El Gran Circo Oscuro desciende de una estirpe contaminada, maldita y hermanada con los demonios. Todos los delitos, las faltas y los suplicios de los hombres están representados en nuestro espectáculo. Pasen y vean, conozcan la tragedia de la madre ventrílocua, el secreto de la princesa mariposa, la angustia del hombre de niebla. Internarse en la negra carpa itinerante del Gran Circo Oscuro es acceder a la magia de sus fenómenos, y esa magia será la fuente de nuestra desgracia, porque todos somos ellos.
Como cambian las historias y los cuentos, que a través de los ojos del pasado se convierten en marañas adecuadas para los oídos de los infantes inocentes, cuentos dulces para dormir, cuando en verdad, en alguna parte, entre la verdad y la historia, fueron plagados de demonios y abrazados por la oscuridad de los bosques perpetuos, destrozados por alimañas, alimentados por el miedo.
Los cuentos, que no son cuentos, aquellas obras de verdad, comenzaron cuando la bruja en verdad se comió a Hansel y esclavizo a Gretell, el Lobo pudo devorar a Caperucita, más con sus garras despiadadas no comió la carne rancia de la abuelita sino que la destajo detrás de la casa de campo. Blanca nieves no fue una dulce muchacha, en realidad, se revela una figura oscura con un hermoso lazo rojo que devoro la manzana, pero en un acto de venganza, mando a sus enanos a traer en siete partes a la reina que se apropio de su herencia. Las palomas de cenicienta, no eran pacificas aves esperando traer el vestido del árbol, no, eran águilas dotadas con garras afiladas encargadas de sacar los ojos como si se trataran de cuervos, de aquellas malvadas familiares. Peter Pan, no era un niño normal, no, no señores, era un ser mágico condenado a ser niño, un tierno infante y, él, como castigo a sus semejantes robaba y asesinaba niños, sacándolos por la ventana, junto a su fiel hada oscura campanita.
Por eso, este cuento que no es un cuento, comienza de forma deformada... de forma abstracta y cruel, aunque sepamos que con el pasar de los años, la historia cambiara y se convertirá adecuadamente en una historia de cuentos de hadas, apta para el descanso de los infantes.
El Circo Imaginaerum Llega a la Ciudad
Las calles se llenaron de algarabía, ruidos, música incesante, globos. Delante de los magos y en sus calles ancestrales, venia por primera vez en su historia, un circo, los pequeños magos salían a las calles emocionados, tomados de las manos de sus padres, viendo el sin fin de personas de dicho circo.
Payasos con sus extravagantes ropas de colores, dignas del guardarropa de un gryffindor, se paseaban cayéndose entre ellos, moviéndose con aquellos largos zapatos, rojos y azules, Payasos grandes y pequeños, maquillados a la antigua usanza muggle, la cara pálida de patinas, con sonrisas grandes y una gran nariz roja, también cabellos de todos los colores y largos. Algunos de ellos causaban miedo en algunos niños mágicos, era la primera vez que veían a tan estrambóticos personajes.
Detrás de estos, inmensos hombres y mujeres haciendo piruetas, pero extrañamente no tenían pies, realmente, no eran más que saltimbanquis, levantados sobre una estructura de madera, a cinco metros a la elevación del suelo. Corriendo y sonriendo de manera contrita, estaban los arlequines, diferentes a los payasos, su rostro era blanco y negro o negro y rojo, los cascabeles de sus ropas a rombos retomaban un pulso mágico, giraban sobre su propio eje y lanzaban pequeños confites de colores plateado y dorado, al público que les miraba embelesados.
Algunos carromatos, venían después, cubiertos en una lona larga blanca, con dibujos que claramente señalaba las deliciosas y extrañas criaturas, de la cual aquel circo hacía gala, más sin mostrarlos:
- Tritones
- Sirenas
- Veelas
- Quimeras
- Dragones
- Minotauros
- Kraken
- Grifos
- Poltergeist
Entre otras criaturas, hacían parte del staff principal del circo, a su lado en caballos alados negros, venían los domadores, con chaqueta roja, pantalón blanco y botas negras hasta el muslo, brillante y lustrado se veía el látigo en su cintura, listo para usarlo en aquellas desobedientes criaturas. Sobre todo, sobre salía uno de los domadores, ya que sus cabellos eran tan rojos como las llamas del mismo averno muggle y su látigo era rojo, aunque su rostro estuviera cubierto por un antifaz.
La música se elevaba con la pequeña orquesta formada, entre un circo gitano, muggle y Mágico. Los trapecistas subidos en grandes e inmensos elefantes, saludaban a la audiencia mágica, con sus trajes de licra pegados al cuerpo, como una segunda piel, que escandalizaron a más de una venerable bruja y uno que otro mago.
