Elegir diez cómics favoritos supone un ejercicio de memoria importante, al menos en mi caso. Es verdad que los cinco primeros salen casi de carrerilla, pero la otra mitad ya cuesta un poco más. Entonces debo ahondar en los cajones de mi memoria comiquera y valorar qué tebeos me traen mejores recuerdos, cuáles recomiendo siempre que me preguntan y los que más suelo releer. Y me he dado cuenta de que constantemente me situo en mis años de adolescencia para recordar cómics que realmente me marcaron y a los que les tengo un gran aprecio. Supongo que es algo normal ya que para ser fan de algo, hubo un momento en la vida que la afición caló hondo tanto en el corazón como en la mente. De hecho, creo que la mayoría de mis camaradas de Zona Negativa han sufrido el mismo proceso y buena parte de sus diez favoritos pertenecen a esa época inicial de la pasión hacia los cómics. Por tanto, se trata de un gusto tan subjetivo, que en algunos casos no tiene nada que ver con la calidad del producto sino del recuerdo. Así que lo que voy a hacer con mis diez cómics preferidos es mezclar los recuerdos que tengo de ellos con el motivo de por qué me gustan tanto. También debo advertir que algunas de mis elecciones coincide con las de otros redactores, pero como ya he dicho, creo que el interés de este tipo de artículos es por qué nos encantan estos cómics y ver en qué puntos coincidimos y nos diferenciamos. Espero que lo disfruteis.
La afición por los cómics es un viaje personal, lleno de descubrimientos y emociones. A continuación, se presentan algunos de los cómics que han dejado una huella imborrable en la memoria del autor, mezclando la nostalgia de la adolescencia con el aprecio por obras maestras del noveno arte.
Mis Selecciones Personales
1. Los Vengadores: El Comienzo de una Pasión
Antes del estreno de la película de los Vengadores escribí para Zona Negativa un artículo sobre cómo había empezado mi afición por el grupo de los héroes más poderosos de la Tierra. Y precisamente mencionaba esta etapa del escritor David Michelinie, concretamente los números que iban del Avengers #194 al 200. Pero ¿Cómo llegaron estos cómics a mi? No recuerdo bien qué edad tendría, pero creo que rondaba los 11 años y mi experiencia con los cómics se había limitado a muchos Mortadelos, Zipi y Zapes, algunos Astérix y Obélix y poco más. Unos amigos, de vuelta a casa tras el cole, me hablaron de los cómics de superhéroes y yo, profano total en la materia, quise saber un poco más. Al día siguiente tenía en mis manos un retapado de los Vengadores, con Jarvis amenazante en portada, y que incluía los cómics que arriba menciono. Ni Superman, ni Spider-Man, ni Batman. Me adentraba en el mundo de los superhéroes con un grupo que reunía a buena parte de ellos y lo hacía con aquellos siete números de los Vengadores que de inmediato se convirtieron en mi Evangelio particular. Allí aparecían el Capitán América, Ms. Marvel, Iron Man, La Bestia, el Hombre Maravilla, La Visión, Jocasta, Chaqueta Amarilla, La Avispa, La Bruja Escarlata, Thor, el Hombre Hormiga y Ojo de Halcón. Y enfrente, como antagonistas, tenía al Supervisor, Ronin Rojo y a Marcus Inmortus ¡Toma ya! Sí, un montón de personajes y nombres pero a mi se me quedaban en la mente como los de mi familia. A medida que pasaba las páginas iba alucinando cada vez más. De repente había un villano que poseía las habilidades de muchos superhéroes y que tenía una estética brutal, lo que me hace recordar que el artista de aquellos tebeos, George Pérez, hiciera que los superhéroes entraran por mis ojos como dulces en boca. Luego aparecía un robot enorme e imparable que me hacía recordar a Mazinger Z y para terminar un bebé que crecía por momentos, que provocaba cambios en el espacio/tiempo y del que no se sabía casi nada. Sobredosis de acción en un retapado de la extinta Forum que, aun siendo prestado, no sé cuántas veces lo releí, lo hojeé y lo comenté con mis amigos. Aquellos cómics fueron mi llave de entrada al universo Marvel y creo que no pudo ser mejor. Gracias Michelinie y Pérez.

