Naftalina, obra ganadora del XIII Premio Fnac-Salamandra Graphic, se erige como una profunda y emotiva reflexión sobre la familia, la identidad, la renuncia y el sacrificio. Esta extraordinaria saga familiar teje un relato que transita entre la Italia de principios del siglo XX y la Argentina de comienzos del XXI, explorando las complejas dinámicas que definen nuestras vidas.
La historia se sitúa en el año 2001, un periodo marcado por una severa crisis económica en Argentina. Rocío, una joven de diecinueve años, se enfrenta a la pérdida de su abuela Vilma. Tras el entierro, se muda a la casa que esta le ha legado, un espacio impregnado de ausencia que la impulsa a repasar la vida de Vilma. En este proceso, Rocío descubre que la crónica de su familia está teñida de tragedia, una carga que parece repetirse a través de las generaciones.
Rocío se encuentra en una encrucijada vital, sin saber qué rumbo tomar. Es consciente de que el camino que sus padres le proponen no la satisface. Al adentrarse en las razones que llevaron a su abuela a convertirse en una mujer aislada y resentida, su mayor temor es que la historia familiar se repita en su propia vida. Este temor se convierte en el motor de su búsqueda de identidad y de un futuro propio.

La novela gráfica traza un recorrido por la historia reciente de Argentina, desde principios del siglo XX hasta la crisis económica del 2001, momento en que se desarrolla la trama de Rocío. A través de las vivencias de los personajes y los recuerdos de la historia familiar, somos testigos de los profundos cambios que ha experimentado el país sudamericano en cien años. Sin embargo, al igual que en otras partes del mundo, persisten problemas como el machismo y la homofobia, cuestiones que la obra aborda con agudeza.
Naftalina no solo refleja la realidad de una familia particular, sino que extiende su resonancia a la de todo un país. Si bien Rocío y su abuela Vilma son las protagonistas principales, la autora, Sole Otero, introduce un elenco de personajes secundarios que enriquecen la narrativa, permitiendo reflejar diferentes facetas de la sociedad actual y pasada. Esta multiplicidad de voces dota a la obra de una mayor profundidad y complejidad.
Las historias de Rocío y Vilma se entrelazan de manera fluida, facilitando la identificación del lector con cada relato. La autora utiliza el cambio de color en las páginas para señalar la transición entre las narrativas, estableciendo un paralelismo entre las emociones y los desafíos que enfrentan ambas mujeres. Ambas comparten un anhelo profundo: ser dueñas de su propio futuro y rebelarse contra los roles impuestos por la época y sus familias. Esta aspiración las lleva a un conflicto generacional con sus padres.
La obra expone cómo Vilma y su familia llegaron a Argentina huyendo del fascismo, tras la persecución del padre de Vilma por luchar por mejores condiciones laborales. Durante su crecimiento, Vilma se ve obligada por sus padres a asumir el rol de madre y ama de casa, a pesar de su deseo de ser maestra. El dinero destinado a su educación se desvía hacia su hermano menor, forzándola a renunciar a sus estudios para contribuir económicamente al hogar. Su primera relación sentimental culmina en violación y embarazo, y la única "solución" propuesta es un matrimonio concertado con un hombre que acepte al niño, a pesar de la ausencia de amor y la condena a un futuro de infelicidad.
Vilma acepta estas imposiciones, profundamente marcada por el concepto de culpa y abnegación arraigado en las sociedades católicas. Las decisiones que no pudo tomar a lo largo de su vida la transforman en una mujer amargada e infeliz, cuya toxicidad afecta a quienes la rodean, llevándolos a romper todo contacto.

A diferencia de obras anteriores de Sole Otero como *Poncho Fue* e *Intensa*, que se centraban en relaciones de pareja, Naftalina opta por explorar las relaciones familiares. A pesar de tratarse de vínculos diferentes, las dinámicas y los roles que se generan son sorprendentemente similares, permitiendo observar la construcción, evolución y destrucción de los lazos afectivos.
