Dentro de la ciencia ficción, el subgénero body swapping se ha convertido en una herramienta narrativa, utilizada en todos los distintos medios creativos por la simplicidad de su premisa: dos o más personas o entidades intercambian sus cuerpos por arte de magia, obra divina o tecnología.
Casi la totalidad de los trabajos que la emplean centran su argumento en qué es lo que ocurre tras dicho evento; no obstante, la arquitecta y artista de cómic española, Emma Ríos, quien ha trabajado con grandes estudios como Marvel e Image, decidió atacar en su novela gráfica I.D. este concepto desde una perspectiva más vigente: el por qué alguien decide o quiere cambiar de cuerpo.
I.D. es una obra cyberpunk: se desarrolla en un futuro en el que la humanidad está en plena era espacial y donde Fobos y Deimos, las lunas de Marte, se han convertido en centros mineros donde impera la esclavitud. Mientras tanto, la narrativa central ocurre en una parte terraformada de lo que se sugiere es el planeta rojo: ahora una colonia distópica en la que las manifestaciones en contra del gobierno y su actuar en los satélites, son sofocadas con extremo lujo de violencia y donde los actos de “terrorismo espacial” son festejados por los adeptos de la resistencia.
Aunque ése sólo es el contexto: I.D. se centra en el encuentro de tres sujetos voluntarios para someterse a un proceso experimental, desarrollado a partir de la “optogenética” y “genes de araña”, para trasplantar sus mentes a un nuevo cuerpo: Noa, una delgada joven de 17 años que anhela salir de su prisión corporal y tener el cuerpo de un hombre; Miguel, un psiquiatra y exconvicto obsesionado con los desórdenes de identidad; y Charlotte, una escritora que padece “aburrimiento”.
No es una novela gráfica de “acción”: no hay combates ni peleas, los personajes no buscan acabar con “la amenaza”; a través de las distintas conversaciones los protagonistas, unidos por la idea de que el trasplante de cuerpo es la solución a sus problemas, cuestionan y tratan de comprender los conceptos de identidad física, la bioética, aceptación propia, la forma en que los cambios físicos pueden afectar la psique, y las implicaciones legales que implican el ser alguien “distinto”.
Sólo posee un muy breve pasaje de acción, el cual no pretende ser un espectáculo vistoso del poderío de los protagonistas, sino que es un acontecimiento clave para consolidar sus motivaciones y personalidades.
Ríos se autodefine como amante de la divulgación científica y la ciencia ficción “dura”, y para forjar I.D. trabajó junto al neurólogo Miguel Alberte Woodward, para lograr que la ciencia detrás de la “optogenética” fuese una hipótesis factible: “teníamos claro que no queríamos que hubiese copia de cerebros, ni mapeo, ni nada que pueda quedar en un soporte de silicio. No quería usar nada que pudiera copiarse, porque la identidad es algo individual”.

Su apartado gráfico realizado en sombras rojizas, cuestión que además de darle una vibe nostálgica y de tranquilidad, resalta el concepto del cambio de cuerpo y lo torna introspectivo. Por ello, I.D. es una obra imperdible tanto para los amantes de la ciencia ficción como para quienes están interesados en el tema de la identidad de género y sexual.
La Novela Gráfica como Vehículo para la Divulgación Científica
En el año 2009, la Editorial LOM de Santiago de Chile presentó al público Informe Tunguska, una novela gráfica experimental. La caída de un aerolito en una zona aislada de Chile da inicio a un sistema de cambios que afectan la realidad. Se establece una «zona» de nefasta influencia que, a modo de una peste física, espiritual y moral, altera la Naturaleza, la conducta humana y los valores de la civilidad.
Informe Tunguska nos entrega un trabajo de gráfica, texto e imaginación en el que se indagan acontecimientos extraordinarios. Desde entonces, diferentes lecturas, comentarios y críticas han distinguido su peculiaridad. Situada en el sur de Chile, en una pequeña isla, en un futuro próximo, la obra interpela al lector que siente el aislamiento, la desolación y la violencia a la que son sometidos los cuerpos tanto a partir de las ilustraciones y la selección del color como del texto.
Desde un punto de vista irónico del rol de las instituciones gubernamentales, la propaganda política y los medios de comunicación, los ritos, la iconografía religiosa y la intervención de la sociedad civil en complicidad con las fuerzas armadas, la obra plantea todo un entramado de silencios y opacidades que son leídos entre líneas tanto por la construcción discursiva, la elección del tema y la configuración de la alteridad. El “otro” absoluto -ahora con forma de ¿extraterrestre?
