La historieta o cómic italiano es una de las tradiciones de historieta más importantes a nivel europeo. A la historieta en Italia se la denomina fumetto (plural, fumetti), que traduce literalmente «bocanada de humo», en referencia al nombre del globo de diálogo o bocadillo.
El cómic italiano comenzó oficialmente el 27 de diciembre de 1908 con la publicación del primer número del Corriere dei Piccoli, la primera revista italiana de historietas. El primer personaje creado en Italia fue Bilbolbul, de Attilio Mussino.
Hasta bien avanzado el siglo XX, seguían colocándose los textos al pie de la viñeta. El 27 de diciembre de 1908 aparece el suplemento infantil el “Corriere dei piccoli”. El mercado italiano es el primero de Europa donde triunfa el cómic estadounidense, gracias a revistas como "Jumbo", "Topolino", "L'Avventuroso", "L'Audace", aunque pronto Mussolini prohíbe las historietas de importación.
Ya desde 1938 se desarrolla un formato apaisado, el cuadernillo de aventuras, como suplemento de las revistas. En 1945, una de las revistas más originales de la época nació: L'Asso di Picche, publicado en Venecia como resultado del trabajo de un grupo de artistas jóvenes venecianas incluyendo Alberto Ongaro, Damiano Damiani, Dino Battaglia, Rinaldo D'Ami y sobre todo Fernando Carcupino y Hugo Pratt. Su enfoque distintivo a la forma de arte les valió el nombre de escuela veneciana de los cómics.
En 1948 Gian Luigi Bonelli y Galep crearon Tex Willer, un western que fue el primer gran éxito de la Editorial Bonelli. A partir de 1962, se afianza una nueva conciencia del medio, celebrándose congresos como los de Bordighera (1965) y Lucca (1966), así como una Bienal Mundial de la Historieta, en el Instituto Torcuato Di Tella (1968).
Se funda en abril de 1965 la revista Linus. Todavía continúan creándose series de aventuras populares como Corto Maltés (1967) de Hugo Pratt, aunque muchas de las nuevas historietas están orientadas, sin embargo, hacia un público cada vez menos infantil, como las del fumetto nero que nació en 1962 con Diabolik de las hermanas Angela y Luciana Giussani.
Se crean formatos más caros, tales como álbumes o revistas de lujo y en general se busca un lector más maduro, al que ya se dirigen sin ninguna duda autores como Vittorio Giardino o Lorenzo Mattotti. Por su parte, Guido Crepax y, ya en los años 80, Milo Manara y Serpieri cultivan sin apenas disimulo el cómic erótico y pornográfico.
A pesar de que el texto original no proporciona información específica sobre el siglo XVI, se puede inferir que el desarrollo de la historieta italiana, tal como se describe, sentó las bases para las futuras novelas gráficas. La consolidación de la tradición del cómic italiano tras la Segunda Guerra Mundial y la aparición de formatos y temáticas más maduras son hitos que reflejan una evolución continua en el medio.

La transición de los textos al pie de la viñeta a los globos de diálogo, la aparición de revistas especializadas y la diversificación de géneros son aspectos clave en la historia del cómic italiano que, aunque se detallan a partir del siglo XX, sugieren un proceso de desarrollo que debió tener sus orígenes en periodos anteriores, incluyendo el siglo XVI, en formas rudimentarias de narrativa gráfica.
Para comprender la evolución hacia la novela gráfica en el siglo XVI, sería necesario investigar los antecedentes de la narrativa visual en Italia en ese periodo. Esto podría incluir estudios sobre grabados, ilustraciones de libros y otras formas de arte secuencial que podrían haber influenciado el desarrollo posterior del fumetto.
Origen y evolución del cómic.
La influencia de la rivalidad entre grandes propietarios de prensa, como Hearst y Pulitzer en Estados Unidos, para popularizar los primeros personajes de cómic, aunque se centra en otro país, ilustra la importancia del contexto editorial y de mercado en el desarrollo de este medio. Es plausible que en Italia, durante el siglo XVI, existieran dinámicas similares, aunque menos documentadas, en la difusión de imágenes y narrativas visuales.
La consolidación de la historieta italiana tanto en Italia como en el extranjero, con numerosos títulos traducidos, subraya la vocación internacional del medio. Este aspecto, desarrollado plenamente en el siglo XX, es una clara continuación de la rica tradición artística y literaria italiana, que sin duda tuvo manifestaciones en siglos anteriores.
Aunque la información proporcionada se centra en el siglo XX, la base de la historieta italiana se estableció mucho antes. El Corriere dei Piccoli, fundado en 1908, no surgió en un vacío, sino sobre una tradición de publicaciones ilustradas y narrativas visuales que se remontan a siglos atrás. El siglo XVI, en Italia, fue una época de florecimiento artístico y cultural, y es muy probable que existieran formas tempranas de narrativa gráfica que sentaron las bases para el desarrollo posterior del fumetto.
La mención de la "escuela veneciana de los cómics" en 1945, con artistas como Fernando Carcupino y Hugo Pratt, resalta la importancia de las escuelas artísticas y la colaboración entre creadores en el desarrollo del cómic. Este tipo de sinergias creativas, comunes en el Renacimiento italiano del siglo XVI, podrían haber sido precursoras de las dinámicas observadas en el siglo XX.
La creación de formatos más caros y la búsqueda de un lector más maduro, como se evidencia con autores como Vittorio Giardino y Lorenzo Mattotti, marcan una clara evolución hacia la novela gráfica. Estos desarrollos, aunque posteriores al siglo XVI, son el resultado de una larga trayectoria de experimentación y profesionalización del medio en Italia.
El cómic erótico y pornográfico cultivado por Guido Crepax, Milo Manara y Serpieri en los años 80, si bien es un desarrollo del siglo XX, demuestra la capacidad del fumetto para abordar temáticas adultas y complejas, una característica que también se encuentra en la novela gráfica contemporánea y que podría tener sus raíces en la audacia artística del Renacimiento italiano.

La rica historia de la narrativa visual en Italia, que culmina en el siglo XX con el desarrollo del fumetto y la novela gráfica, tiene sus raíces en siglos anteriores. El siglo XVI, un periodo de gran efervescencia artística y cultural en Italia, fue testigo de innovaciones en diversas formas de expresión visual. Aunque la documentación específica sobre "novelas gráficas" en el sentido moderno es escasa para este periodo, es posible rastrear influencias y precursores.
Las ilustraciones en libros, los grabados y las sátiras visuales de la época renacentista italiana podrían considerarse antecedentes de la narrativa gráfica. Artistas como Leonardo da Vinci, Miguel Ángel y Rafael, aunque no crearon cómics, exploraron la representación secuencial de imágenes y la combinación de texto e ilustración. La difusión de la imprenta en el siglo XVI también jugó un papel crucial en la diseminación de imágenes y narrativas visuales.
La consolidación de la historieta italiana se dio en el siglo XX, pero sus cimientos se construyeron sobre una larga tradición artística y cultural. El siglo XVI, con su énfasis en la anatomía humana, la perspectiva y la narración visual en el arte, proporcionó un terreno fértil para el desarrollo futuro del cómic.

La evolución del fumetto italiano, desde sus inicios con el Corriere dei Piccoli hasta las obras más maduras del siglo XX, refleja un proceso de adaptación y experimentación. Si bien el siglo XVI no se caracteriza por la existencia de novelas gráficas como las conocemos hoy, es innegable que la Italia de esa época sentó las bases para la rica tradición de narrativa visual que perdura hasta nuestros días.