Se veían también los escualizables contorsionistas, saliendo de una pequeña maleta doblando su cuerpo en formas nada aptas para la morfología humana, como víctimas de varios Crucios a su cuerpo, deformándolo de paso. La fila de personajes circenses no ceso, los jóvenes que se dedicaban a la tela acrobática, los escapistas, los magos, no precisamente con hechizos sino con trucos y habilidad, los funambulistas, el hombre bala, los malabaristas, los ventrílocuos, los tragafuegos y los tragasables.
De últimas y no menos importante en dos hermosos Thestral imponentes, que solo podían ver aquellos que han contemplado la muerte y son concientes de esta, estaban el lanzador de cuchillos y el dueño de aquel peculiar circo.
El lanzador de cuchillos, era un joven de escasos 23 años, de cuerpo delgado y esbelto, no muy alto, no sobrepasaba el metro setenta, los cabellos negros lisos apenas decorados de manera peculiar con unas estrambóticas plumas de cuervo en estos, su vestimenta era de cuero negro, pegada a su cuerpo como una segunda piel, un hilera de dagas y cuchillos en su cinto y muslo, con un largo gabán que cubría los cuartos traseros del animal en el que estaba montado. Llevaba un antifaz, negro, adornado con plumas de su animal favorito y solo dejaba que se vieran esos ojos azules coquetos e hipnotizadores.
A su lado, se encontraba el dueño, el patrón, señor, amo y propietario de todos y cada uno de los personajes que estaban en su circo, las manos que al parecer eran largas y delgadas, estaban cubiertas por unos largos guantes de piel de dragón, su ropa era oscura, pero elegante, chaleco, gabán, pantalón y camisa negros, mas la corbata era verde esmeralda. Su edad podría ser indescifrable pero una sonrisa socarrona se apuro de los labios de aquel señor, una sonrisa de insolencia, aristocracia y malignidad bien aprendidas. Los cabellos rubios platinados llegaban hasta su cintura, lisos y perfectamente agarrados en una coleta con una cinta verde, y aunque llevaba un antifaz más reservado que el de su acompañante, sus ojos platas relucían en ese hermoso rostro cubierto, como dos gemas metálicas y frías.
"He regresado", dijo mirando al balcón del ministro de magia agarrando las riendas de su Thestral. "He regresado."
"Hoy damos la bienvenida a el Circo Imaginaerum."

El Regreso de Malfoy y la Reacción de Harry Potter
Un periódico aterrizó con fuerza entre las llamas de la chimenea, en ella se veía una foto del circo que hoy había abierto sus telones, ante la comunidad mágica, luego de ser un éxito en el mundo muggle.
"Si vas a incendiar los periódicos Harry, por favor ten cuidado de las llamas que ahora provocan", le advirtió al hombre, una mujer hermosa pero madura, con mirada crítica, vestida de un elegante conjunto verde esmeralda y los cabellos atados en un lazo mágico.
"Ha regresado", dijo levantándose de su silla, enojado, el susodicho hombre. "Ha regresado, Hermione, ¿y con qué regresa? ¡Con un maldito circo!" Se sentó de nuevo enojado, haciendo chispear la magia que brotaba de sus dedos por el simple enojo. "¡Es un maldito mortifago que regresa con un maldito circo Muggle! ¿A qué demonios juega Malfoy?"
Hermione vio a su amigo, al hombre que había crecido frente a sus ojos, que se había desarrollado como persona, como amigo, confidente, esposo y padre, podía ver los rastros de la edad en las pocas canas que estaban en su cabello negro o las arrugas casi invisibles del contorno de sus ojos. Lo único que realmente revelaba la edad de los magos, era sus manos, ya no tan suaves y delgadas como en su juventud, más bien trabajadas, algo callosas y resecas, fuertes y grandes, aquellas manos que empuñaban con astucia la varita pero tenían una suave caricia para sus seres queridos.
"Harry", le dijo levantándose y rodeándolo, pasando sus manos por los hombros, para tratar de quitar los nudos del obvio estrés que tenía. "Sabes que ya paso el veto que le dio el Ministerio de Magia, 25 años han pasado, realmente no pensé que fuera a regresar de esa manera tan 'peculiar' pero no podemos hacer nada."
"El ministro de magia actual, soy yo, Hermione", le recordó. "Y no quiero a ese sucio mortifago enlodando el mundo mágico, hemos acabado con todas y cada una de esas pestes mortifagas, algunas que fueron lanzadas al mundo muggle sin magia no regresaron, ¿Por qué entre todos los malditos magos, tenía que regresar Malfoy?"