2. Mortadelo y Filemón: Risas Garantizadas
Como ya mencioné antes, previo a mi bautismo superheroico ya leía tebeos patrios. Una vez más, era a través de amistades y algunos regalos que me pasé buena infancia leyendo mucho Zipi y Zape, Rompetechos, Anacleto Agente Secreto, Botones Sacarino, etc. Pero sin lugar a dudas mi favorito era Mortadelo y Filemón. Básicamente porque me parecían historias más entretenidas y divertidas. Además, me encantaban aquellos especiales que se llamaban Súper Humor y que recogían historias más largas del dúo de agentes secretos, lo que me aseguraban carcajadas para varias horas. Recuerdo que muchas vacaciones y fines de semana los pasaba en casa de mis abuelos y siempre llevaba conmigo unos de esos tomos de Mortadelo y Filemón para pasar las horas más aburridas. Y vaya que si lo disfrutaba. De hecho, mis abuelos llegaron a preguntarle a mi madre qué diablos leía su nieto que muchas veces me escuchaban descojonarme a solas en mi habitación y con un libro abierto.
El Bacilón cayó en mis manos en la consulta de mi dentista. Recuerdo que entre el maremagnum de revistas del corazón que había en la sala de espera, de vez en cuando había algún tebeo y uno de ellos era esta historia de Mortadelo y Filemón. Era el primer Súper Humor que leía y aquello de que el cómic se prolongase páginas y páginas era todo una novedad para mi. Encima el argumento tenía una moraleja que me afectó. El Bacilón es la historia de cómo la contaminación, que en los 80 era un tema que había ganado una relevancia importante, puede convertirse en un monstruo. Y allí estaba la pareja de agentes secretos persiguiendo a un bicho nacido de los desechos creados por el hombre y narrada con la exageración que caracteriza a Ibáñez. Tanta basura, polución y monstruo raro despertó en mí cierto interés y ver si realmente éramos así de guarros. Ahora puedo decir que el autor no se alejaba mucho de la realidad. Por cierto, jamás pensé que visitar al dentista fuera tan entretenido (tomad nota, amigos médicos) y siempre que volvía, buscaba entre tanto Hola, Lecturas y Semana el tomito del Bacilón. Hasta que desapareció. Creo que me dolió más la pérdida del tebeo que la visita mensual al dentista.

3. El Hombre Máquina: Un Robot en el Futuro
Cuando hace unos meses leí los Diez Cómics Favoritos del compañero Luis Javier Capote, esbocé una sonrisa porque uno de ellos era esta miniserie del Hombre Máquina. Como él, ésta fue una de mis primeras lecturas de cómics de superhéroes a la que curiosamente le tomé mucho cariño. Aquellos mismos amigos que me presentaron Los Vengadores, hicieron lo mismo con X-51 a través de un tomo que se titulaba Colección Extra Superhéroes El Hombre Máquina, con letra futurista y con una portada que era una clara invitación a la lectura: la cabeza del protagonista medio desmontada y rebozante de cables y circuitos. “¿Un robot superhéroe? ¡Mola!” Ya me daba igual, todo concepto novedoso era una idea brillante para mi. Pero aún me esperaban más sorpresas. Los cómics que había leído hasta entonces se desarrollaban, más o menos, en el universo Marvel contemporáneo. Sin embargo, la miniserie de Tom DeFalco, Herb Trimpe y Barry Windsor-Smith estaba ambientada en un mundo futurista en el que el Hombre Máquina era tan nuevo como lo era yo en aquello de las realidades alternativas marvelianas. Curioso, ahora me doy cuenta