Bajo los árboles, donde nadie te ve: Un thriller "cuquitruculento" de Patrick Horvath

Imaginemos el clásico pueblo de cuento infantil: un lugar de ensueño, aislado de todo problema, donde reinan la inocencia y los animales antropomórficos siempre sonrientes. Bien. Ahora, metamos a una asesina en serie en la ecuación.

Escrita y dibujada por Patrick Horvath, Bajo los árboles, donde nadie te ve se empezó a publicar originalmente en octubre de 2023 para el mercado norteamericano por parte de IDW Publishing. A grandes rasgos, esta historia es lo que pasaría si Hannibal Lecter se colara en Winnie the Pooh.

Ilustración de un pueblo de cuento con animales antropomórficos

Entre sus páginas conoceremos a Samantha, la dueña de una de las tiendas más emblemáticas de su pueblo. Con el paso de las décadas, se ha convertido en una de las personas más queridas de un lugar en el que solo se respira tranquilidad. Samantha es una osa jovial y de gustos sencillos, menos por una excepción: una vez cada cierto tiempo, le gusta conducir a la ciudad y asesinar brutalmente a una víctima escogida al azar. Eso sí, Sam tiene dos reglas que deben respetarse siempre: una, que todo debe quedar limpito y ordenado; dos, que las consecuencias de tan particular afición nunca deben salpicar al pueblo de ensueño al que ha llegado a considerar un hogar. Por desgracia, un truculento vuelco de los acontecimientos está a punto de romper la segunda regla… y la primera, de manera irremediable.

Samantha Strong, adorable osa parda, ciudadana ejemplar y asesina en serie del pueblo de ensueño Woodbrook solo tiene una norma: “no asesines a tus vecinos”. Al fin y al cabo, hay un montón de posibles víctimas en la ciudad al otro lado del bosque, y cuando te has esforzado tanto como Sam por conseguir una vida acogedora y un negocio próspero, rodeada de amables vecinos animales y del aroma de los cedros y las tartas de manzana, lo último que te interesa es perturbar la paz.

Primer plano de Samantha, la osa protagonista, con una sonrisa amable

Lo mejor de esta obra es que, sobre esta base, Horvath construye uno de los thrillers más cuquitruculentos que nos haya regalado el cómic independiente norteamericano en los últimos años. Una lectura deliciosa mente ácida que te atrapará mejor que la propia Samantha. Su mezcla constante de tonos de alto contraste deriva en un lienzo tan atractivo como desconcertante.

En la web oficial de la obra, la propia Astiberri incluye una cita de Tony Fleecs, el creador de la laureada Stray Dogs, estandarte de los “thrillers cuquitruculentos” en forma de cómic a los que hacemos mención no solo por el chiste, sino también porque se están convirtiendo en una suerte de tendencia dentro de la industria. El mismo Fleecs cuenta también con Feral, una obra de corte muy similar, en su bibliografía. Hace poco, además, llegaba a España Rebelión animal, del mismísimo Tom King.

Sin embargo, lo que distingue a Bajo los árboles de las demás (aparte de los animales antropomórficos) es un marcado toque satírico, la presencia de cierto toque de humor recurrente en torno a su truculencia, de un modo similar a lo que ofrecen clásicos como la película de American Psycho. En su acidez se esconden críticas afiladas tanto a nuestra sociedad como a la persona que se sumerge en su lectura, a quien se le guiña el ojo entre insultos sin saber muy bien hasta qué punto la risa se produce junto a ella o hacia ella.

Dicha sátira se fundamenta en gran medida en el apartado visual, con un dibujo de estilo muy cuqui y tonos pastelosos, como directamente arrancado del corazón de la Disney primigenia. Patrick Horvath logra en Bajo los árboles donde nadie te ve algo tan desconcertante como eficaz: que un relato sobre una asesina en serie resulte visualmente entrañable. Con su trazo redondeado y sus personajes de aspecto infantil, el autor disfraza de fábula luminosa una historia sobre la psicopatía pura.