"Eso Harry no puedo decírtelo, porque no lo sé", suspiró profundamente. "Solo debemos estar atentos a cualquier movimiento". Sacó de su capa una hermosa invitación labrada. "Tenemos entradas para la función del sábado."
Los ojos verdes de Harry brillaron con algo parecido a un niño que le acaban de dar su regalo de navidad, una mirada tan llena de vida, que sobrecogió a la mujer, hacia exactamente 25 años que no veía esa mirada en su amigo. Pero a que se debía. ¿A Malfoy? ¿A atraparlo y enviarlo ahora si a Azkaban o Nurmengard? ¿O era la simple emoción de ver a su antiguo amante? Hermione sabía que pronto lo iba a averiguar y presentía que no era tan bueno, el conocer la verdad.

El Espectáculo de Criaturas y el Encuentro Inesperado
Dos días habían pasado, siendo el Circo Imaginaerum un éxito, cada uno de los periódicos del Reino Unido Mágico hablaba de este magnífico circo, de las extrañas criaturas, que le rodeaban como polillas a la luz.
Claro no faltaban, los magos y brujas de renombre, empezando por la heroína Hermione Granger, que estaban contra la política de esclavizar criaturas para ser expuestas como fenómenos en un circo. Si al parecer solo faltaba que pusieran un hombre lobo y un vampiro, ya que hasta las veelas estaban en posición de criaturas y no de personas, aun así, había una gran afluencia de personas al circo.
Motivados tal vez, por la morbosidad de ver semejantes criaturas encerradas y domadas o por ver al dueño del circo, que en otrora promulgaba las epístolas de un verdadero sangre pura y hoy se veía inmerso en un mar de criaturas, sangre sucias, squib y mestizos. Porque algo si había quedado claro para la gran mayoría, las personas que trabajaban en el circo, aun siendo mágicas, no habían tenido más educación que la circense, muchos dudaban que pudieran hacer otra cosa o simplemente leer o escribir, a duras penas usar la varita, si es que alguno tenía una.
Con una extraña luz mortecina, se levantaban los aparejos del circo de forma manual, era habitual ver magos y brujas encantados, viendo las jaulas, así que este circo se preparaba desde la madrugada para recibirlos. En un gran terreno baldío se armaron las tiendas de campaña y las luces de colores, creando de cierta forma una especie de feria, donde las familias mágicas podían estar en el día, divisando cada una de las extrañas cosas que el circo ofrecía, para en la noche gozar del espectáculo.
Muchos se quedaban obnubilados mirando las criaturas mostradas, las sirenas y tritones estaban en un inmenso tanque, las otras en jaulas grandes adecuadas dependiendo a sus necesidades y tamaños.
Había una en especial, que llamaba la atención de muchos, un hermoso tritón rubio, la cola azul con destellos azules, lo hacía precioso aun mas por el torso algo moreno desnudo al compás del agua de su tanque. Ante su apariencia que no parecía ser mucho mayor que un adolescente, máximo unos 18 años, y una de sus grandes particularidades eran sus ojos vendados, como todas las criaturas del circo Imaginaerum.
Una mano se poso en el tanque, mirando la tristeza que reflejaba la imagen, ver aquel hermoso tritón en aquel tanque se le hacia una especie de esclavitud, los cabellos rubios se ondeaban por el agua a su alrededor y el espectador, pudo sentir el aura del tritón, este también sintió aquella esencia mágica y movió mas fuerte la cola, salpicando al espectador que por reflejo dio dos pasos atrás y tropezó con una elegante figura.
"Si no miras hacia atrás, puedes caerte", dijo el dueño de la elegante voz, el mismo dueño del circo.
"He... ar... yo... este...", el pobre chico se acomodó las gafas sin poderse explicar, ganándose una risa de aquel hombre. "No como gente, a pesar de los mitos urbanos…" se acercó al tanque donde el tritón como sabiendo quien estaba allí, se retrajo hasta una esquina. "Oh mi travieso Joey, no deberías asustar así a los espectadores."
"Es hermoso", soltó al azar. "¡El tritón es hermoso!" como corrigiendo la sintaxis de su oración, por eso sus mejillas se pintaron de rojo, y sus hermosos ojos verdes brillaron de la vergüenza.
"Mi nombre… es.. Albus.. Albus Severus Potter", dijo alzando su mano.
El rubio se giró y estrechó la mano que se alzaba. "Draco Malfoy", saludó.