de que un concepto tan futurista como una máquina medio hombre despertaba en un mundo en el que él se había quedado anticuado. Y ahora también reconozco que la historia en sí no tenía un desarrollo profundo. El Hombre Máquina despierta en pleno 2020 y lo que hace es reaccionar ante las situaciones que se le presentan en vez de buscar su sitio. Ya nada es como antes, y aunque ese futuro viste con estética cyberpunk y está dominado por las corporaciones (en esto último parece que DeFalco no erró por mucho), tal vez, y tras una relectura, la ambientación es un poco naive si lo comparamos con cómo han ido evolucionando nuestra sociedad. Pero claro, en mitad de la década de los 80 quien le iba a decir al guionista que hoy en día tendríamos internet o teléfonos capaces de hacer casi de todo. En cualquier caso, para un chaval que no llegaba a los 14 años, acompañar en sus aventuras a un robot que podía hacer casi de todo, junto a traslaciones futuristas de personajes como Yocasta o el infame Iron Man 2020 era explorar un nueva dimensión del Universo Marvel. Aquella mini serie de 1984 constaba sólo de cuatro números y eso era demasiado poco para alguien que quería saber cómo había llegado el Hombre Máquina allí, qué iba a pasar con él y por qué diablos Iron Man ya no era Tony Stark sino el villano Arno. Para colmo seguía “mal acostumbrándome” a disfrutar de los superhéroes con otros cracks del lápiz como eran Trimpe y Windsor-Smith.

4. Puño de Hierro: Un Legado Ancestral
A veces las mayores y mejores sorpresas te las llevas cuando no esperas nada de un cómic. Es verdad que la serie venía acompañada de un elenco de autores que presagiaba calidad (Matt Fraction, Ed Brubaker y David Aja) y que algunos amigos ya me la habían recomendado. Pero Puño de Hierro no era un personaje al que le tuviera mucho aprecio, y a pesar de que las artes marciales sí que me atraían, no sabía cómo iban a interesarme en un cómic. Qué equivocado estaba. Los dos escritores encargados de la serie hicieron que en pocas páginas me viera envuelto y encantado por el universo de Puño de Hierro. Su trasfondo, personajes y mitología era tan rico, cohesionado y grandiosamente presentado por ese crack que es Aja, que las páginas las leía ávido de más. Además, el Puño de Hierro era mostrado, para un profano del personaje como yo, como una especie de legado ancestral que en última instancia había recaído, por méritos propios, en Danny Rand. ¿Y el resto de Puños de Hierro? Bueno, pues Bru y Matt no quisieron perder la oportunidad de presentar algunos de ellos y así enriquecer la leyenda del superhéroe con personajes como, por ejemplo, Orson Randall, un viejo Puño de Hierro con pistolas y estética pulp con actitud paternalista. Con una pinta como ésta yo estaba vendido, mucho. Luego llegaron ideas como las Armas Inmortales, que a modo de torneo de artes marciales (a lo Kickboxer de Van Damme) se enfrentaban entre sí representando sus Ciudades Celestiales: Cobra Gorda, el Príncipe de los Huérfanos, Hermano Perro Número Uno o la Novia de las Nueve Arañas eran algunos de los abanderados de esas ciudades y que con esos nombres tan originales, para mi es como si se les hubiese ocurrido al propio Tarantino para otra película de artes marciales. Dije que Puño de Hierro no era un personaje al que no le tenía mucho aprecio. Después de esta serie la cosa cambió mucho.