Al realizar los primeros asedios a la obra, es indesmentible que se está frente a un objeto artístico novedoso, que surge de y se proyecta desde la situación actual del arte contemporáneo. Existe una serie de elementos que la descentran respecto de la producción literaria más ortodoxa. Informe Tunguska es un producto con características de lo se reconoce como “novela gráfica” o podríamos asumirlo acaso como una novela con características de comic experimental; en resumen, es una cruza entre dos fuentes de acción artística: las artes visuales y la literatura confeccionando una particular escritura: una inscripción de palabras e imagen que dicen un texto en un nuevo contexto de elaboración.
La gracia de trabajar con productos de “interzonas” es la ambigüedad, la hibridez: es cierto, no es este o ese tipo de libro, no es gráfica tradicional, se trata de experimentar campos, nuevos modelos y posibilidades; lo fundamental es el uso de nuevos dispositivos que tienen su propia forma de hacer. Es por esto que Informe Tunguska fue también una instalación. En donde las esculturas cerámicas de la artista Bárbara Bravo tuvieron un lugar primigenio: sus ídolos, fragmentos de flora, fauna y meteoritos, brindaron volumen a la fantasía.

El diseño visual de Informe Tunguska es extraordinariamente heterogéneo. Algunos paneles contienen dibujos toscos con gruesas líneas negras, amplias franjas de un solo color, una perspectiva aplanada y un efecto deliberadamente bidimensional. Otros paneles adquieren la complejidad de los detalles y las sombras sutiles del fotorrealismo, con algunos marcos que utilizan fotografías de formas vegetales o rocas para proporcionar texturas de fondo o representar cielos tormentosos. Los tintes rojos dan un tono apocalíptico a estos fondos o resaltan la carne humana dolorosamente expuesta.
Hay un grado inusual de separación entre el texto y la imagen. Los globos de diálogo se eliminan por completo y muchos paneles no contienen texto, mientras que algunas páginas se dedican por completo a los informes escritos; los pies de foto que existen suelen ser citas de otros textos, de Borges, Kafka o los escritores del Antiguo Testamento, entre otros. Este modo de construcción intertextual se anuncia en el propio texto, ya que uno de los personajes refleja que ‘es como si viviésemos en una fantasía real, habitantes de un mundo construido a partir de una mezcla de historias’.
En una inversión del proceso creativo habitual en la ficción gráfica, el guión de Figueroa no sirvió de base para las ilustraciones de Romo; en cambio, los textos se inspiraron en las imágenes de Romo y se tejieron a su alrededor. La relación más laxa entre texto e imagen permite una mayor polisemia y le da al Informe Tunguska la calidad miscelánea y desorganizada de un archivo.
Ciencia Ficción "Dura" y Cómics sobre Científicos
¿Existe algo llamado «cómic sobre científicos»? ¿Puede la divulgación científica utilizar el cómic y sus elementos narrativos como soporte para una nueva clase de héroes? Pues, creedlo o no, parece que así es. No debería extrañarnos ante fenómenos como el de Joe Sacco, que ha inventado el «cómic reportaje». Feynman, de Jim Ottaviani y Leland Myrick es una brillante muestra de ello. Pero también el reciente Cosmicomic de Amedeo Balbi y Rossano Piccioni.
Richard Feynman (1918-1988) es una figura de gran relevancia en Estados Unidos, donde compite con el mismísimo Albert Einstein por el título de «El Hombre Más Listo del Mundo». Para ser justos, debe buena parte de su fama «popular» a su destacado papel en la comisión Rogers, encargada de dilucidar las causas del desastre del «Challenger»: de entonces proviene buena parte de su fama de iconoclasta. En todo caso, su gran mérito científico es su aporte a la definición de la Electrodrinámica Cuántica (EDC, «la teoría que lo explica todo, excepto la radiactividad y la gravedad»), por la que recibió el Premio Nobel en 1965. Pero no solo eso: también estuvo muy interesado en la divulgación científica y en particular, en la explicación de la EDC, tan difícil de entender para los no científicos.
Pues bien: todo esto y mucho más aparece magníficamente reflejado en la obra de Ottaviani y Myrick, que hace un repaso vibrante, intenso y apasionado por la vida del científico. Quizá lo único que echo de menos es algo más de profundidad a la hora de explicar el legado científico de Feynman, que se concentra en la parte final de la obra con una explicación (bastante buena, eso sí) de la EDC. Pero desde luego, esto no empaña la magnífica obra ante la que estamos y que recomiendo encarecidamente, tanto a los amantes del cómic como a los interesados por la ciencia.