"¿Draco Malfoy?", preguntó, y pero no estar siendo tan grosero, en su casa los Malfoy era una leyenda urbana en efecto, dinastía de magos oscuros seguidores del hombre malo que derroto su padre con escasos 18 años, un hombre de la edad de su padre, que había hecho la vida del colegio de sus tíos y su propio padre, un pequeño infierno.
El rubio acomodó un mechón de sus cabellos y sonrió en comprensión del muchacho, que era poco más que un calco que su padre a esa edad. "¡Pero usted no se ve viejo!"
Ante esas palabras el rubio se descolocó. "¿Perdón?" pensaba que el jovencito iba a preguntar sobre su pasado oscuro, o simplemente sobre el circo, o en el mejor de los casos iba a huir de las faldas de su pelirroja madre, para ser defendido del horrible Draco Lucius Malfoy, no esa reacción tan… impredecible.
"Pues si", dijo el muchacho. "Usted no está viejo, Papá y mis tíos están cerca de muchos años, 45 a 46 años, tiene canas, arrugas y usted no, además no se ve de casi 50."
"No sé si sentirme halagado o por el contrario, sentirme ofendido."
Albus sonrió. "Siéntase halagado", le dijo con desparpajo, aun así se sonrojo como una gran grana roj...

El Monstruo del Circo y la Venganza
Estaba asustado, había despertado atado y con los ojos cubiertos. Había acompañado a su amado y después no recordaba absolutamente nada. Voces comenzaron a escucharse mientras sentía como alguien lo arrastraba a otro lugar.
"Sean bienvenidos al show", gritó alguien a su lado. "Les presentamos nuestra nueva adquisición del Circo."
De un momento a otro los ojos del joven fueron descubiertos, los gritos inundaron sus oídos, las luces lo cegaban y el miedo se apoderaba de su cuerpo.
"¿Eh?", dijo mientras se aclaraba su vista. Estaba rodeado por una multitud de humanos quienes se reían, gritaban, lo insultaban y se burlaban de él.
"¿Ka... ¿Kacchan?", buscó con la mirada a aquel humano del que se había enamorado, pero no lo vio por ningún lado. Estaba tan asustado, buscaba desesperadamente a Katsuki, pero este no se encontraba en ningún lado. Aquel chico le había prometido amor, lealtad, pero no estaba a su lado aun cuando él dejó su mundo para seguirlo a él.
"Veamos qué puede hacer", el dueño del circo tomó un látigo y golpeó al pequeño Monstruo.
"¡Ah!"
"Adelante bestia", dijo el hombre. "Canta."
Izuku miró al hombre quien volvió a golpearlo por lo cual él comenzó a cantar. Su voz era hermosa, todos amaron escucharlo, era como una especie de droga para los humanos quienes necesitaban escucharlo aún más.
Al terminar el show llevaron al pecoso a otra sala donde varios hombres abusaron de él mientras él rogaba ayuda de un hombre quien lo había vendido.
Al día siguiente en el show cantó una canción nueva, una canción dolorosa que a los espectadores les encantó.
"Los leones me atacan sorpresivamente. Me encuentro en el suelo... no puedo oír ¿este es mi fin?"
De nuevo esa noche usaron al joven monstruo a su antojo, mientras dejaron que algunos lo vieran divertidos. Noche y día rogaba que el rubio fuese en su rescate, ya le habían dicho que aquel hombre lo había vendido, pero él se negaba a creer aquello. El rubio que él había conocido fue amable, lo trató con paciencia y le alegró la existencia.
"Patético", soltó una niña quien pasaba al lado de su jaula.
Entre lágrimas el pecoso comenzó a sentir odio, profundo odio por los humanos, por aquel rubio y por el mismo que había caído en brazos de un ser a quien le había entregado su vida.
Así pasó un mes entero, donde los abusos psicológicos y físicos continuaron, a medida que pasaban los días el aspecto del pecoso era peor, su mirada pasó de estar apagada a una furiosa.
"Yo... un patético monstruo no puedo ver, solo odiar", comenzó a cantar. "Hoy ellos gritan las palabras de nuevo ¡Miren, es el monstruo del circo!"
El tono de su voz estaba lastimando a los presentes. Su canción provocó que los tímpanos de los presentes estallaran y comenzaran a caer muertos unos sobre los otros.
Al terminar su canción miró contento aquella masacre, había acabado con su tortura por fin. Como pudo salió de la jaula, destrozó al dueño del circo y comenzó a ir a la salida. Iría por aquel rubio y le haría pasar el mismo infierno que al le hicieron pasar.
"Se abre el telón", miró sonriendo el patético regalo que aquel hombre le dio. "El show debe continuar."