5. La Cosa del Pantano: La Magia de Alan Moore
Sin duda la obra a la que con más curiosidad me he acercado. Muchos conocidos me la recomendaban e hice caso, pero no paraba de preguntarme qué demonios tenía de interesante y heroico un hombre planta que vivía en los pantanos de Florida. Así, a las primeras de cambio es casi imposible, suena hasta ridículo. Pero estamos hablando de Alan Moore, amigos. Abres el tomo y te encuentras con una historia como Lección de Anatomía: presentación de personajes, villanos, trasfondo natural y ecológico pero siniestro, oscuro, muy oscuro. La naturaleza puede esconder peligrosos enemigos, brujería, lo más oscuro de la vida, pero al mismo poderosos aliados y lo más hermoso que uno puede vivir. Luego, el escritor revisita historias como la Bella y la Bestia y Orfeo y Eurídice y entonces ya estás perdido. Con la primera te adentras en una historia de amor que sin la prosa de Moore te va a parecer estúpida: Abigail Arcane enamorada de Alec Holland, la Cosa del Pantano. Pero te la crees, porque surge todo tan natural y exploras con ambos personajes su relación desde el principio que sólo tienes que asistir entretenido para culminar con algo tan alucinante y sorprendente como es el encuentro psicotrópico-sexual entre ellos dos. Desde aquí mis reverencias al equipo editorial que tiró hacia adelante con una propuesta tan subversiva. Pero es que es muy buena, había que estar muy mal de los cabales para no publicar esa historia. Y luego tenemos el maravilloso viaje de Holland a los infiernos para recuperar a su amada en compañía de seres tan ambiguos como Etrigan o el Fantasma Errante. Si por alguna casualidad no conoces a ninguno de estos personajes, entonces eres muy afortunado porque estoy seguro de que lo disfrutarás aún más. Por cierto, dicen de Alan Moore es mago, brujo, chamán o no sé qué tema mágico. Yo doy fe, a mi me hechizó con la Cosa del Pantano.

6. Contest of Champions: El Primer Torneo de Superhéroes
Y vamos con la elección más excéntrica de mi lista de favoritos. Contest of Champions fue la creación de Mark Gruenwald, John Romita Jr. y Bob Layton para enfrentar a diferentes superhéroes entre sí. El justificante era que el Gran Maestro quería recuperar de entre los muertos al Coleccionista, aquel villano que murió en la serie de los Vengadores, pero para ello debía disputarse el Globo de Oro de la Vida (Hollywood + Ricky Martin Team Up!) con la Desconocida. Dividido en cuatro partes, si el Gran Maestro conseguía al menos tres, se daba por vencedor. Para luchar por él, cada uno de estos aburridos seres poderosos eligió a los mejores héroes de la Tierra para que se dieran tortas entre sí. Un argumento simplón que daba pie a la primera serie limitada de Marvel. ¿Dónde le vi el interés? En los protagonistas. Yo, que poco a poco iba ampliando mis conocimientos del Universo Marvel, de golpe y porrazo me encontré con un tomito (prestado, una vez más) en el que venían un montón de superhéroes hostiándose entre ellos. Por supuesto, yo tenía mis equipos favoritos pero mostré mucho interés por conocer aquellos personajes que eran toda una novedad: el francés Halcón Peregrino, el alemán Blitzkrieg, la israelí Sabra, la irlandesa Trébol, el Hombre Colectivo chino o el Defensor argentino, entre otros. No había más en aquellos tres cómics y ni falta que me hacía. Bueno sí que había algo más, un error garrafal en la contabilización de las partes del Globo de Oro. En la historia ambos equipos empatan, pero al final la Desconocida da como ganador al equipo del Gran Maestro. Una gran pifia que pasó inadvertida tanto la revisión de los autores como la de los editores de Marvel ¿Es que alguien llegó a leerse el cómic?

7. Kingdom Come: Un Superman Envejecido
He de reconocer que Superman no es de mis personajes favoritos. Siempre lo vi como el perfecto superhéroe capaz de todo e invencible, por tanto no solía acercarme demasiado a la lectura de sus cómics. Hasta que leí Kingdom Come de Mark Waid. Lo primero que me llamó la atención fue el arte de Alex Ross, cuyos lápices parecen representar fotografías y a mi tanto realismo y colorido me caló hondo. Lo segundo fue encontrarme a un Superman más viejo que lucía una S rodeada de color negro en vez del clásico amarillo. Parecerá una tontería, pero ver al mayor superhéroe de todos los tiempos entrado en años despertó mi curiosidad ¿Qué había aprendido Kal-El en su envejecimiento? Pues básicamente muy poco. Aquel retirado superhéroe y en horas bajas había perdido todo contacto con la humanidad y para cuando quiso recuperar su lugar en la sociedad, lo hizo sin contar con aquellos que antes había defendido, siguiendo un ideal cuasifascista que lo puso en frente de otros superhéroes, como su antiguo amigo Batman. Supe...