Comparativa visual entre el estilo de dibujo de

El contraste entre los dibujos de "animalitos" y la trama de asesinos en serie provocan un impacto inmediato en el lector. El cerebro tarda en procesar que los animalitos antropomórficos de colores pastel se matan y descuartizan. Aquí no hay grises. Sam, pese a ser la protagonista, también es malvada a su manera. No es un capítulo de Dexter, aunque algunos de los temas del cómic recuerden a esta serie.

Sam asesina a gente aleatoria, los descuartiza limpiamente y los entierra por partes en el bosque, metiendo las partes en latas de pintura antes de enterrarlas. Quizá por eso encontrar un cadáver en su pueblo la descoloca tanto y podemos entender mejor al personaje. Así iremos siguiendo en cada cómic, más o menos, un asesinato distinto donde Sam va utilizando su instinto como asesino para ir creando el perfil del culpable y va "persiguiendo" a varios posibles culpables; a algunos los descarta en seguida, a otros los tiene que matar para descartarlos. Resulta irónico que, evidentemente, Sam termine convirtiéndose en sospechosa de los asesinatos que no ha cometido, mientras nadie sospecha de ella por los que sí.

También resulta sorprendente que Sam, una asesina sin moral ni ética ninguna, consiga que nos pongamos "de su lado". Es protagonista del cómic pese a que no es "buena", sin embargo, también te hace entender que no mata por "maldad" sino por una pulsión que va más allá de ella, que no puede controlar.

Me gusta también que, aunque sea un cómic de asesinatos sangrientos, el uso de animalitos y colores pastel consigue "rebajar" el impacto de las escenas más grotescas, y ponernos más en los ojos de Sam, que no ve nada raro al trabajar con una cabeza cortada o un cuerpo descuartizado.

Bajo los árboles, donde nadie te ve es el debut del guionista y cineasta Patrick Horvath, nominado al premio Eisner 2024 a Mejor serie nueva. Horvath ha demostrado con esta obra una habilidad admirable para acoplar las escenas más macabras con una estética propia de las fábulas infantiles. El guion, dotado de ironía y sentido del humor, permite profundizar en la esencia de la condición humana a través de sus diferentes capas. Mientras tanto, el dibujo reconforta y se siente como una manta en pleno invierno. En una época en que los cozy crimes están copando las librerías, este es el tipo de cómic que apetece leer junto a la chimenea.

¿Los MUERTOS la PERSIGUEN? ¡El MEJOR CÓMIC de TERROR! // Bajo los Árboles, Donde Nadie te Ve #1-5

La protagonista, Sam, es una asesina en serie que, bajo la apariencia de una respetable habitante del bosque, lleva una doble vida criminal. No mata por placer ni por venganza, ni siquiera por impulso. Matar es para ella un modo de acallar las voces de su interior, de recuperar el control y alcanzar una suerte de calma. En ningún momento expresa alegría ni satisfacción, solo la frialdad de quien realiza un acto rutinario.

Uno de los aspectos más fascinantes del cómic es la manera en que Horvath logra transmitir ese vacío. En el funeral de una de sus víctimas, Sam contempla el dolor de los demás con una especie de curiosidad científica, como quien observa un fenómeno que no logra comprender. La ilustración, con sus trazos dulces y casi infantiles, refuerza esa sensación de distancia: la cara de póker de la osita protagonista -que en otro contexto podría parecer tierna- se convierte aquí en el rostro de la imperturbabilidad absoluta.

Lo inquietante no es, por tanto, que Sam se oculte tras un rostro amable, sino que el mundo entero esté hecho de esa misma materia blanda y colorida. La maldad no destaca: se integra. El bosque no es una comunidad moralmente enferma, sino un escenario donde la monstruosidad puede florecer sin que nadie la detecte.

Las comparaciones con Dexter son inevitables. Ambos personajes matan en secreto y llevan una vida aparentemente normal. Sin embargo, la diferencia entre ellos es esencial. Dexter, pese a su monstruosidad, posee un código moral: mata solo a criminales, actúa como juez en su propio sistema de justicia. Sam, en cambio, carece de brújula ética alguna. Sus víctimas son elegidas al azar, precisamente para que nadie pueda establecer un patrón y descubrirla. En esa ausencia de propósito radica su terror.

