El simbolismo de las tijeras en la cultura extremeña y su conexión con el arte rupestre

En la alquería de Mesegal, situada en Las Hurdes (Cáceres), se encuentra un petroglifo conocido como Peña del Molde. Este panel rupestre, ubicado en los parajes del Castillo de la Muñina, presenta un conjunto de grabados que incluyen cuatro tijeras, junto a otros elementos como podomorfos, alabardas, cuchillos y un cruciforme.

Los estudiosos de este conjunto rupestre sugieren que su datación abarca un período comprendido entre la Edad del Bronce I-II y la Edad del Hierro. Se reconoce que no todos los elementos presentes corresponden a la misma época, lo que indica que la superficie, inicialmente escasamente grabada, fue objeto de añadidos y superposiciones a lo largo del tiempo. Es evidente que algunas de estas adiciones alteraron la simbología original del petroglifo, llegando a despojarlo de su significado primigenio. Esto ocurrió cuando, en un momento histórico relativamente cercano, se intervinó sobre él, transformando cuatro de las cinco aspas existentes en tijeras mediante la adición de un par de ojos en los extremos de uno de sus ángulos agudos.

Petroglifo de Peña del Molde

Los pueblos prerromanos desconocían las tijeras modernas, utilizando únicamente las llamadas de muelle o de esquilar. Este tipo de tijeras, configuradas por dos cuchillas alargadas unidas por un arco elástico, mantuvieron su predominio en Extremadura hasta bien entrada la Edad Moderna. Su uso estaba extendido en la Edad del Hierro, como confirman hallazgos en castros y necrópolis, y formaban parte del acervo material tanto de los nativos como de los conquistadores romanos, quienes las emplearon en trabajos delicados, incluso sanitarios, como atestiguan hallazgos en tumbas de médicos en Mérida.

Aunque el modelo de tijeras de la Peña del Molde no se ajuste a la datación del petroglifo, es posible que este instrumento ya estuviera vinculado a los habitantes de las tierras extremeñas milenios atrás. Esta hipótesis se apoya en la interpretación de ciertas figuras grabadas en paneles rupestres cercanos, como las "herraduras" de Las Ereáis y Bohonal de la Sartanejilla, o el semicírculo que soporta un cruciforme en Mesegal. Estas interpretaciones, aunque especulativas, sugieren posibles conceptos simbólicos ignotos para aquellos artífices. La vinculación de las "herraduras" con la fertilidad se refuerza por la presencia de un grupo de ellas rodeando un elemento itifálico en el petroglifo de Sauceda, sugiriendo rituales para potenciar la fecundidad. Tanto las "herraduras" como las tijeras, independientemente de su interpretación, parecen converger en una alusión a lo femenino.

Dentro del arte rupestre esquemático, las aspas se han interpretado como antropomorfos. Siguiendo la continuidad del pensamiento humano primitivo, las aspas de la Peña del Molde podrían aludir a figuras femeninas, dada la ausencia de rasgos distintivos de virilidad. La transformación de estas aspas en tijeras, siglos después, podría interpretarse como una manifestación inconsciente de la asimilación de la mujer con unas tijeras abiertas, donde los nuevos rasgos evocan la anatomía femenina. Esta asociación se mantiene en la cultura popular extremeña, donde los pechos femeninos sugieren un símil de los ojos de las tijeras, como se refleja en cantos de esquileo.

Más allá de la figura femenina en su conjunto, las tijeras abiertas suelen aludir explícitamente a los genitales femeninos, como lo demuestran dichos populares. Por el contrario, las tijeras cerradas tienden a equipararse a un símbolo fálico, al igual que otros objetos cortantes o puntiagudos. Esta equiparación se manifiesta en cantares y refranes, donde las tijeras cerradas adquieren un sentido fálico, aunque a veces equívoco. La expresión "Ser un buen tijeras" o "Tener buenas tijeras" se aplica al hombre mujeriego, y "Ser de primera tijera" al joven que se inicia en un oficio o en el galanteo.

Ilustración de tijeras antiguas

Un acertijo de carácter picaresco refuerza esta dualidad, donde la descripción de las tijeras alude a los genitales femeninos. Cuando este instrumento es manipulado por el hombre o se relaciona con aspectos eróticos, adquiere connotaciones sexuales claras, como se observa en coplas y dichos. La mención de tijeras que "esquilan" el vello púbico, o que se embotan al cortar lana, conlleva una significación de contacto sexual, incluso de desfloración.

Entre los vocablos sustitutos del genital femenino se encuentran la rosa, la flor o el clavel. El corte de estas plantas se convierte en metáfora de un trato íntimo, de pérdida de virginidad o incluso de violación. En algunos pueblos extremeños, las tijeras se especifican como alegoría de la virilidad en versos que narran bodas, sugiriendo el corte de un clavel por parte del novio.

Si bien existen representaciones rupestres que supuestamente retratan la cavidad genital femenina, también las hay que evocan el órgano masculino. Una figura calificada como antropomorfo en la Sierra de San Serván, con una circunferencia superior y una barra vertical, podría interpretarse no como una cabeza y cuerpo esquematizado, sino como un "tijeriforme" que plasma los órganos masculinos: falo y testículos. Esta representación podría tener una función apotropaica y mágica o religiosa orientada a la fertilidad y procreación, complementándose con otras figuras circulares que podrían representar vulvas.

Representación esquemática de falo y testículos en arte rupestre

Estas representaciones "tijeriformes", presentes en pintura, grabado y relieve a lo largo de la historia, han llegado hasta nuestros tiempos. Los grafiteros contemporáneos, sin conocer los viejos conceptos, reutilizan técnicas ancestrales para estampar atributos masculinos, demostrando la continuidad de las perspectivas del pasado en el presente.

La homologación de las tijeras cerradas con el miembro fálico implica que estas asuman funciones que hasta entonces se atribuían a representaciones fálicas en diversas manifestaciones artísticas y amuletos. Las tijeras, al igual que otros motivos, se convierten en piezas esenciales para la protección contra la envidia y el mal de ojo, influyendo en la salud, la alimentación y la capacidad reproductora, es decir, en los deseos primarios del ser humano.

El uso apotropaico de las tijeras en la provincia de Cáceres

En la provincia de Cáceres, las tijeras se utilizan frecuentemente para evitar la acción de seres maléficos, ahuyentarlos y anular sus efectos perjudiciales. Una práctica común era clavarlas en cruz en puertas y ventanas de casas y corrales para impedir el paso de las brujas, quienes podían afectar negativamente la fecundación, el embarazo y la crianza.

Se relata un caso en Torrejoncillo donde una suegra, deseosa de nietos, clavó una tijera en la entrada del patio de su nuera, quien sufría de infertilidad. Tras esta acción, la nuera finalmente tuvo hijos, atribuyendo el éxito a la intervención contra la brujería. Esto evidencia la creencia en el poder de las tijeras no solo para eliminar obstáculos al embarazo, sino también para revitalizar y potenciar las fuerzas genésicas.

LA MAGIA DE LAS TIJERAS

La consideración de las tijeras como elemento fálico refuerza su papel en la potenciación de las fuerzas genésicas, sugiriendo una conexión entre el objeto y la fertilidad masculina.

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