8. Watchmen: El Icono Ineludible
En estos días concluyó la iniciativa de Zona Delta en la que se votó por los mejores cómics para la comunidad. El ganador fue el icónico Watchmen. Sin más preámbulos, estos fueron mis votos. Qué personajes, que trama, que lore, que meta-narración.

9. Condorito: El Humor Chileno
Hace tiempo que la leí, pero creo recordar ecos lovecraftianos en esta obra. ¿Dos cómics en el puesto 20? No, es que en la votación había dejado a Condorito fuera, y ahora, pues, aprovecho. Condorito es una tira cómica chilena creada por Pepo en 1949, muy popular en Sudamérica, donde en cada país que se publica se va adaptando según el habla y costumbres de la región. Condorito es un busca vidas, que trabaja de esto y lo otro, de vendedor ambulante, de limpia botas, de oficinista y hasta de brujo que lee el futuro; su mundo, que es el pueblo de Pellotilehue, expresa con humor, un humor entrañablemente tonto, a las gentes de pueblo de América Latina.

10. Patoruzú: Un Clásico Argentino
Los niños argentinos han crecido durante generaciones con el personaje de Dante Quinterno. Para el argentino es algo así como el Asterix y Obelix de las Pampas, aunque hoy la sociedad de Patoruzú, una sociedad de coroneles adinerados, hipódromos, agropecuarios, de costosos cócteles, la vemos pasada de época.

Menciones de Honor y Reflexiones
Existen cómics que, aunque no formen parte de mi top 10, han dejado una marca significativa. La complejidad de Kingdom Come, la fuerza de Watchmen, o el humor entrañable de Condorito son solo algunos ejemplos. Cada uno de estos cómics representa un momento, una emoción o una perspectiva única que enriquece el panorama de la lectura gráfica.
Oracle (Bárbara Gordon) en una tarde sin trabajo se lamenta por su condición, por la silla de ruedas que le deparó el destino, por no poder ya saltar por los techos, por no poder volver a ser Batgirl. Como varios de los cómics que he votado, esta historia no es comparable a un Dark Knight, pero las historias cotidianas que dan cuenta de las vivencias y sentimientos de nuestros héroes me encantan, y una sola escena puede darme lo que un Frank Miller. La tapa de este cómic es hermosa.
Este arco en la serie de Loeb nos trae de regreso a Supergirl luego de años de ausencia. Es un nuevo comienzo con una Kara que cae a la Tierra y es puesta, a regañadientes de su primo, que la quería llevando la vida de una chica normal, bajo la tutela de las amazonas. Fue precisamente la película animada sobre este arco la que me animó a probar suerte con los cómics. Recuerdo que las peleas cuasi dragonbolescas me habían dejado impactado.
El emperador de los Shi´ar pretende usar un artefacto poderoso conocido como Cristal M´kraan. Según las leyendas de los Shi´ar, un mal uso traería la desgracia para el universo, y su hermana Lilandra procura detenerlo. Visiones en sueños informan a Lilandra de la Tierra, el planeta donde podía encontrar ayuda; sabe de Xavier y de sus pupilos, y acude a su encuentro. Con esta historia podremos apreciar un atisbo del inconmensurable poder de Jean como Fénix, de sus miedos ante tamaño poder a su disposición, de sentir que en ese poder existía vida y destrucción, y de las dudas también de sus compañeros, que ven que algo la está alejando de su humanidad.