Me ha sorprendido que buena parte de los ejemplos que he encontrado se deben a la labor del guionista de «Feynman», Jim Ottaviani, quien encabeza G.T. Labs, una pequeña editorial cuyo lema es «¿Cómics sobre científicos?». Ottaviani es físico nuclear, aunque abandonó la carrera científica para convertirse en bibliotecario a tiempo completo y guionista de éxito razonable.
Lo que más nos gusta del cómic y novela gráfica es la gran variedad de temas y formatos, que los hacen atractivos a cualquier lector que se deje sorprender. Hace tiempo que no son un territorio exclusivo de niños. Para ayudaros en vuestros regalos navideños, hemos seleccionado los más interesantes de los últimos meses. Sus propuestas son originales y únicas.
¡UNIVERSO! de Ana y Laia, amigas con personalidades opuestas, es un ejemplo. Luca Pozzi y Elisa Macellari revelan en cómic los conceptos clave del célebre físico teórico Carlo Rovelli.
Para nutrir a iniciados cuando ya no hace falta seducir porque ya ha habido al menos un incipiente flechazo, a los más jóvenes les puede gustar Cómo explicar genética con un dragón mutante o Cómo explicar física cuántica con un gato zombie, editado por el colectivo de científicos y divulgadores Big Van Ciencia. Y para quienes aún recuerdan las restas con llevadas, nada mejor que el bellísimamente ilustrado Y me llevo una: “Recuerdas cómo se hacía una división? Tal vez, aunque puede que haga mucho que no la hagas a mano. ¿Y una raíz cuadrada?
Inventor -innovador diseño- y Mujeres de ciencia -magníficas ilustraciones-. Todos recurren a una fórmula que suele funcionar: textos breves pero ricos, con contexto histórico y personal que arropa la ciencia contando lo que, por lo general, en las clases se soslaya.
Son libros de coger y soltar, para cuando se tenga un ratito. Así da tiempo de pensar entre medias. Lo mismo ocurre con La cuchara menguante (edición juvenil), lleno de curiosidades sobre la tabla periódica, y No tenemos ni idea, que no es específicamente juvenil, pero el tono es divertido y resalta una idea importante para jóvenes: queda mucho y muy emocionante por hacer.
En la novela gráfica Los diálogos: conversaciones sobre la naturaleza del universo los protagonistas demuestran que se puede hablar tranquilamente sobre ciencia de vanguardia sin ser freak, y ya solo por eso -pero no solo por eso- es recomendable. Y, por supuesto, está el clásico Brevísima historia del tiempo, una versión más ligera del éxito de ventas ochentero Breve historia del tiempo.

Para conectar… con ellos recordando la adolescencia propia, cada adulto tiene sus clásicos de cabecera -muchos con sus correspondientes películas-. En ciencia ficción está Flores para Algernon (segunda mano), cuyo tema sigue vivo en los debates éticos actuales sobre edición genética; los cuentos de Yo Robot, para pensar sobre la convivencia con máquinas; o la mezcla de rigor, fantasía e inquietante suspense de Cita con Rama. También ha inspirado a muchos Crichton, con Parque Jurásico y el tecnothriller Presa sobre nanotecnología. En el ámbito de la novela prehistórica destacan La Guerra del fuego -el libro que fascinó a Juan Luis Arsuaga- y, más reciente, El clan del oso cavernario -ojo, son obras de ficción que pueden estar desfasadas, pero cotejar lo que cuentan con lo que se sabe hoy puede ser un aliciente-.
Dentro de la no ficción, y probablemente para la segunda etapa de la adolescencia, es unánime el reinado de Cosmos y de dos obras que conviene leer o releer con perspectiva de género: la pionera El mono desnudo y la divertida ¿Está usted de broma, Sr. Feynman?, en la que se mezclan la historia de la física con la historia universal sin más. Lectores y relectores podrán hablar de cómo y cuánto han cambiado las cosas.
| Título | Autor(es) | Temática Principal |
|---|---|---|
| I.D. | Emma Ríos | Ciencia ficción, cyberpunk, identidad, optogenética |
| Informe Tunguska | Figueroa y Romo | Novela gráfica experimental, ciencia ficción, realismo mágico |
| Feynman | Jim Ottaviani y Leland Myrick | Biografía científica, física cuántica, divulgación |
| ¡UNIVERSO! | Luca Pozzi y Elisa Macellari | Física teórica, divulgación científica |
| Cómo explicar genética con un dragón mutante | Big Van Ciencia | Genética, divulgación científica |
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