En enero de 2015, el mundo del periodismo y el humor gráfico se vio sacudido por el trágico atentado contra la redacción de la revista satírica francesa Charlie Hebdo. Este evento, que se cobró la vida de doce personas, marcó profundamente a los supervivientes, entre ellos al dibujante Renald Luzier, conocido profesionalmente como Luz. Once años después de aquel fatídico día, Luz presenta "Dos mujeres desnudas", una novela gráfica que, si bien no aborda directamente la tragedia, se erige como un poderoso testimonio sobre la resiliencia del arte y la importancia de la memoria frente a los totalitarismos.
La obra ha sido aclamada por la crítica y ha recibido numerosos galardones, incluyendo el prestigioso Premio Fauve D’Or al mejor álbum en el Festival Internacional de Angoulême, el Grand Prix de la Critique ABCD al mejor cómic del año, el Prix Wolinski a Mejor cómic del año y el Grand Prix de la BD al Mejor cómic del año. Estos reconocimientos subrayan la singularidad y la profundidad de una historia contada desde una perspectiva inusual: la del propio cuadro "Dos mujeres desnudas", pintado en 1919 por el joven artista expresionista Otto Müller en un bosque a las afueras de Berlín.

Luz, quien se salvó de la masacre de Charlie Hebdo por llegar tarde a la redacción, confiesa que tras el atentado sintió la necesidad de crear una obra "importante", alejada de la comedia, que le permitiera compartir sus "angustias y ansiedad ante el auge de la extrema derecha". "Necesitaba distancia, necesitaba perspectiva", explica el autor, quien encontró en el arte expresionista alemán del período de entreguerras un camino para explorar estas inquietudes. La relación entre el dibujo de prensa y el trabajo de artistas como George Grosz, Otto Dix o Ernst Ludwig Kirchner le fascinó, viendo en ellos "actores y dibujantes" que reflejaban la convulsa realidad de su tiempo.
El cuadro como narrador de un siglo convulso
La novela gráfica "Dos mujeres desnudas" se desarrolla a partir de la obra de Otto Müller, convirtiendo al cuadro en un protagonista indiscutible y una "ventana indiscreta" a la historia del siglo XX. Desde su inmovilidad, el lienzo nos transporta a través de un recorrido inesperado y original por el turbulento período de entreguerras y más allá.
La investigación de Luz lo llevó hasta el Museo Ludwig de Colonia, donde pudo contemplar el cuadro y descubrir un capítulo escalofriante de la historia: la exposición "Arte degenerado" organizada por los nazis en Múnich en 1937. En este evento, el régimen mostraba obras consideradas contrarias a su ideología, en una "exposición del odio". Fue allí donde Luz encontró el cuadro de Otto Müller, inclinado y expuesto a baja altura, lo que le llevó a preguntarse si los niños también habrían presenciado aquella muestra.

Esta revelación marcó un punto de inflexión en la concepción de la obra. Luz decidió que no sería un mero libro de historia, sino una historia donde la ficción pudiera entrelazarse con la realidad, permitiéndole así "hablar de uno mismo". La idea de narrar desde el punto de vista del cuadro le resultó la más evidente, ofreciendo una perspectiva única y liberadora.
La expresividad del color y la inocencia del trazo
En "Dos mujeres desnudas", Luz se aleja de su estilo caricaturesco habitual para adoptar un trazo más expresionista, especialmente en el uso del color. Inicialmente, concibió el libro en blanco y negro, pero pronto se dio cuenta de que la perspectiva del cuadro requería una "pátina", un "barniz" que solo el color podía proporcionar. La pregunta "¿Cuál es el color de lo que no vemos? ¿Cuál es el color de la nada?" lo llevó a incorporar el blanco como símbolo de la ausencia y el lienzo del cómic.
La revelación final llegó al observar a su hijo dibujar con lápices de colores. Esta herramienta, la primera que utiliza un niño para expresarse, le inspiró a utilizar el lápiz de color para representar los cuadros como "seres" con la inocencia de esos tonos, zarandeados entre el "placer de unos y el odio de los otros". Este enfoque confiere a los cuadros una cualidad casi humana, dotándolos de familiaridad y expresividad.
El último Expresionista. Otto Mueller
El arte como acto de resistencia y memoria
La novela gráfica de Luz es un homenaje al poder del arte frente a los totalitarismos y una advertencia ante el resurgimiento de ideologías autoritarias. El cuadro "Dos mujeres desnudas", a pesar de haber sido incluido en la exposición de "Arte degenerado" y haber sufrido el expolio nazi, logra sobrevivir, convirtiéndose en un testigo mudo de un mundo en constante cambio.
Luz subraya la importancia de los museos como creadores de memoria colectiva y aborda el concepto del expolio de la memoria. "Sabemos que todas las personas que han sido víctimas de la Shoah desaparecieron y que nos corresponde a nosotros, a los artistas, hacer perdurar su memoria", afirma. "Dos mujeres desnudas" es, en este sentido, un libro sobre la supervivencia y la importancia de mantener vivo el legado artístico y cultural.
La obra también reflexiona sobre la pasividad ante el auge de la extrema derecha y la necesidad de rebelarse. La pregunta "¿Cuál es el color de la nada?" resuena como una invitación a la reflexión sobre nuestra propia reacción ante los acontecimientos históricos y políticos.
Un legado de valentía y arte
Renald Luzier, conocido por su valiente portada de Charlie Hebdo tras los atentados, demuestra una vez más su compromiso con la libertad de expresión y la memoria histórica. "Dos mujeres desnudas" no es solo una novela gráfica premiada, sino una obra radical que impacta y conmueve, recordándonos que el arte, en su forma más pura y desafiante, es un arma poderosa contra la opresión y un faro de esperanza en tiempos oscuros.
| Premio | Categoría | Festival/Publicación |
|---|---|---|
| Fauve D’Or | Mejor álbum | Festival Internacional de Angoulême |
| Grand Prix de la Critique ABCD | Mejor cómic del año | ABCD |
| Prix Wolinski | Mejor cómic del año | Le Point |
| Grand Prix de la BD | Mejor cómic del año | Elle |