Una trama que abarca cuatro números y que narra los orígenes de Wonder Woman. La saga merece ser leída aunque más no sea por la “prueba del fuego”, una escena magistral, y para disfrutar de cómo el guionista ha sabido fundamentar con maestría cada elemento, atuendo, brazaletes, colores y demás que hacen de Wonder Woman el personaje icónico que conocemos. El dibujo es genial.
Esta macrosaga cierra el ciclo que inició Dinastía M y cuenta de la persecución que padece Hope Summers, que llega del futuro con Cable, su padre adoptivo, por facciones anti mutantes que ven en ella el posible resurgir de la raza que la Bruja Escarlata había condenado a la extinción. Second Coming (Advenimiento) fue lo primero que leí de la Patrulla; pese al barullo de personajes y de tramas que desconocía, me atrapó en grande, sobre todo por una épica que no tenía nada que envidiar a los grandes momentos heroicos y dramáticos de una Saint Seiya y que no sabía que se daba en las historias de superhéroes.
Portada, creo, mítica. Kitten, con una rabieta típica para su edad, hace todo lo posible para que Xavier cambie de parecer. Este divertido cómic es de esos que te hace simpatizar mucho con la Patrulla. Por cierto, sé que el término Patrulla está en desuso y que hoy puede resultar infantil, pero a mí me gusta usarlo cuando hablo de los X-Men de Claremont, pues leí estos cómics con la traducción española de los 80 que introdujo este mote (así como otros apodos que dan lugar a fieras disputas entre ambos lados del charco, je).
Storm, retirada de los X-Men a causa de haber perdido sus poderes, enterada del asunto, va a la Escuela Xavier y desafía a Scott por el liderato de los X-Men; en verdad, que quería centrar la cabeza de su amigo con unos buenos golpes. La Ororo de esa etapa es un enorme personaje.
Dani Moonstar es una nativa americana de la etnia cheyenne y su cualidad mutante le permite recrear en las mentes ajenas los terrores que las personas ocultan. Así comienza la saga del Oso Místico, un relato macabro y de corte onírico, quizás con alguna intención de horror cósmico por la presentación, por fuera de la trama, de cierto extraño personaje, en el que Dani y sus compañeros combatirán a la terrible criatura. El arte de Bill Sienkiewicz, que iniciaba su periplo con los Nuevos Mutantes, es una locura; los personajes iban de los 13 a 16 años y Sienkiewicz que los ilustraba como si de un Arkham se tratase. Genial.
Una historia llena de tetas, sangre, muertes, desmembramientos, cosas molonas, ciencia ficción, más tetas, nihilismo e incomformismo juvenil. ¿Algo podía salir mal? Por desgracia, si. El primer arco argumental es una maravilla, pero luego va siendo más y más absurdo.
Con el nombre podría parecer que es un cómic de hostias y punto. Y lo es, tampoco voy a mentir, pero es muy entretenido ver como Deadpool tiene distintas estrategias para vencer a cada personaje de Marvel, lo cual es muy entretenido. Además del final.
No es que sea una historia alegre de leer ni con un dibujo bonito, y precisamente ahí está lo bueno, pues la historia es tan jodidamente deprimente que le queda de perlas.
Algunos dicen que Grant Morrison se pasó de confuso en el guión y que Dave McKean hace unos grandes dibujos pero no sabe hacer narración visual.
Debo reconocer que nunca he sido muy fan del anime, pues me daba la sensación de que se hacía demasiado largo y cansino para lo que quería contar.
Uno de los cómics de Frank Miller menos conocidos, pues los dibujos de Geof Darrow tenían todo el protagonismo, y no es para menos, porque que pedazo de dibujos. Ciencia ficción pura y dura por parte de Jeff Lemire con una narración gráfica ejemplar.
Desconocidísimo cómic que nos relata lo que sería un Superman en el universo Marvel con graves problemas de autoestima.