En Naftalina, Sole Otero demuestra una vez más su habilidad para no acomodarse, buscando constantemente un estilo que se ajuste a las necesidades de cada obra. En esta ocasión, la autora opta por un entintado más limpio y colores planos que funcionan de manera excepcional. El uso del color es magistral, trascendiendo su función meramente descriptiva para potenciar las emociones de los personajes y para indicar qué hilo narrativo se está desarrollando. La narrativa de la obra es un compendio de las herramientas que ofrece el medio del cómic, con recursos gráficos brillantes. Dada la extensión de la obra, cada escena tiene el espacio necesario para desarrollarse con su propio ritmo.
La edición de Salamandra Graphic destaca por su alta calidad, con un diseño y una maquetación cuidados. Desde que esta editorial asumió la publicación de obras anteriormente editadas por De Ponent, ha presentado consistentemente títulos de gran valor, además de ser coorganizadora del Premio Internacional de Novela Gráfica Fnac-Salamandra Graphic.
Naftalina es una historia que aborda las relaciones familiares y el pasado y presente de Argentina y su gente. Confirma, si es que aún hacía falta, el estatus de Sole Otero como una autora de primer nivel. El pasado y presente de Rocío y su abuela Vilma se entrelazan con la historia de Argentina en una obra que evoca una multitud de sentimientos.
Sole Otero 💬 Entrevista | Underbrain en #Twitch
Sole Otero nació en Buenos Aires en 1985. Su carrera se orientó a la ilustración hasta que, en 2015, se editó en España su libro *La pelusa de los días*. Desde entonces ha publicado las novelas gráficas *Poncho Fue* e *Intensa*, el libro de humor gráfico *Siempre la misma historia* y las historietas cortas *La de las botas rojas* y *Pangea*. Además, su trabajo apareció en las antologías *Distinta*, *Destrucción* y *Pibas*. Formó parte de los colectivos "Historietas reales" y "Chicks on Comics". Ha sido invitada a diversos festivales de ilustración e historieta en Chile, Perú, Brasil, Colombia, Bolivia, España y Finlandia, y ha participado en exposiciones colectivas en Argentina, Francia, Brasil, Colombia y Alemania. Fue residente de la Maison des Auteurs en Angulema y en la Casa Tres Patios en Medellín. Ha impartido clases de ilustración, ilustración digital, historieta y tira diaria, y en la actualidad imparte seminarios de narrativa cromática en la plataforma online Domestika.
La autora reflexiona sobre la culpa, una temática que la fascina: "Me interesa muchísimo la dinámica de la culpa, y cómo culpa y responsabilidad tienen un límite muy difuso". Considera que muchos conflictos humanos se relacionan con este límite, lo que la lleva a reflexionar constantemente sobre el tema.
Otero subraya la importancia de conservar viva la historia y la memoria: "Por supuesto que sí, en una época en la que el fenómeno de borrar la memoria, reescribir las noticias, y manejar la información para cambiar la percepción de la realidad de manera tan arbitraria se ha vuelto tan común, creo que la clave para mejorar el mundo está en aprender del error, revisar los hechos y no olvidarlos, al igual que recordar quién los escribió y por qué."
Sobre la posibilidad de tomar decisiones libres, Otero afirma: "Yo creo que implica un trabajo de consciencia muy grande, un verdadero esfuerzo, pero me parece perfectamente posible."
En cuanto al cambio gráfico en Naftalina, la autora explica: "Básicamente a que me encontraba de viaje, y el papel resulta muy pesado. En paralelo descubrí el iPad, gracias a una sugerencia de mi hermano, y me gustó cómo quedaba el traslado de la estética que estaba trabajando con los marcadores al pasarla al digital. En general busco que el material acompañe lo mejor posible a la historia, pero también me gusta poder cambiar de técnica para no aburrirme."
Sobre el futuro, Sole Otero adelanta: "Estoy trabajando en un par de libros cortos, uno de ellos para niños, y empezando una novela gráfica nueva. Esta vez volviendo a la comedia y metiéndome un poco en el género de terror. Quiero nuevamente explorar géneros y salirme de lo realista, aunque no se si alguna vez podré abandonar lo costumbrista del todo."
