penetra hasta lo más profundo de su ser. El amargo sabor de la tristeza, la desesperación, la muerte definitiva de Obito Uchiha. "Nada en este mundo sale como uno lo planea. Cuanto más tiempo vives, más te das cuenta de que en realidad solo existe el dolor, el sufrimiento y la futilidad". Las palabras de Madara resuenan en su cabeza. En este mundo, donde haya luz, habrá sombras. Obito mira la luna, las palabras de Madara se repiten como un mantra. Por fin, entiende cómo es el mundo realmente. Una venda cae de sus ojos; ha estado en la oscuridad y ahora ve la luz, y no le gusta. Este mundo de sufrimiento, dolor, miseria, donde las promesas son imposibles, lleno de maldad y futilidad. Siempre ha sido así; él es el único que no se había detenido a verlo. Reconoce su propia estupidez, su ignorancia. Ha vivido feliz ignorando el sufrimiento ajeno. Nadie es inocente en este mundo.
"romper el ciclo de este mundo, un mundo de solo vencedores, de solo paz, de solo amor, construiré un mundo solo con eso". Recordando las palabras de Madara, piensa que es imposible. Baja la cabeza, mira el cuerpo de Rin. Se pregunta si tal mundo es posible. Incluso si es una posibilidad entre un millón, incluso si Madara lo está engañando, Obito quiere creer en ese mundo ideal. Mira el cuerpo de Rin una última vez.
Una voz molesta y aguda, la de Zetsu, resuena en sus oídos. Zetsu informa que alguien se acerca. Obito permanece en silencio, mirando el cuerpo de Rin, luego a Kakashi, tirado a unos metros. "¿es Minato-sensei?" pregunta finalmente.

Naruto intenta reaccionar a Obito. Todo indicaba que Obito cambiaría de bando, pero comienza a ahorcar a Naruto, declarando que sus planes continúan. Naruto, molesto, lo golpea, argumentando que así nunca será Hokage. Obito comienza a ver en Naruto un reflejo de sí mismo de niño, recordando un momento con Rin, Minato y Kakashi. Tres espectros, con la mitad de la apariencia de su equipo y la otra mitad de su forma de Jinchūriki del Diez Colas, le dicen a Obito que no necesita a nadie para llenar el vacío en su corazón. Sin embargo, el Obito niño se detiene, se acerca al Obito Jinchūriki y toma su mano, argumentando que Rin deseaba proteger a Obito Uchiha, no al monstruo en el que se había convertido.
Las Bestias con Colas son liberadas. En ese momento, Obito regresa del subconsciente, se da cuenta de que Naruto le tendió la mano y le ruega que cambie de parecer y no subestime a la Alianza. Finalmente, la Alianza libera por completo la cadena de Chakra, y las nueve Bestias con Cola se manifiestan en el campo de batalla. Obito pierde sus poderes y comienza a caer, pensando en su derrota.