No solo es que esta especie de remake de Sin perdón protagonizada por Lobezno sea muy molona, es que el cambio radical que hace respecto al universo Marvel es más molón aún.
Es extremadamente complejo (salen todos los personajes de DC hasta el momento, ahí es nada), y narrativamente tiene algunas cosas que chocan mucho a día de hoy (los bocadillos de pensamiento); y a pesar de ello, es una maravilla: el dibujo de George Perez, todo el entramado de ciencia ficción, el papel de todos y cada uno de los protagonistas...
¿Qué hubiera pasado si Superman hubiera caído en Rusia en lugar de Estados Unidos?
Grath Ennis es el maestro del diálogo, así de simple, por ello le perdono que la historia de vueltas y vueltas.
Planetary es uno de los cómics que he leído con más factor enganche, pero precisamente eso es lo que hace que le baje algunos puestos, pues me cabrea soberanamente lo disperso de sus líneas argumentales y lo innecesariamente enrevesado de su historia.
48 páginas de dibujo simple y personajes muy callados.
Hemos visto a Batman vencer al jodido Darkseid, pero hay algo con lo que Batman no puede.
Alan Moore, ese hombre capaz de hacer una obra donde cuenta el origen del villano más icónico de los cómics, unas escenas de acción bestiales y un estudio sobre la psicología de los superhéroes, todo ello en 48 páginas.
Puede que esta etapa de Alan Moore sobre La cosa del pantano tenga momentos muy irregulares (ese momento sillón...), pero la maravillosidad de lo entretenido, complejo, embaucador e incluso poético que puede llegar a ser no tiene discusión alguna. Solo diré "anatomía" y "azul".
Sandman son 75 números de narración lenta y llena de desvíos para aumentar su lore, pero precisamente ahí está lo interesante: Sandman es posiblemente el producto cultural más rico y mejor escrito que he visto nunca. ¿Por qué no está en primera posición?
Inio Asano, ese hombre que básicamente lo que hace es decirnos a la cara como malgastamos nuestra vida y lo puta mierda que es nuestra existencia, y aún así, logra que me quede maravillado con su narrativa y con su dibujo.
Frank Miller con una de las historias más molonas, vibrantes y rompe-moldes que he tenido el placer de leer. Aunque si sobran las palabras con algo, sin duda, es con Watchmen.
WATCHMEN: ANÁLISIS y REFLEXIÓN | La obra que cambió para siempre los comics
El último club de lectura del curso académico lo dedicaremos a compartir nuestras lecturas favoritas de cómics con el resto de lectores, en francés y en español, y en compañía una vez más de los miembros del club de lectura del Instituto Francés de Tetuán. En el marco de la decimotercera edición del Festival Internacional del Cómic de Tetuán proponemos compartir las mejores experiencias de estas lecturas del llamado noveno arte y, para ello, quien así lo desee, tendrá disponibles una selección de los cómics más importantes de los últimos años a propuesta de cada biblioteca. La sección de cómic de la Biblioteca Vicente Aleixandre, de reciente creación, aumenta cada año al mismo ritmo que crece el panorama editorial español en este sector, premios y reconocimiento internacional han vuelto a poner sobre la mesa historias que hasta hace no tanto parecían dedicadas fundamentalmente al público juvenil. Club de lectura 2018-2019.
Como ya viene a ser costumbre, hago una nueva lista de mis productos culturales favoritos de una forma de ocio en particular, y tras hacerlo con los videojuegos, series y las películas, renuevo mi lista de cómics favoritos, la cual no actualizaba desde el 2014. Además, desde la susodicha lista, me he aficionado mucho más a los cómics sobre todo por mi participación en Visión Friki Podcast, por lo que en esta ocasión he ampliado el número de cómics aparecidos en la lista. Debo aclarar que no voy a hacer la separación entre cómic occidental y manga, pues me parece una memez cuando en ambos no dejan de ser dibujos con texto entre viñetas.
