El estudio de las lenguas extranjeras abre puertas a nuevas culturas y formas de pensar. En este sentido, la lengua japonesa, con su rica historia y estructura particular, representa un fascinante campo de investigación. Este análisis se adentra en la complejidad del japonés, explorando sus fonemas, su gramática y sus particularidades, con el objetivo de facilitar su comprensión.
La lengua japonesa posee características fonéticas distintivas. Las vocales "a" y "e" son similares a sus contrapartes españolas, mientras que la "i" es más cerrada y la "u" se pronuncia con los labios menos tensos. La "o" puede ser corta o larga, y en este último caso, se alarga el sonido como si fuera una vocal doble. La transcripción de la escritura japonesa, conocida como "Romaji", se popularizó a finales del siglo XIX, facilitando el acceso a la lengua.
La pronunciación de las consonantes japonesas también presenta matices. El sonido "shi" es un ejemplo de ello. Existen peculiaridades en la pronunciación de ciertas sílabas, como la "wa", que se asemeja más a una "u" relajada seguida de "a". Los sonidos "ge" y "gi" del español no existen en japonés. La "r" japonesa es relajada y su articulación es dental. Además, la sonorización de consonantes es un fenómeno frecuente, donde la consonante de la segunda palabra se sonoriza, pudiendo producirse oclusivización en las labiales.
La estructura silábica del japonés es simple: una vocal o una consonante seguida de una vocal. Las consonantes dobles no existen al inicio de palabra, y ninguna palabra lleva dos consonantes distintas seguidas. Las vocales pueden aparecer solas, pero las consonantes siempre van seguidas de una vocal, excepto la "n", que puede aparecer al final de sílaba. La asimilación de sonidos es común, especialmente en palabras de origen chino, donde la primera sílaba puede perder su vocal o producirse asimilación recíproca.

En cuanto a la gramática, el japonés se caracteriza por la ausencia de artículos. La conjugación verbal es regular y se basa en la adición de sufijos. Los casos del nombre se obtienen mediante partículas pospuestas, siendo "wa" y "ga" dos partículas del nominativo cuya diferencia es compleja y a menudo se deduce del contexto. Los pronombres personales y posesivos siguen una estructura particular, y los adjetivos, a excepción del demostrativo, no varían en número.
El sistema de escritura japonés es una combinación de logogramas (kanji) y silabarios (hiragana y katakana). Los kanji, de origen chino, representan la parte léxica de las palabras, mientras que el hiragana y el katakana, silabogramas, se utilizan para la parte morfemica y para palabras de origen extranjero, respectivamente. La escritura japonesa se lee actualmente de izquierda a derecha y de arriba abajo, aunque antiguamente se escribía de derecha a izquierda.

El sustantivo en japonés puede ser singular o plural, y la pluralidad se indica a menudo mediante sufijos o repetición. La formación de nombres abstractos se realiza mediante las palabras "koto" y "mono". Los numerales siguen un sistema complejo con sufijos específicos para contar diferentes tipos de objetos. Las fechas, los meses y los días del mes tienen formas particulares de expresión.
Las oraciones interrogativas se forman añadiendo partículas interrogativas al final de la oración. Existen diversas clases de oraciones, como las de relativo, comparativas, superlativas, causales, concesivas y condicionales. Los verbos auxiliares desempeñan un papel crucial en la formación de tiempos verbales, modos y aspectos. Los verbos causativos y las perífrasis verbales añaden capas de significado y complejidad a la expresión verbal.

El estudio de la lengua japonesa revela una estructura lógica y coherente, a pesar de sus particularidades. La comprensión de su fonética, gramática y sistema de escritura es fundamental para cualquier persona interesada en la comunicación y la cultura japonesa.