Curiosamente, Sam sí sigue una norma: no debe matar a nadie de su comunidad. Pero no lo hace por afecto ni lealtad, sino por pura estrategia. Romper esa regla implicaría arriesgar su secreto, y de hecho, su ruptura es el motor de toda la historia. La relación entre Sam y el otro asesino del cómic sirve como espejo deformante de su propia naturaleza. Él no mata por necesidad interior, sino por imitación. Desea ser como ella, captar su atención, demostrar que son almas gemelas. Pero a diferencia de Sam, se siente marginado y busca reconocimiento. Si Sam oculta sus crímenes con meticulosidad, él los exhibe con teatralidad, dejando sus víctimas a la vista de todos. Sus asesinatos son una obra de vanidad: no quiere matar, quiere ser visto.

El contraste entre ambos culmina en una de las escenas más brutales del libro. Tras descubrir que ha sido rechazado por Sam, el imitador asesina dentro de la comunidad -rompiendo así la regla que ella considera sagrada-, y Sam responde eliminándolo. Pero no lo hace por venganza: lo mata para restablecer el orden, como quien elimina un error en el sistema. La secuencia en la que lo asesina es sobrecogedora. Primero lo paraliza con una droga que le impide moverse pero no perder la consciencia. Luego le confiesa que ha matado a su madre por su culpa. Él llora, incapaz de defenderse, y finalmente recibe el disparo.

En última instancia, Bajo los árboles donde nadie te ve es una fábula sin moraleja. Una historia que usa el lenguaje visual de la inocencia para hablar del vacío moral más absoluto. Cartoné. 152 páginas. Astiberri.

A finales de 2023 comenzó a aparecer en los USA una serie donde todo parecía surgir de la nada y terminaría colándose en montones de las tradicionales listas de lo mejor del año. Un tal Patrick Horvath, cuyo nombre no le sonaba a nadie en una editorial en horas bajas como IDW, ponía en el punto de mira una serie de animalitos antropomórficos parlantes.

La historia nos lleva a Woodbrook, un pueblo idílico que, a primera vista, parece sacado de un cuento infantil con habitantes animales antropomórficos que se saludan cordialmente y viven en armonía entre flores, tartas caseras y ferias de barrio. La protagonista, Samantha Strong, es una osa parda entrañable, la perfecta vecina sonriente que regenta la ferretería local, querida por todos y conocida por su amabilidad y participación en la comunidad. Pero ojo, que en este pueblo perfecto hay un código: Sam tiene una regla estricta - nunca matar a los habitantes de Woodbrook. Siempre sale al bosque o a la ciudad para perpetrar sus crímenes, “limpia”, ordenada y sin afectar la tranquilidad de su hogar. Todo empieza a desmoronarse cuando otro asesino aparece y empieza a dejar cadáveres en el pueblo.

El uso del recurso de los animalitos parlantes permite plantarnos en muy poco espacio y con muy poco texto lo idílico de la sociedad de Woodbrook para poder, sin perder tiempo, pasar muy rápidamente a Sam, establecer una cercanía entre ella y el lector y establecerla como psicópata integrada en este sistema. ¿Qué mejor manera que llenar un pueblo de peluches? El dibujo de personajes redondeados, línea tenue y acuarelas lánguidas, con reminiscencias al trabajo, por ejemplo, de Ernest Shepard en El viento en los sauces y otras fábulas ilustradas infantiles, nos sitúa de partida en el escenario perfecto. No hace falta explicar nada, ya que se trata de un estilo que forma parte del imaginario colectivo y con solo una imagen sabemos en qué lugar, tono y estado de ánimo nos quiere ubicar Horvath.

Bajo los árboles, donde nadie te ve es para ti si te gusta El viento en los sauces pero odias a tu niño interior.

Portada del cómic

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